Inicio » Documentos » Vaclav Havel – 4

Vaclav Havel – 4

VALORES PARA UNA NUEVA HUMANIDAD

1. Responsabilidad – 2. Verdad – 3.Trascendencia
4. Identidad Global – 5. Coexistencia – 6. Practicidad

Investigación, selección y traducción de diversos textos
del estadista e intelectual checo Vaclav Havel
90 páginas – Muchos de los textos conservan su original en inglés

ACLARACIÓN:

Las abundantes páginas que se presentan en esta sección son en cierta forma de carácter provisional. Son los borradores de un libro que intenté hacer, al que se integraría parte de lo planteado en el documento Havel-3, de este blog, donde incluyo la biografía de Havel y algunos otros textos suyos. El proyecto buscaba consenso con el Secretario Privado de Vaclav Havel, con el entonces alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, y con la Universidad de Antioquia, la cual llegó a considerar la posibilidad de otorgarle a Havel un título Honoris Causa. La intención era invitar a Havel a Colombia y, eventualmente, publicar un libro con su invaluable pensamiento, útil para el público de habla hispana, el cual conoce relativamente poco del estadista e intelectual checo. La cuestión de los derechos de traducción y los múltiples y complejos puentes entre los derechos de autor de los textos en checo, en inglés y en español (y de lo que existía en español) hizo imposible sacar adelante este libro, que habría sido un valioso aporte para Latinoamérica y España. Transcribo a continuación el punto exacto hasta donde logré llegar con este proyecto, y tal como quedaron los borradores cuando suspendí esta labor de investigación y traducción. Las negociaciones implicaban tener los textos en ambos idiomas, y a veces no alcancé a traducir muchos de los textos, por eso aparecen únicamente en inglés. En vista de que esta investigación se hizo sin ánimo de lucro, la doy a conocer en este blog porque sigo pensando que las reflexiones de Havel son esenciales para “pensar una nueva humanidad”.

SIGLAS:

En los textos que aparece TLNM significa que fueron textos traducidos por la publicación Nueva Mayoría, la cual de hecho publicó uno de mis artículos escritos sobre Havel (Havel-1 y/o Havel-2 de este blog). TLY significa traducción mía.  Otras siglas: Harvard = [Universidad de Harvard, Junio 8 de 1995]. Farewel o Adiós: [Un adiós a la política, Nueva York, 19 de septiembre de 2002]. Trascendencia: [Necesidad de Trascendencia en el mundo postmoderno, Independence Hall, Filadelfia, julio 4 de 1994]. Un sentido: [Un sentido de lo trascendente. National Press Club, Canberra, Australia, marzo 29 de 1995]. Senado: [Discurso ante el Senado francés, París, 1999]. Sao Paulo: [Sao Paulo,  octubre 4 de 1996].

Havel_-_96dpi_-_45_kB

En esta época fascinante, compleja, llena de desafíos, oportunidades y cambios, muchas realizaciones materiales e intelectuales de hoy habrían parecido imposibles a cualquier persona de hace doscientos o trescientos años.  Abundan también los horrores y a diario surgen dificultades que tampoco habrían imaginado los visionarios de aquellas centurias.  Las exigencias individuales, nacionales y mundiales son cada vez mayores y los grandes problemas sociales, ecológicos y de convivencia cada vez apremian más.

Acosados por enormes presiones nacionales y globales, pero con la maravillosa certeza de saber que espiritual y tecnológicamente estamos interconectados con toda la humanidad, y que ese es un poderoso activo que debemos aprovechar, cada vez somos más los que empezamos reconocer intuitivamente la necesidad de unirnos en torno a algunos valores esenciales. Pero como en la legendaria Torre de Babel, en medio de tantas voces como las que existen hoy en día, a veces parece imposible identificar esos valores.

Creo que millones de personas a menudo nos hacemos ciertas preguntas y creo también que sus respuestas tienen mucho que ver con los valores buscados.  En esencia se trata de preguntas del siguiente orden: ¿Cómo hacernos más conscientes de los principales desafíos de nuestra época? ¿Cómo identificar con claridad las actuales prioridades de pensamiento y acción? ¿Por dónde empezar a trabajar en la solución de los grandes problemas humanos con mayor amplitud de miras, con más coherencia global, con creciente unidad de propósito? ¿Es posible hallar un enfoque tan universal que pueda ser útil para toda la humanidad y al mismo tiempo tan individual que llegue hasta la última fibra del propio ser?

Al buscar respuestas, lo primero que se observa es que la humanidad está siendo impulsada por infinidad de grupos de servidores de las más variadas culturas y regiones, movidos por una indesviable voluntad al bien común.  Abundan grupos de servidores en el campo social y humanitario, en el intelectual, académico y científico, en el empresarial, en el religioso, en el campo de la meditación e incluso en el campo político.  Nuestra época no reclama ya figuras individuales sino grupos de servidores conscientes y maduros, holísticos y a la vez específicos.

No obstante, individuos y grupos tenemos que estar atentos para reconocer a quienes demuestren capacidad para elevar su voz en medio del tumulto y la confusión, ofreciendo no solamente un diagnóstico profundo, fruto de una aguda inteligencia y una fina sensibilidad interna, sino pautas concretas de acción, avaladas por hechos tangibles.  Dentro de los autores que he tenido oportunidad de leer, hay uno que durante varias décadas nos ha estado diciendo:

¿Qué podría cambiar las tendencias de la civilización de hoy? Mi convicción más profunda es que la única opción reside en un cambio en la esfera del espíritu, en la esfera de la consciencia humana, en la actitud actual del hombre hacia el mundo y su comprensión de sí mismo y de su lugar en el orden general de la existencia.  El invento de nuevas máquinas, nuevas regulaciones, nuevas instituciones no será suficiente. Cada vez que encuentro un profundo problema de la civilización en cualquier lugar del mundo –ya sea la tala de bosques tropicales, la intolerancia étnica o religiosa, la destrucción brutal de paisajes y lugares culturales creados a lo largo de centurias– en alguna parte al final de la cadena de causas siempre encuentro una causa única: la incapacidad para rendirle cuentas al mundo y la falta de responsabilidad frente a él.

[Project Syndicate / Responsibility and the Spirit]

Sí, el autor en mención es Vaclav Havel, cuyas ideas guardan una estrecha relación con todo lo que he planteado en párrafos anteriores.  Sus escritos no solamente delinean amplias y profundas generalizaciones, como la que acabamos de citar, sino que sus hechos se centran en realidades específicas, aplicables al aquí y al ahora, porque conciernen a las más hondas inquietudes y necesidades de cualquier ser humano.

A diferencia de muchos críticos e intelectuales, además de hacer un claro diagnóstico sobre los principales problemas de la humanidad, Havel muestra con su propio ejemplo que hay que concentrarse en ciertos puntos neurálgicos, adoptando acciones definidas.  De hecho su concepto y práctica, vivir en verdad, incluye buscar con ahínco lo verdadero tanto en lo profundo del ser y en las grandes enseñanzas milenarias, como en la responsabilidad y consciencia con que asumimos nuestros actos de cada día.

Havel ha sometido sus ideas, intuiciones y métodos a la prueba de fuego de los hechos durante un período de tiempo lo suficientemente confiable y ha salido airoso. Ha demostrado además una entereza moral digna de confianza en un mundo en el que muchos intelectuales, políticos y hombres supuestamente espirituales a la larga no dieron la talla esperada.

Categóricamente opuesto a cualquier forma de pedestalización, Havel no cree en héroes.  Reconoce que debemos recibir con gratitud los invaluables legados culturales y espirituales de los grandes genios de la humanidad, pero considera que en nuestra época ya están mandadas a recoger las ingenuas imágenes idealizadas. Ya no es época para ídolos, ni siquiera para ideales, si han de reducirse a simples emociones pasajeras, sino para ideas amplias, claras y efectivas.  Cómo él bien lo dice:

“Este no es el tiempo para los grandes héroes, y si aparecen son deshonestos, ridículos y sentimentales”.

[Disturbing the Peace pg. 200]

Él sabe que servir decididamente a la humanidad es exponerse a la crítica y a la incomprensión, pero que es preferible empezar por algo concreto, bien pensado previamente, que confinarnos a la inacción.  Consciente de lo que se podría tildar de “complejo mesiánico”, al referirse a las responsabilidades de Europa ante la humanidad, dice algo también aplicable a sí mismo y a toda persona que aspire a servir a sus semejantes:

Considero que Europa debe recordarse hoy a sí misma su tradición espiritual.  Debe reconocer que hay otros seres –dentro de su territorio y en todo el planeta– y que también es intrínsecamente responsable de ellos.  Esta responsabilidad no se parecerá nunca más a la de un arrogante conquistador; más bien será el modesto rostro de Aquel que toma sobre Sus hombros la cruz del mundo.  Si alguien denuncia este concepto de responsabilidad como una nueva forma de orgullo mesiánico, tendremos que volver hacia la autoridad de nuestra consciencia y pedir un veredicto en segunda instancia.
[Discurso ante el Senado Francés]

Havel –un intelectual nato, escritor de obras de teatro, lúcido ensayista y abierto crítico de la realidad de su país, la hoy denominada República Checa– no pretendió nunca ser un político y tal vez por eso mismo llegó hasta la presidencia de su país y se mantuvo en ese cargo durante 13 años. No solamente condujo exitosamente a su país hacia la vía democrática, sin violencia, sino que apoyó iniciativas regionales con fuerza y visión, como la consolidación de la Unión Europea o la reestructuración de la OTAN.

Al buscar en los escritos de Vaclav Havel algunas claves para captar su amplia visión y aprender de sus grandes realizaciones, he hallado algunas ideas fundamentales, propuestas que considero razonables, desafiantes y prácticas para enfocar nuestra existencia y para abordar muchos asuntos humanos. Creo que constituyen un importante punto de referencia en nuestra voluntad de transformación individual y planetaria, y de hecho los considero valores básicos, esenciales para una nueva humanidad:

  • Responsabilidad
  • Verdad
  • Trascendencia
  • Globalidad
  • Coexistencia
  • Practicidad

Dado el rigor de pensamiento de Vaclav Havel, es obvio que, lejos de ser palabras o ideas fáciles, tienen su propio significado específico y que hay que hacer un buen esfuerzo para comprenderlas y encarnarlas.  Pero la prueba de fuego del tiempo y de los hechos ha mostrado resultados extraordinarios.  Sobre sus valores e ideales, Havel dice:

Soy consciente de cuán inmensamente difícil es ser guiado en la práctica por los principios e ideales en los que yo creo. Pero no los he abandonado en forma alguna”.

[Summer Meditations, Vintage Books, Random House, New York, 1992, Foreword]

En este libro he recopilado frases de escritos y discursos de Vaclav Havel, dedicando un capítulo a cada uno de los valores esenciales mencionados. Al final se adjuntan dos escritos cortos completos (Harvard y Sao Paulo), un breve recuento biobibliográfico e información sobre sitios en Internet en donde se pueden obtener algunos de sus escritos.

Si vivimos en verdad, en sentido profundo, rebeldes a cualquier forma de engaño propio o ajeno, con la consciencia afirmada en lo trascendente, y asumimos cabalmente nuestras responsabilidades individuales, grupales y globales, nuestros esfuerzos en pro de la coexistencia serán prácticos y efectivos, y estaremos haciendo un aporte digno para la transición hacia una nueva humanidad.

Antes de entrar a fondo en los valores esenciales, nada mejor que abrir este libro con frases de Havel que nos pongan en sintonía con su pensamiento.

UNA TAREA DE TODOS

Visions and dreams of a better world are surely a fundamental aspect of authentic humanity; without them, and without that transcendence of the “given” which they represent, human life loses meaning, dignity, its very humanness. [Reticence Part VI]

Las visiones y sueños por un mundo mejor son ciertamente un aspecto fundamental de la auténtica humanidad; sin ellos y sin la trascendencia del “aporte” que ellos representan, nuestra vida pierde significado, dignidad y sentido de lo humano. [Reticencia / TLY /Parte VI]

Our world, humanity, and our civilization find themselves at perhaps the most important crossroads of their history now. We have a greater chance than ever before in recent times to understand our situation and the ambivalence of the direction we are headed in, and to decide in favor of the way of reason, peace, and justice, not for the way that leads to our own destruction. [Farewell to Politics]
Nuestro mundo, la humanidad y nuestra civilización se hallan hoy tal vez en la más importante encrucijada de la historia. Tenemos una oportunidad mayor que la que alguna vez tuvimos en épocas recientes para entender nuestra situación y la ambivalencia de la dirección hacia donde nos encaminamos, para decidirnos a favor de la vías de la razón, la paz y la justicia, y no hacia vías conducentes hacia nuestra propia destrucción. [Farewell to Politics / TLY]

Human responsibility does not mean merely the responsibility of a human being towards his or her own life or survival; towards his or her family; towards his or her company or any other community. It also means responsibility before the infinite and before eternity; in a word, responsibility for the world. Indeed, it seems to me that the most important thing that we should seek to advance in the era of globalization is a sense of global responsibility. [Millennium Summit of the United Nations / New York, USA, September 2000]
La responsabilidad humana no significa simplemente la responsabilidad de un ser humano hacia su propia vida o subsistencia, hacia su familia, su empresa o comunidad. También significa la responsabilidad ante lo infinito y lo eterno, en una palabra, responsabilidad por el mundo. En rigor de verdad, creo que el objetivo principal que debemos perseguir en esta era de la globalización es el sentido de la responsabilidad global. [Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Nueva York, septiembre de 2000 / Nueva Mayoría]
The crucial task now being neglected involves strengthening a system of universally shared moral standards that will make it impossible, on a truly global scale, for rules to be circumvented time and again. Only universal moral standards can generate natural respect for the rules we develop. Actions which jeopardize humanity’s future should not only be punishable but regarded as disgraceful.

This will not happen unless we all find, within ourselves, the courage to forge an order of values that, despite all the world’s diversity, can be jointly embraced and jointly respected. This will not happen unless we relate these values to something that lies beyond the horizon of our immediate personal or group interest.

How can this be achieved without a new and powerful advance in human spirituality? What can be done to encourage such an advance?

Whatever our convictions, we are all threatened by our shortsightedness. None of us can escape our common destiny. Given this, we have only one possibility: to search inside ourselves as well as around us, for a sense of responsibility for the world; for mutual understanding and solidarity; for humility before the miracle of Being; for the ability to restrain ourselves in the general interest and to perform good deeds even if they remain unseen and unrecognized. [Project Syndicate – The Spires of Renewal]

La tarea crucial que ahora se está descuidando tiene que ver con el fortalecimiento de un sistema de patrones morales universalmente compartidos que impidan, a escala verdaderamente global, la violación sistemática de las reglas. Sólo con patrones morales universales se podrá generar un respeto natural para las reglas que desarrollemos. Las acciones que ponen en peligro el futuro de la humanidad deberían no sólo castigarse, sino ser consideradas como ignominiosas.

Eso no sucederá a menos que todos encontremos, en nuestro interior, el valor para forjar un orden de valores que, a pesar de la diversidad mundial, puedan ser aceptados y respetados por todos. Y eso no sucederá a menos que esos valores se relacionen con algo que vaya más allá del horizonte de nuestros intereses inmediatos, personales o de grupo.

¿Cómo podemos alcanzar eso sin un avance nuevo y poderoso de la espiritualidad humana? ¿Qué podemos hacer para impulsar ese avance?  Cualesquiera que sean nuestras convicciones, todos corremos el riesgo de ser víctimas de nuestra miopía. Ninguno de nosotros puede escapar a nuestro destino común. Dado lo anterior, sólo tenemos una posibilidad: tratar de encontrar en nuestro interior y alrededor nuestro un sentido de responsabilidad hacia el mundo; el entendimiento mutuo y la solidaridad; la humildad ante el milagro de Ser; la capacidad para refrenarnos en aras del interés común y para llevar a cabo obras buenas aunque no se vean ni reciban reconocimientos. [Traducción: Project Syndicate – Las agujas de la renovación]

Only in a search for common sources, principles, certitude, aspirations and imperatives — a common spiritual and moral minimum — may we find a way out of today’s bleak situation. But must we be provoked by some unprecedented disaster before beginning the search for a universal recovery of the human spirit and human responsibility for the world, what I once called the “existential revolution”? Or is it within the power of wise people to bring this about by their wills and by joining forces, without the need for any appalling impulse from the outside? That is our hope, and our rebuke.

[Project Syndicate / Responsibility and the Spirit ]

Solamente buscando orígenes, principios, certezas, aspiraciones e imperativos comunes –un mínimo común espiritual y moral– podemos hallar una salida a la sombría situación de hoy. ¿Pero tendremos que ser provocados por algún desastre sin precedentes antes de que iniciemos la búsqueda de una recuperación universal del espíritu humano y de la responsabilidad humana por el mundo, lo que alguna vez denominé la “revolución existencial”?  ¿O las personas sabias del mundo tienen el poder para lograrlo mediante su voluntad y uniendo fuerzas, sin necesidad de ningún horrendo impulso externo? Esa es nuestra esperanza y nuestra increpación. [Project Syndicate / Responsabilidad y el Espíritu / TLY]

New sophisticated types of criminal activities, organized crime and terrorism, are emerging. Corruption flourishes. The gap between rich and poor grows deeper, and while people die of starvation in some parts of the world, other places see waste as a type of social obligation. Various government and non-governmental organizations attempt, of course, to resolve these problems. Yet I am afraid that the measures undertaken will not lead to any reversal unless something changes in the root thinking from which contemporary human behavior grows.   [Project Syndicate – The Spires of Renewal]

Están surgiendo nuevas y más sofisticadas formas de actividades delictivas, crimen organizado y terrorismo. La corrupción florece. La brecha entre ricos y pobres es cada vez más profunda, y mientras que en algunas regiones del mundo la gente se muere de hambre, en otras se considera al desperdicio como una especie de obligación social. Por supuesto, diversas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales intentan dar solución a estos problemas. Sin embargo, me temo que las medidas que se han tomado no darán frutos a menos que haya un cambio en el pensamiento que forma la raíz de donde crece el comportamiento humano contemporáneo. [Traducción / Project Syndicate – Las agujas de la renovación]

.

1.         RESPONSABILIDAD

Siempre que me enfrento con un problema de la civilización actual, inevitablemente llego a la misma conclusión: el tema de la responsabilidad humana.  Esto no significa simplemente la responsabilidad de un ser humano hacia su propia vida o subsistencia, hacia su familia, su empresa o comunidad.  También significa la responsabilidad ante lo infinito y lo eterno, en una palabra, responsabilidad por el mundo.  En rigor de verdad, creo que el objetivo principal que debemos perseguir en esta era de la globalización es el sentido de la responsabilidad global.  [Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Nueva York, EE.UU. 8 de septiembre, 2000].

La principal cuestión en la próxima era será la profunda renovación de nuestro sentido de la responsabilidad. Nuestra conciencia debe estar a la altura de nuestra razón; de lo contrario estamos perdidos. [Harvard University June 8, 1995]

Les guste o no, los Estados Unidos de América ahora poseen probablemente la mayor responsabilidad por la dirección que tomará nuestro mundo. Por lo tanto, los Estados Unidos deberían reflexionar profundamente sobre esta responsabilidad. (…) Ustedes siempre han pagado un alto precio por los errores. No se puede escapar a la responsabilidad que tienen como la mayor potencia mundial. Hay mucho más en juego que simplemente confrontar a aquellos que una vez más quisieran dividir el mundo en esferas de intereses o someter a quienes son distintos o más débiles. Lo que ahora está en juego es salvar a la raza humana. En otras palabras, es cuestión de comprender a la civilización moderna como una civilización multicultural y multipolar, de dirigir nuestra atención a las fuentes espirituales de la cultura humana y, por sobre todo, de nuestra propia cultura; tomar de esas fuentes la fuerza para la valiente y magnífica creación de un nuevo orden mundial. [Harvard University June 8, 1995]

Many great men and women of our history formulated a set of wise principles of coexistence to which we should always return, which should be remembered, built upon, propagated and reflected into our lives and our work. These principles include responsibility not only for oneself and to oneself, but also for and to one’s fellow citizens, not only for and to a community or country, but also for and to the broader human society. “The Czech issue is the human issue,” said the first President of Czechoslovakia, T. G. Masaryk. I thus think that we do not have to use the words nation, or national interest in every sentence, but that we should concentrate instead on our neighbors, be they on our street or on the other side of the world. Yes, I am indeed saying that we will serve our national interests best if we simply treat each other well, treat the country we live in well, treat other nations well, and think of human history, human fate and our human mission in this world without prejudices. May humility, interest in others, responsibility for mankind, and a sense of justice and solidarity be that which can be called ideas underlying the Czech state!  [New Year’s Address – Czech Television, Czech Radio, January 1, 2003 –  www.vaclavhavel.cz ]

[Harvard University 1995:].

Regardless of where I begin my thinking about the problems facing our civilization, I always return to the theme of human responsibility, which seems incapable of keeping pace with civilization and preventing it from turning against the human race. It’s as though the world has simply become too much for us to deal with.

But there is no way back. Only a dreamer can believe that the solution lies in curtailing the progress of civilization in some way or other. The main task in the coming era is something else: a radical renewal of our sense of responsibility. Our conscience must catch up to our reason, otherwise we are lost.

It is my profound belief that there is only one way to achieve this: we must divest ourselves of our egoistical anthropocentrism, our habit of seeing ourselves as masters of the universe who can do whatever occurs to us. We must discover a new respect for what transcends us: for the universe, for the earth, for nature, for life, and for reality. Our respect for other people, for other nations, and for other cultures, can only grow from a humble respect for the cosmic order and from an awareness that we are a part of it, that we share in it and that nothing of what we do is lost, but rather becomes part of the eternal memory of Being, where it is judged.

A better alternative for the future of humanity, therefore, clearly lies in imbuing our civilization with a spiritual dimension. It’s not just a matter of understanding its multicultural nature and finding inspiration for the creation of a new world order in the common roots of all cultures. It is also essential that the Euro-American cultural sphere the one which created this civilization and taught humanity its destructive pride now return to its own spiritual roots and become an example to the rest of the world in the search for a new humility. [Harvard University 1995].

Independientemente de dónde inicie mi reflexión sobre los problemas que enfrenta nuestra civilización, siempre regreso al tema de la responsabilidad humana, que parece incapaz de seguirle el ritmo a la civilización y evitar que ésta se vuelva en contra de la raza humana. Es como si el mundo superara nuestra capacidad para manejarlo.

Pero no hay marcha atrás. Sólo un soñador podría creer que la solución consiste en restringir el progreso de la civilización de una u otra forma. La principal tarea en la próxima era será algo más: una renovación radical de nuestro sentido de la responsabilidad. Nuestra conciencia debe estar a la altura de nuestra razón; de lo contrario estamos perdidos.

Tengo la firme convicción de que existe una única manera de lograr esto: despojándonos de nuestro antropocentrismo egoísta, del hábito de vernos como amos del universo, creyendo que podemos hacer con él lo que se nos antoje. Debemos descubrir un nuevo respeto por lo que nos trasciende: por el universo, por la tierra, por la naturaleza, por la vida y por la realidad. Nuestro respeto por otras personas, naciones y culturas, sólo puede crecer a partir del humilde respeto por el orden cósmico y de la conciencia de que somos parte de él, de que lo compartimos y de que nada de lo que hagamos se pierde sino que se vuelve parte de la eterna memoria de Ser, en donde todo se juzga.

Por consiguiente, una mejor alternativa para el futuro de la humanidad radica en imprimirle a nuestra civilización una dimensión espiritual. No es sólo cuestión de comprender su naturaleza multicultural y hallar la inspiración para crear un nuevo orden mundial en las raíces comunes de todas las culturas. También es esencial que la esfera cultural euro-americana, la que creó esta civilización y le enseñó a la humanidad su orgullo destructor, retorne ahora a sus propias raíces espirituales y se convierta en un ejemplo para el resto del mundo en la búsqueda de una nueva humildad.  [Harvard University 1995].

As a representative of a country that went through the horrors of totalitarian rule, and is still suffering the consequences, I should like to see the core, or the backbone, of European integration in a new combination of two traditional European values that were betrayed a thousand times, and yet remain of paramount importance: of humility and responsibility [Address to the French Senate].
Como representante de un país que padeció los horrores del totalitarismo, y aún está sufriendo las consecuencias, quisera ver que la esencia, o la columna vertebral, de la integración europea sea una nueva combinación de dos valores europeos tradicionales que fueron traicionados miles de veces, y aún conservan su excepcional importancia: la humildad y la responsabilidad. [Discurso ante el senado francés / TLY].

Patočka used to say that the most interesting thing about responsibility is that we carry it with us everywhere. That means that responsibility is ours, that we must accept it and grasp it here, now, in this place in time and space where the Lord has set us down.

[The Power of the Powerless – Part XVIII]

It seems that it is precisely the dimension of distance, of rising above oneself and making light of oneself, which lends to our concerns and actions precisely the right amount of shattering seriousness. Is not Franz Kafka, one of the most serious and tragic authors of this century, at the same time a humorist? Anyone who does not laugh when reading his novels (as Kafka himself is supposed to have done when he read them out loud to his friends) does not understand them. [Anatomy of a Reticence – Part VII]

Discurso de Año Nuevo a la República Checa / 1 de enero de 2000 TNMY

Hoy a medianoche comenzamos un año que marca un gran cambio en el tiempo. En ocasiones como éstas, las personas han sentido el desafío de reflexionar profundamente sobre ellos mismos, sobre el mundo y el significado de todas las cosas. Creo que hay fuertes razones por las que nosotros, los ciudadanos de la República Checa, debemos hacer del año venidero una ocasión de renovada reflexión sobre nuestra vida como nación, las características de nuestra sociedad, nuestro sistema y Estado, su posición y dirección como también sobre el concepto de nuestra propia existencia. Y creo que sería maravilloso si, como resultado de nuestro profundo pensamiento, el nuevo año trajera consigo un verdadero cambio para mejor.

Si tuviera que sintetizar la situación del mundo, del que somos parte inseparable, queramos o no, la describiría como una verdadera advertencia. Algunos cálculos estiman que habrá unas cuarenta mil millones de personas sobre la Tierra hacia fines del próximo siglo y consideran que esa cifra será una grave amenaza a la existencia de la vida en el planeta. Varios recursos no renovables, ya sea combustible o materias primas, se consumen a un ritmo acelerado. Especies enteras están desapareciendo y la humanidad se está privando conscientemente de una sustancia vital como es el oxígeno.

Al mismo tiempo, la globalización avanza a una velocidad espeluznante, lo que significa que nuestra planeta se encuentra, por primera vez en la historia, cubierto por la capa de una única civilización. Se está transformando en un entorno unificado y electrónicamente interconectado de información, comunicación, finanzas y negocios, en el que no sólo las noticias sino miles de millones de dólares, valores culturales o seudo- valores, propiedades beneficiosas y otras perjudiciales, y actitudes positivas como también mal intencionadas hacia la vida, viajan a la velocidad de la luz. Estamos presenciando un fenómeno extremadamente peligroso al ver cómo la presión unificadora de la civilización global sobre la creciente población genera nuevos antagonismos sociales.

El desafío de las distintas comunidades por defender su identidad y unicidad bajo estas condiciones, multiplica los conflictos entre culturas, grupos y tradiciones étnicas de la civilización. Las gigantescas aglomeraciones urbanas, en las que el progreso de la civilización inevitablemente comprime a la raza humana, destruyen a las comunidades naturales y también a los instrumentos naturales del autocontrol moral de la sociedad, que lógicamente conduce a un aumento en la tasa de criminalidad.

Al mismo tiempo, las características actuales de la economía de mercado global y sus instituciones facilitan varias clases de injusticia económica, egoísmo poco perspicaz y parasitismo. Las gigantescas corporaciones integradoras supranacionales poseen una influencia cada vez mayor sobre la política de las naciones y de organizaciones internacionales y ponen en peligro la competencia económica. Las naciones opulentas con economías avanzadas se esfuerzan para que los mercados de los países pobres permanezcan abiertos a ellos en la mayor medida posible, mientras que ellos cierran sus propios mercados a otros. Probablemente no es una señal de buena tendencia que el valor de las propiedades de las tres personas más ricas del mundo exceda la suma del producto bruto interno de un grupo de países en vías de desarrollo con un total de seiscientos millones de habitantes, muchos de los cuales sufren de hambruna. La economía mundial parece prosperar de un modo sorprendente, sin embargo, en 80 países el ingreso promedio de las personas es mucho menor ahora de lo que era hace diez años. El volumen de lavado de dinero asistido por computadora ha llegado a representar el 5% de la producción económica de toda la humanidad y el tráfico de drogas comprende el 8% del comercio mundial, más que el comercio de autos y acero.

(…) El concepto de derechos humanos y el desafío de construir y consolidar las instituciones democráticas se expande con éxito en todo el mundo pero, desafortunadamente, lo mismo sucede con los innumerables vicios modernos, como la dictadura de la publicidad y el consumismo, la irracional cultura comercial, la violencia en la televisión o el creciente dominio de los manipuladores mediáticos sobre pensantes políticos.

Pero esto no es todo, quizás ni siquiera sea lo principal. Los graves peligros que amenazan a nuestra civilización también incluyen los crecientes riesgos asociados a la investigación y tecnología modernas, ya sea los peligros de la piratería informática o directamente el terrorismo, los posibles abusos de la ingeniería genética o incluso el riesgo de perder el control sobre los arsenales y la proliferación de armas nucleares.

(…) el mundo carece de la firmeza necesaria para revertir estas tendencias desfavorables. Como si por inercia y en contra del sentido común, el concepto que prevalece fuera ‘apr s nous le déluge’, es decir: los intereses inmediatos por sobre los intereses de largo plazo. En mi opinión, esto sucede porque la humanidad, sin ser totalmente consciente de ello, está perdiendo la antigua humildad ante el secreto del origen, del orden y las intenciones del Ser, es decir, de aquello que nos supera. Consecuentemente, las personas están perdiendo el sentido de la responsabilidad por el mundo en tu totalidad y de responsabilidad ante los ojos de la eternidad. La globalización en el campo de la información y los negocios no se ve acompañada por el creciente sentido de responsabilidad global. La conciencia aparece confusa detrás de la ciencia, la investigación y la tecnología o detrás de esa clase de conocimiento humano que determina la dirección del mundo actual.

(…)  Debemos percibir con más intensidad que nunca, que no sólo somos miembros de nuestra familia, empleados o dueños de nuestra empresa, habitantes de nuestro pueblo o ciudad, representantes de nuestra profesión, miembros de nuestra asociación o partido e individuos de una nación sino también somos habitantes de la Tierra. Debemos comprender que hoy más que nunca el destino de cada uno de nosotros se ve afectado por el destino de toda la raza humana y, al mismo tiempo, que cada uno de nosotros tiene una mayor responsabilidad conjunta por el destino del mundo.

Sé que es difícil de aceptar, pero no puedo dejar de decirles lo siguiente: nos haremos un mayor daño si por lo único que nos preocupamos es por nosotros mismos. No debemos permanecer indiferentes a lo que sucede a nuestro alrededor, a los acontecimientos de nuestro país, de nuestro paisaje, nuestros pueblos y ciudades. No debemos pensar sólo en tener una vivienda decente con nuestro propio garaje sino también debemos considerar aquello que nos rodea. No podemos defender sólo los intereses de nuestra empresa o profesión, también debemos cuidar de los intereses de los demás. No podemos pensar que nada existe más allá de la República Checa, también debemos saber que existe Kosovo, Chechenia, Somalía, Ruanda, Timor Oriental, el Tíbet, Birmania, Cuba, Corea del Norte y Venezuela, ahora severamente juzgada. Debemos reconocer y respetar la calidad de vida y la multiplicidad de colores que hay en ella y apreciar el valor de la unión humana, la solidaridad y el compromiso compartido hacia los valores superiores a las meras ganancias. Por supuesto, tener dinero o posesiones no implica deshonra.

(…)  Intentemos mirar más allá de los límites de nuestros pequeños mundos, elevar la mirada en tiempo y espacio. Se necesita poco para el comienzo. Podríamos, por ejemplo, otorgar un respaldo más sólido a las organizaciones que ayudan a las personas que sufren en varias partes del mundo. A través de los estándares globales, nos acercamos a los países más avanzados. ¿Por qué, entonces, no podemos ser más generosos y perdonar las deudas de algunas de las naciones más pobres? Ese gesto sólo no salvará al mundo. Pero demostrará que sentimos una común responsabilidad por el futuro.

El mejor modo de promover el nuevo concepto de la misión del hombre en la Tierra es a fuerza de ejemplos. ¿Por qué no podemos vivir con un poco más de modestia por el interés de todos, que es también nuestro interés? ¿Por qué no podemos realizar un mayor esfuerzo para que todas nuestras empresas tengan una administración más inteligente y que produzcan, a bajo costo, artículos de gran calidad y demanda que no dañen el mundo? Es muy triste ver cómo nuestros bancos pierden decenas, sino cientos de miles de millones de coronas y al mismo tiempo, saber que hay empresas que no les pagan a sus empleados. Es lamentable que nuestros partidos políticos más influyentes estén sospechados de maniobras obscuras, posesión de cuentas misteriosas y evasión impositiva, o que una persona responsable por la perdida de miles de millones o alguien que propague el racismo no sean sancionados mientras que tantos otros prisioneros políticos de los años 50 aún no han recibido ni siquiera una pensión decente. Pero aún hay algo peor: nos sorprende muy poco ver que estas cosas suceden. Creo que no haremos daño si logramos sorprendernos más ante las cosas malas que nos rodean, ya que sentirnos sorprendidos será el primer paso hacia la exploración de las verdaderas causas y la rápida solución.

No es cierto que todo está perdido o que todo debería ser arrastrado por una tormenta de viento. Todo lo contrario: esta sociedad tiene un enorme potencial de buena voluntad, creatividad, industria, solidaridad y anhelo por un mejor entorno humano. La cuestión es estimular este potencial, darle más latitud. Esta es una tarea de los políticos, aunque no sólo de ellos. Es tarea de todos aquellos involucrados en actividades públicas, de aquellos que ocupan posiciones de responsabilidad, y de todos nosotros, ciudadanos de la República Checa, que tienen las mejores intenciones para este país.

Tenemos esperanzas. Nunca antes estuve más confiado. Pero no podemos simplemente esperar a que esas esperanzas se hagan realidad. Debemos llevarlas a cabo nosotros mismos. Quizás, entre otras cosas, recurriendo a aquellos que tienen influencia pero permanecen quietos en vez de actuar.

(…) El cambio de siglo puede representar un momento de crucial importancia, un momento que claramente nos muestre las opciones que hemos tomado: si debemos encerrarnos en nuestro propio mundo, excluirnos del mundo que nos rodea o si debemos unirnos para cargar sobre nuestros hombros la responsabilidad de decidir por el futuro de nuestra civilización; si debemos ser una sociedad moderna y abierta o, si estamos situados en el centro de Europa, meramente un insípido estado marginal inmerso en conflictos locales que sus propios ciudadanos no logran comprender.

Discurso de Año Nuevo a la República Checa / 1 de enero de 2000 TNMY

Existe un valor más elevado que el Estado. Este valor es la humanidad. Como sabemos, la función del Estado es servir al pueblo y no al revés. Si un individuo sirve al Estado, dicho servicio debe llegar hasta donde sea necesario para que el estado brinde un buen servicio a todos los ciudadanos. Los derechos humanos están por encima de los derechos de los estados. Las libertades humanas constituyen un valor superior a la soberanía del Estado. En función del derecho internacional, las disposiciones que protegen al ser humano deberían tener prioridad sobre las disposiciones que protegen al Estado.

Si en el mundo actual nuestros destinos han de confluir en un mismo futuro, si cada uno de nosotros es responsable por el futuro de todos, nadie, ni siquiera el Estado, debería poder restringir el derecho de las personas para ejercer su responsabilidad. Creo que las políticas exteriores de los países individuales deberían gradualmente eliminar esa categoría que hasta ahora ha constituido su eje, es decir, la categoría de los ‘intereses’, ‘nuestros intereses nacionales’ o ‘los intereses de política exterior de nuestro país’.

La categoría de ‘intereses’ tiende a dividirnos más que a unirnos. Es cierto que cada uno de nosotros posee intereses concretos. Es totalmente natural y no hay razones para abandonar nuestras preocupaciones legítimas. Pero hay algo más importante que nuestros intereses: los principios que adoptamos. Los principios nos unen, no nos separan. Más aún, constituyen la vara con la que medimos la legitimidad o ilegitimidad de nuestros intereses. No creo que sea válido que varias doctrinas nacionales prediquen que es beneficioso para el país sostener cierto principio. Los principios se deben respetar y mantener por su propio valor y los intereses deben emanar de los principios.  [Discurso ante el Senado y la Cámara de los Comunes del Parlamento de Canadá, 29 de abril, 1999/ TNMY]

Hay innumerables clases de responsabilidad consideradas más o menos acuciantes, muchas de las cuales varían según los individuos. Nos sentimos responsables ante y por nosotros mismos, por nuestra salud, por nuestro rendimiento, nuestro bienestar; nos sentimos responsables por nuestras familias, nuestras empresas, nuestras comunidades, nuestras profesiones, partidos políticos, iglesias, regiones, naciones o países, y en algún punto en estos sentimientos de responsabilidad hay, en todos nosotros, una pequeña sensación de responsabilidad por el mundo en su totalidad y su futuro.¿Acaso no sentimos que el mundo no termina en el momento en que morimos y que es incorrecto actuar como si no nos importara si todo se inunda después de nuestra partida? De todos modos, creo que esta última y profunda responsabilidad, que es la responsabilidad por el mundo, es muy baja por una serie de razones y es, en verdad, peligrosamente baja en el contexto de que el mundo hoy en día nunca ha estado más interconectado en su historia y que estamos viviendo un mismo destino global, por lo que cualquier cosa que suceda en alguna parte del planeta de algún modo u otro puede afectar la vida de todos.  [Discurso en la Conferencia FORUM 2000, Praga, 4 de septiembre, 1997 / TNMY]

La crisis de la tan necesaria responsabilidad global es, en principio, causada por la falta de certeza de que el Universo, la naturaleza, la existencia y nuestras vidas son obra de la creación, guiadas por una intención definida, que posee un significado definido y persigue un propósito definido, y junto con esta certeza, la humildad de todos y cada uno hacia aquello que nos supera y nos rodea. Esta pérdida está acompañada por la pérdida del sentimiento de que lo que sea que hagamos debe estar sujeto al reconocimiento de un orden superior del que somos parte y al respeto por esta autoridad, en cuyo campo visual estamos permanentemente presentes.  [Discurso en la Conferencia FORUM 2000, Praga, 4 de septiembre, 1997 / TNMY]

2.         VERDAD

El vivir en verdad que Havel ejemplifica es un acto de consciencia que implica la constante vigilancia de nuestras más arraigadas actitudes y formas de autoengaño.  Conlleva una prudente desconfianza hacia todo aquello que, interna o externamente, nos desvíe de la voz de nuestro ser.

¡Cuánta entereza se requiere para vivir en verdad en un mundo en donde todavía se campea tan olímpicamente la mentira!  Uno de los más potentes ensayos de Havel, El poder de los sin poder, pone en evidencia el demoledor alcance del pensamiento como herramienta de transformación individual y social.  Allí él expone su filosofía existencial y práctica del “vivir en la verdad”.  Aunque dicho documento fue su arma de lucha para contribuir a la liberación checa del régmen soviético, es tal su profundidad que al leer hoy en día ese ensayo uno se pregunta en qué medida sus observaciones se aplican también a los vacíos existenciales y sociales que provocan igualmente los regimenes capitalistas con sus excesos, sin por eso negar la valía de las vías democráticas

Solamente una actitud profunda ante la vida y una imparcial observación de los hechos nos puede llevar más allá de ambas formas espejismo: el totalitarismo de izquierda o el depredador consumismo capitalista.  Este último no solamente consume sagrados recursos del planeta sino que, peor aún, consume día a día lo mejor del tiempo y la energía vital de millones de seres humanos, dificultando o impidiendo el contacto con lo trascendente y haciendo que la vida humana pierda su sentido.

Aunque las demás secciones contienen citas de muy variadas fuentes, la mayor parte de los textos de esta sección provienen del documento mencionado: El poder de los desposeídos.

The essential aims of life are present naturally in every person. In everyone there is some longing for humanity’s rightful dignity, for moral integrity, for free expression of being and a sense of transcendence over the world of existence. Yet, at the same time, each person is capable, to a greater or lesser degree, of coming to terms with living within the lie. Each person somehow succumbs to a profane trivialization of his inherent humanity, and to utilitarianism. In everyone there is some willingness to merge with the anonymous crowd and to flow comfortably along with it down the river of pseudolife. This is much more than a simple conflict between two identities. It is something far worse: it is a challenge to the very notion of identity itself. [The Power of the Powerless – Part VI]

Los objetivos básicos de la vida están presentes naturalmente en toda persona. En cada uno hay un anhelo de legítima dignidad de la humanidad, integridad moral, libre expresión del ser y un sentido de trascendencia sobre el mundo de existencia. Sin embargo, al mismo tiempo, cada persona es capaz, en mayor o menor grado, de aceptar el hecho de vivir en la mentira.  Cada persona sucumbe de alguna manera a la profana trivialización de su humanidad inherente, y al utilitarismo.  En cada persona hay algún anhelo de fundirse con la multitud anónima y fluir confortablemente en el río de la falsa vida. Esto es mucho más que un simple conflicto entre dos identidades. Es algo mucho peor: es un desafío a la noción de la identidad misma. [El poder de los desposeídos – Parte VI]

Human beings are compelled to live within a lie, but they can be compelled to do so only because they are in fact capable of living in this way. Therefore not only does the system alienate humanity, but at the same time alienated humanity supports this system as its own involuntary masterplan, as a degenerate image of its own degeneration, as a record of people’s own failure as individuals. [The Power of the Powerless – Part VI]

Los seres humanos son coaccionados a vivir en la mentira, pero tal coacción sólo puede ocurrir porque de hecho son capaces de vivir en esa forma.  Por consiguiente, no solamente el sistema aliena a la humanidad, sino que al mismo tiempo la humanidad alienada respalda el sistema como su propio plan maestro involuntario, como una imagen degenerada de su propia degeneración, como un registro del propio fracaso de las personas para vivir como individuos. [El poder de los desposeídos – Parte VI]

Who emits into our political and public life the poisons of dissension, foul play, egoism, hatred and envy? Who – quite inconspicuously – is leading us to become ever more hardened in our sensibilities and toward becoming increasingly accustomed to the fact that everyone can lie about everything and anything?  [Who Threatens Our Identity? / Project Syndicate]
¿Quién inyecta los venenos de la disensión, el juego sucio, el egoísmo, el odio y la envidia en nuestra vida política y pública? ¿Quién nos está guiando –bastante taimadamente– hacia el máximo endurecimiento de la sensibilidad y hacia el punto en el que estaremos acostumbrados al hecho de que todos pueden mentir acerca de todo, de cualquier cosa? [Proyect Syndicate – ¿Quién amenaza nuestra identidad?]

Who is it that infests language and conversation with cliches, ill-structured syntax and rote expressions that flow mindlessly from mouth to mouth and pen to pen? Who is responsible for the sterile language of commercials seen on every wall and television, indeed, seen everywhere, and without which we appear to be unable to know even the time of day? Aren’t these severe attacks on language also assaults on a root of our identities? And aren’t we who use them, quite willingly, also responsible for them?

Let us go farther: Who allows young people to bathe from morning till night in blood flowing on television and movie screens, and yet are sanctimonious and astonished about the aggressiveness of the young? Who reads all kinds of trash and porno-trash? These “entertainments” are not filmed and published by bureaucrats from Brussels or by representatives of international institutions, foreign states or large international corporations: they are marketed by citizens to fellow citizens. [Who Threatens Our Identity? / Project Syndicate]

¿Quién plaga el lenguaje y la conversación con clichés, con una sintáxis mal estructurada y con expresiones putrefactas que fluyen negligentemente de boca en boca y de pluma en pluma? ¿Quién es responsable del estéril lenguaje de los comerciales apostados en cada pared y en la televisión, vaya, en todas partes, y sin los cuales parece que no podríamos saber siquiera la hora del día? ¿No son estos severos ataques al lenguaje también asaltos contra la raíz de nuestra identidad? ¿Y nosotros que los usamos, bastante gustosos, no somos también responsables de ellos?

Vayamos más lejos: ¿quiénes permiten que los jóvenes se empapen desde la mañana hasta la noche en la sangre que fluye en las pantallas de televisión y de cine, pero se santifican y se sorprenden de la agresividad de los jóvenes? ¿Quién lee todo tipo de basura porno y de porquerías? Este “entretenimiento” no es filmado y publicado por burócratas de Bruselas o por representantes de instituciones internacionales, de Estados exteriores o de grandes corporaciones internacionales; son introducidos al mercado por ciudadanos, para sus conciudadanos.  [Proyect Syndicate – ¿Quién amenaza nuestra identidad?]

The only valid and viable cornerstone for a nation is the truth. (Masaryk)
[University of Michigan – September 2000]
La única piedra angular válida y viable para una nación es la verdad. (Masaryk)
[Universidad de Michigan – Septiembre de 2000]

Genuine commitment to truth means standing firm no matter whether it yields returns or not; whether it meets with universal recognition or universal condemnation; whether a fight for truth leads to success or to absolute scorn and to obscurity. [University of Michigan – September 2000]
El compromiso genuino con la verdad significa asumir una firme postura sin importar si trae sus frutos o no, si logra el reconocimiento universal o la condena universal, si la lucha por la verdad lleva al éxito o a la burla y oscuridad. [Universidad de Michigan, Septiembre de 2000]

We now live in the age of an information revolution when hundreds of thousands, or millions, of pieces of information crisscross the globe every second at a frantic speed, spanning our planet with an all-embracing coat of communication. This is undoubtedly a marvelous achievement to which I have no objection whatsoever. However, it seems to me — especially after this global breakthrough in the field of information — that it is of paramount importance to understand the fine difference between information and truth. [University of Michigan – September 2000]
Vivimos en una era de revolución de información a través de cientos de miles, o millones, de lazos informáticos que cruzan el planeta cada segundo a la velocidad de la luz, cubriendo el mundo con una gran capa de comunicaciones. Sin duda, éste es un logro maravilloso contra el que no tengo objeciones. Sin embargo, creo que es de suma importancia, especialmente después de este avance global en el campo de la información, comprender la delgada línea entre información y verdad. [Universidad de Michigan, Septiembre de 2000]

To put it briefly and simply, I believe that truth is also information but, at the same time, it is something greater. Truth — like any other information — is information which has been clearly proved, or affirmed, or verified within a certain system of coordinates or paradigms, or which is simply convincing; but it is more than that: it is information avouched by a human being with his or her whole existence, with his or her reputation and name, with his or her honor.  I do not know how many of the millions of information details which float around our planet meet this criterion.  [University of Michigan – September 2000]
En términos simples, creo que la verdad también es información pero al mismo tiempo es algo mayor. La verdad –como cualquier tipo de información- es información que ha sido probada, confirmada o verificada a través de un sistema de coordenadas y paradigmas, o información que es simplemente convincente; pero es más que eso. Es información respaldada por el hombre con su propia existencia, su nombre o reputación y su honor. No sé cuantos de los millones de datos que circulan alrededor del planeta adoptan este criterio. [Universidad de Michigan, Septiembre de 2000]

In highly simplified terms, it could be said that the posttotalitarian system has been built on foundations laid by the historical encounter between dictatorship and the consumer society.

Is it not true that the farreaching adaptability to living a lie and the effortless spread of social auto-totality have some connection with the general unwillingness of consumption-oriented people to sacrifice some material certainties for the sake of their own spiritual and moral integrity? With their willingness to surrender higher values when faced with the trivializing temptations of modern civilization? With their vulnerability to the attractions of mass indifference? And in the end, is not the grayness and the emptiness of life in the post-totalitarian system only an intlated caricature of modern life in general? And do we not in fact stand (although in the external measures of civilization, we are far behind) as a kind of warning to the West, revealing to its own latent tendencies?

[The Power of the Powerless – Part VI]

Individuals can be alienated from themselves only because there is something in them to alienate. The terrain of this violation is their authentic existence. [The Power of the Powerless – Part VIII]

Ideology, in creating a bridge of excuses between the system and the individual, spans the abyss between the aims of the system and the aims of life. It pretends that the requirements of the system derive from the requirements of life. It is a world of appearances trying to pass for reality. [The Power of the Powerless – Part IV]

La ideología, al crear un puente de excusas entre el sistema y el individuo, se extiende a lo largo del abismo entre los objetivos del sistema y los objetivos de la vida. Pretende que los requisitos del sistema se derivan de los requisitos de la vida. Es un mundo de apariencias tratando de pasar por realidad. [El poder de los desposeídos – Parte IV]

A person who has been seduced by the consumer value system, whose identity is dissolved in an amalgam of the accouterments of mass civilization, and who has no roots in the order of being, no sense of responsibility for anything higher than his own personal survival, is a demoralized person. The system depends on this demoralization, deepens it, it is in fact a projection of it into society. Living within the truth, as humanity’s revolt against an enforced position, is, on the contrary, an attempt to regain control over one’s own sense of responsibility. [The Power of the Powerless – Part IX]

Una persona que ha sido seducida por el sistema de valores del consumo, cuya identidad se disuelve en una amalgama de atavíos de la civilización de masas, y que no tiene sus raíces en el orden del ser, ningún sentido de responsabilidad por nada por encima de su propia supervivencia personal, es una persona desmoralizada. El sistema depende de esta desmoralización, la hace mayor, y de hecho es una proyección de ella en la sociedad.  Vivir en la verdad, como una rebelión de la humanidad contra toda posición obligada, es un intento por recuperar el control sobre el propio sentido de responsabilidad. [El poder de los desposeídos – Parte IX / TLY]

Even something as apparently ephemeral as the truth spoken aloud, as an openly expressed concern for the humanity of man, carries a power within itself and that even a word is capable of a certain radiation, of leaving a mark on the “hidden consciousness” of a community.  [Reticence – Part X]

The dissident does not operate in the realm of genuine power at all. He does not seek power. He has no desire for office and does not woo voters. He does not attempt to charm the public, he offers nothing and promises nothing. He can offer, if anything, only his own skin -and he offers it solely because he has no other way of affirming the truth he stands for. His actions simply articulate his dignity as a citizen, regardless of the cost. The innermost foundation of his “political” undertaking is moral and existential. Everything he does, he does initially for himself; something within has simply revolted and left him incapable of continuing to “live a lie.” [Reticence – Part X]

There are thousands of nameless people who try to live within the truth and millions who want to but cannot, perhaps only because to do so in the circumstances in which they live, they would need ten times the courage of those who have already taken the first step. [The Power of the Powerless – Part XI]

Hay miles de personas anónimas que tratan de vivir en la verdad y millones que tratan pero que no pueden, tal vez porque para vivir así en las circunstancias en que viven, necesitarían diez veces el valor de quienes ya han dado el primer paso. [El poder de los sin poder – Parte XI]

Living within the truth has more than a mere existential dimension (returning humanity to its inherent nature), or a noetic dimension (revealing reality as it is), or a moral dimension (setting an example for others). It also has an unambiguous political dimension. If the main pillar of the system is living a lie, then it is not surprising that the fundamental threat to it is living the truth.   [The Power of the Powerless – VII]

Vivir en la verdad tiene más que una mera dimensión existencial (el retorno de la humanidad a su naturaleza inherente), o una dimensión noética (revelar la realidad tal como es), o una dimensión moral (trazar un ejemplo para otros). También tiene una dimensión política. Si el principal pilar del sistema es vivir en mentira, entonces no sorprende que la amenaza fundamental a dicho sistema sea vivir en verdad. [El poder de los sin poder – Parte VII]

In an era when metaphysical and existential certainties are in a state of crisis, when people are being uprooted and alienated and are losing their sense of what this world means, ideology inevitably has a certain hypnotic charm. To wandering humankind it offers an immediately available home: all one has to do is accept it, and suddenly everything becomes clear once more, life takes on new meaning, and all mysteries, unanswered questions, anxiety, and loneliness vanish. Of course, one pays dearly for this low-rent home: the price is abdication of one’s own reason, conscience, and responsibility, for an essential aspect of this ideology is the consignment of reason and conscience to a higher authority. The principle involved here is that the center of power is identical with the center of truth. [The Power of the Powerless – Part II]

En una era en la que las certidumbres metafísicas y existenciales están en un estado de crisis, cuando la gente está sufriendo el desarraigo y la alienación y está perdiendo su sentido de lo que significa el mundo, la ideología inevitablemente tiene un cierto encanto hipnótico. A la errante humanidad le ofrece inmediatamente un hogar disponible: todo lo que hay que hacer es

Ideology is a specious way of relating to the world. It offers human beings the illusion of an identity, of dignity, and of morality while making it easier for them to part with them. As the repository of something suprapersonal and objective, it enables people to deceive their conscience and conceal their true position and their inglorious modus vivendi, both from the world and from themselves. It is a very pragmatic but, at the same time, an apparently dignified way of legitimizing what is above, below, and on either side. It is directed toward people and toward God. It is a veil behind which human beings can hide their own fallen existence, their trivialization, and their adaptation to the status quo. It is an excuse that everyone can use, from the greengrocer, who conceals his fear of losing his job behind an alleged interest in the unification of the workers of the world, to the highest functionary, whose interest in staying in power can be cloaked in phrases about service to the working class. The primary excusatory function of ideology, therefore, is to provide people, both as victims and pillars of the post-totalitarian system, with the illusion that the system is in harmony with the human order and the order of the universe.  [The Power of the Powerless – Part III]

While life, in its essence, moves toward plurality, diversity, independent self-constitution, and self organization, in short, toward the fulfillment of its own freedom, the post-totalitarian system demands conformity, uniformity, and discipline.  [The Power of the Powerless – Part IV]

The expansion of imperial influence is presented as support for the oppressed; the lack of free expression becomes the highest form of freedom; farcical elections become the highest form of democracy; banning independent thought becomes the most scientific of world views; military occupation becomes fraternal assistance. Because the regime is captive to its own lies, it must falsify everything. It falsifies the past. It falsifies the present, and it falsifies the future. It falsifies statistics. It pretends not to possess an omnipotent and unprincipled police apparatus. It pretends to respect human rights. It pretends to persecute no one. It pretends to fear nothing. It pretends to pretend nothing.  Individuals need not believe all these mystifications, but they must behave as though they did, or they must at least tolerate them in silence, or get along well with those who work with them. For this reason, however, they must live within a lie. They need not accept the lie. It is enough for them to have accepted their life with it and in it. For by this very fact, individuals confirm the system, fulfill the system, make the system, are the system.

[The Power of the Powerless – Part IV]

La expansion de la influencia imperial es presentada como apoyo al oprimido; la falta de libre expresión se convierte en la más alta forma de libertad; la farsa electoral se convierte en la más alta forma de democracia; la proscripción del pensamiento independiente se convierte en la más científica visión del mundo; la ocupación militar se convierte en ayuda fraternal.  Porque el régimen es prisionero de sus propias mentiras, debe falsificarlo todo. Falsifica el pasado. Falsifica el presente y falsifica el futuro. Falsifica las estadísticas. Finge no tener un aparato policial omnipotente y sin principios. Finge que respeta los derechos humanos. Finge que no persigue a nadie.  Finge que no teme a nada. Finge no fingir nada.  Los individuos no tienen que creer en todas estas mistificaciones, pero se deben comportar como si creyeran en ellas, o al menos las deben tolerar en silencio, o llevarse bien con los que trabajan con ellas. Sin embargo, por esta razón, deben vivir en la mentira. No tienen que aceptar la mentira.  Es suficiente con que hayan aceptado vivir con la mentira y en la mentira. Por este simple hecho, los individuos confirman el sistema, cumplen con el sistema, hacen el sistema, son el sistema. [El poder de los desposeídos – Parte IV]

Power gradually draws closer to ideology than it does to reality; it draws its strength from theory and becomes entirely dependent on it. This inevitably leads, of course, to a paradoxical result: rather than theory, or rather ideology, serving power, power begins to serve ideology. [The Power of the Powerless – Part V]

Ideology, as that instrument of internal communication which assures the power structure of inner cohesion is, in the posttotalitarian system, some thing that transcends the physical aspects of power, something that dominates it to a considerable degree and, therefore, tends to assure its continuity as well. It is one of the pillars of the system’s external stability. This pillar, however, is built on a very unstable foundation. It is built on lies. It works only as long as people are willing to live within the lie.

[The Power of the Powerless – Part V]

I think that one of the most diabolical instruments for subjugating some people and fooling others is the special Communist language. It is a language full of subterfuge, ideological jargon, meaningless phrases and stereotypical figures of speech. To people who have not seen through its mendacity or who have never had to live in a world manipulated by it, this language can appear very attractive. At the same time, in others, this very same language can evoke fear and horror and force them into permanent state of dissimulation.

Considero que uno de los instrumentos más diabólicos para avasallar a unos y embelesar a otros es el singular lenguaje comunista. Es un lenguaje lleno de doblez y subterfugio, de consignas vacías y de figuras retóricas estereotipadas. Se trata de un lenguaje capaz de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad, o a las que no hayan tenido que vivir en un mundo manipulado por él. A la vez, en otras personas, ese mismo lenguaje es capaz de infundir el miedo y el terror, hasta sumirlas en un estado de perpetuo disimulo.

In my country, too, entire generations of people once let themselves be led astray by this kind of language with its fine words about justice, peace and the necessity of fighting against those who, allegedly in the interests of evil foreign powers, resisted the power that spoke this language. The great advantage of this language lies in the fact that all its parts are firmly bound together in a closed system of dogmas that excludes anything that does not fit. Any idea with a hint of originality or independence – as well as any word that is not part of the official vocabulary – is labeled an ideological diversion – almost, it would seem, before anyone can express it. The web of dogmas deployed to justify any arbitrary action by the ruling power, therefore, usually takes a utopian form – that is, an artificial construct that contains a whole set of reasons why everything that does not fit the structure or that reaches beyond it must be suppressed, forbidden or destroyed for the sake of some happy future.

También en mi país hubo generaciones enteras de personas que se dejaron desorientar por ese lenguaje lleno de bonitas palabras sobre la justicia, la paz y la necesidad de luchar contra los que –supuestamente al servicio de maléficas potencias extranjeras– se oponían al poder que ese lenguaje esgrime. La gran ventaja de ese lenguaje es que todas sus partes se entrelazan firmemente dentro de un sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo que no se acomode a él. Cualquier idea un tanto original o independiente, cualquier palabra que no pertenezca al vocabulario oficial, se tilda de diversionismo ideológico, y esto, parecería, casi antes de que nadie pueda expresarla. La red de dogmas que justifican cualquier arbitrariedad del poder suele por ende adoptar la forma de una utopía, es decir, la de un concepto artificial que contiene en sí mismo todo un conjunto de razones para que todo cuanto no se avenga a su estructura tenga que ser suprimido, prohibido o destruido, en aras de un futuro feliz.

The easy thing to do is to accept this language, to believe in it or, at least, to adapt to it. It is very difficult to maintain one’s own point of view, though common sense may tell you a hundred times over that you are right, as long as that means either revolting against the language of the powers-that-be, or simply refusing to use it. A system of persecutions, of bans, of informers, of compulsory elections, of spying on one’s neighbors, of censorship and, ultimately, of concentration camps is hidden behind a veil of beautiful words that have utterly no shame in calling enslavement a “higher form of freedom,” of calling independent thinking a way of “supporting imperialism,” or labeling the entrepreneurial spirit a way of “impoverishing one’s fellow humans” and calling human rights a “bourgeois fiction.”

Lo más cómodo es aceptar ese lenguaje, creer en él, o por lo menos, adaptarse a él. Es muy difícil mantener una óptica propia –por mucho que el sentido común nos dé mil veces la razón– siempre que eso signifique rebelarse contra el lenguaje del poder o simplemente negarse a usarlo. Todo un sistema de persecuciones, de prohibiciones, de informantes, de elecciones obligatorias, de espiar al vecino, de censura y, en última instancia, de campos de concentración se esconde tras un velo de palabras hermosas que no se avergüenzan, ni en lo más mínimo, de llamar a la esclavitud una ”forma superior de libertad”, ni de tildar al pensamiento independiente de ”lacayo servil del imperialismo” o denostar al espíritu emprendedor con el mote de ”explotación del hombre por el hombre”, para luego pretender que se llame a los derechos humanos un “invento de la burguesía”.

My country’s experience was simple: when the internal crisis of the totalitarian system grows so deep that it becomes clear to everyone, and when more and more people learn to speak their own language and reject the hollow, mendacious language of the powers that be, it means that freedom is remarkably close, if not directly within reach. All of a sudden, it seems that the king is naked and the mysterious radiant energy that comes from free speech and free actions turns out to be more powerful than the strongest army, police force, or party organization, stronger than the greatest power of a centrally directed and centrally devastated economy, or of the centrally controlled and centrally enslaved media, those chief propagators of the mendacious language of the official utopia.

La experiencia de mi país fue muy sencilla: cuando la crisis interna del sistema totalitario se hace profunda hasta tal punto que ya para todos es obvia, y cuando un número cada vez mayor de personas aprende a hablar en un lenguaje propio y a rechazar el lenguaje charlatán y mentiroso del poder, la libertad ya está muy cerca, casi al alcance de la mano. De repente salta a la vista que el ”monarca está desnudo”, y el misterioso resplandor de la palabra libre y del comportamiento libre resulta ser más fuerte que el más poderoso ejército, que la policía o que la jerarquía del partido, más decisivo aún que la destrucción sistemática y centralizada de la economía, o que los centralizados y avasallados medios de difusión, principales responsables de la propagación del mentiroso lenguaje de la utopía oficial.

Our world, as a whole, is not in the best of shape and the direction it is headed in may well be quite ambivalent. But this does not mean that we are permitted to give up on free and cultivated thinking and to replace it with a set of utopian clichés. That would not make the world a better place, it would only make it worse. On the contrary, it means that we must do more for our own freedom, and that of others.

Nuestro mundo, en general, no se encuentra en buen estado, y avanza quizás por un derrotero muy ambiguo. Pero esto no significa que tengamos el derecho de abandonar la libre y culta reflexión, para reemplazarla con un puñado de gastadas consignas utópicas. No lograríamos con ello un mundo mejor, sino un engendro. Por el contrario, lo que esto significa es que debemos hacer más por nuestra propia libertad y por la libertad de los demás.

[Florida International University, Miami, Florida, September 23, 2002]

Part of the essence of the post-totalitarian system is that it draws everyone into its sphere of power, not so they may realize themselves as human beings, but so they may surrender their human identity in favor of the identity of the system, that is, so they may become agents of the system’s general automatism and servants of its self-determined goals, so they may participate in the common responsibility for it, so they may be pulled into and ensnared by it, like Faust by Mephistopheles.

[The Power of the Powerless – Part VI]

By pulling everyone into its power structure, the posttotalitarian system makes everyone an instrument of a mutual totality, the auto-totality of society.  Everyone, however, is in fact involved and enslaved, not only the greengrocers but also the prime ministers. Differing positions in the hierarchy merely establish differing degrees of involvement: the greengrocer is involved only to a minor extent, but he also has very little power. The prime minister, naturally, has greater power, but in return he is far more deeply involved. Both, however, are unfree, each merely in a somewhat different way. The real accomplice in this involvement, therefore, is not another person, but the system itself.

[The Power of the Powerless – Part VI]

Everyone in his own way is both a victim and a supporter of the system.

[The Power of the Powerless – Part VI]

The singular, explosive, incalculable political power of living within the truth resides in the fact that living openly within the truth has an ally, invisible to be sure, but omnipresent: this hidden sphere. It is from this sphere that life lived openly in the truth grows; it is to this sphere that it speaks, and in it that it finds understanding. This is where the potential for communication exists. But this place is hidden and therefore, from the perspective of power, very dangerous. The complex ferment that takes place within it goes on in semidarkness, and by the time it finally surfaces into the light of day as an assortment of shocking surprises to the system, it is usually too late to cover them up in the usual fashion. Thus they create a situation in which the regime is confounded, invariably causing panic and driving it to react in inappropriate ways. [The Power of the Powerless – Part VIII]

The regime prosecutes, almost as a reflex action preventively, even the most modest attempts to live within the truth.   [The Power of the Powerless – Part VIII]

Charter 77 would have been unimaginable without that powerful sense of solidarity among widely differing groups, and without the sudden realization that it was impossible to go on waiting any longer, and that the truth had to be spoken loudly and collectively, regardless of the virtual certainty of sanctions and the uncertainty of any tangible results in the immediate future. [The Power of the Powerless – Part IX]

Dissidents do not consider themselves renegades for the simple reason that they are not primarily denying or rejecting anything. On the contrary, they have tried to affirm their own human identity, and if they reject anything at all, then it is merely what was false and alienating in their lives, that aspect of living within a lie. [The Power of the Powerless – Part XIII]

In its most original and broadest sense, living within the truth covers a vast territory whose outer limits are vague and diffieult to map, a territory full of modest expressions of human volition, the vast majority of which will remain anonymous and whose political impact will probably never be felt or described any more concretely than simply as a part of a social climate or mood. Most of these expressions remain elementary revolts against manipulation: you simply straighten your backbone and live in greater dignity as an individual.

Here and there -thanks to the nature, the assumptions, and the professions of some people, but also thanks to a number of accidental circumstances such as the specific nature of the local milieu, friends, and so on- a more coherent and visible initiative may emerge from this wide and anonymous hinterland, an initiative that transcends “merely” individual revolt and is transformed into more conscious, structured, and purposeful work. The point where living within the truth ceases to be a mere negation of living with a lie and becomes articulate in a particular way is the point at which something is born that might be called the “independent spiritual, social, and political life of society.”

This independent life is not separated from the rest of life (“dependent life”) by some sharply defined line. Both types frequently co-exist in the same people. Nevertheless, its most important focus is marked by a relatively high degree of inner emancipation. It sails upon the vast ocean of the manipulated life like little boats, tossed by the waves but always bobbing back as visible messengers of living within the truth, articulating the suppressed aims of life.  What is this independent life of society? The spectrum of its expressions and activities is naturally very wide. It includes everything from self education and thinking about the world, through free creative activity and its communication to others, to the most varied free, civic attitudes, including instances of independent social self-organization. In short, it is an area in which living within the truth becomes articulate and materializes in a visible way.

[The Power of the Powerless – Part XV]

The “dissident” attitude is and must be fundamentally hostile toward the notion of violent change-simply because it places its faith in violence. (Generally, the “dissident” attitude can only accept violence as a necessary evil in extreme situations, when direct violence can only be met by violence and where remaining passive would in effect mean supporting violence: let us recall, for example, that the blindness of European pacifism was one of the factors that prepared the ground for the Second World War.)

[The Power of the Powerless – Part XVII]

“Dissident” movements, understand systemic change as something superficial, something secondary, something that in itself can guarantee nothing. Thus an attitude that turns away from abstract political visions of the future toward concrete human beings and ways of defending them effectively in the here and now is quite naturally accompanied by an intensified antipathy to all forms of violence carried out in the name of a better future, and by a profound belief that a future secured by violence might actually be worse than what exists now; in other words, the future would be fatally stigmatized by the very means used to secure it. At the same time, this attitude is not to be mistaken for political conservatism or political moderation. The “dissident” movements do not shy away from the idea of violent political overthrow because the idea seems too radical, but on the contrary, because it does not seem radical enough.

For them, the problem lies far too deep to be settled through mere systemic changes, either governmental or technological. Some people, faithful to the classical Marxist doctrines of the nineteenth century, understand our system as the hegemony of an exploiting class over an exploited class and, operating from the postulate that exploiters never surrender their power voluntarily, they see the only solution in a revolution to sweep away the exploiters. Naturally, they regard such things as the struggle for human rights as something hopelessly legalistic, illusory, opportunistic, and ultimately misleading because it makes the doubtful assumption that you can negotiate in good faith with your exploiters on the basis of a false legality. The problem is that they are unable to find anyone determined enough to carry out this revolution, with the result that they become bitter, skeptical, passive, and ultimately apathetic -in other words, they end up precisely where the system wants them to be. This is one example of how far one can be misled by mechanically applying, in post-totalitarian circumstances, ideological models from another world and another time.

[The Power of the Powerless – Part XVII]

Experience teaches us that any genuinely meaningful point of departure in an individual’s life usually has an element of universality about it. In other words, it is not something partial, accessible only to a restricted community, and not transferable to any other. On the contrary, it must be potentially accessible to everyone; it must foreshadow a general solution and, thus, it is not just the expression of an introverted, self contained responsibility that individuals have to and for themselves alone, but responsibility to and for the world. Thus it would be quite wrong to understand the parallel structures and the parallel polis as a retreat into a ghetto and as an act of isolation, addressing itself only to the welfare of those who had decided on such a course, and who are indifferent to the rest. It would be wrong, in short, to consider it an essentially group solution that has nothing to do with the general situation. Such a concept would, from the start, alienate the notion of living within the truth from its proper point of departure, which is concern for others, transforming it ultimately into just another more sophisticated version of living within a lie.

[The Power of the Powerless – Part XVIII]

The primary purpose of the outward direction of these movements is always, as we have seen, to have an impact on society, not to affect the power structure, at least not directly and immediately. Independent initiatives address the hidden sphere; they demonstrate that living within the truth is a human and social alternative and they struggle to expand the space available for that life; they help -even though it is, of course, indirect help- to raise the confidence of citizens; they shatter the world of appearances and unmask the real nature of power. They do not assume a messianic role; they are not a social avant-garde or elite that alone knows best, and whose task it is to “raise the consciousness” of the “unconscious” masses (that arrogant self-projection is, once again, intrinsic to an essentially different way of thinking, the kind that feels it has a patent on some ideal project and therefore that it has the right to impose it on society). Nor do they want to lead anyone. They leave it up to each individual to decide what he will or will not take from their experience and work.  [The Power of the Powerless – Part XIX]

.

3.  TRASCENDENCIA

Cada día es mayor la necesidad de comprender el sentido de la existencia.  Y aunque los distractores externos abundan, también abundan las oportunidades para penetrar en una vivencia más y más profunda, a la que, en términos de Havel, quizá se pueda denominar “consciencia trascendente”. Ella nos conecta con las más elevadas fuentes de inspiración y nos permite llevar ese caudal de energía a los asuntos humanos, empezando por nuestra propia vida. 

Sólo un lenguaje común, latente en todas las culturas y religiones, en lo mejor del pasado y del presente, puede tener el poder para unirnos en torno a unos mismos objetivos. Hoy es más necesario que nunca aprender a “hablar” ese lenguaje común, ese lenguaje que el corazón comprende intuitivamente.  Y aunque la consciencia trascendente es innata en cualquier ser humano, es necesario cultivarla, ahondar en ella y abrirse paso, con la determinación del mejor guerrero, hacia nuevos estados de percepción.  Cuanto más se asciende en la comprensión espiritual, tanto mejor se reconoce su universalidad.  Recíprocamente, cuanto más se desciende en “ideologías religiosas”, análogas a las ideologías sociales consideradas en el capítulo anterior, tanto más se cae en el fanatismo y la separatividad.

Havel nos invita a ahondar en aquellas verdades fundamentales que han pasado la prueba del tiempo, atesoradas por las más variadas culturas y religiones como patrimonio moral por excelencia e intuidas por el hombre de hoy en sus propios términos.  Realizaciones tan propias de cada uno, tan profundas, tan simples que se convierten en universales y tan globales que forman parte del vínculo de cada persona con “Aquello que nos trasciende”, para emplear una expresión del estadista checo, concepto que Ken Wilber, considerado por algunos el Einstein de la Consciencia, denomina “consciencia transpersonal”. 

Al ascender con suficiente fuerza hacia la propia consciencia trascendente, o transpersonal o como la queramos llamar, más se descubre la estrecha relación entre el propio espíritu y el espíritu planetario.

As individuals and as a community, we must delve into our history, our souls, and all our experience to try to dig out our vanishing respect for the universe’s mysterious order, for the unique human being, for cultural and community identities — and restore humble acceptance of the fact that we are all but component parts of the universe, and not its masters. [Project Syndicate – The Heart of The Matter]

La única esperanza real de la gente de hoy es, probablemente, la renovación de nuestra certidumbre de que estamos enraizados en la tierra y, al mismo tiempo, en el cosmos.  Tomar conciencia de ello nos confiere la capacidad para la auto-trascendencia.  En los foros internacionales los políticos pueden reiterar miles de veces que la base del nuevo orden mundial debe ser universal en cuanto a los derechos humanos, pero ello puede no significar nada en tanto ese imperativo no derive del respeto al milagro del Ser, al milagro del universo, al milagro de la naturaleza, al milagro de nuestra propia existencia.

En el actual mundo multicultural, la verdadera vía de coexistencia pacífica y de cooperación creativa debe comenzar en aquello que constituye la raíz de todas las culturas y que yace infinitamente inmerso en la profundidad de los corazones y mentes humanas y que, más que en opiniones, convicciones, antipatías o simpatías políticas, debe estar enraizado en la auto-trascendencia.

* Trascendencia como mano tendida a aquellos cercanos a nosotros, a los extraños, a la comunidad humana, a todas las criaturas vivientes, a la naturaleza, al universo.
* Trascendencia como necesidad profunda y gozosa experimentada al estar en armonía aún con aquello con lo que nosotros no lo estamos, con lo que no comprendemos, con lo que parece distante de nosotros en el tiempo y el espacio y con lo que, no obstante, nos sentimos misteriosamente ligados y unidos, constituyendo todos un único mundo.
* Trascendencia como la única alternativa a la extinción.

[Filadelfia, Julio 4 de 1994.  Traducido por Esteban Ierardo]

¿Acaso no encontramos en los cimientos de la mayoría de las religiones y culturas, aunque tomen miles de formas distintas, elementos comunes a todas, como el respeto por lo que nos trasciende, ya sea el misterio del Ser o un orden moral superior; ciertos imperativos que recibimos del cielo o de la naturaleza o de nuestros propios corazones; la creencia de que nuestras acciones perdurarán más que nosotros; el respeto por nuestros vecinos, nuestras familias, ciertas autoridades naturales; el respeto por la dignidad humana y la naturaleza: un sentido de la solidaridad y benevolencia para con los invitados que vienen a nosotros con buenas intenciones? ¿Acaso las raíces comunes del ser humano, de nuestras diversas espiritualidades, cada una de la cual representa otra especie de reconocimiento humano de la misma realidad, no son el elemento que verdaderamente puede acercar a las distintas culturas? ¿No están los mandamientos de esta espiritualidad arquetípica en armonía con lo que incluso un ateo podría considerar apropiado y significativo sin saber bien por qué?

Por supuesto no estoy sugiriendo que las personas deban alabar antiguas deidades y aceptar rituales que han abandonado hace mucho tiempo. Sugiero algo distinto: debemos comprender la profunda conexión mutua entre las variadas formas de espiritualidad. Debemos recordar nuestra sustancia original espiritual y moral, que surgió de la misma experiencia humana. Creo que ésta es la única manera de lograr una verdadera renovación de nuestro sentido de responsabilidad por nosotros y por el mundo. Al mismo tiempo, es el único camino para lograr un mayor entendimiento entre culturas que les permita trabajar unidos, de un verdadero modo ecuménico, con el fin de crear un nuevo orden mundial. [Harvard]

[Necesidad de Trascendencia:]

Paradójicamente, la inspiración para la renovación de esta integridad perdida, puede ser de nuevo encontrada en la ciencia, en una ciencia que sea nueva -digamos postmoderna-, una ciencia productora de ideas que en cierto sentido permitan trascender sus propios límites. Daré dos ejemplos. El primero es el Principio de la Entropía Cosmológica. Sus autores y adherentes han indicado que de los innumerables cursos posibles para su evolución, el universo adoptó el único que hizo posible la eclosión de la vida. No existe hasta ahora prueba de que el objetivo del universo haya sido siempre el de que algún día debería verse a sí mismo y a través de sus ojos. Pero ¿de qué otra forma puede este enunciado ser explicado? Creo que el Principio de Entropía Cosmológica nos aporta una idea, quizás tan antigua como la humanidad misma, de que nosotros no somos sólo una anomalía accidental o el capricho microscópico de una tenue partícula girando en la interminable profundidad del universo.  La verdad es que estamos misteriosamente conectados al universo entero y nos reflejamos en él, tal como la evolución total del universo se refleja en nosotros. (…) Con la formulación del Principio de Entropía Cosmológica, la ciencia se ha encontrado en la frontera entre la fórmula y la historia, entre la ciencia y el mito. En donde la ciencia ha retornado paradójicamente al hombre, en su camino de vuelta, para ofrecerle -con nuevo ropaje- su integridad perdida, anclándolo una vez más en el cosmos.

El segundo ejemplo es la Hipótesis Gaia. Esta teoría ofrece pruebas de que la densa red de interacciones mutuas entre las porciones orgánicas e inorgánicas de la superficie terrena forman un sistema único, una especie de mega-organismo, un planeta vivo: Gaia -así nombrado en memoria de una antigua diosa reconocida, quizás en todas las religiones- como arquetipo de la Madre Tierra. De acuerdo a la hipótesis Gaia nosotros somos parte de un gran todo y si la dañamos ella nos quitará el interés por el valor más elevado: la vida misma.

¿Qué hace tan inspiradores al Principio de la Entropía Cosmológica o a la Hipótesis Gaia? Una cosa simple: Ambos nos recuerdan, en lenguaje moderno, algo que hace mucho hemos sospechado, que hemos proyectado largamente en nuestros mitos olvidados y que quizás, como arquetipo, yace durmiente en el interior de nuestro ser. Es decir, darnos cuenta que nuestro ser está aferrado al mundo y al universo, tomar conciencia de que no estamos aislados ni que es sólo para nosotros mismos, sino que formamos parte integral de una entidad mayor y misteriosa contra la que no es aconsejable blasfemar. Esta olvidada creencia se encuentra codificada en todas las religiones. Todas las culturas la anticipan en diversas formas. Es una de las ideas que forman la base del conocimiento humano, de sí mismo, de su lugar en el mundo y, por último, del mundo como tal. [Necesidad de Trascendencia]

Si examinamos los más antiguos cánones morales, los mandamientos que prescriben la conducta humana y las normas para la coexistencia entre los seres humanos, encontramos numerosas similitudes esenciales.  A veces es sorprendentemente descubrir que surgen normas morales prácticamente idénticas en diferentes lugares y épocas en gran medida independientes entre sí.  Otro hecho importante es que los cimientos morales sobre los que se construyeron las diferentes civilizaciones o culturas siempre tuvieron raíces trascendentales o metafísicas.  Es muy difícil encontrar una cultura que no se derive de la convicción en un misterioso orden superior al mundo, más allá de nuestro alcance, una alta intención, fuente de todas las cosas, una memoria elevada registrándolo todo, una autoridad ante la cual de una u otra forma todos somos responsables.  Ese orden ha tenido mil caras.  La historia humana ha conocido una vasta gama de dioses y deidades, creencias religiosas y espirituales, rituales y liturgias.  Sin embargo, desde tiempos inmemoriales, la clave para la existencia de la raza humana, la naturaleza y el universo, así como la clave para lo que se requiere de la responsabilidad humana, siempre ha estado en lo que trasciende a la humanidad, en lo que permanece sobre ella.  La humanidad debe comprender el respeto que esta relación implica, si quiere sobrevivir.   [Un Sentido]

If we examine the oldest moral canons, the commandments that prescribe human conduct and the rules of human coexistence, we find numerous essential similarities among them. It is often surprising to discover that virtually identical moral norms arise in different places and different times, largely independently of one other. Another important thing is that the moral foundations upon which different civilizations or cultures were built always had transcendental or metaphysical roots. It is scarcely possible to find a culture that does not derive from the conviction that a higher, mysterious order of the world exists beyond our reach, a higher intention that is the source of all things, a higher memory recording everything, a higher authority to which we are all accountable in one way or another. That order has had a thousand faces. Human history has known a vast array of gods and deities, religious and spiritual beliefs, rituals, and liturgies. Nevertheless, since time immemorial, the key to the existence of the human race, of nature, and of the universe, as well as the key to what is required of human responsibility, has always been found in what transcends humanity, in what stands above it. Humanity must respect that of the world is to survive. [A sense]

A medida que disminuye nuestro respeto por los misterios del mundo, podemos ver una y otra vez que tal falta de respeto conduce a la ruina.  Todo esto sugiere claramente que debemos elevar nuestra visión hacia aquello que nos une: hacia una consciencia de lo trascendente. [Un Sentido]

As our respect for the mysteries of the world dwindles, we can see for ourselves again and again that such a lack of respect leads to ruin. All this clearly suggests where we should look for what united us: in an awareness of the transcendent. [A sense]

No tengo ningún consejo específico sobre cómo revivir esta consciencia que una vez fue común a toda la raza humana, o sobre cómo rescatarla de las profundidades en las que se ha hundido, o sobre cómo proceder de tal forma que sea apropiada para esta era y al mismo tiempo sea universal, aceptable por todos.  Sin embargo, cuando pienso en esto, no importa en dónde o en qué contexto, siempre –sin proponérmelo– llego a la conclusión de que este es precisamente el punto desde donde debemos empezar la búsqueda de los medios de coexistencia en el planeta, y en pos de la salvación de la raza humana de los muchos peligros que la civilización genera para la existencia.  Debemos buscar nuevas formas de restaurar el sentir de aquello que trasciende a la humanidad, de aquello que le imprime sentido tanto al mundo circundante como a la misma vida humana.  [Un Sentido]

I have no specific advice on how to revive this awareness which was once common to the whole human race, on how to retrieve it from the depths to which it has sunk, or how to do this in a way that is both appropriate for this era and at the same time universal, acceptable to all. Yet, when thinking about it, no matter where or in what context, I always — without intending to — come to the conclusion that this is precisely where we should begin the search for the means of coexistence on this planet, and for the salvation of the human race from the many dangers to its existence that civilization generates. We should seek new ways to restore the feeling for what transcends humanity, for what gives meaning to the world surrounding it, as well as to human life itself. [A Sense]

Dostoyevski escribió que si Dios no existiera todo estaría permitido.  Para ponerlo en términos simples, me parece que nuestra actual civilización, habiendo perdido la consciencia de que el mundo tiene un espíritu, cree que todo está permitido.  [Un Sentido]

Dostoevsky wrote that if there were no God everything would be permitted. To put it simply, it seems to me that our present civilization, having lost the awareness that the world has a spirit, believes that anything is permitted. [A Sense]
El movimiento espiritual europeo fue el que, por su inherente lógica, generó la civilización global tecnológica y consumista de hoy, la cual está trabajando ampliamente en su propia destrucción.  Al mismo tiempo –paradójicamente– Europa es nuevamente la que tiene, por diversas razones, la relativamente gran oportunidad de revertir la condición de hoy y así trascenderse a sí misma.  El potencial de dicha trascendencia yace dormido –sepultado y olvidado– en sus propios fundamentos espirituales.  La misión de Europa en el contexto de la civilización de hoy, incluyendo la idea fundamental que guía su unificación, no tiene que provenir de algo enteramente nuevo, nunca conocido antes.  Puede derivar solamente –si lo puedo poner en estas palabras– de releer los antiguos libros de Europa y volver a captar su significado.  [Senado Francés].
It was the European spiritual movement that, out of its own inherent logic, generated today’s global civilization of technology and consumerism that is so thoroughly working on its self-destruction. At the same time – paradoxically – it is Europe again that has, for a variety of reasons, the relatively greatest chance to reverse today’s condition, and thus to transcend itself. The potential for such transcendence lies dormant – buried and forgotten – in its own spiritual foundations. Europe’s mission in the context of today’s civilization -including the fundamental idea to guide its unification – thus does not have to emanate from something entirely new, never known before. It can be derived solely – if I may put it like this – from rereading ancient European books and re grasping their meaning [French Senate].

.

4.         IDENTIDAD GLOBAL

La civilización global ya es un hecho incuestionable y la humanidad busca, consciente e inconscientemente, valores esenciales que le ayuden a alcanzar su propia identidad planetaria, algo que estamos llamados a construir entre todos.

Así como el ciudadano promedio de un país está razonablemente familiarizado con su geografía, su historia y su presente, sus posibilidades, problemas y necesidades, y conoce además las leyes básicas y las normas mínimas de convivencia, de igual manera, dado que cada vez es mayor el número de personas que sentimos el planeta como nuestro país global, la aldea global, debemos pensar seriamente en los requisitos para convertirnos en dignos ciudadanos planetarios

La búsqueda de la identidad individual es un proceso mucho más intenso y complejo de lo que parece.  Implica arduas batallas con uno mismo, con las propias limitaciones y espejismos, hasta hallar poco a poco sendas hacia el descubrimiento de lo que realmente somos.  Pero es un proceso fascinante, porque a medida que se progresa se perciben indescriptibles formas de belleza, verdad y altruismo

La identidad regional y nacional se alcanza también en dolorosos procesos –prueba de ello son las grandes luchas y contradicciones que se mueven en el seno de cada provincia y país– así que hablar sobre identidad global son ya palabras mayores. Pero es un imperativo de nuestra época y se perfila que las revelaciones que nos esperan a futuro bien pueden ser de extraordinaria belleza y potencia, si nos preparamos adecuadamente para percibirlas

Todo hallazgo y realización en cuanto a la identidad planetaria nos capacita para hacer valiosos aportes a nuestra identidad nacional y regional, e igualmente enriquece las posibilidades de descubrimiento de nuestra identidad grupal e individual.  Es otra forma de percibir y aprovechar la poderosa interacción entre la parte y la totalidad.

Por primera vez en la historia de la humanidad, vivimos en una era en la que nuestro planeta se encuentra envuelto por una única civilización. Casi toda la población del mundo se encuentra conectada por la miríada de comunicaciones y contactos, modelos comunes de comportamiento, costumbres, patrones comerciales y demás. [Sao Paulo]

[Philadelphia, July 4, 1994] For thousands of years human lived and evolved in different parts of the earth in fairly autonomous entities. Cultures and whole civilizations appeared and disappeared, cultures that — seen from a modern perspective — remained largely confined within their own territories, isolated from one another. If they knew about each other at all, their contacts were minimal. In those times, few if any events in the human world could have had a substantial and immediate impact on the world as a whole.

Nowadays, things are very different. Within a fairly brief period of time — no more than a fraction of human history — a global civilization has come into being and spread around the whole planet, linking the different parts of it together, absorbing cultures or spheres of civilization which had so long developed as autonomous units, and forcing them to adjust. A great many of the conflicts or problems in our world today, it seems to me, can be attributed to this new reality. They can be explained as struggles of different cultural identities, not against this global civilization but within themselves, for the survival and enhancement of what they are and the ways in which they differ from each other — struggles for what they appear to be losing. Some say we are living at a time in which every valley wants to be independent. Sometimes this really seems to be the case. This desire for independence is an understandable reaction to the pressure to integrate and unify exerted by our civilization. Cultural entities shaped by thousands of years of history are resisting this, for fear that within a few years they might dissolve in some global cultural neutrality. If we mix all the colors together, we get gray. Cultures of different colors are apparently wrestling with the danger of turning gray in the melting pot of a single civilization.

How can we overcome this contradiction? Where can we turn for hope? The solution certainly does not lie in putting our faith in the essentially atheistic technological civilization of today. We should not rely on the assumption that this civilization, supposedly more progressive than all the multifarious cultures and civilizations of the past, is more worthy than they are, or that it is justifiable to suppress and annihilate traditions in its name because they are believed to slow the victorious progress of history. Humanity includes its own past; fighting with the past would mean declaring war on humanity itself. On the other hand, rejecting the present civilization, abandoning all the good things it has brought and attempting to return to some bygone tribal life, is not a solution either.

The only wise course is the most demanding one: we must start systematically to transform our civilization into a truly multicultural civilization, one that will allow everyone to be themselves while denying no one the opportunities it offers, one that strives for the tolerant coexistence of different cultural identities, one that clearly articulates the things that unite us and can develop into a set of shared values and standards enabling us to lead a creative life together. [Philadelphia, July 4, 1994]

[Harvard:]

Hace un tiempo, una tarde, estaba sentado afuera de un restaurante junto al río. Mi silla era casi idéntica a las sillas de los restaurantes que bordean el Río Vltava (Moldava) en Praga. Tocaban la misma música rock que suena en la mayoría de los restaurantes checos. Los carteles publicitarios me resultaban familiares a los de mi país. Pero, por sobre todo, estaba rodeado de gente joven, que vestía una moda similar, disfrutaban bebidas que me resultaban conocidas y se comportaban del mismo modo despreocupado que sus contemporáneos de Praga. Sólo la tez y las facciones de sus rostros eran distintas, pues yo estaba en Singapur.

Permanecí allí sentado inmerso en mis pensamientos y nuevamente, por enésima vez, me percaté de una verdad casi banal: ahora vivimos en una única civilización globalizada. La identidad de esta civilización no depende sólo del mismo modo de vestirse, las mismas bebidas o el ruido constante de la misma música comercial de todo el mundo, o incluso de la publicidad internacional. Depende de algo más profundo: gracias a la idea moderna del progreso constante con su expansionismo inherente y al rápido desarrollo de la ciencia que surge del mismo, por primera vez en la extensa historia de la raza humana, en unas pocas décadas nuestro planeta se vio poblado por una única civilización que es esencialmente tecnológica.

Hoy en día, el mundo se encuentra entrelazado por redes de telecomunicaciones compuestas por millones de hilos finos o capilares que no sólo transmiten información de todo tipo a gran velocidad sino que además transmiten modelos integrados de comportamiento social, político y económico. Son conductos de normas legales y de billones y billones de dólares que atraviesan el planeta al tiempo que permanecen invisibles incluso ante aquellos que están en contacto directo con los mismos. La vida de la humanidad se encuentra plenamente interconectada no sólo en términos formales sino también informales.

Dado que ya hice referencia a Singapur, a modo de anécdota podría ilustrar el caso recordándoles que hoy en día sólo una transacción desfavorable iniciada por un taimado empleado bancario de Singapur es suficiente para colapsar un banco que se encuentra al otro lodo lado del planeta. Gracias a los logros de esta civilización, prácticamente todos sabemos lo que es un cheque, un bono, una letra de cambio y una acción bursátil. Estamos familiarizados con la CNN y Chernobyl y sabemos quiénes son los Rolling Stones, Nelson Mandela o Salman Rushdie. Más aún, los capilares que profundamente integran esta civilización transmiten datos sobre ciertas formas de convivencia humana que han demostrado su verdadero valor, a saber, la democracia, el respeto por los derechos humanos, el imperio de la ley, las leyes del mercado. El flujo de información circula alrededor del mundo a distintas velocidades y echa raíces en distintos lugares.

En la era moderna esta civilización global surgió en el territorio ocupado por la cultura europea y, en los últimos tiempos, la cultura euro-americana. Históricamente, se desarrolló de la combinación de las tradiciones clásicas, judaicas y cristianas. Al menos en teoría, concede a las personas no sólo la capacidad para la comunicación mundial sino además un medio coordinado para defenderse de los peligros comunes. De un modo sin precedentes, también nos puede facilitar la vida en la Tierra y abrirnos horizontes inexplorados en el conocimiento de nosotros mismos y del mundo en que vivimos. Sin embargo, algo no está bien.  [Harvard / Celaforum]

La actual civilización presenta miles de ventajas. Le ha permitido a la humanidad disfrutar numerosos logros, desde el increíble avance de la ciencia y la tecnología, aumentando el alcance del conocimiento humano a un ritmo sorprendente y mejorando ciertos aspectos que hacen al confort de la vida hasta el cultivo de la convivencia, como se representa en el moderno concepto de los derechos humanos y la democracia. Sin embargo, al mismo tiempo, surgen aspectos y resultados problemáticos. La humanidad parece estar perdiendo lo que muchas civilizaciones anteriores tuvieron: la conexión con el infinito y lo eterno y el resultante sentido de humildad y responsabilidad; una relación con el mundo en su totalidad, con su orden metafísico, con el milagro de la creación, con la Tierra, con el universo, con nuestro propio futuro y el misterio en el que hemos sido empujados.  Los resultados desastrosos de las deficiencias de la civilización moderna son visibles en una variedad de peligros, desde amenazas ambientales, sociales, demográficas y culturales hasta ciertos males como el terrorismo, las drogas o la despersonalización en las gigantescas ciudades de hoy en día. Las bibliotecas rebalsan de información relativa a éstas amenazas y brindan horripilantes análisis y pronósticos aún más temibles. Miles de conferencias, incluyendo las cumbres de las Naciones Unidas, se han celebrado para discutir esas cuestiones. Innumerables propuestas técnicas o sistémicas procuran confrontarlas. Sin embargo, hay pocas esperanzas de lograr un cambio fundamental.

Curiosamente, la humanidad moderna parece encarnar una inconsistencia esencial. Mientras que nuestra capacidad de conocimiento nos permite ver con claridad los peligros que enfrenta la raza humana, nuestra habilidad y preparación para combatir estos peligros de un modo resoluto y a escala mundial es limitada. [Sao Paulo]

Muchos de los grandes problemas que hoy enfrentamos se originan en el hecho de que la civilización global, aunque es evidente en todas partes, no es más que una fina capa de barniz sobre la suma total de la conciencia humana, si me permiten expresarlo de este modo. Esta civilización es inmensamente joven, nueva y frágil, y el espíritu humano la ha aceptado con la mayor prontitud sin cambiar en su esencia propia. La humanidad ha evolucionado a través de los milenios en civilizaciones y culturas que gradualmente y de modos muy diversos forjaron nuestros hábitos de pensar, nuestra relación con el mundo, nuestros modelos de comportamiento y los valores que aceptamos y reconocemos.

Básicamente, esta nueva y única epidermis de civilización mundial cubre u oculta la inmensa variedad de culturas, pueblos, religiones, tradiciones históricas y actitudes históricamente formadas, todo lo que de algún modo la subyace. Al mismo tiempo, a medida que la capa externa de la civilización mundial se expande, el lado ‘interno’ de la humanidad, esa dimensión oculta, exige con más intensidad que se la escuche y se le otorgue el derecho a la vida. Al tiempo que el mundo en su totalidad acepta cada vez más los nuevos hábitos de la civilización global, se suscita un proceso contradictorio: las antiguas tradiciones están renaciendo, las distintas religiones y culturas se abren a los nuevas formas de ser, buscando un espacio para existir y luchando con creciente fervor para materializar lo que es único para ellos y los diferencia del resto. Buscan imprimirle a su individualidad una expresión política. [Harvard]

[Necesidad de Trascendencia:]

El vertiginoso desarrollo de la ciencia, con su incondicional fe en la realidad objetiva y su dependencia completa de leyes generales racionales conocidas, ha conducido al nacimiento de la civilización tecnológica moderna. Es la primera civilización en la historia de la humanidad que alcanza a todo el globo, y une con firmeza a todas las sociedades humanas sometiéndolas a un destino global común. Fue la ciencia la que permitió al hombre, por primera vez, ver a la Tierra con sus propios ojos y desde el espacio, como otra estrella del firmamento.

Al mismo tiempo, las relaciones del mundo que la ciencia moderna fomentó y modeló, parecen haber agotado su potencial. Aunque parezca extraño es cada vez más claro que a esa relación le falta algo. Fracasa en conectarse con la naturaleza intrínseca de la realidad y con la experiencia humana natural. Ahora es más una fuente de desintegración y duda que un factor de integración y comprensión. Lleva al hombre hasta un cierto estado de esquizofrenia ya que, como observador, ha llegado a estar completamente alienado de sí mismo como ser. La ciencia moderna clásica describía sólo la superficie de las cosas, una dimensión simple de la realidad.

Y la ciencia más dogmática la trató como si fuera la única dimensión, como la verdadera esencia de la realidad por más de que ello fuera equivocado. Hoy, por ejemplo, en relación con el universo, sabemos mucho más que nuestros ancestros y aun así parece que ellos sabían algo más esencial de lo que nosotros sabemos; algo que se nos escapa. Esto también resulta cierto, en cuanto a la naturaleza y a nosotros mismos. Cuanto más sabemos respecto de nuestros órganos y sus funciones, su estructura interna y las reacciones biológicas que dentro de ellos se describen, más nos parece que se nos escapa el espíritu, propósito y significado del sistema que componen en su conjunto y que nosotros experimentamos como nuestro propio “Yo”. Y es así como hoy en día nos encontramos en una situación paradójica. Gozamos de todas las adquisiciones de la civilización moderna que, con diferentes formas, han hecho más fácil nuestra existencia física.

Pero no sabemos exactamente qué hacer con nosotros mismos, ni dónde ir. El mundo de nuestras experiencias se muestra caótico, desconectado y confuso. Parece no haber fuerzas ni significados unificadores e integradores y, en nuestra experiencia sobre el mundo, no poseemos el conocimiento profundo de los fenómenos. Los expertos nos pueden explicar todo lo relacionado con el mundo objetivo aunque nosotros entendemos cada vez menos nuestras propias vidas. En resumen: vivimos en el mundo postmoderno donde todo es posible y casi nada es cierto.  Este estado de cosas posee sus consecuencias sociales y políticas. La civilización planetaria única, a la que todos pertenecemos, confronta desafíos globales. Estamos indefensos ante ellos porque nuestra civilización ha globalizado sólo la superficie de nuestras vidas. Pero nuestra interioridad sigue teniendo su vida propia. [Necesidad de Trascendencia]

El final de la división bipolar del mundo y el progreso de nuestra civilización a lo largo de la ruta que ahora llamamos globalización nos apremian a comprometernos en una forma radicalmente nueva de pensar acerca del futuro orden mundial. Entonces, la percepción implícita de la superioridad de Occidente y la inferioridad del Este es indefendible a la larga. Ningún territorio geográfico y cultural puede considerarse siempre, o como cuestión de principio, mejor a priori que ningún otro.  [Syndicate – Redefiniendo “Occidente”]

It is paradoxical: people in the age of science and technology live in the conviction that they can improve their lives because they are able to grasp and exploit the complexity of nature and the general laws of its functioning. Yet it is precisely these laws which, in the end, tragically catch up with them and get the better of them. People thought they could explain and conquer nature-yet the outcome is that they destroyed it and disinherited themselves from it. [Politics and and Conscience – Part I]

The fault is not one of science as such but of the arrogance of man in the age of science. Man simply is not God, and playing God has cruel consequences. Man has abolished the absolute horizon of his relations, denied his personal “preobjective” experience of the lived world, while relegating personal conscience and consciousness to the bathroom, as something so private that it is no one’s business. [Politics and and Conscience – Part I]

Siempre que me enfrento con un problema de la civilización actual, inevitablemente llego a la misma conclusión: el tema de la responsabilidad humana.  Esto no significa simplemente la responsabilidad de un ser humano hacia su propia vida o subsistencia, hacia su familia, su empresa o comunidad.  También significa la responsabilidad ante lo infinito y lo eterno, en una palabra, responsabilidad por el mundo.  En rigor de verdad, creo que el objetivo principal que debemos perseguir en esta era de la globalización es el sentido de la responsabilidad global.  [Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Nueva York, EE.UU. 8 de septiembre, 2000].

Independientemente de dónde inicie mi reflexión sobre los problemas que enfrenta nuestra civilización, siempre regreso al tema de la responsabilidad humana, que parece incapaz de seguirle el ritmo a la civilización y evitar que ésta se vuelva en contra de la raza humana. Es como si el mundo superara nuestra capacidad para manejarlo.
Regardless of where I begin my thinking about the problems facing our civilization, I always return to the theme of human responsibility, which seems incapable of keeping pace with civilization and preventing it from turning against the human race. It’s as though the world has simply become too much for us to deal with. [Honoris Causa Harvard University 1995].

Pero no hay marcha atrás. Sólo un soñador podría creer que la solución consiste en restringir el progreso de la civilización de una u otra forma. La principal tarea en la próxima era será algo más: una renovación radical de nuestro sentido de la responsabilidad. Nuestra conciencia debe estar a la altura de nuestra razón; de lo contrario estamos perdidos.

Tengo la firme convicción de que existe una única manera de lograr esto: despojándonos de nuestro antropocentrismo egoísta, del hábito de vernos como amos del universo, creyendo que podemos hacer con él lo que se nos antoje. Debemos descubrir un nuevo respeto por lo que nos trasciende: por el universo, por la tierra, por la naturaleza, por la vida y por la realidad. Nuestro respeto por otras personas, naciones y culturas, sólo puede crecer a partir del humilde respeto por el orden cósmico y de la conciencia de que somos parte de él, de que lo compartimos y de que nada de lo que hagamos se pierde sino que se vuelve parte de la eterna memoria de Ser, en donde todo se juzga.

Por consiguiente, una mejor alternativa para el futuro de la humanidad radica en imprimirle a nuestra civilización una dimensión espiritual. No es sólo cuestión de comprender su naturaleza multicultural y hallar la inspiración para crear un nuevo orden mundial en las raíces comunes de todas las culturas. También es esencial que la esfera cultural euro-americana, la que creó esta civilización y le enseñó a la humanidad su orgullo destructor, retorne ahora a sus propias raíces espirituales y se convierta en un ejemplo para el resto del mundo en la búsqueda de una nueva humildad.

But there is no way back. Only a dreamer can believe that the solution lies in curtailing the progress of civilization in some way or other. The main task in the coming era is something else: a radical renewal of our sense of responsibility. Our conscience must catch up to our reason, otherwise we are lost.

It is my profound belief that there is only one way to achieve this: we must divest ourselves of our egoistical anthropocentrism, our habit of seeing ourselves as masters of the universe who can do whatever occurs to us. We must discover a new respect for what transcends us: for the universe, for the earth, for nature, for life, and for reality. Our respect for other people, for other nations, and for other cultures, can only grow from a humble respect for the cosmic order and from an awareness that we are a part of it, that we share in it and that nothing of what we do is lost, but rather becomes part of the eternal memory of Being, where it is judged.

A better alternative for the future of humanity, therefore, clearly lies in imbuing our civilization with a spiritual dimension. It’s not just a matter of understanding its multicultural nature and finding inspiration for the creation of a new world order in the common roots of all cultures. It is also essential that the Euro-American cultural sphere the one which created this civilization and taught humanity its destructive pride now return to its own spiritual roots and become an example to the rest of the world in the search for a new humility. [Honoris Causa Harvard University 1995].

Si se ha de crear un mejor modelo económico y político, entonces quizá más ahora que nunca antes debe provenir de profundos cambios existenciales y morales en la sociedad. Esto no es algo que se pueda diseñar y presentar como un nuevo automóvil. Tiene que ser más que simplemente una nueva variación de la vieja degeneración; debe ser ante todo una expresión de la vida en el proceso de la propia transformación. Un mejor sistema no asegurará automáticamente una vida mejor. De hecho, lo opuesto es lo cierto: solamente creando una mejor vida se puede desarrollar un mejor sistema.

If a better economic and political model is to be created, then perhaps more than ever before it must derive from profound existential and moral changes in society. This is not something that can be designed and introduced like a new car. If it is to be more than just a new variation of the old degeneration, it must above all be an expression of life in the process of transforming itself. A better system will not automatically ensure a better life. In fact, the opposite is true: only by creating a better life can a better system be developed. [The Power of the Powerless – Part XIII]

(…) El problema hoy no es la falta de conocimientos, sino más bien una falta de capacidad para confrontar las amenazas inminentes.  Todavía estamos firmemente atrincherados en nuestros intereses inmediatos, y rara vez estamos en capacidad de pensar sobre lo que sucederá mañana o dentro de cien años.  Simplemente hemos perdido la capacidad de ver las cosas desde la perspectiva de al eternidad, de la historia del Ser y su memoria. [Senado Francés].
(…) The problem today is not a lack of knowledge, but rather a lack of capability to confront the impending threats. We are still too firmly entrenched in our immediate interests, and too rarely able to think about what happens tomorrow or one hundred years from now. We have simply lost the ability to see things from the viewpoint of eternity, of the history of Being and of its memory. [French Senate]
Como representante de un país que padeció los horrores del totalitarismo, y aún está sufriendo las consecuencias, quisera ver que la esencia, o la columna vertebral, de la integración europea sea una nueva combinación de dos valores europeos tradicionales que fueron traicionados miles de veces, y aún conservan su excepcional importancia: la humildad y la responsabilidad. [Senado Francés].
As a representative of a country that went through the horrors of totalitarian rule, and is still suffering the consequences, I should like to see the core, or the backbone, of European integration in a new combination of two traditional European values that were betrayed a thousand times, and yet remain of paramount importance: of humility and responsibility [French Senate].

Las corporaciones globales, los cárteles de medios y las burocracias poderosas están transformando a los partidos políticos en organizaciones cuya principal tarea ya no es el servicio público sino la protección de clientelas e intereses específicos. La política se está convirtiendo en el campo de batalla de los cabilderos; los medios le restan importancia a problemas serios; la democracia se percibe con frecuencia como un juego virtual para consumidores y no como un asunto serio para ciudadanos serios.

Cuando soñábamos con un futuro democrático, quienes éramos disidentes sin duda teníamos algunas ilusiones utópicas y ahora nos damos cuenta de ello. Sin embargo, no estábamos equivocados cuando argumentábamos que el comunismo no era un simple callejón sin salida del racionalismo occidental. La burocratización, la manipulación anónima y el énfasis en el conformismo de las masas se llevaron a la “perfección” en el sistema comunista. Sin embargo, algunas de esas mismas amenazas están actualmente con nosotros.

Ya estábamos ciertos de que si a la democracia se le vacía de sus valores y se le reduce a una competencia entre partidos políticos que tienen soluciones “garantizadas” para todo, puede ser bastante no democrática. Por ello hicimos tanto hincapié en la dimensión moral de la política y en una sociedad civil dinámica como contrapesos a los partidos políticos y a las instituciones del Estado.

También soñamos con un orden internacional más justo. El fin del mundo bipolar representó una gran oportunidad para hacer más humano el orden internacional. En lugar de ello, vemos un proceso de globalización económica que se ha salido del control político y, como tal, está causando estragos económicos y destrucción ecológica en muchas zonas del mundo.

La caída del comunismo fue una oportunidad para crear instituciones políticas mundiales más eficaces basadas en principios democráticos –instituciones que pudieran detener lo que, en su forma actual, parece la tendencia autodestructiva de nuestro mundo industrial. Si no queremos que nos rebasen las fuerzas anónimas, los principios de libertad, igualdad y solidaridad –los fundamentos de la estabilidad y la prosperidad en las democracias occidentales– deben empezar a funcionar globalmente.

Pero sobre todo es necesario –como lo fue durante la era comunista—que no perdamos la fe en el significado de los centros alternativos de pensamiento y acción cívica. No permitamos que se nos manipule para creer que los intentos por cambiar el orden “establecido” y las leyes “objetivas” no tienen sentido. Tratemos de construir una sociedad civil global e insistamos en que la política no es sólo una tecnología del poder y que necesita una dimensión moral.

Al mismo tiempo, los políticos de los países democráticos deben reflexionar seriamente sobre las reformas a las instituciones internacionales porque necesitamos urgentemente instituciones capaces de una verdadera gestión global. Podríamos comenzar, por ejemplo, con las Naciones Unidas, que en su forma actual son una reliquia de la situación que prevalecía poco tiempo después del final de la Segunda Guerra Mundial. No reflejan la influencia de algunas potencias regionales nuevas al tiempo que equiparan inmoralmente a países cuyos líderes son electos democráticamente con aquellos cuyos representantes hablan únicamente a nombre propio o de sus juntas en el mejor de los casos.

Nosotros los europeos tenemos una tarea específica. La civilización industrial, que ahora abarca todo el mundo, se originó en Europa. Todos sus milagros, así como sus aterradoras contradicciones, se pueden explicar como consecuencias de un espíritu que fue europeo en sus inicios. Por lo tanto, la unificación de Europa debe dar el ejemplo para el resto del mundo en cuanto a cómo encarar los diversos peligros y horrores que nos envuelven actualmente.

En efecto, esa tarea –que está estrechamente vinculada con el éxito de la integración europea—sería la auténtica realización del sentimiento europeo de responsabilidad global. Y sería una estrategia mucho mejor que culpar mezquinamente a los Estados Unidos de los múltiples problemas del mundo actual.  [Project Syndicate – Lo que todavía nos enseña el comunismo]

Conscious Europeanism has little tradition, so I welcome the fact that European awareness is rising from the indistinct mass of the self-evident. By inquiring about it; thinking about it; by trying to grasp its essence, we contribute to our own self-awareness. This is immensely important – especially because we find ourselves in a multi-cultural, multipolar world in which recognizing one’s identity is a prerequisite for co-existence with other identities. [Is There a European Identity, Is there a Europe? – Project Syndicate]

Reflecting on Europeanism means inquiring into the set of values, ideals and principles that characterize Europe. It entails, by definition, a critical examination of that set of thoughts, followed by the realization that many European traditions, principles, or values may be double-edged. Some of them – if carried too far or abused in certain ways – can lead us to hell. In this effort of reflection, emphasis must be placed on the spiritual dimension and the underlying values of European integration. Until now, European unification, and its meaning in the wider context of civilization, has been hidden behind technical, economic, financial and administrative issues. [Is There a European Identity, Is there a Europe? – Project Syndicate]

It was not until the physical threat to Europe disappeared a decade ago that Europe was prompted to engage in profound reflections upon the moral and spiritual foundations of its unification, and what should be the objectives of a united Europe.

The basic set of European values formed by the spiritual and political history of the continent is, to my mind, clear. It consists of respect for the unique human being and humanity’s freedoms, rights and dignity; the principle of solidarity; the rule of law and equality before the law; protection of minorities; democratic institutions; separation of legislative, executive and judicial powers; political pluralism; respect for private ownership and private enterprise, and a market economy; and the furtherance of civil society. These values mirror countless modern European experiences, including the fact that our continent is now a multi-cultural crossroads.

In defining what it means to be ‘European’, a crucial task is to reflect upon the double-edged nature of what we have given the world, to realize that Europe not only taught the world about human rights, but also introduced the Holocaust; that we generated spiritual impulses not only for the industrial and information revolutions, but also to plunder and contaminate nature; that we incited the advance of science and technology, but also ruthlessly ousted essential human experiences forged over several millenniums.

The worst events of the 20th century – World Wars, Fascism, and Communist totalitarianism – were mostly Europe’s doing. During the last century, however, Europe also experienced three auspicious events, though all were not exclusively European accomplishments: the end of colonial rule; the fall of the Iron Curtain; the beginning of European integration.

A fourth great task lies ahead. Through the manner of its being, a unifying Europe must demonstrate that the dangers generated by its contradictory civilization can be combated. I would be happy if the people of my country, who are Europeans, could participate in this process of reflection, of defining a European identity, as Europeans fully recognized by Europe.  [Is There a European Identity, Is there a Europe? – Project Syndicate]

Constituye un desafío para la civilización comenzar a comprenderse a sí misma como una civilización multicultural y multipolar, cuyo significado no reside en socavar la individualidad de distintas esferas de cultura y civilización sino en permitirles ser plenamente como son. Esto sólo será posible, incluso concebible, si todos aceptamos un código básico de convivencia común, una especie de mínimo común que todos podemos compartir y que nos permita vivir en comunidad. Pero dicho código no será fructífero si es producto de unos pocos que intentan forzarlo sobre el resto. Debe ser la expresión de la auténtica voluntad de todos, debe surgir de las genuinas raíces espirituales que subyacen la piel de nuestra civilización común. Si se disemina a través de los capilares de esa piel del mismo modo en que algunos anuncian los avisos de Coca-Cola como un producto básico, un commodity, no se puede esperar que dicho código quede arraigado de un modo profundo o universal.

Pero, ¿es capaz la humanidad de semejante esfuerzo? ¿No es una idea utópica? ¿No hemos perdido el control de nuestro destino hasta el punto de condenarnos a la extinción gradual en luchas cada vez más tecnificadas entre culturas debido a nuestra terrible falta de cooperación ante catástrofes inminentes, ya sean ecológicas, sociales o demográficas o ante peligros generados por el estado de nuestra civilización como tal? No lo sé. Pero no he perdido la esperanza.

No he perdido la esperanza porque me convenzo una y otra vez de que en las profundas raíces de la mayoría de las culturas existe una similitud básica, un verdadero punto de partida para el nuevo código de convivencia humana, que se anclará firmemente en la gran diversidad de tradiciones humanas. [Harvard]

.

5.         COEXISTENCIA

La cuestión de la identidad individual y global es un asunto intensamente práctico, porque la madurez alcanzada en cuanto a la propia identidad determina la calidad de los niveles de convivencia.

Un hombre o un pueblo que se conocen poco a sí mismos en sentido profundo, que se identifican con lo que no son o se valoran erróneamente, son agentes conflictivos en su entorno, constructores de barreras.  Por el contrario, quienes ahondan en su ser, son agentes armónicos, creadores de puentes.  De ahí que cada persona que avance con firmeza hacia un mejor conocimiento de sí misma, está contribuyendo –en mayor proporción de lo que imagina– para la gestación de una mejor humanidad.

El sentido global solamente adquiere sentido cuando implica la transformación de nuestra humanidad en una civilización multicultural capaz de hallar fórmulas eficaces para la coexistencia. Pero la coexistencia no puede ser comprendida a menos que crezcamos en el sentido de la convivencia, en el respeto por el otro, empezando por la forma como nos relacionamos con aquellas personas que tenemos a nuestro alrededor.

Many great men and women of our history formulated a set of wise principles of coexistence to which we should always return, which should be remembered, built upon, propagated and reflected into our lives and our work. These principles include responsibility not only for oneself and to oneself, but also for and to one’s fellow citizens, not only for and to a community or country, but also for and to the broader human society. “The Czech issue is the human issue,” said the first President of Czechoslovakia, T. G. Masaryk. I thus think that we do not have to use the words nation, or national interest in every sentence, but that we should concentrate instead on our neighbors, be they on our street or on the other side of the world. Yes, I am indeed saying that we will serve our national interests best if we simply treat each other well, treat the country we live in well, treat other nations well, and think of human history, human fate and our human mission in this world without prejudices. May humility, interest in others, responsibility for mankind, and a sense of justice and solidarity be that which can be called ideas underlying the Czech state!

[New Year’s Address – Czech Television, Czech Radio, January 1, 2003 –  www.vaclavhavel.cz ]

La paz y la cooperación sólo son imaginables entre pueblos y naciones que saben quiénes son. Si yo no sé quién soy, qué quiero ser, qué quiero lograr, dónde comienzo y dónde termino, mis relaciones con los que me rodean, y con el resto del mundo, serán inevitablemente tensas, llenas de suspicacias y tendrán la carga de un complejo de inferioridad que puede ocultarse detrás de bravuconerías vistosas. La falta de confianza en uno mismo y las dudas sobre la identidad propia generan necesariamente una falta de confianza en los demás, la imputación de intenciones perversas al resto del mundo y, a la larga, una agresividad que puede imponer el dominio propio sobre aquéllos que no lo desean.  [Proyect Syndicate – Rusia: Conócete a ti misma]
Las normas para la coexistencia humana en esta Tierra pueden funcionar solamente si parten de la experiencia más profunda de todos y cada uno, no simplemente de algunos.  Tienen que ser formuladas para que estén en armonía con aquello que todos nosotros –como seres humanos, no como miembros de un grupo en particular – hemos aprendido, con aquello que ha permanecido y perdurado.  [Senado Francés]

The Euro-American world of modern times has developed a fairly consistent system of values for human coexistence, which is now accepted as a basis of international coexistence as well. These values include the concept of human rights and the liberties growing out of respect for the individual human being and his or her dignity. They also include democracy, which rests on separation of the legislative, executive, and judicial powers, on political pluralism and free elections. And they include respect for private ownership of property and the rules of the market economy. I unreservedly subscribe to this system of values and so does the Czech Republic.

And yet, from different parts of the world, including the Pacific region, we hear voices calling these values into question, arguing that they are the creation of a single culture and cannot simply be transformed into other cultures. Naturally, such voices point out all the faults to be found in the West in order to make their case that these values are faulty or inadequate. One typical argument is that Western democracy is marked by a profound crisis of authority, and that without respect for authority as a means of ensuring law and order society is bound to fall apart.  [Philadelphia, July 4, 1994]

(…) The present crisis of authority is only one of a thousand consequences of the general crisis of spirituality in the world at present. Humankind, having lots its respect for a higher authority, has inevitably lost respect for earthly authority as well. Consequently, people also lose respect for their fellow humans and eventually even for themselves. This loss of a transcendent perspective, to which everything on this Earth relates, inevitably leads to a collapse of earthly value systems as well. Humanity has lost what I once privately described as the absolute horizon; and as a result, everything in life has become relative. All sense of responsibility disintegrates, including responsibility for the human community and its authorities. This is a philosophical, not a political problem. However, even a decaying or diminishing democratic authority is a thousand times better than the thoroughly artificial authority of a dictator imposed through violence or brainwashing.

Democracy is an open system, and thus it is capable of improvement. Among other things, freedom provides room for responsibility. If that room is not sufficiently used, the fault does not lie with democracy, but it does present democracy today with a challenge. Dictatorship leaves no room for responsibility, and thus it can generate no genuine authority. Instead, it fills all the available space with the pseudo-authority of a dictator.

Potential dictators are well aware of the crisis of authority in democracy. The less that atheistic people today heed the challenge that democracy presents, the less they succeed in filling the room it offers by taking genuine and unquestioned responsibility, the faster a dictator, posing as the bearer of universal responsibility, will proceed to occupy that room until finally he will occupy it entirely. Hitler, Lenin, and Mao were typical examples of this species. Filling all the available room with a completely false authority, they closed it off, destroyed it, and eventually destroyed democracy itself. We all know where this leads: to hecatombs of the dead, the tortured, and the humiliated. In a word, while democracy paves the way for the creation of real authority, an authoritarian regime blocks that path with a terrible barrier, with the caricature of authority.

The chances for a successful existential revolution — as I once metaphorically described the awakening of a deeper human responsibility — are far better under freedom and democracy than under a dictatorship, where the only room offered to anyone who wishes to take responsibility is a prison cell.  [Philadelphia, July 4, 1994]

(…)In cultures where the roots of democracy are still shallow, or where democracy as not taken root at all so far, and where a free individual means virtually nothing while the leader is omnipotent, leaders often appeal to the centuries-old traditions of authority in their sphere, and seek to give legitimacy to their dictatorial rule by claiming to continue these traditions.  [Philadelphia, July 4, 1994]

(…)  To put it in simplified terms, if the East can borrow democracy and its inherent values from the West as a space in which a reawakening sense of the transcendent can restore authority, the West can learn from the East what true authority is, what it grows from, and how it conducts itself. It can then be spread throughout the zone of human freedom which it has created. I think in this context of Confucius, who so ably described what it means to wield genuine authority. His standards have very little in common with those who rule today by the whip. For Confucius, authority — whether for the father of a family or the ruler of a state — is a metaphysically anchored gift whose strength derives from heightened responsibility, not from the might of the instruments of power that the ruler may wield. Moreover, a charisma is lost when a person betrays it.

Though many see them as opposites, both East and West are in a sense enmeshed in the same problem: both are betraying their own deepest spiritual roots. If they were to look back and draw from the roots more of their life-giving sap, each might not only do better for itself, but they might immediately begin to understand each other better than they do now.

This small example of what the West can give the East, and vice versa, may perhaps illustrate that a search for common principles and objectives can be useful for everyone, and that it may be pursued without anyone losing identity in the process. It also shows that such a search is unimaginable if we do not make contact with the original, long-forgotten transcendental roots of our cultures. In the moral world of antiquity, of Judaism, and of Christianity, without which the West would hardly have come to modern democracy, we can find more points of agreement with Confucius than we would think, and more than is realized by those who invoke the Confucian tradition to condemn Western democracy.

I realize that this is an oversimplified attempt to condense, in a few pages, some of my thoughts about the present-day world. I see the only chance for today’s civilization in a clear awareness of its multicultural character, in a radical enhancement of its inner spirit, and in an effort to find the shared spiritual roots of all cultures — for they are what unites all people. It is on this basis that we should articulate anew the standards and practices that will enable us to open up an entirely new era of mutual inspiration. The preconditions for this are genuine openness, the will to understand each other, and the ability to step beyond the confines of our own habits and prejudices. Identity is not a prison; it is an appeal for dialogue with others.  [Philadelphia, July 4, 1994]

What I feel whenever I travel is that our planet is small, and a rather nice place to live, and that it would be the greatest absurdity of all if those destined to live together on it were to fail to do so, despite the fact that love for one’s fellow humans is the central commandment of all our contending cultures.  [Philadelphia, July 4, 1994]

El respeto por otras identidades y la seguridad de que todas son iguales deben ser concomitantes del esfuerzo por forjar un orden mundial basado en la paz y la asociación genuinas, un orden que emane del compromiso universal con ciertos principios morales y políticos que son absolutamente fundamentales.  El tiempo de la dominación del hombre blanco, del europeo, del estadounidense o del cristiano sobre el mundo entero, ha terminado. Ahora estamos entrando a una nueva era, y es nuestro deber respetarnos mutuamente y trabajar juntos por el bien de todos.  [Proyect Syndicate – Redefiniendo “Occidente”]

We live in a world which seems to legitimize, strongly, all kinds of possible and impossible interests, but which seems unable to legitimize universal interests, those which reach beyond the framework of the family, company, party, state or current generation. Those who pursue such interests — not superficially and only verbally, but sincerely — are pushed to the margins of society as idealists standing apart from the real state of affairs.

[Project Syndicate / Responsibility and the Spirit / http://www.project-syndicate.org/commentary/havel]

Veo que la única oportunidad para la civilización actual reside en una clara consciencia de su carácter multicultural, en una radical intensificación de su espíritu interno, y en un esfuerzo por hallar las raíces espirituales de todas las culturas pues ellas son las que unen a todas las personas.  Sobre esta base debemos articular nuevamente estándares y prácticas que nos permitan abrirnos a una era completamente nueva de mutua inspiración.  Las condiciones previas para esto son: una genuina apertura, la voluntad de entendernos unos a otros y la habilidad para ir más allá de los confines de nuestros propios hábitos y prejuicios. [Sentido]
I see the only chance for today’s civilization in a clear awareness of its multicultural character, in a radical enhancement of its inner spirit, and in an effort to find the shared spiritual roots of all cultures — for they are what unites all people. It is on this basis that we should articulate anew the standards and practices that will enable us to open up an entirely new era of mutual inspiration. The preconditions for this are genuine openness, the will to understand each other, and the ability to step beyond the confines of our own habits and prejudices. [Sense of Trascendent].

La única ruta sabia es la más exigente: debemos empezar sistemáticamente a transformar nuestra civilización en una civilización verdaderamente multicultural, una que permita a cada cultura ser ella misma sin negarle a nadie las oportunidades que ofrece, una civilización que se esfuerce en procura de una coexistencia tolerante con las diferentes identidades culturales, que articule claramente las cosas que nos unen y pueda desarrollar un conjunto de valores y estándares compartidos que nos permitan llevar una vida creativa juntos. [Senado Francés].
The only wise course is the most demanding one: we must start systematically to transform our civilization into a truly multicultural civilization, one that will allow everyone to be themselves while denying no one the opportunities it offers, one that strives for the tolerant coexistence of different cultural identities, one that clearly articulates the things that unite us and can develop into a set of shared values and standards enabling us to lead a creative life together. [French Senate].

De manera constante se hace cada vez más profundo el abismo existente entre lo racional y lo espiritual, lo externo y lo interno, lo objetivo y lo subjetivo, lo técnico y lo moral, lo universal y lo único. Los políticos están razonablemente preocupados con el problema que significa encontrar el medio que asegure la supervivencia de una civilización que es global y que al mismo tiempo es claramente multicultural. ¿Cómo pueden ser respetados en forma general los mecanismos de coexistencia pacífica que se propongan, y sobre qué conjunto de principios deben ser establecidos? Estos interrogantes han sido puestos en evidencia con especial urgencia por los dos más importantes hecho políticos acaecidos en la segunda mitad del siglo XX: el colapso de la hegemonía colonial y la caída del comunismo. Se ha derrumbado el orden mundial artificial de las décadas pasadas y todavía no ha emergido un orden nuevo más justo. En consecuencia el objetivo central de la tarea política de los últimos años de esta centuria debe ser la creación de un nuevo modelo de coexistencia entre diferentes culturas, pueblos, razas y esferas religiosas, dentro de una única e interconectada civilización. Tal objetivo es de la mayor urgencia porque cada vez aparecen más y nuevas amenazas a la civilización contemporánea, como consecuencia de su desarrollo unidimensional. Muchos creen que esta tarea puede ser realizada a través de medidas técnicas. Es decir, se cree que puede efectuarse mediante la intervención de nuevos instrumentos organizacionales, políticos y diplomáticos. Sí, es claramente necesario inventar estructuras organizacionales apropiadas para la era multicultural presente, pero tales esfuerzos están condenados al fracaso si no se fundamentan sobre algo más profundo, ubicado más allá de los valores generales aceptados.  [Necesidad de Trascendencia]

Si la humanidad ha de sobrevivir y evitar nuevas catástrofes, entonces el orden político global tiene que ir acompañado de un sincero respeto mutuo entre las diversas esferas de la civilización, cultura, naciones o continentes y por honestos esfuerzos de su parte para buscar y hallar los valores o imperativos morales básicos que tienen en común, y construir con ellos las bases de su coexistencia en este mundo globalmente conectado. (Adiós)
If humanity is to survive and avoid new catastrophes, then the global political order has to be accompanied by a sincere and mutual respect among the various spheres of civilization, culture, nations, or continents, and by honest efforts on their part to seek and find the values or basic moral imperatives they have in common, and to build them into the foundations of their coexistence in this globally connected world.  [Farewell]

Si examinamos todos los problemas que enfrenta el mundo de hoy, sean económicos, sociales, ecológicos o problemas generales de la civilización, siempre –lo queramos o no– surgirá el problema de si el curso de la acción es o no adecuado, o si, desde un punto de vista planetario a largo plazo, es una acción responsable.  El orden moral y sus orígenes, los derechos humanos y los orígenes de los derechos humanos de las personas, la responsabilidad humana y sus orígenes, la consciencia humana y la visión penetrante a la que nada puede ocultarse tras la cortina de palabras nobles, estos son, en mis más hondas convicciones y en toda mi experiencia, los temas políticos más importantes de nuestra época.   [Adiós]
If we examine all the problems facing the world today, be they economic, social, ecological, or general problems of civilization, we will always —whether we want to or not—come up against the problem of whether a course of action is proper or not, or whether, from the long-term planetary point of view, it is responsible. The moral order and its sources, human rights and the sources of people’s right to human rights, human responsibility and its origins, human conscience and the penetrating view of that from which nothing can be hidden with a curtain of noble words—these are, in my deepest convictions and in all my experience, the most important political themes of our time. [Farewell].

En las más profundas raíces de la mayor parte de las culturas, sino es que de todas ellas, yace una similitud esencial, algo que podría constituirse, si de veras lo queremos, en un genuino punto de partida para un nuevo código de coexistencia humana que podría anclarse firmemente en la gran diversidad de tradiciones humanas.
Lying dormant in the deepest roots of most, if not all, cultures there is an essential similarity, something that could be made if the will to do so existed a genuinely unifying starting point for that new code of human co-existence that would be firmly anchored in the great diversity of human traditions. [Harvard]

Los conflictos culturales se están volviendo más peligrosos en este mundo postmoderno que en cualquier otro momento de la historia.  Se necesita un nuevo modelo de coexistencia, basado en la capacidad del hombre de trascenderse a sí mismo.

La única esperanza real para la gente de hoy es, probablemente, la renovación de nuestra certidumbre de que estamos arraigados en la tierra y, al mismo tiempo, en el cosmos.  Tomar conciencia de ello nos confiere la capacidad para la auto-trascendencia.  Los políticos pueden reiterar miles de veces en los foros internacionales que la base del nuevo orden mundial debe ser universal en cuanto a los derechos humanos, pero esto puede no significar nada mientras ese imperativo no provenga del respeto al milagro del Ser, al milagro del universo, al milagro de la naturaleza, al milagro de nuestra propia existencia.

Sólo alguien que se someta a la autoridad del orden universal y de la creación, que valore el derecho a ser parte y participante de todo ello, puede valorarse genuinamente a sí mismo, a sus vecinos y honrar también sus derechos.  Lógicamente se deduce que en el actual mundo multicultural, la verdadera vía de coexistencia pacífica y de cooperación creadora debe comenzar en aquello que constituye la raíz de todas las culturas y que yace infinitamente inmerso en la profundidad de los corazones y mentes humanas y que, más que en opiniones, convicciones, antipatías o simpatías políticas, debe estar enraizado en la auto-trascendencia.

In this postmodern world, cultural conflicts are becoming more dangerous than any time in history. A new model of coexistence is needed, based on man’s transcending himself.

The only real hope of people today is probably a renewal of our certainty that we are rooted in the earth and, at the same time, in the cosmos. This awareness endows us with the capacity for self-transcendence. Politicians at international forums may reiterate a thousand times that the basis of the new world order must be universal respects for human rights, but it will mean nothing as long as this imperative does not derive from the respect of the miracle of Being, the miracle of the universe, the miracle of nature, the miracle of our own existence.

Only someone who submits to the authority of the universal order and of creation, who values the right to be a part of it and a participant in it, can genuinely value himself and his neighbors, and thus honor their rights as well. It logically follows that, in today’s multicultural world, the truly reliable path to coexistence, to peaceful coexistence and creative cooperation, must start from what is at the root of all cultures and what lies infinitely deeper in human hearts and minds than political opinion, convictions, antipathies, or sympathies – it must be rooted in self-transcendence. [Philadelphia, July 4, 1994]

Conscious Europeanism has little tradition, so I welcome the fact that European awareness is rising from the indistinct mass of the self-evident. By inquiring about it; thinking about it; by trying to grasp its essence, we contribute to our own self-awareness. This is immensely important – especially because we find ourselves in a multi-cultural, multipolar world in which recognizing one’s identity is a prerequisite for co-existence with other identities.  [Proyect Syndicate – Is There a European Identity, Is there a Europe?]

Reflecting on Europeanism means inquiring into the set of values, ideals and principles that characterize Europe. It entails, by definition, a critical examination of that set of thoughts, followed by the realization that many European traditions, principles, or values may be double-edged. Some of them – if carried too far or abused in certain ways – can lead us to hell.

In this effort of reflection, emphasis must be placed on the spiritual dimension and the underlying values of European integration. Until now, European unification, and its meaning in the wider context of civilization, has been hidden behind technical, economic, financial and administrative issues. [Proyect Syndicate – Is There a European Identity, Is there a Europe?]

It was not until the physical threat to Europe disappeared a decade ago that Europe was prompted to engage in profound reflections upon the moral and spiritual foundations of its unification, and what should be the objectives of a united Europe.

The basic set of European values formed by the spiritual and political history of the continent is, to my mind, clear. It consists of respect for the unique human being and humanity’s freedoms, rights and dignity; the principle of solidarity; the rule of law and equality before the law; protection of minorities; democratic institutions; separation of legislative, executive and judicial powers; political pluralism; respect for private ownership and private enterprise, and a market economy; and the furtherance of civil society. These values mirror countless modern European experiences, including the fact that our continent is now a multi-cultural crossroads.

In defining what it means to be ‘European’, a crucial task is to reflect upon the double-edged nature of what we have given the world, to realize that Europe not only taught the world about human rights, but also introduced the Holocaust; that we generated spiritual impulses not only for the industrial and information revolutions, but also to plunder and contaminate nature; that we incited the advance of science and technology, but also ruthlessly ousted essential human experiences forged over several millenniums.

The worst events of the 20th century – World Wars, Fascism, and Communist totalitarianism – were mostly Europe’s doing. During the last century, however, Europe also experienced three auspicious events, though all were not exclusively European accomplishments: the end of colonial rule; the fall of the Iron Curtain; the beginning of European integration.

A fourth great task lies ahead. Through the manner of its being, a unifying Europe must demonstrate that the dangers generated by its contradictory civilization can be combated. I would be happy if the people of my country, who are Europeans, could participate in this process of reflection, of defining a European identity, as Europeans fully recognized by Europe.

[Proyect Syndicate – Is There a European Identity, Is there a Europe?]

In the present era – when so much is changing, so much is being born and so much is subjected to examination – is becoming, among other things, a time of serious testing of the relationship between America and Europe. [Opening speech at the conference “The Transformation of NATO”]

Europe should perhaps remind itself, more than it has before, that the two greatest wars in the world’s history to date grew on its soil from conflicts between European countries; and, that on both occasions it was the United States – which had no part in the outbreak of those conflicts – that eventually made the decisive contribution to the victory of the forces of freedom and justice. [Opening speech at the conference “The Transformation of NATO”]

The primary prerequisite for sound cooperation between two States, or regional organizations, consists in clear awareness of where each of them begins and ends, where their borders are and, in particular, where they border each other. Wherever borders are blurred, the situation usually results in conflict, or outright war. [Opening speech at the conference “The Transformation of NATO”]

I would even go so far as to profess my feeling that every European who blames the United States for the manner of subjugation of the world’s economy by its global corporations should realize that it was Europe that gave birth to the entire culture of profit and economic expansion and laid this culture in America’s cradle. It is not very wise to blame our own mirror. Actually, is this not an inadmissible ethnic interpretation of the problem? It is no accident that the large corporations are called “supranational”!
[Opening speech at the conference “The Transformation of NATO”]

I have usually leaned toward the opinion that evil should be combated rather in its germinal stages than in its expanded forms, and also toward the belief that human life, human freedom and human dignity represent higher values than State sovereignty. This leaning, perhaps, gives me the right to raise this serious and complex issue.

In my lifetime, my country experienced two situations whose consequences turned out to be far-reaching, deep and long-lasting. The first of them was the Munich capitulation when two principal European democracies, supposedly in the interest of peace, yielded to Hitler’s pressure and allowed him to dismember the then Czechoslovakia.

They did not save any peace at all. On the contrary: Hitler took their conduct in Munich as the final indication that he was free to unleash a bloody European war, and eventually a world war. I believe that the greater part of my fellow citizens join me in perceiving the Munich experience as evidence in favor of the belief that evil should be resisted as soon as it is born.

We have also had another experience – the occupation by the Warsaw Pact States in 1968. At that time the entire nation reiterated the word ‘sovereignty’, cursing the official Soviet interpretation that the intervention was an act of ‘brotherly help’ offered in the name of a value that ranked higher than national sovereignty – in the name of socialism that was allegedly endangered in our country, which allegedly meant a danger to the prospects for a better life for the human race.

Almost everyone in our country knew that the sole objective was to preserve Soviet domination and economic exploitation, but millions of people in the Soviet Union probably believed that the sovereignty of our State was being suppressed in the name of a higher human value.
[Opening speech at the conference “The Transformation of NATO”]

Un aporte de Latinoamérica al conocimiento del mundo, que puede inspirar su meta de convertirse en un mejor lugar, es la increíble historia de fusionar o amalgamar las tres grandes corrientes religiosas y culturales que conformaron el mundo latinoamericano, es decir, la civilización india precolombina, la civilización europea y las tradiciones africanas. Nunca más nadie debe imponer forzosamente su propia creencia tal como lo hicieron los europeos en estas tierras. Pero la creación de una nueva y enriquecida realidad espiritual que fue consecuencia involuntaria de esa conquista resulta ser de interés universal. Es una clara prueba de que las distintas religiones y culturas poseen antepasados en común, que pueden servir como base para un futuro mejor si el mundo así lo quiere.

Según tengo entendido, el racismo, uno de los principales males de la humanidad moderna, tiene menor incidencia en Latinoamérica que en otras partes del planeta. Si esto es cierto, posiblemente se relacione con el multiculturalismo existente en el continente. El día que las personas respeten sus creencias y reconozcan los puntos en común que comparten con las creencias de los otros, entonces habrá menor aversión hacia el color de piel de los demás y la humanidad estará en condiciones de construir una sociedad civil y una nación civil. Por el bien de todos nosotros, deseo que estos grandes valores de América Latina se conviertan en una ventaja universal de la humanidad, una fuente de luz e inspiración. [Sao Paulo]

.

6.         PRACTICIDAD

Si queremos ayudar a remediar los grandes problemas humanos, debemos ser realistas y prácticos.  Ante todo debemos observar estos problemas cara a cara, por desgarrador que sea el rostro del dolor.  Hay que pensar en profundidad y con eficacia.  Pero hay que empezar por algo concreto, pues de lo contrario el pensar se convierte en un interminable laberinto.

Si el sentido trascendente es uno de los grandes tesoros de Oriente, cuya magnitud apenas vislumbramos –lo digo con suficiente conocimiento y estoy en capacidad de sustentar esta afirmación– el sentido práctico es uno de los grandes legados de Occidente, particularmente de la cultura norteamericana

Los excesos y desequilibrios tanto en lo trascendente como en lo práctico pronto acarrean terribles consecuencias, como lo evidencia el fanatismo oriental o el consumismo occidental.  Sin embargo, cuando son debidamente comprendidos y complementados, los resultados son extraordinarios. “Rebosante de jugo es la fruta cuando las raíces son fuertes” se ha dicho acertadamente.  Cuando hay firme arraigo en lo Trascendente el dulce fruto de la Practicidad llega oportunamente.

La practiciad es la habilidad en la acción surgida del pensar con poder.  Una voluntad pura y potente, regida por la inteligencia y motivada por el amor, se convierte en una herramienta demoledora. Un ejemplo concreto del pensar con poder se tiene en el ensayo de Havel El poder de los sin poder, un escrito que contribuyó al “empoderamiento” de muchos ciudadanos checos a fin de expulsar al régimen soviético que cada vez los asfixiaba más

En ese y otros ensayos él nos enseña a “convivir abiertamente con el enemigo”, observándolo, conociendo sus debilidades y sus atrocidades, como lo hizo él con el totalitarismo, enemigo que para nosotros es hoy globalmente quizá sea un demonio de dos cabezas: (1) el egoísta consumismo depredador-anticoexistente-antisustentable-antiexistencial y (2) el espejismo propio y el espejismo mundial.  Espero que el estudio de la vida y obra de Vaclav Havel nos muestre cómo ientificar al enemigo y cómo generar el poder necesario para vencerlo. 

One of the many principles that I believe should govern this great undertaking is to develop in the international community the maximum degree of respect for the democratically and freely expressed will of individual nations or states. Each should have the unreserved right to decide their futures, their international associations, and where they belong or want to belong. The more the international community respects this will — provided that this does not interfere with the legitimate will of other nations — the more stable the world will be. The last few decades, as well as previous history, offer ample evidence that an imposed order will inevitably collapse [Project Syndicate – The Heart of The Matter]

La principal cuestión en la próxima era será la profunda renovación de nuestro sentido de la responsabilidad. Nuestra conciencia debe estar a la altura de nuestra razón; de lo contrario estamos perdidos. [Harvard]

Les guste o no, los Estados Unidos de América ahora poseen probablemente la mayor responsabilidad por la dirección que tomará nuestro mundo. Por lo tanto, los Estados Unidos deberían reflexionar profundamente sobre esta responsabilidad. (…) Ustedes siempre han pagado un alto precio por los errores. No se puede escapar a la responsabilidad que tienen como la mayor potencia mundial. Hay mucho más en juego que simplemente confrontar a aquellos que una vez más quisieran dividir el mundo en esferas de intereses o someter a quienes son distintos o más débiles. Lo que ahora está en juego es salvar a la raza humana. En otras palabras, es cuestión de comprender a la civilización moderna como una civilización multicultural y multipolar, de dirigir nuestra atención a las fuentes espirituales de la cultura humana y, por sobre todo, de nuestra propia cultura; tomar de esas fuentes la fuerza para la valiente y magnífica creación de un nuevo orden mundial. [Harvard]

No hace mucho tiempo, presencié una cena de gala por la conmemoración de un aniversario importante. Había cincuenta Jefes de Estado, quizás más, que habían venido a honrar a los héroes y víctimas de la mayor guerra de la historia del hombre. No era una conferencia política sino la clase de evento social que tiene como objetivo demostrar hospitalidad y respeto a los invitados. Cuando se entregó la distribución de asientos, me sorprendió que aquellos sentados a la mesa, a mi lado, no se identificaban como representantes de un estado en particular, como era el caso en todas las demás mesas, sino que se los mencionaba como ‘miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y el G7’. Tuve sentimientos encontrados acerca de esto. Por un lado, pensé que era maravilloso que los más acaudalados y poderosos del mundo pudieran verse a menudo, incluso en esta cena, y conversar informalmente y conocerse mejor. Por otro lado, me corrió un escalofrío por la espalda al percatarme de que una mesa había sigo distinguida como especial y particularmente importante. Era la mesa de las grandes potencias. Comencé a imaginar que las personas allí sentadas, junto al caviar ruso, estaban marcando una división con nosotros, prescindiendo de nuestras opiniones. Quizás todo eso sea meramente el capricho de algún ex o futuro dramaturgo. Pero quería expresarlo aquí por una simple razón: para destacar la profunda brecha que existe entre la responsabilidad de las grandes potencias y su arrogancia. La persona que planeó la distribución de asientos, en mi opinión, no fue ninguno de los presidentes presentes; tampoco se guió por el sentido de la responsabilidad ante el mundo sino por la banal arrogancia del poder. Pero esa arrogancia es precisamente lo que llevará al mundo al infierno. Sugiero una alternativa: aceptar humildemente nuestra responsabilidad por el mundo. [Harvard]

We cannot merely take pleasure in benefiting from all the advantages offered by the contemporary development of our civilization. We must also assume an increased measure of our co-responsibility for the overall state of affairs and boldly project this co-responsibility into our deeds.

[Address by Václav Havel, President of the Czech Republic, on the occasion of the National Day of the Czech Republic / Prague, October 28, 2002  –  www.vaclavhavel.cz]

A paradox of our era is that, though humanity knows well the dangers it faces — in overpopulation, environmental exhaustion, nuclear proliferation, the pathologies of crime and social alienation — it does almost nothing to confront or divert them. How preoccupied we are with catastrophic prognoses; how little we take them into account in our lives!

[Project Syndicate / Responsibility and the Spirit / http://www.project-syndicate.org/commentary/havel]

To set out on the path of reason, peace, and justice means a lot of hard work, self-denial, patience, knowledge, a calm overview, a willingness to risk misunderstanding. At the same time, it means that everyone ought to be able to judge his or her own capacity and act accordingly, expecting either that one’s strength will grow with the new tasks one sets oneself or that it will run out. In other words, there is no more relying on fairy tales and fairy-tale heroes.  [Farewell to Politics]

We will not be saved by any technical or organizational trick designed to produce better economic functioning, just as no filter on a factory smokestack will prevent a general dehumanization. [Politics and Conscience – III]

looking at the world from the perspective which fate allotted me, I cannot avoid the impression that many people in the West still understand little of what is actually at stake in our time [Politics and Conscience – III]

Patočka once wrote that a life not willing to sacrifice itself to what makes it meaningful is not worth living.[Politics and Conscience – III]

without the horizon of the highest sacrifice, all sacrifice becomes senseless. [Politics and Conscience – III]

Toda la humanidad enfrenta este crucial dilema: mirar en silencio el suicida autoimpulso de nuestra civilización, o volverse participantes activos del mantenimiento de los recursos públicos globales, incluyendo el más preciado de todos, el planeta y su biósfera, del cual todos somos parte.  Pero el concepto de comunidad también se compone de cosas concretas. Depende, por ejemplo, del cuidado que se le dé al ambiente. Depende de si la gente permite que sus ciudades y pueblos sean avasallados por una arquitectura universal trivial, sin creatividad ni imaginación. Esas frustraciones no son impuestas por la Unión Europea o por el capital global y sus corporaciones transnacionales, o por forasteros maléficos. Toda esta degradación física –resulta– es lograda con el consentimiento y la asistencia activa locales. En otras palabras: somos principalmente nosotros mismos quienes corrompemos “nuestra” identidad, cuando somos nosotros quienes deberíamos ser sus protectores y guardianes.  [Proyect Syndicate – ¿Quién amenaza nuestra identidad?]

More than once in conversations with peace activists or while signing shared position papers, I have encountered the notion that our ideas may be remarkable, perhaps even surprising (!), but they are also too abstract, too “philosophical”, not sufficiently political, clearly comprehensible, or hard-hitting, and thus difficult to implement. I had the impression that my interlocutors were far more accustomed to the kind of slogans, proclamations, and clear, unambiguous demands that are more suitable for placards and T-shirts than they are for serious, general thinking on the matter. But we can’t help it. Our ideas are derived from the world of practical, real politics. [Reticence X]
No evil has ever been eliminated by suppressing its symptoms. We need to address the cause itself. [Politics and Conscience – Part II]

Cada persona debería estar en condiciones de juzgar su propia capacidad y actuar en consecuencia, esperando que la propia fortaleza crezca con las nuevas tareas enfrentadas.  [Un Adiós]
Everyone ought to be able to judge his or her own capacity and act accordingly, expecting either that one’s strength will grow with the new tasks one sets oneself.  [Farewell].

Caminar en el sendero de la razón, la paz y la justicia significa mucho trabajo duro, olvido de uno mismo, paciencia, conocimiento, una serena y amplia visión y la disposición a correr el riesgo a ser mal interpretados.

To set out on the path of reason, peace, and justice means a lot of hard work, self-denial, patience, knowledge, a calm overview, a willingness to risk misunderstanding [Farewell]

Estoy plenamente convencido de que viene un período en el que Europa deberá empezar a cultivar ampliamente, con la humildad que una vez inscribió en su escudo espiritual, la disciplina y el cambio mismo.  Si este ejercicio se convierte en ejemplo para otros, magnífico.  Pero no debemos calcular el efecto.  Simplemente debemos empezar.  [Senado Francés].
It is my profound conviction that there comes a period when Europe should, with the humility that was once inscribed on its spiritual shield, begin to thoroughly cultivate, discipline and change itself. If this exercise turns into an example influencing others as well, it will be marvellous. But we should not calculate on that effect. We should simply begin. [French Senate].

El desarrollo del continente americano muestra claramente que no es válido pensar que sólo las leyes del mercado podrán resolver todos los problemas del mundo. No existe una llave que abra la puerta a la solución de los innumerables problemas del mundo actual. Al igual que la ideología comunista nunca tuvo esa llave en su poder, el culto al mercado tampoco puede ofrecer una. [Sao Paulo]

[From Politics and conscience – Parte IV:]

Me parece que todos nosotros, en Oriente y Occidente, tenemos una tarea fundamental de la cual se debe desprender todo lo demás. La tarea consiste en resistir con vigilancia, reflexión y atención, pero al mismo tiempo con total dedicación, en cada paso y en todas partes, el momento irracional de poder anónimo, impersonal e inhumano –el poder de ideologías, sistemas, aparatos, bucrocracias, lenguajes artificiales y eslógan políticos. Debemos resistir su compleja y alienante presión, ya sea que adopte la forma de consumo, publicidad, represión, tecnología o cliché– todas las cuales son hermanas de sangre del fanatismo y el manantial del pensamiento totalitario. [Traducción LY]

It seems to me that all of us, East and West, face one fundamental task from which all else should follow. That task is one of resisting vigilantly, thoughtfully, and attentively, but at the same time with total dedication, at every step and everywhere, the irrational momentum of anonymous, impersonal, and inhuman power-the power of ideologies, systems, apparat, bureaucracy, artificial languages, and political slogans. We must resist its complex and wholly alienating pressure, whether it takes the form of consumption, advertising, repression, technology, or cliché-all of which are the blood brothers of fanaticism and the wellspring of totalitarian thought.

We must draw our standards from our natural world, heedless of ridicule, and reaffirm its denied validity. We must honor with the humility of the wise the limits of that natural world and the mystery which lies beyond them, admitting that there is something in the order of being which evidently exceeds all our competence. We must relate to the absolute horizon of our existence which, if we but will, we shall constantly rediscover and experience. We must make values and imperatives the starting point of all our acts, of all our personally attested, openly contemplated, and ideologically uncensored lived experience.

We must trust the voice of our conscience more than that of all abstract speculations and not invent responsibilities other than the one to which the voice calls us. We must not be ashamed that we are capable of love, friendship, solidarity, sympathy, and tolerance, but just the opposite: we must set these fundamental dimensions of our humanity free from their “private” exile and accept them as the only genuine starting point of meaningful human community. We must be guided by our own reason and serve the truth under all circumstances as our own essential experience.  [From Politics and conscience – Parte IV]

[From Politics and conscience – Parte IV]

I know all that sounds very general, very indefínite, and very unrealistic, but I assure you that these apparently naive words stem from a very particular and not always easy experience with the world and that, if I may say so, I know what I am talking about.

The vanguard of impersonal power, which drags the world along its irrational path, lined with devastated nature and launching pads, is composed of the totalitarian regimes of our time. It is not possible to ignore them, to make excuses for them, to yield to them or to accept their way of playing the game, thereby becoming like them. I am convinced that we can face them best by studying them without prejudice, learning from them, and resisting them by being radically different, with a difference born of a continuous struggle against the evil which they may embody most clearly, but which dwells everywhere and so even within each of us. What is most dangerous to that evil are not the rockets aimed at this or that state but the fundamental negation of this evil in the very structure of contemporary humanity: a return of humans to themselves and to their responsibility for the world; a new understanding of human rights and their persistent reaffirmation, resistance against every manifestation of impersonal power that claims to be beyond good and evil, anywhere and everywhere, no matter how it disguises its tricks and machinations, even if it does so in the name of defense against totalitarian systems.

The best resistance to totalitarianism is simply to drive it out of our own souls, our own circumstances, our own land, to drive it out of contemporary humankind. The best help to all who suffer under totalitarian regimes is to confront the evil which a totalitarian system constitutes, from which it draws its strength and on which its “vanguard” is nourished. If there is no such vanguard, no extremist sprout from which it can grow, the system will have nothing to stand on. A reaffirmed human responsibility is the most natural barrier to all irresponsibility. If, for instance, the spiritual and technological potential of the advanced world is spread truly responsibly, not solely under the pressure of a selfish interest in profits, we can prevent its irresponsible transformation into weapons of destruction. It surely makes much more sense to operate in the sphere of causes than simply to respond to their effects. By then, as a rule, the only possible response is by equally immoral means. To follow that path means to continue spreading the evil of irresponsibility in the world, and so to produce precisely the poison on which totalitarianism feeds.

I favor “antipolitical politics,” that is, politics not as the technology of power and manipulation, of cybernetic rule over humans or as the art of the utilitarian, but politics as one of the ways of seeking and achieving meaningful lives, of protecting them and setving them. I favor politics as practical morality, as service to the truth, as essentially human and humanly measured care for our fellow humans. It is, I presume, an approach which, in this world, is extremely impractical and difficult to apply in daily life. Still, I know no better alternative.

[From Politics and conscience – Parte IV]

[Politics and conscience – Parte V:]

I am convinced that what is called “dissent” in the Soviet bloc is a specific modern experience, the experience of life at the very ramparts of dehumanized power. As such, that “dissent” has the opportunity and even the duty to reflect on this experience, to testify to it and to pass it on to those fortunate enough not to have to undergo it. Thus we too have a certain opportunity to help in some ways those who help us, to help them in our deeply shared interest, in the interest of mankind.

One such fundamental experience, that which I called “antipolitical politics,” is possible and can be effective, even though by its very nature it cannot calculate its effect beforehand. That effect, to be sure, is of a wholly different nature from what the West considers political success. It is hidden, indirect, long-term, and hard to measure; often it exists only in the invisible realm of social consciousness, conscience, and subconsciousness, and it can be almost impossible to determine what value it assumed therein and to what extent, if any, it contributes to shaping social development.

It is, however, becoming evident -and I think that is an experience of an essential and universal importance- that a single, seemingly powerless person who dares to cry out the word of truth and to stand behind it with all his person and all his life, ready to pay a high price, has, surprisingly, greater power, though formally disfranchised, than do thousands of anonymous voters. It is becoming evident that even in today’s world, and especially on this exposed rampart where the wind blows most sharply, it is possible to oppose personal experience and the natural world to the “innocent” power and to unmask its guilt, as the author of The Gulag Archipelago has done. It is becoming evident that truth and morality can provide a new starting point for politics and can, even today, have an undeniable political power.

The warning voice of a single brave scientist, besieged somewhere in the provinces and terrorized by a goaded community, can be heard over continents and addresses the conscience of the mighty of this world more clearly than entire brigades of hired propagandists can, though speaking to themselves.  It is becoming evident that wholly personal categories like good and evil still have their unambiguous content and, under certain circumstances, are capable of shaking the seemingly unshakable power with all its army of soldiers, policemen, and bureaucrats. It is becoming evident that politics by no means need remain the affair of professionals and that one simple electrician with his heart in the right place, honoring something that transcends him and free of fear, can influence the history of his nation.

Yes, “antipolitical politics” is possible. Politics “from below:’ Politics of man, not of the apparatus. Politics growing from the heart, not from a thesis. It is not an accident that this hopeful experience has to be lived just here, on this grim battlement. Under the “rule of everydayness” we have to descend to the very bottom of a well before we can see the stars.

When Jan Patočka wrote about Charter 77, he used the term “solidarity of the shaken:’ He was thinking of those who dared resist impersonal power and to confront it with the only thing at their disposal, their own humanity. Does not the perspective of a better future depend on something like an international community of the shaken which, ignoring state boundaries, political systems, and power blocs, standing outside the high game of traditional politics, aspiring to no titles and appointments, will seek to make a real political force out of a phenomenon so ridiculed by the technicians of power the phenomenon of human conscience?

[From Politics and conscience – Parte V]

——-

Even something as apparently ephemeral as the truth spoken aloud, as an openly expressed concern for the humanity of man, carries a power within itself and that even a word is capable of a certain radiation, of leaving a mark on the “hidden consciousness” of a community.  [Reticence – Part X]

The dissident does not operate in the realm of genuine power at all. He does not seek power. He has no desire for office and does not woo voters. He does not attempt to charm the public, he offers nothing and promises nothing. He can offer, if anything, only his own skin -and he offers it solely because he has no other way of affirming the truth he stands for. His actions simply articulate his dignity as a citizen, regardless of the cost. The innermost foundation of his “political” undertaking is moral and existential. Everything he does, he does initially for himself; something within has simply revolted and left him incapable of continuing to “live a lie.” [Reticence – Part X]

1) Creo que la comunidad internacional debe afirmar con claridad que el mundo ya no es, y nunca volverá a ser, una esfera de interés de uno, dos o tres poderes sino de una comunidad multicultural y multipolar en la que todos debemos ser iguales, trabajar juntos sobre cuestiones globales y confrontar unidos las amenazas que nos afectan a todos.

2) Los principios y reglas de dicha cooperación deben estar basados en un ‘mínimo común’, es decir, en la actitud de la humanidad para con nosotros mismos, nuestros correligionarios, la sociedad, la Tierra y el mundo que es compartido por todas las tradiciones de cultura y civilización que conforman la riqueza espiritual de la raza humana. Esto significa, entre otras cosas, que los intereses de todos y de las generaciones futuras, jamás deben ser relegados por intereses particulares o preocupaciones inmediatas.

3) Estas tradiciones dan lugar a un orden moral general y un sentido de la responsabilidad por el mundo. A su vez, surgen otros elementos, a saber: el compromiso con la protección ambiental, con la justicia social, con la igualdad cultural y con los estándares acordados sobre derechos humanos y normas del orden democrático.

4) El orden del mundo en el futuro debe promover sistemáticamente la asociación de estados y naciones en pie de igualdad en agrupaciones regionales que constituyan un puente natural entre estados nacionales y la comunidad mundial. Estas alianzas regionales deben ser absolutamente iguales y deben tener la posibilidad de cooperar como tales de acuerdo con las reglas que han acordado cumplir.

5) Todo esto debería estimular una rápida reforma de las Naciones Unidas, que establezca la representación proporcionada de los distintos continentes y esferas de la civilización en los organismos de la ONU, elimine la excesiva burocracia de la organización e incremente su poder. La ONU debe convertirse en una verdadera organización para las personas del planeta más que en el dominio de los gobiernos; debe tener las facultades para adoptar universalmente normas vinculantes derivadas del sentido global de la responsabilidad y contar con instrumentos efectivos para aplicar dichas normas conforme al interés público. [Sao Paulo]

Las corporaciones globales, los cárteles de medios y las burocracias poderosas están transformando a los partidos políticos en organizaciones cuya principal tarea ya no es el servicio público sino la protección de clientelas e intereses específicos. La política se está convirtiendo en el campo de batalla de los cabilderos; los medios le restan importancia a problemas serios; la democracia se percibe con frecuencia como un juego virtual para consumidores y no como un asunto serio para ciudadanos serios.

Cuando soñábamos con un futuro democrático, quienes éramos disidentes sin duda teníamos algunas ilusiones utópicas y ahora nos damos cuenta de ello. Sin embargo, no estábamos equivocados cuando argumentábamos que el comunismo no era un simple callejón sin salida del racionalismo occidental. La burocratización, la manipulación anónima y el énfasis en el conformismo de las masas se llevaron a la “perfección” en el sistema comunista. Sin embargo, algunas de esas mismas amenazas están actualmente con nosotros.

Ya estábamos ciertos de que si a la democracia se le vacía de sus valores y se le reduce a una competencia entre partidos políticos que tienen soluciones “garantizadas” para todo, puede ser bastante no democrática. Por ello hicimos tanto hincapié en la dimensión moral de la política y en una sociedad civil dinámica como contrapesos a los partidos políticos y a las instituciones del Estado.

También soñamos con un orden internacional más justo. El fin del mundo bipolar representó una gran oportunidad para hacer más humano el orden internacional. En lugar de ello, vemos un proceso de globalización económica que se ha salido del control político y, como tal, está causando estragos económicos y destrucción ecológica en muchas zonas del mundo.

La caída del comunismo fue una oportunidad para crear instituciones políticas mundiales más eficaces basadas en principios democráticos –instituciones que pudieran detener lo que, en su forma actual, parece la tendencia autodestructiva de nuestro mundo industrial. Si no queremos que nos rebasen las fuerzas anónimas, los principios de libertad, igualdad y solidaridad –los fundamentos de la estabilidad y la prosperidad en las democracias occidentales– deben empezar a funcionar globalmente.

Pero sobre todo es necesario –como lo fue durante la era comunista—que no perdamos la fe en el significado de los centros alternativos de pensamiento y acción cívica. No permitamos que se nos manipule para creer que los intentos por cambiar el orden “establecido” y las leyes “objetivas” no tienen sentido. Tratemos de construir una sociedad civil global e insistamos en que la política no es sólo una tecnología del poder y que necesita una dimensión moral.

Al mismo tiempo, los políticos de los países democráticos deben reflexionar seriamente sobre las reformas a las instituciones internacionales porque necesitamos urgentemente instituciones capaces de una verdadera gestión global. Podríamos comenzar, por ejemplo, con las Naciones Unidas, que en su forma actual son una reliquia de la situación que prevalecía poco tiempo después del final de la Segunda Guerra Mundial. No reflejan la influencia de algunas potencias regionales nuevas al tiempo que equiparan inmoralmente a países cuyos líderes son electos democráticamente con aquellos cuyos representantes hablan únicamente a nombre propio o de sus juntas en el mejor de los casos.

Nosotros los europeos tenemos una tarea específica. La civilización industrial, que ahora abarca todo el mundo, se originó en Europa. Todos sus milagros, así como sus aterradoras contradicciones, se pueden explicar como consecuencias de un espíritu que fue europeo en sus inicios. Por lo tanto, la unificación de Europa debe dar el ejemplo para el resto del mundo en cuanto a cómo encarar los diversos peligros y horrores que nos envuelven actualmente.

En efecto, esa tarea –que está estrechamente vinculada con el éxito de la integración europea—sería la auténtica realización del sentimiento europeo de responsabilidad global. Y sería una estrategia mucho mejor que culpar mezquinamente a los Estados Unidos de los múltiples problemas del mundo actual.  [Project Syndicate – Lo que todavía nos enseña el comunismo]

La UE está trabajando con intensidad hacia un nuevo concepto de su política de seguridad. Debe estar caracterizado por la capacidad de alcanzar decisiones con rapidez y de convertir con celeridad las decisiones conjuntas en acciones. [Defensa y Solidaridad Europeas – Project Syndicate]

Es impensable que la UE pueda presentarse como una parte respetable del orden global si no consigue llegar a acuerdos sobre las formas de proteger los derechos humanos, no sólo en su territorio sino en áreas que algún día puedan unírsele. [Defensa y Solidaridad Europeas – Project Syndicate]

El mal debe confrontarse en cuanto surja, pero no es suficiente que los gobiernos actúen, pues las políticas de gobierno nacen de los sentimientos de la sociedad civil, del pueblo. [Defensa y Solidaridad Europeas – Project Syndicate]

Es impensable que la UE pueda presentarse como una parte respetable del orden global si no consigue llegar a acuerdos sobre las formas de proteger los derechos humanos, no sólo en su territorio sino en áreas que algún día puedan unírsele. [Defensa y Solidaridad Europeas – Project Syndicate]

Genuine civil society is the truest fundamental of democracy, a truth often forgotten in the heat of election campaigns. Although Communism could, every now and then, coexist with private ownership, sometimes with private enterprise, it could never coexist with civil society. So the most fateful attack that accompanied the installation of Communist power everywhere was an attack on civil society.  [Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies]

Civil society is an intricately structured, very fragile, sometimes even mysterious organism that grew over decades, if not centuries. After years of virtual non-existence, civil society, therefore cannot be restored from above, or by legal fiat. Its three pillars – private, voluntary associations, decentralization of the state, delegation political power to independent entities – can only be rebuilt patiently.  [Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies]

Political parties, democratic institutions, work well only when they draw strength and inspiration from a developed, pluralist civic environment and are exposed to criticism from that environment. [Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies]

Civil society generates genuine pluralism, and pluralism – leading to competition – produces quality. In this respect, there is a similarity between economics and politics. The more different initiatives are allowed to operate, the greater is the chance that the best and most inventive ones will triumph. To rely solely on the capacities of central state authorities or of central political bodies to always decide what needs to be done and how, equates power with truth, the most dangerous political conceit of this century.

Moreover, the more stratified civil society becomes, the more it thrives, the more stable is domestic politics. Civil society protects citizens from being excessively affected by changes at the center of political power. It absorbs, at lower levels, some of the effects of such change, even disposes of them. In this way, it actually facilitates political change so that a change of government does not seem a windstorm leaving nothing in its place. [Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies]

The most important aspects of civil society is yet another thing – it enables people to realize themselves. Human beings are not only manufacturers, profit makers or consumers. They are also – and this may be their innermost quality – creatures who want to be with others, who yearn for various forms of coexistence and cooperation, who want to influence what happens around them. People want to be appreciated for what they give to their environment around them. Civil society is one of the key ways in which our human nature can be exercised in its entirety. [Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies]

Enfrentamos un gran desafío en términos de convivencia entre naciones y esferas de civilización, cultura y religión, que se debe aprovechar y explotar a fondo: el surgimiento de comunidades supranacionales o regionales. Hasta ahora, existen muchas comunidades de este tipo en el mundo con diversas características y distintos grados de integración. Creo en este enfoque. Creo en la importancia de organismos que se encuentran en alguna parte entre las naciones estado y la comunidad mundial, organizaciones que pueden constituir un buen medio de comunicación y cooperación global. Creo que esta tendencia hacia la integración en un mundo en donde, como dije, cada valle anhela su independencia, debe recibir el mayor respaldo posible. Sin embargo, estas organizaciones no deben ser el vehículo de integración por el mero propósito de lograr la integración. Deben constituir uno de los tantos instrumentos que le permitan a cada región, cada nación, ser ellas mismas y capaces de cooperar con otras. Deberían ser uno de los instrumentos que les permitan a los países y pueblos más cercanos geográfica, étnica, cultural y económicamente, que poseen intereses comunes de seguridad, conformar asociaciones y lograr una mejor comunicación entre sí y con el resto del mundo. Al mismo tiempo, dichas comunidades regionales deben deshacerse del miedo que otras comunidades les infunden. Los grupos regionales en áreas que poseen tradiciones comunes y una cultura política en común deberían ser parte natural de la compleja arquitectura política del mundo. La cooperación entre esas naciones debería ser un componente natural de la cooperación a escala mundial. Mientras la expansión de la OTAN para incluir países que se sienten cultural y políticamente parte de la región que la Alianza defiende, sea considerada por Rusia, por ejemplo, como un emprendimiento anti-ruso, prevalecerá la señal de que Rusia aún no ha comprendido el desafío de esta era. [Harvard]

[Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies:]

Political parties, democratic institutions, work well only when they draw strength and inspiration from a developed, pluralist civic environment and are exposed to criticism from that environment. It is not the intention of civil society to circumvent parliament or political parties: it aims to enable them to work to the best of their ability. Without a life-giving background in the form of a diversely structured civil society, political parties as well as political institutions wither, lose inventiveness, and are eventually reduced to dull, closed groups of political professionals.

Civil society generates genuine pluralism, and pluralism – leading to competition – produces quality. In this respect, there is a similarity between economics and politics. The more different initiatives are allowed to operate, the greater is the chance that the best and most inventive ones will triumph. To rely solely on the capacities of central state authorities or of central political bodies to always decide what needs to be done and how, equates power with truth, the most dangerous political conceit of this century.

Moreover, the more stratified civil society becomes, the more it thrives, the more stable is domestic politics. Civil society protects citizens from being excessively affected by changes at the center of political power. It absorbs, at lower levels, some of the effects of such change, even disposes of them. In this way, it actually facilitates political change so that a change of government does not seem a windstorm leaving nothing in its place.

Where civil society is not sufficiently developed every problem filters up to the center of power. But the more power is left at the center the more favorable are the conditions for such forces to gain control over the country. Communists knew this very well; it is why they even manipulated associations of bee-keepers.

You need not be an economist to discover that civil society also pays its way. When things are paid by the state budget, more money must be collected in taxes and substantial sums are consumed by such transfers. In a system that allows tax deductions for charitable giving, beneficial initiatives get more money than they would get if the same amounts were spent by the state. Even without deductions, civil society takes its own improving initiatives.

The most important aspects of civil society is yet another thing – it enables people to realize themselves. Human beings are not only manufacturers, profit makers or consumers. They are also – and this may be their innermost quality – creatures who want to be with others, who yearn for various forms of coexistence and cooperation, who want to influence what happens around them. People want to be appreciated for what they give to their environment around them. Civil society is one of the key ways in which our human nature can be exercised in its entirety. The enemies of civil society know this; it animates their opposition to it.

[Project Syndicate – Civil Society and Its New Enemies]

Glorification of the nation state as the climax to the history of every national community, as the only thing in whose name it is permissible to kill or for whom it is worth dying for, is passing. Generations of democrats, and the horrors of two World Wars, have brought humanity to the realization that a human being is more important than the state.

In the coming century, most states will begin to transform from cult-like objects charged with emotional contents into simpler civil administrative units that are part of a complex planetary organization. This change should do away with the idea of non-intervention, with the concept that what happens in another state is none of our business.

As for the practical responsibilities and the jurisdictions of the State, these can go into two directions: downwards or upwards. Downwards applies to the various organs and structures of civil society to which the State should gradually transfer many of its tasks. Upwards applies to various regional, transnational or global communities or organizations. This transfer of functions has already begun.

The Twenty-First Century – provided that humanity withstands all the dangers that it is preparing for itself – will be a world of ever closer cooperation. In order that the world can be like this, individual entities, cultures or spheres of civilization must clearly recognize their own identities, understand what makes them different from others and accept the fact that such “otherness” is no handicap, but a contribution to the global wealth of the human race. Of course, the same must be recognized also by those who, on the contrary, have the inclination to regard their “otherness” as a reason for feeling superior.   [Project Syndicate – Sovereignty Bound]

Human rights are indivisible and that if injustice is done to some, it is done to all. Many times in the past, I pondered on the questions of why humanity has the prerogative to any rights at all. Inevitably, I concluded that human rights, human liberties and human dignity have their deepest roots outside of this earthly world. They become what they are only because, under certain circumstances, they can mean to humanity a value that people place – without being forced to – higher than even their own lives. Thus, these notions have meaning only against the background of the infinite and of eternity.

It is my profound conviction that the true worth of all our actions – whether or not they are in harmony with our conscience, the ambassador of eternity in our soul – is finally tested somewhere beyond our sight. If we did not sense this, or subconsciously surmise it, certain things could never be achieved. For while the State is a human creation, humanity is a creation of God.   [Project Syndicate – Sovereignty Bound]

Evil must be confronted in its womb and, if there is no other way to do it, then it has to be dealt with by the use of force. If the immensely sophisticated and expensive modern weaponry must be used, let it be used in a way that does not harm civilian populations. If this is not possible, then the billions spent on those weapons will be wasted.  [Farewell to Politics]

[Sao Paulo: ]

¿Qué se puede hacer? ¿Por qué se ha hecho tan poco hasta ahora? ¿Por dónde debemos empezar?

La voz que quiera causar una seria impresión en la circunstancia actual, probablemente lo logre si cuenta con un sólido respaldo científico. Todas las soluciones propuestas para los problemas fundamentales de la actual civilización han sido de naturaleza técnica o sistémica, y se ha otorgado considerable ingenio al diseño de procedimientos sofisticados. Esto quizás podría funcionar si no fuese porque nadie los pone en práctica. Su implementación se ve bloqueada por el moderno estilo de vida. No hay suficiente preparación para encontrar soluciones que se oponen ya sea a las costumbres establecidas o a los intereses inmediatos de los pueblos, naciones, comunidades, corporaciones o lobbies. Siempre que analizamos estos problemas con el propósito de identificar las posibles respuestas y razones por las que nadie lo intenta, terminamos en una desalentadora falta de voluntad y fuerza interior para actuar, es decir, para superar las barreras de la conciencia o mentalidad humana. Cada vez me convence más la idea de que el cambio de dirección es imposible a menos que algo comience a cambiar en la mente del hombre, en la actitud de la humanidad hacia el mundo y los valores de la vida, en nuestro modo de pensar y nuestra percepción de responsabilidad. Sólo esta clase de cambio puede generar la voluntad para cambiar nuestro comportamiento y, eventualmente, implementar también los cambios sistémicos. Queda en claro que no intento objetar el tipo de cambios sistémicos que ahora se proponen. Sólo digo que se pueden implementar sólo como resultado de un fenómeno más profundo –un cambio en la visión de la vida. Lamentablemente, esta meta no se puede lograr ni siquiera mediante los mejores trucos técnicos, medidas administrativas o reformas sistémicas. Siento que lo único que puede impedir los desastres que enfrenta nuestra civilización en el paso del segundo al tercer milenio de la era cristiana es un profundo cambio, o bien una revolución en el campo de la mente humana. Si dicho cambio se hace verdaderamente efectivo hoy, debe ser global y universal. [Sao Paulo]

La civilización de hoy día envuelve el planeta entero, permitiéndonos ver en casi todos los lugares los mismo productos, los mismos avisos publicitarios, las mismas series televisivas, y las sucursales de los mismos bancos y corporaciones transnacionales. Se escucha la misma música pop internacional en donde sea que estemos y los jóvenes en todo el mundo visten los mismos blue jeans. Sin embargo, esto no es más que una fina capa de barniz. Debajo, encontramos múltiples capas de diversas tradiciones culturales, sociales y políticas conformadas en distintas áreas en miles de años en que esos mundos diferentes vivían separados o su contacto era mínimo. Nuestra civilización contemporánea se puede comparar con una habitación en la que estamos destinados a vivir todos juntos pero que no modifica nuestros rasgos distintivos. Más aún, a medida que el número de personas es mayor, y la presión civilizadora aumenta, estamos mucho más molestos por las diferencias con los otros; sentimos la necesidad de defender nuestra individualidad contra todo lo que pueda disolverla y transformarla en una salsa cosmopolita, o incluso contra todo lo que simplemente es distinto. Muchos consideran que estos sentimientos, junto con el explosivo crecimiento demográfico, representan una gran amenaza de conflicto potencial entre distintas culturas, mundos religiosos o esferas de civilización o una cascada de conflictos entre naciones. En otras palabras, paralelo al proceso de unificación global en la civilización actual, existe un desarrollo simultáneo: naciones y regiones completas comienzan a imponer sus propios estilos de vida, su identidad única, tradición, historia, deidades, costumbres y culturas. Vemos que cuanto más cerca estemos unos de otros, y cuanto más evidente es que todos estamos en el mismo barco, más fastidiosos nos comportamos. Más aún, la misma civilización que tan peligrosamente nos mantiene unidos, generando recíprocas animosidades, nos ofrece al mismo tiempo las armas más avanzadas y las pone a nuestra disposición. Por lo tanto, una posible solución es un cambio en la mentalidad, que no imponga forzosamente un estilo de espiritualidad sobre todos, como sucedió con la conquista de América y la expansión del Cristianismo. Debe respetar la individualidad de las distintas tradiciones espirituales, religiosas y culturales.  [Sao Paulo]

Tanto mi lectura como mis visitas a los distintos continentes han reforzado mi percepción de que las raíces o los puntos de partida de las distintas religiones están más cerca unos de otros de lo que parecen. Sin importar cómo se ven o actúan los distintos dioses, sin importar los rituales o prácticas mágicas que las personas utilizan para acercase a ellos, siempre encontramos en las profundas raíces de todas las creencias y religiones lo mismo: nos recuerdan que no somos ni las criaturas supremas ni las más poderosas y que el mundo encierra un orden misterioso que nos trasciende infinitamente y que debemos respetar. Dentro de este orden, todo se desarrolla de un modo misterioso en el que nada de lo que alguna vez se hizo, se puede deshacer.  [Sao Paulo]

En algún lugar más allá de nuestro horizonte, todo se pone a prueba para encontrarle su verdadero valor. Por ende, debemos actuar con responsabilidad, incluso cuando nadie nos ve, y también con visión de prosperidad. Todas las religiones, especialmente las más antiguas, nos llaman a honrar la tierra en la que vivimos y no utilizar arbitrariamente las interminables e innumerables riquezas, ya que éstas constituyen, como dirían los ecologistas de hoy en día, un único sistema interconectado en el que cualquier interferencia contra una de sus partes, incluso una aislada, podría causar un daño irreparable a la totalidad del mismo.  [Sao Paulo]

Todas las religiones se rigen por el principio de culpa y castigo, es decir, la idea de que si los seres humanos violan las leyes divinas, deberán ser castigados. Este reconocimiento de una voluntad y orden divinos, la noción de fuerzas buenas y malas, al igual que tantos otros pensamientos culturales y religiosos, generalmente contenidos en mitos y cuentos, reflejan la experiencia más profunda de la humanidad del mundo y de nosotros mismos. Del mismo modo, el orden moral, las bases para la posible convivencia humana, revela puntos de partida e imperativos muy similares en las distintas religiones y códigos de ética: el respeto por la autoridad del orden universal y por las criaturas que encarnan ese orden; la prohibición de matar, mentir o robar; la amable recepción que debe otorgarse a un invitado que viene a nosotros con buenas intenciones; la elección del sacrificio por sobre la auto-indulgencia; los seres humanos no sólo viven de pan, entre otros. [Sao Paulo]

Por las razones que acabo de mencionar, y por otras también, generalmente es más el énfasis que se hace sobre las diferencias entre religiones y culturas individuales que sobre aquello que comparten. Los distintos nombres de dioses, las diferentes liturgias, rituales o costumbres han generado innumerables conflictos y guerras locales, mientras que los intentos por lograr un diálogo entre muchas religiones se restringen al dominio de los intelectuales.  [Sao Paulo]

Pero si la única solución que la humanidad encuentra para salir de este angosto camino es una generalizada regeneración espiritual, deberá ser una regeneración universal, basada en el respeto por las distintas religiones del mundo y emanada de lo que es común a todas.

Creo que ya no es suficiente buscar la reconciliación política de las personas de distintas denominaciones o encontrar las clave del futuro entre los instrumentos de la civilización técnica y ofrecerlas a las distintas culturas. Tampoco podemos copiar la expansión del espíritu, valores, estilo de vida y vigor europeos, y más tarde euro-americanos, que caracterizaron el nacimiento de esta civilización. Estoy profundamente convencido de que debemos tomar otra dirección. Debemos buscar las raíces comunes de la espiritualidad y religiosidad humanas, asumir una nueva reflexión del orden moral que encierran e intentar traducir los imperativos morales universales de dicho orden en los estándares y reglas aceptadas de la convivencia humana. [Sao Paulo]

Es necesario restaurar el sentido de la responsabilidad del hombre por el mundo, una responsabilidad que esté anclada en el orden metafísico. [Sao Paulo]

Nunca más esos esfuerzos serán exitosos si se consideran como la imposición del dios de una creencia determinada sobre las demás. Se logrará el objetivo sólo cuando el hombre haya entendido que todos tienen un único Dios, que puede tener miles de rostros, y que su tarea no es convertir a aquellos que lo llaman por distinto nombre sino respetar esos nombres. [Sao Paulo]

La principal organización mundial es las Naciones Unidas. Creo que el cincuentenario de su creación puede ser una buena ocasión para reflexionar acerca de cómo infundirle un nuevo carácter distintivo, una nueva fuerza, un nuevo significado y convertirla en el ámbito más relevante de la cooperación entre culturas que componen nuestra civilización planetaria. Pero ni el fortalecimiento de las estructuras regionales ni el fortalecimiento de la ONU podrán salvar al mundo si ambos procesos no reciben la renovada carga espiritual que considero la única esperanza para la supervivencia de la humanidad en el próximo milenio. He tocado un tema que creo que atañe a los políticos. Pero hay una fuerza que tiene la misma, o mayor, influencia sobre las personas: los medios de comunicación. Sólo cuando el destino me llevó al campo de la política tomé plena conciencia de que los medios de comunicación son un arma de doble filo. El doble impacto no es especialidad de los medios. Es sólo una parte o una expresión de la doble naturaleza de la civilización actual. [Harvard]

Quienes tienen en sus manos a los medios de comunicación también tienen responsabilidad por el mundo y por el futuro de la humanidad. Al igual que la división del átomo puede enriquecer inmensamente al hombre de uno y mil modos, y al mismo tiempo, puede amenazarlo con la destrucción, la televisión también puede tener buenas y malas consecuencias.

Puede diseminar, en cuestión de segundos y a una escala sin precedentes, el espíritu de comprensión, humanidad, solidaridad humana y espiritualidad o bien puede dejar estupefactos a naciones y continentes enteros. Al igual que el uso de la energía atómica depende sólo de nuestro sentido de la responsabilidad, también el uso apropiado del poder de la televisión para entrar en cada hogar y mente humana depende de nuestro sentido de la responsabilidad.

Salvar al mundo de los peligros que hoy lo amenazan depende principalmente de que los seres humanos tomen conciencia, de que logren comprender el grado de responsabilidad que tienen y descubran una nueva relación con el milagro mismo del Ser. El mundo está en nuestras manos y, sin embargo, algunos tienen mayor influencia sobre su destino que otros. Cuanta más influencia tenga una persona, ya sea una figura política o un anunciante televisivo, mayores serán las exigencias sobre su sentido de la responsabilidad y menor deberá ser la atención que otorgue a sus intereses personales. [Harvard]

FRASES AUTOBIOGRÁFICAS:

A cada paso siento la gran ventaja que representa para el buen ejercicio de la función de presidente la convicción de que no me la merezco y de que puedo ser expulsado de ella en cualquier momento. [Universidad Hebrea, Jerusalén 1990]

Cuanto más bajo me encuentro, tanto más apropiada me parece mi posición; cuanto más alto estoy, tanto más me molesta la sospecha de que pueda tratarse de un error. [Universidad Hebrea, Jerusalén 1990]

OTRAS

Patočka used to say that the most interesting thing about responsibility is that we carry it with us everywhere. That means that responsibility is ours, that we must accept it and grasp it here, now, in this place in time and space where the Lord has set us down.

[The Power of the Powerless – Part XVIII]

It seems that it is precisely the dimension of distance, of rising above oneself and making light of oneself, which lends to our concerns and actions precisely the right amount of shattering seriousness. Is not Franz Kafka, one of the most serious and tragic authors of this century, at the same time a humorist? Anyone who does not laugh when reading his novels (as Kafka himself is supposed to have done when he read them out loud to his friends) does not understand them. [Reticence Part VII]

EJEMPLO DE PRACTICIDAD  [Senado Francés]

[French Senate – 1999]

It is true that in the 1990s – that is, after the fall of Communism -European unification has advanced significantly. In this period the European Communities have transformed into the European Union. The Union has substantially enlarged and has even started a common currency. These are undoubtedly remarkable successes. Nevertheless, I cannot rid myself of the sensation that all this may have been a train ride which began earlier, in another time and under different circumstances, and which just keeps going on, without receiving new energy, new spiritual impulses, a renewed sense of direction and of the purpose of the journey. It is as if Europe, while advancing its unification, has not yet sufficiently grasped the entirely new context in which it finds itself today and has failed to restate, or rather to deepen, its underlying idea in the face of the new situation; and so it may seem – I am afraid that it seems so to more and more people – that European unification is predominantly a technical, technical-administrative or bureaucratic undertaking whose intricate fabric is understood by an ever smaller circle of insiders and that the only criteria for judging whether it is more advantageous to be in, or to stay out, are the economic effects of integration at the given moment on individual population groups in their role as manufacturers, taxpayers or consumers.

The great progress made by the unifying Europe during these last years certainly does not mean that we need to give less care to its soul. I would even say that the opposite is true: the more the process advances, the more important is this concern.

(…) the durability of the new European order will depend considerably on the measure of openness inside this structure; that is, on how extensively and skilfully it will allow everyone to exercise their own singularity without the “otherness”; of “some” restricting that of the “others”.

(…) Those who fail to grasp this timeless dimension of European integration do not understand the most significant spiritual component of Europeanism.

Here I come to the main topic that I should like raise: to the question of European identity, or European soul. What exactly is that which defines Europe? Most important of all is probably its cultural and spiritual demarcation. Europe is an area in which various sources – primarily Classical civilization, Judaism and Christianity – merged in a remarkable way to form one historical current. Compared with the many non-European civilizations, this current has many singular traits, the most distinct among them being perhaps its conception of time. Time in the European tradition – as embodied first in the history of salvation, and later in the idea of progress – seems to be first, and foremost, a challenge to move: from the outdated to the new; that is, from the worse to the better. Man thrust into the European time is certain of possessing an ever wider and deeper knowledge of the world, and considers it his obligation to constantly improve the world in the light of this knowledge and to spread his wisdom and his recipes for a better life. His element is movement, development, progress, change. Considering his knowledge universal, and feeling universal responsibility, he believes himself entitled to propagate his ideas and his progress all over the planet. As if somewhere in the very essence of European culture, or of Europe’s relationship toward the world, there were certain intrinsic preconditions for expansion. This is understandable in a way: development produces technological superiority, and that, in turn, the temptation to use it; it is then of secondary importance for whom it is an instrument of conquest, and for whom an instrument of defence. The idea of movement thereby transforms into physical movement in space. In the depth of the European spirit, we thus find a fateful ambivalence: on the one hand, a fantastic advance of rational knowledge, accompanied by a growing respect for the human being and for humanity’s rights; on the other, an inherent expansionism. The typically European sense of responsibility for the world eventually acquires – somewhat paradoxically, but perhaps inevitably – the face of a proud proprietor of truth, incapable of elementary empathy.

Today, our planet is enveloped in one single technological civilization. However, its cultural roots and primeval ideas come from Europe, and both its miracles and its horrifying contradictions can therefore be interpreted as products or consequences of an ethos of European origin. And if other traditions of human civilization are now coming forward, claiming with growing vehemence their own place in the sun, it is a natural reaction to the major uniformizing work that started out from our continent, and has now overwhelmed the world. To my mind, all this leads to one conclusion: While, until recently, it was enough that Europe – confronted with Communism – defined itself simply as a zone of human liberty, of protection of human rights and the advancement of civilization, it should now be clear to everyone that Communism – though it obviously called for a response – was but a screen concealing the most important phenomenon to which Europe should relate in the first place, that which constitutes its real background: today’s planetary civilization as a whole. That is, the civilization in which Europe used to be the initiator and, for centuries, the driving force, but which has long ago grown beyond Europe’s control and is now speeding along by its own momentum.I believe that the unifying Europe cannot find its underlying idea anywhere else but in reformulating its attitude toward this planetary momentum that moves its civilization – a movement which Europe itself once set in motion. To say what this new attitude could be is fairly easy. To embrace it, on the other hand, is immensely difficult. Nevertheless, let me reflect on it. It seems to me that Europe – as the historical entity that is responsible for so much of both the glory and the misery of today’s planetary civilization – should be the first one to demonstrate to the contemporary world how to deal truly consistently with all the dangers, threats and horrors that beleaguer it.

(…) Europe should remind itself how the idea of responsibility for the world was originally conceived within its cultural tradition. The original concept did not envisage arrogantly imposing our own beliefs or opinions upon others, nor was it an anthropocentric doctrine elevating humankind above the order of nature! It was something else: a humble course of example. Was the redeeming sacrifice of Jesus Christ not an embodiment of the principle that if we want to change the world, we must all begin with ourselves?

(…)  It is my profound conviction that there comes a period when Europe should, with the humility that was once inscribed on its spiritual shield, begin to thoroughly cultivate, discipline and change itself. If this exercise turns into an example influencing others as well, it will be marvellous. But we should not calculate on that effect. We should simply begin.

It is really not necessary to bow, at every step, to golden calves, to meet their proprietors with servile deference or to subject everything to the dictatorship of advertisement and commercial media. We do not have to get, time and again, caught in the toils of unneeded innovation of all manner of consumer goods, whose only lasting effects are plundered natural resources and contaminated air. Nor is there any valid reason for considering constant growth of gross national product to be the raison d’etre of all human endeavours!

We know very well what threats will face humankind if we do not come to our senses and fail to stop this callous self-motion while there is still time. Hundreds of books have been written about it; for that matter, it would be rather strange if the probing minds of our time did not recognize this, and did not have the various alternatives of a global catastrophe precisely calculated. The problem today is not a lack of knowledge, but rather a lack of capability to confront the impending threats. We are still too firmly entrenched in our immediate interests, and too rarely able to think about what happens tomorrow or one hundred years from now. We have simply lost the ability to see things from the viewpoint of eternity, of the history of Being and of its memory.

(…)  Yes, it is true, it was the European spiritual movement that, out of its own inherent logic, generated today’s global civilization of technology and consumerism that is so thoroughly working on its self-destruction. At the same time – paradoxically – it is Europe again that has, for a variety of reasons, the relatively greatest chance to reverse today’s condition, and thus to transcend itself. The potential for such transcendence lies dormant – buried and forgotten – in its own spiritual foundations. Europe’s mission in the context of today’s civilization -including the fundamental idea to guide its unification – thus does not have to emanate from something entirely new, never known before. It can be derived solely – if I may put it like this – from rereading ancient European books and re grasping their meaning.

Four years ago a Lithuanian Jew died who had studied in Germany to eventually become a renowned French philosopher. His name was Emmanuel Lévinas. Guided by the spirit of the oldest European traditions, apparently most of all by Jewish traditions, he taught that the sense of responsibility for the world is born in us with a look into the face of a fellow being. I think that the Europe of today should remind itself of this spiritual tradition. It should recognize that there are fellow beings – both within its territory and around it all over the planet – and that it is intrinsically responsible for them as well. This responsibility will never again assume the likeness of an arrogant conqueror; it will rather have the modest face of the One who takes upon His shoulders the cross of this world. If someone denounces this concept of responsibility as just a new form of messianic pride we must turn to the authority of our conscience and ask for a verdict in the second instance.

Ladies and gentlemen, if you expect, after these abstract reflections, something concrete -something that can perhaps offer the press a headline – you expect correctly. In the light of the preceding thoughts, I really intend to conclude on a more concrete note and suggest what the European Union could sooner or later do in the period to come. If the Union is not to be seen more and more as a complex administrative undertaking understood by no one but a narrow class of euro-specialists, and if it truly wants – as was many times declared – to move closer to the people, I believe it should give an impulse for someone to try to write down its basic law. I have a vision of a concise, generally understandable constitution, with a lofty preamble stating the purpose and the idea of the Union, followed by articles defining its principal bodies, their jurisdictions and their mutual relations. For the most part, this does not require inventing anything new. It would suffice to take the fundamental clauses out of the hundreds of pages of the currently valid instruments and to merge them into on paper. All the other provisions would naturally stay in force, being developed and amended as necessary. But while the mass of EU legislation is certainly not a subject to be learned by every European child from the time of grade school, even the children should know the European constitution.

(…) In a country that has given the world Rationalism and Enlightenment, and where blood was shed many times for the constitutional rights of its citizens, I certainly do not have to go to great lengths explaining how important are the constitution, laws, declarations, authorities, jurisdictions and mechanisms. Nevertheless, I do not think that these are the most important things in today’s dramatic world. Most important of all – I have no doubt that, here in particular, I will find understanding for this view – is something else: the spirit and the ethos underlying the institutions and their documents. As a representative of a country that went through the horrors of totalitarian rule, and is still suffering the consequences, I should like to see the core, or the backbone, of European integration in a new combination of two traditional European values that were betrayed a thousand times, and yet remain of paramount importance: of humility and responsibility.

CUBA

Septiembre del 2002 – Universidad Internacional de la Florida.

Por primera vez en mi vida tengo el privilegio de visitar la Florida, y al mismo tiempo, será éste el último estado de los Estados Unidos y de todo el continente americano que visite en calidad de presidente de mi país. Fue mía la decisión de venir a la Florida, y así lo he hecho, entre otras cosas, porque quería saludar desde aquí a todos los cubanos, tanto a los que viven acá, como a los que residen en la isla.

Toda persona moderna y de pensamiento libre siente o debería sentir solidaridad con todos aquéllos a quienes se les impide vivir en su patria o visitarla libremente, y también con los que se ven obligados a vivir en ella en constante estado de miedo, con los que no pueden salir y luego regresar a ella según su libre criterio.

Sin embargo, hay personas que por principio deberían sentir esa solidaridad con mayor intensidad que otros. Me refiero a los que hemos conocido en carne propia la opresión de un sistema totalitario de corte comunista, o a los que incluso hemos intentado oponerle resistencia, y que al hacerlo hemos podido palpar en toda su medida la importancia de la solidaridad y del apoyo que los ciudadanos de países más libres nos brindaron.

Pienso que uno de los instrumentos más diabólicos para avasallar a unos y embelesar a otros es el singular lenguaje comunista. Es un lenguaje lleno de doblez y subterfugio, de consignas vacías y de figuras retóricas estereotipadas. Se trata de un lenguaje capaz de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad, o a las que no hayan tenido que vivir en un mundo manipulado por él. A la vez, en otras personas, ese mismo lenguaje es capaz de infundir el miedo y el terror, hasta sumirlas en un estado de perpetuo disimulo.

También en mi país hubo generaciones enteras de personas que se dejaron desorientar por ese lenguaje lleno de bonitas palabras sobre la justicia, la paz y la necesidad de luchar contra los que –supuestamente al servicio de maléficas potencias extranjeras– se oponían al poder que ese lenguaje esgrime. La gran ventaja de ese lenguaje es que todas sus partes se entrelazan firmemente dentro de un sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo que no se acomode a él. Cualquier idea un tanto original o independiente, cualquier palabra que no pertenezca al vocabulario oficial, se tilda de diversionismo ideológico, y esto, parecería, casi antes de que nadie pueda expresarla. La red de dogmas que justifican cualquier arbitrariedad del poder suele por ende adoptar la forma de una utopía, es decir, la de un concepto artificial que contiene en sí mismo todo un conjunto de razones para que todo cuanto no se avenga a su estructura tenga que ser suprimido, prohibido o destruido, en aras de un futuro feliz.

Lo más cómodo es aceptar ese lenguaje, creer en él, o por lo menos, adaptarse a él. Es muy difícil mantener una óptica propia –por mucho que el sentido común nos dé mil veces la razón– siempre que eso signifique rebelarse contra el lenguaje del poder o simplemente negarse a usarlo. Todo un sistema de persecuciones, de prohibiciones, de informantes, de elecciones obligatorias, de espiar al vecino, de censura y, en última instancia, de campos de concentración se esconde tras un velo de palabras hermosas que no se avergüenzan, ni en lo más mínimo, de llamar a la esclavitud una ”forma superior de libertad”, ni de tildar al pensamiento independiente de ”lacayo servil del imperialismo” o denostar al espíritu emprendedor con el mote de ”explotación del hombre por el hombre”, para luego pretender que se les llame, a los derechos humanos, un “invento de la burguesía”.

La experiencia de mi país fue muy sencilla: cuando la crisis interna del sistema totalitario se hace profunda hasta tal punto que ya para todos es obvia, y cuando un número cada vez mayor de personas aprende a hablar en un lenguaje propio y a rechazar el lenguaje charlatán y mentiroso del poder, la libertad ya está muy cerca, casi al alcance de la mano. De repente salta a la vista que el ”monarca está desnudo”, y el misterioso resplandor de la palabra libre y del comportamiento libre resulta ser más fuerte que el más poderoso ejército, que la policía o que la jerarquía del partido, más decisivo aún que la destrucción sistemática y centralizada de la economía, o que los centralizados y avasallados medios de difusión, principales responsables de la propagación del mentiroso lenguaje de la utopía oficial.

Nuestro mundo, en general, no se encuentra en buen estado, y avanza quizás por un derrotero muy ambiguo. Pero esto no significa que tengamos el derecho de abandonar la libre y culta reflexión, para reemplazarla con un puñado de gastadas consignas utópicas. No lograríamos con ello un mundo mejor, sino un engendro. Por el contrario, lo que esto significa es que debemos hacer más por nuestra propia libertad y por la libertad de los demás.

¡Qué todos los cubanos vivan en libertad y disfruten de la independencia y de la prosperidad!  A todos aquellos que no han perdido la voluntad de oponerse a la arbitrariedad y a la mentira, ¡qué se cumplan vuestros sueños!  ¡Ojalá que el Premio Nobel de la Paz le sea concedido a Oswaldo Payá Sardiñas, ese gran defensor de los derechos humanos en Cuba, y ojalá que ese premio refuerce el valor de todo el pueblo cubano para resistir sin violencia a un régimen violento!  Les agradezco su asistencia y su atención.

.

DISCURSO EN LA CUMBRE DEL MILENIO EN LAS NACIONES UNIDAS, NUEVA YORK, 8 DE SEPTIEMBRE DE 2000

¿Cómo deben actuar las Naciones Unidas en el contexto de desarrollo favorable del mundo y cómo deben contribuir a realizar dicho desarrollo?  En primer lugar, debe cambiar su enfoque de enfrentamientos entre intereses particulares de varias naciones hacia una plataforma conjunta de toma de decisiones basada en la solidaridad sobre cómo organizar mejor nuestra vida en el planeta. Más precisamente, debería pasar de ser una comunidad de gobiernos, diplomáticos y funcionarios a conformar una institución conjunta para cada habitante del planeta, quienes la considerarían como su Organización propia por la que gastarían dinero no sólo para que los defienda como individuos sino para que, con el permiso del pueblo, busque formas de lograr un bienestar duradero para la humanidad y una genuina calidad de vida.

De este modo, las Naciones Unidas deberían descansar sobre dos pilares: uno constituido por una asamblea de representantes de países individuales, que se asemeje al plenario actual, y otra formada por un grupo elegido directamente por la población mundial, en el que el número de delegados que representen a las naciones individuales se adecue a las dimensiones de las naciones. Ambos organismos crearán y garantizarán la legislación global. El Consejo de Seguridad –o su sucesor- serviría como órgano ejecutivo que maneje algunos de los problemas cruciales del mundo.

Por supuesto, la composición de este órgano debería ser distinta a la del presente Consejo de Seguridad. Las calificaciones y personalidades de los miembros probablemente deban llevar más peso que la circunstancia del país del que provienen. Además, el derecho a veto probablemente no deba ser ejercido por un único miembro. Las Naciones Unidas del futuro deberán tener su propia fuerza militar y policial permanente. Este órgano superior ejecutivo debería controlar el cumplimiento de las leyes y decisiones de la Organización y procurar su aplicación en áreas de seguridad, derechos humanos, medio ambiente, alimentación, competencia económica, salud, finanzas, desarrollo local, etc.

Siempre que me enfrento con un problema de la civilización actual, inevitablemente llego a la misma conclusión: el tema de la responsabilidad humana. Esto no significa simplemente la responsabilidad de un ser humano hacia su propia vida o subsistencia, hacia su familia, su empresa o comunidad. También significa la responsabilidad ante lo infinito y lo eterno, en una palabra, responsabilidad por el mundo. En rigor de verdad, creo que el objetivo principal que debemos perseguir en esta era de la globalización es el sentido de la responsabilidad global. [Inlcuido en “una tarea de todos”]

En alguna parte de los pilares fundamentales de las religiones del mundo, encontramos básicamente los mismos imperativos morales. Es en estos ideales que debemos buscar la fuente, la energía y el carácter distintivo de la renovación global hacia una verdadera actitud de responsabilidad por nuestra Tierra y todos sus habitantes como también por las generaciones futuras. Sin el carácter distintivo que emane del renovado sentido de la responsabilidad global, cualquier reforma de las Naciones Unidas sería impensable y no tendría sentido alguno.

EUROPA Y ESTADOS UNIDOS

[Opening of the “US Relations with the New Europe: How to Face the New Threats” Conference – Prague, March 17, 2005]

Both Europe and America have a lot catching up to do in their efforts to renew the type of relationship they enjoyed in the past and which is very important not only for their own security, but also for the security and peace of the entire planet. Both partners, who belong, after all to the same civilization, have catching up to do.

Europe should recall one of its important spiritual traditions that has appeared in new forms over the centuries and which later was projected into the political sphere. This is a tradition of man’s responsibility for the fate of the entire world. Europe can not pretend that the rest of the world doesn’t exist; and that if it does exist, it doesn’t matter to Europe what goes on in the rest of the world, because Europe has a lot to take care of within its own borders and, therefore, it does not have to participate in missions which are trying to confront evil (supposedly because it is not Europe’s job). This is a very short-sighted position, and one cannot but wonder about it in light of the fact that in the last century Europe was the birthplace of two gigantic wars which sucked in the entire world. And in the end, it was the United States which had to intervene to ensure that the ideas of democracy, independence and freedom triumphed.

But it wasn’t only those two wars. In addition, Europe exported other things. Isn’t communism, including all of its gulags, also one of Europe’s inventions? And would communism have collapsed without the United States’ strong stance against it? Europe should consider such points, and without unnecessarily strong words should put more emphasis on trying to protect the values it supports.

But that doesn’t mean that the United States, too, doesn’t have some work to do. The more powerful, strong and influential one is, the more sensitively and carefully one should act, and the more cautiously one should monitor its own behavior, its diplomatic endeavors, and how its presence is felt as well the possible effects of its actions. Because the more powerful one is the more pronounced is the danger of (perhaps even unintended) arrogance or superiority—things that many nations and continents are very sensitive to (and yet things that Americans do not always appreciate and understand).

[Apertura en la Conferencia ” Transformación de la OTAN, Praga / 20 de noviembre, 2002 / Celaforum]

Trece años después de la caída del Telón de Acero y en tiempos de terribles atentados terroristas sobre la población civil, todos deberíamos tener claro que en la actualidad el mayor adversario de los valores que encarna la Alianza no es un Estado o una gran potencia que se pueda situar de un modo u otro. El enemigo está hoy representado por un mal sumamente difuso y que es de hecho muy peligroso: un mal difícil de atrapar e incluso de entender. Por lo tanto, a estas alturas deberíamos ser conscientes de que la Alianza, para seguir cumpliendo su misión inicial en nuestros días, debe transformarse de un modo ostensible y rápido. Lo cual significa que debe transformarse en un instrumento capaz de enfrentarse eficazmente a un conjunto de amenazas completamente nuevo.

(…) Si la Alianza quiere tener hoy alguna importancia, tiene que ser una organización pertrechada con gran cantidad de información procesada de forma rápida y profesional; una organización capaz de tomar decisiones inmediatas y, en caso necesario, de entrar en combate al instante ora con sus fuerzas permanentes de acción rápida, perfectamente entrenadas y siempre dispuestas, ora con las fuerzas especializadas de diversos ejércitos, capaces de enfrentarse a peligros modernos como el terrorismo y las armas bacteriológicas, químicas y nucleares.

(…) ¿Qué es lo que impide o frena esa transformación? A mi juicio, nada salvo la inercia, la burocracia y los hábitos que se hacinan desde hace años y que han inoculado en quienes padecen el miedo a todo lo nuevo. Esta inercia hay que afrontarla antes de que sea demasiado tarde.

(…) La Alianza no se reduce a un club de veteranos de la Guerra Fría, que miran de reojo los acontecimientos desconcertantes que tienen lugar en los países post-comunistas, sino que realmente quiere ser una organización que abarque toda la esfera de la cultura euro-americana,

(…) La OTAN, tal y como yo la entiendo, es entre otras cosas una organización de carácter regional. Comprende una esfera de civilización muy específica, comúnmente denominada euro-atlántica o euro-americana, o simplemente occidental.

El principal requisito previo para una sólida colaboración entre dos Estados u organizaciones regionales consiste en un reconocimiento franco de dónde empieza o termina cada uno de ellos, dónde están sus fronteras y, sobre todo, donde limitan unos con otros. Allí donde las fronteras resultan difusas, la situación suele desembocar en un conflicto o, directamente, en una guerra.

(…) ¿qué cabe pensar de la neutralidad en una situación en la que los bloques ya no existen y cuando el enemigo común de todos es el crimen organizado, el terror y la proliferación de armas de destrucción masiva? ¿De verás se puede ser neutral, por ejemplo, hacia los asesinos que perpetran masacres contra la población civil?

(…) La OTAN representa una combinación única de dos partes del mundo –América del Norte y Europa– muy vinculadas, a pesar de lo distintas que son desde el punto de vista geográfico o del pensamiento. Personalmente creo que, a pesar de que ambos componentes de nuestra alianza puedan repartirse en el futuro más que nunca distintas tareas, siempre se necesitarán uno al otro, quizás en el futuro más que hoy en día, y sería un error histórico de inmensas consecuencias o prácticamente una catástrofe, que hoy empezaran a aislarse significativamente a nivel político.  ¿Qué es lo que hace falta hacer en esta situación?  Creo que el primer requisito, sobre todo, es la intención de entenderse mutuamente, comprender mejor uno a otro y percibir mejor la posición de la otra parte y de sus dilemas.

Quizás Europa debería tener más en cuenta que dos las guerras más espantosas de la historia de humanidad tuvieron origen en su territorio debido a los conflictos entre sus países y que en ambos casos fue Estados Unidos quién, sin que había provocado dichos conflictos, contribuyó en medida significativa al éxito final de las fuerzas de libertad y justicia. Y además: quién sabe si la Europa Occidental habría superado las circunstancias de la guerra fría y habría resistido ante la expansión estalinista o soviética o comunista si no estuviera respaldada por el gran potencial de poder de Estados Unidos. Y fue de nuevo Estados Unidos, actuando como fuente de acción, por muy posterior e imperfecta que fuera, para solucionar varios conflictos europeos originados después de la caída del muro de Berlín. ¿Sería Europa capaz de solucionarlos por sí misma? No estoy seguro. Después de todo lo que vivimos en el siglo veinte y, teniendo en cuenta todo de lo que hoy en día somos testigos y en lo que los Estados Unidos están involucrados inevitablemente durante un cierto periodo o hasta una cierta medida, los europeos deberían ser más conscientes de las fuentes y del carácter de la responsabilidad americana y, si es necesario, manifestar una cierta comprensión por la insensibilidad, la torpeza o la adoración ocasional que esa responsabilidad pueda conllevar. Iría, incluso más lejos, hasta confesar mi sensación de que cada europeo molesto por la manera en que Estados Unidos domina la economía del mundo con sus multinacionales, debería darse cuenta que toda esa cultura de beneficio y expansión económica nació en Europa y ésta se la obsequió a América. Enfadarse con la imagen reflejada en el espejo no es lo más oportuno.

(…)América debería darse cuenta no solamente del hecho de que la mayor parte de su grandeza y de su fuerza se las debe a las raíces de civilización europeas, sino que también y, sobre todo, pudiera necesitar a Europa a gran escala en el futuro. No es muy difícil imaginarse que en diez o veinte años en varios continentes de nuestro planeta crezcan otras potencias de un desarrollo, al menos, similar al de los Estados Unidos y que una interconexión de seguridad, política, culturas y de civilización estrecha con medio billón de europeos pueda resultar para los Estados Unidos útil, aunque fuera por el puro principio de mantener el equilibrio.

(…) ¿Dónde, si no es en la tierra europea, podrá encontrar Estados Unidos en el futuro a su aliado o socio espiritualmente más cercano?

(…)  Estamos entrando en una época del mundo multipolar cuyo régimen, tanto político como de seguridad, debería crecer a base del principio de igualdad entre varias esferas de cultura y civilización, varios mundos de religión, varias organizaciones regionales y varios continentes.

(…)  A menudo subrayo que la OTAN representa una alianza cuya misión es defender ciertos valores, refiriéndose usualmente al régimen político democrático, los derechos humanos, el dominio de la ley, la economía de mercado, la libertad de expresión, etc. Sí, es un hecho evidente. Sin embargo, a veces recomendaría elegir un lenguaje más suave y mencionar más que los valores un cierto concepto – en nuestro caso un concepto occidental – de valores humanos universales. Si nos limitamos a unas declaraciones austeras de que representamos y defendemos ciertos valores, podríamos causar – sin obvia intención – la impresión de que vemos a los demás profesar y defender simplemente pseudo valores. No creo que la humanidad tenga buena experiencia en situaciones en las que unos se proclaman de ser los únicos vigilantes de la verdad y profetas de las verdaderas deidades y, en consecuencia, son superiores al resto de la población que no es más que puros bárbaros, paganos, enloquecidos o salvajes. Al contrario, creo que los actos más crueles de todos en la lucha contra los salvajes a menudo se cometían precisamente en nombre de aquella única verdad correcta.

Entender a otras personas, otras culturas, otras costumbres y el esfuerzo de no despreciarles, sino construir junto a ellos una red de relaciones basadas en la igualdad obviamente no significa que deberíamos renunciar a nuestros propios criterios o normas y ocultar nuestra convicción para crear un clima agradable. Todo lo contrario: las verdaderas relaciones de amistad no se pueden apoyar en mentiras, solamente podrán crecer de una tierra fértil de sinceridad mutua.

(…) Personalmente opino que la maldad se combate mejor en su estado de embrión que después cuando ya se ha extendido, también creo que la vida humana, la libertad humana y la dignidad humana representan unos valores superiores a la soberanía del estado. Quizás, esta tendencia de opinión me concede el derecho a presentar esta cuestión como un asunto muy serio y complejo. A lo largo de mi vida, nuestro país ha experimentado dos situaciones cuyas consecuencias han resultado inmensas, profundas y perdurables. La primera fue la capitulación de Munich en las que dos principales democracias europeas, supuestamente por interés de la paz, cedieron ante la presión de Hitler, permitiéndole mutilar la entonces Checoslovaquia. No salvaron la paz; al contrario: Hitler entendió su conducta en Munich como una señal definitiva para poder iniciar una guerra sangrienta europea y posteriormente mundial. Creo que la mayoría de los ciudadanos comparte conmigo la percepción de que esta experiencia de Munich nos sirve de argumento a favor de la idea que la maldad hay que combatirla en el momento en el que nace.  [Apertura en la Conferencia Transformación de la OTAN, Praga / 20 de noviembre, 2002 / Celaforum]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: