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Más cerca del alma

Más cerca del Alma: Cómo darle a nuestro Ser la prioridad que merece
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SE INCLUYE AQUÍ LA VERSIÓN COMPLETA DE ESTE LIBRO

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Esta obra fue publicada en España por MTM Editores en el año 2004. En vista de que este material puede ser útil para quienes están avanzando con firmeza hacia una mayor identificación con su propio Ser, comparto con los lectores de este blog todo el contenido de este libro. Algunas ideas, técnicas y frases fueron depuradas, transformadas e incorporadas a mi nuevo libro Inspiración Realizadora, pero considero que Más cerca del Alma aún merece ser dado a conocer. Uno de mis planes a futuro es rehacer este libro. Pero mientras tanto, pienso que algunos Caminantes y buscadores podrán beneficiarse con algunos de los planteamientos de esta obra.

Luis Eduardo Yepes
leyepes@gmail.com

 

Cada uno de nosotros tiene ante sí la oportunidad de aprender a afrontar las tareas de su alma con la misma alegría que mueve al carpintero que se instala de igual a igual frente a su trozo de madera, lo palpa, lo mide y, lejos de tratarlo a la ligera, conjuga todos sus talentos para trabajarlo.  
Antoine de Saint Exupéry

Hay múltiples formas de contactarnos con esa experiencia viva que nos infunde fe, esperanza, amor y percepción interna, pero todas tienen un común denominador: se requiere que nos comprometamos con nosotros mismos con toda la fuerza de nuestro ser.
Carl Gustav Jung

Una  vez desarrollada en nosotros, la fuerza del alma se hace invencible.  Pero para alcanzar ese estado, esta fuerza tiene que empapar todo nuestro ser y formar una unidad indisoluble con nosotros mismos.  
Gandhi

Antes de que mi alma me hablara, en mi corazón el amor era como una delgada cuerda ajustada entre dos clavijas.  Pero ahora el amor se ha transformado en un halo que rodea a todos los seres y se difunde lentamente hasta abrazar todo lo que existe.                                                           Jalil Gibrán

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Las pautas sugeridas para el acercamiento al Alma son: 1. Apertura. 2. Realismo. 3. Introversión. 4. Perspectiva. 5. Magia. 6. Inspiración y 7. Meditación. Este libro dedica una sección a cada uno de estos temas.

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INVITACIÓN 
 

Todos buscamos una vida mejor, más plena y significativa.  Queremos un mundo en el que la paz, la seguridad y el bienestar sean no sólo conquistas externas sino también realizaciones interiores.  Un mundo en el que el miedo y la desesperanza sean desplazados por la confianza y la serenidad, que son nuestro verdadero patrimonio.

 Sabemos que tienen que operarse cambios profundos si queremos lograr la elevación colectiva de la humanidad, pero frecuentemente olvidamos que todo empieza en nuestro propio corazón.  Si la principal causa del malestar mundial reside en la falta de conciencia de millones de seres humanos, la forma de desplazarla es despertando a una conciencia superior. Y ya muchísimas personas estamos determinadas a avanzar en esa dirección, cueste lo que cueste.

 Las vertiginosas transformaciones del mundo de hoy nos están mostrando que es evidente la necesidad de desplegar nuestro mayor potencial interior.  En las últimas décadas esta búsqueda interna se ha intensificado en forma extraordinaria, como lo demuestra la abundancia de caminos espirituales y la proliferación de libros sobre estos temas; intuitivamente sabemos que ya es hora de elevar nuestra estatura ética y de ensanchar nuestros horizontes vitales. 

 El gran desafío de nuestro tiempo consiste en percibir ese palpitar profundo de nuestra época, el cual sólo puede ser realmente comprendido en la medida en que nos logremos sintonizar con nuestra propia alma, en un lenguaje nuevo, trascendiendo los acercamientos exclusivamente religiosos.

 En este libro propongo vías concretas para esta sintonía interna, mediante un método que responde a las exigencias y posibilidades actuales. No me cabe la menor duda de que al desplegar el inmenso potencial del alma, ante nuestros ojos se abrirá un amplio abanico de posibilidades de trabajo y los resultados no se harán esperar, tanto en lo personal como en lo colectivo. 

 Me inclino reverente ante la Vida Una.  Que ella nos ilumine y despliegue Su Magia a través nuestro, permitiendo que la semilla aquí plantada tenga flor y fruto de verdad.

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1. APERTURA

La apertura es una cualidad interior, gracias a la cual nos podemos acercar con un respeto profundo a todo conocimiento, fusionando en ese esfuerzo la frescura e inocencia del niño, la agudeza mental del adulto y la experiencia vital de quien ha permitido que el paso de los años le deje una fortaleza nueva.  La apertura es en sí misma una valiosa realización, fruto de la armonía entre un corazón anhelante de amor, una mente sedienta de conocimiento y un espíritu urgido de más luz.

La primera actitud esencial para acercarnos a nuestra propia alma es la apertura, llave que abre las puertas a cualquier nuevo conocimiento. Apertura significa ganas, frescura, inspiración.  Narrémosle un buen cuento a un niño y veremos hasta dónde puede llevarlo su imaginación.  Enseñémosle un juego nuevo y en su entusiasmo tendremos el mejor ejemplo de lo que es una actitud abierta y receptiva.  El niño no se juzga, ni se limita por su pasado, ni menos por el que dirán, sino que se deja arrebatar por unas ansias inmensas de explorar, de sentir, de fascinarse, de hacer.

Por eso es importante infundirle a nuestro trabajo interior esa misma actitud simple y receptiva. Se ha vuelto muy popular el cuento oriental en el que un maestro vierte su jarra y llena hasta el tope la taza de té de su discípulo, pero no se detiene ahí sino que continúa vaciando el contenido de la jarra; cuando el aprendiz advierte al maestro sobre su descuido, aquél le dice que, de igual forma, él como discípulo está tan lleno de sus propias ideas que todo lo que se le enseñe caerá en saco roto.

Empecemos entonces por preguntarnos con mente abierta: ¿Qué es realmente el alma?  Abundan las personas que niegan de plano la posibilidad que exista algo así.  Para otras el alma es un concepto teórico impreciso, fruto de una extraña mezcla entre ideas religiosas y confusos indicios vivenciales.  Pero hay un hecho innegable, experimentado cada vez por más personas, y es que dentro nuestro hay “un algo más” que trasciende completamente las vivencias cotidianas y que reclama nuevas formas de acercamiento.

Tales experiencias, vividas por millares de personas comunes y corrientes, están corroboradas además por el testimonio de numerosos Caminantes.  En las más diversas épocas y en los más recónditos lugares, siempre han aparecido sabios, iluminados, santos, magos o profetas, y todos ellos han explorado esa vivencia.  El Ser, el Yo Esencial, el Ser Interno, el Yo Trascendente, el Morador Interno, el Maestro en el Corazón, el Yo Superior, el Observador Silencioso, el Compañero Invisible, el Ser Transpersonal, el Alma… bajo estos y muchos otros nombres, ellos se han referido a esa realidad interna.

Quienes hemos perseverado en la búsqueda espiritual, en el estudio y el autoconocimiento, hemos podido comprobar experimentalmente que el alma es una energía, una presencia, una luz, un amor que nos envuelve y compenetra.  Y sí, tal vivencia implica un estado de conciencia que trasciende nuestra existencia personal habitual, usualmente demasiado identificada con las realidades de la vida diaria.  Así como la Sicología ya ha aceptado la existencia de patrones de conducta conscientes y subconscientes, ya está penetrando en lo que denominan percepciones supraconscientes.  Prueba de esto son los postulados de la Sicología Transpersonal, entre cuyos exponentes se encuentran el prestigioso sicólogo y pensador Ken Wilber, así como Stanislav Grof y Jean Houston.

Cuando hemos hecho los debidos esfuerzos, nuestra alma se manifiesta y nos muestra, más allá de toda duda, las elevadas realidades del reino espiritual. El escritor Edward F. Edinger describe bellamente algunas de las características de este encuentro con el alma:

“El contacto con el verdadero Ser, ese centro de conciencia trascendente, le muestra al hombre que no está solo en el cosmos. Las vicisitudes de la vida adquieren una significación nueva y más vasta.  Los sueños, fantasías, enfermedades y coincidencias se vuelven mensajes en potencia del Compañero Invisible con el cual compartimos nuestra vida.  Al comienzo, el encuentro con el Ser es una derrota para el ego; pero con perseverancia, de la oscuridad nace la luz.  Uno descubre al Ser Inmortal que hiere y cura, que lanza por tierra y levanta, que hace lo pequeño y lo grande; en pocas palabras, al Uno que nos hace enteros”.

Quienes hayan tenido la fortuna de leer el divertido libro El Caballero de la armadura oxidada[1] del escritor Robert Fisher, habrán podido constatar que su propia experiencia corrobora lo que afirma este autor: somos mucho más que la envoltura física que tenemos; dentro nuestro habita un ser “hermoso, inocente y perfecto”.  Con un fino sentido del humor, Fisher nos muestra lo absurdo que resulta identificarnos con nuestro cuerpo y con nuestras emociones.  El breve relato, tierno y profundo, muestra a un hombre de la época medieval que se identificó tanto con su armadura que casi se volvió uno con ella, con el consiguiente sufrimiento para él y sus seres queridos.

No es casual que tantas personas hayamos sentido un deleite tan especial con esta obra.  Su extraordinario éxito comercial comprueba que el salto de lo cotidiano a lo trascendente se está operando prácticamente a niveles masivos.  Estas realidades del alma se reconocen como frutos tangibles manifestados en nuestra vida: mayor bienestar y equilibrio, más energía y entusiasmo, y mejores resultados en la vida práctica.  Mi experiencia me ha llevado a concluir que el alma es algo profundo que vibra en nuestro corazón, cuya esencia es Amor, y es una elevada presencia que inspira nuestros más sublimes pensamientos, cuya esencia es Luz.  Esta no es una simple afirmación en sentido figurado, sino que concuerda con una descripción suministrada por la literatura oriental, según la cual hay “un par de hilos de luz dorada, que parten del corazón y de la cabeza, como si fueran dos cables dorados entrelazados que ascienden hacia el alma”.

Pero contactarnos con nuestra alma no es tan fácil como parece.  Para alcanzar las realidades del alma tenemos que abrir no sólo nuestra mente sino nuestro corazón.  Hay que buscarla insistentemente. La auténtica apertura, realmente desde adentro, no es fácil.  Cada persona atesora a lo largo de su existencia un puñado de verdades esenciales, y se mantiene en guardia contra cualquier conocimiento nuevo que pueda sacudir los cimientos de aquel edificio duramente construido.  Pero por fortuna, la actual proliferación de grupos espirituales y religiosos, la diversidad de corrientes de pensamiento y las nuevas concepciones de vida, nos están ayudando a romper con muchos de los esquemas con que fuimos educados.  El espíritu mismo de la época nos lleva así a dejar atrás los puntos de vista cerrados y separatistas.

La naturaleza está llena de ejemplos que nos pueden ayudar a abrirnos a la magia del cosmos.  El capullo, por ejemplo, vive en un proceso de gestación en el que nada pareciera anunciar el color, la forma o el perfume, hasta que la planta siente que ha llegado el momento, y muy lentamente, al contacto con la luz, el botón nos sorprende con una riqueza única de diseños y matices.

La flor se hace lentamente, en la paciencia decidida de la semilla que retoña, en el tallo que asciende jubiloso, en el capullo que se anuda y se despliega.  Y al asomarnos a un nuevo horizonte espiritual estamos recreando ese proceso en nuestro ser, que poco a poco se abre a una luz mayor. Si a veces ese proceso implica dificultad, o incluso dolor, no lo temamos: aunque somos criaturas de luz, quizá nos hemos acostumbrado de tal forma a la penumbra de lo conocido que cualquier emanación de luz superior hiere nuestros ojos.

No cabe duda de que la Naturaleza es una artista insuperable, pero, ¿qué de nosotros? ¿cómo abriríamos esa flor?  Hay un poema de Tagore que muestra cómo tendemos a apresurar la floración, violentando ese sublime proceso, en tanto que los pacientes rayos del sol son suficientes para que las plantas inunden la tierra con la alegría de sus colores.  Aprendamos de la Naturaleza.  Hagamos nuestra esa paciencia y permitamos que la sabia y serena mirada de nuestra alma nos conduzca hacia nuestro destino luminoso.

La apertura mental y espiritual nos muestra que el tema del alma no se circunscribe en absoluto a lo religioso o a lo místico, sino que está directamente relacionado con toda actividad que implique progreso y beneficio real para la familia humana. El significado que Emerson daba a la palabra alma, en sus apuntes para el libro The Over Soul[2], resulta bien elocuente:

“El arte es la acción misma del alma. La ciencia es la búsqueda de sus métodos; la literatura es el registro de su paso; la religión es la emoción de reverencia que ella inspira; la ética es su expresión en la vida diaria; los negocios reflejan sus lazos entre naturaleza y trabajo; la política es la actividad del alma que ejemplifica el poder; la sociedad misma es el hallazgo de esta alma en la medida en que los hombres se encuentra unos con otros, y los códigos de conducta son su silenciosa expresión en nuestras relaciones.”

Quienes han avanzado con determinación en las sendas del campo religioso, científico, social, artístico o práctico, se han visto ante el portal de un mismo mundo espiritual.  Así lo confiesa, por ejemplo, el físico Gary Zukav, investigador y divulgador de los misterios y maravillas de la física cuántica.  Se trata del libro El lugar del Alma[3].

Dos grandes testimonios del encuentro entre la ciencia y el alma lo constituyen los libros publicados por editorial Kairós de Barcelona: Más allá del tiempo, (diálogos entre Kirshnamurti y el físico David Bohm), y Cuestiones Cuánticas. En este último, Ken Wilber recopila pensamientos místicos de algunos de los físicos más grandes de nuestro tiempo, entre ellos Heisenberg, Schrodinger, Einstein y Max Plank.  Entre los biólogos merece ser mencionado el caso de Rupert Sheldrake, con sus revolucionarias hipótesis sobre la resonancia mórfica y la memoria colectiva de la naturaleza.

En las ciencias de la consciencia se registran grandes avances. Un trabajo pionero es el que adelanta la Universidad de Arizona. Su Centro de Estudios de la Consciencia “fomenta la promoción de discusiones abiertas, científicamente rigurosas y sostenidas de todos los fenómenos relacionados con la experiencia de la consciencia, apoyando el desarrollo internacional e interdisciplinario de una ciencia de la consciencia, buscando nuevas vías para expresar y comprender las relaciones entre mente y materia”.  (Center for Consciousness Studies, University of Arizona – www.consciuosness.arizona.edu).

Dos dignos exponentes suramericanos de la interacción ciencia-alma lo constituyen el científico chileno Francisco Varela, biólogo de la Universidad de Harvard, especializado en los mecanismos biológicos de la cognición y la consciencia, y el Psiquiatra chileno Claudio Naranjo, Profesor de Psicología Humanista en la Universidad de Santa Cruz (CA), de Meditación en el Instituto Nyingma de Berkeley (CA) y de religiones Comparadas en el Instituto de Estudios Asiáticos de California.

En el campo de la Sicología, Carl Gustav Jung también reunió indicios sobre la realidad del alma a lo largo de su obra.  Valga citar una frase de su libro El hombre moderno en busca de su alma[4]:

¿De dónde viene la conciencia? ¿Qué es la psique?  La Ciencia todavía no tiene respuestas.  Pero sabemos que para el paciente es toda una revelación cuando, desde las profundidades de su psique, surge algo que lo conforta: algo que está más allá de su “yo” habitual.  Ha llegado hasta el punto en el que se tiene acceso a las fuentes de la vida síquica, la cual marca el comienzo de su curación. Y la enfermedad culmina cuando los poderes destructores fueron convertidos en fuerzas sanadoras.

Y en la política contemporánea, el checo Vaclav Havel sorprende con la fuerza de una vivencia interna que le llevó a la presidencia de su país, luego de dolorosos años de cautiverio.  Su mensaje: hay que ponerle alma a la política no es fruto de un eslogan demagógico sino de una poderosa experiencia.  En su libro Cartas a Olga nos dice:

“El ser hechizado en mi interior y el que está presente en el mundo se pueden dar la mano en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera: cuando contemplo la copa de un árbol o cuando miro los ojos de otra persona, cuando consigo escribir una carta bonita, cuando me emociona una canción o cuando el fragmento de una lectura pone mis pensamientos en efervescencia, cuando ayudo a alguien o alguien me ayuda a mí, cuando ocurre algo importante o cuando no ocurre nada especial.

Esa necesidad nuestra, irreprimible, de trascender los horizontes situacionales, de cuestionar, conocer, explorar, entender, buscar la esencia de las cosas, ¿qué otra cosa es esa necesidad sino otra de las formas de aquel anhelo interminable por recobrar la integridad perdida del ser, aquel anhelo del yo de regresar al ser?  ¿Qué otra cosa es sino ese anhelo intrínseco de despertar al propio ser oculto, adormilado, olvidado tantas veces, y a través de él alcanzar aquella plenitud e integridad de la existencia que nuestra intuición nos permite vislumbrar?

Si estoy orientado hacia el ser, cada vivencia me significa infinitamente más.  Esta orientación, este acercamiento, sólo los logro al aceptar con plena responsabilidad mi vida y mis actos, al afrontar con conciencia y valor mis experiencias y pruebas vitales”.

Las nuevas concepciones del alma reclaman hoy enfoques innovadores, contrarios a todo hermetismo. La relación con nuestra propia alma puede ser hoy más dinámica y estrecha de lo que nunca creímos posible.  Una de las victorias de los tiempos actuales consiste en que poco a poco muere la tendencia a creer que se tiene una verdad única y absoluta.  Ya muchas personas aceptan con más naturalidad el hecho de que también puede haber validez en la forma como otros ven la vida, así sus conceptos choquen a veces con lo que siempre supusieron que era la espiritualidad.

La apertura en sí, como herramienta permanente en el trabajo interior, y como tarea específica que podemos empezar a asimilar y a poner en práctica, hace posible que nos acerquemos con nuevos ojos al universo de nuestra propia alma.  Así se desarrolla en nosotros una actitud profunda de sensibilidad al cambio, a fin de evitar que nos quedemos anclados en cada parcela de conciencia ganada.  Cada nuevo cielo percibido tendrá otros horizontes aún más vastos por ser explorados.  A medida que elevamos el llamado a nuestro ser, nuestra conciencia se podrá ampliar gradualmente a fin de recibir, comprender y canalizar energías y fuerzas superiores a las que hasta ahora estábamos acostumbrados.

Sé que muchas de mis afirmaciones parecen simples expresiones “bonitas”.  Pero detrás de mis palabras hay muchas horas de vivencias y esfuerzos.  Por ejemplo, la frase anterior sobre la expansión de nuestra conciencia y la capacidad para captar energías más amplias, es el fruto de cerca de veinticinco años de prácticas de meditación, y de muchas horas de consagración al servicio y al estudio.  Ese proceso de expansión ha venido ocurriendo en mi propia vida con el correr de los años. Muchos de quienes han efectuado esfuerzos similares en su búsqueda de respuestas tangibles ante los grandes problemas de la humanidad, se han abierto paso igualmente hacia experiencias más incluyentes en cuanto a consciencia y percepción.

El proceso de apertura, así tenga inevitablemente ciertos momentos críticos de confrontación y ruptura, en buena parte puede suavizase mediante una preparación sensible, metódica e inteligente, con plena comprensión mental de lo que nos está ocurriendo. La evolución del pensamiento del hombre a lo largo de su historia se ha caracterizado por un proceso cíclico, que ha oscilado entre dos extremos, que podríamos llamar el de la expansión y el de la consolidación.  Ninguna verdad es rígida, ni estática, sino que es sinónimo de expansión.  Una vez que un conjunto de verdades ha logrado penetrar en la conciencia humana, aparece una etapa de comprensión y de asimilación.  Cuando ya los nuevos conocimientos son parte del dominio del ser humano, otros aspectos más amplios y profundos se pueden abrir paso, obligando a una completa revisión de las bases de las verdades anteriores.

La consolidación de una verdad lleva en sí el germen de la apertura, y ésta a su vez prepara nuevos períodos de consolidación, pues ambas fuerzas forman parte de un mismo y único proceso viviente. La espiritualidad de hoy es exigente porque tenemos que consolidar en nosotros mismos las grandes y sublimes enseñanzas de Maestros como Cristo (el camino del amor y del sacrificio) y Buda (el camino de la compasión y la iluminación), antes de estar en capacidad de abrirnos a las nuevas expresiones espirituales propias de nuestra época. La semilla –germen invisible en la flor y luego consolidación en el fruto maduro–  revienta en la tierra y se hace tallo frágil que luego se eleva y se afianza, hasta repetirse luego en flores y semillas, en un ciclo mágico e interminable.

El verdadero avance hacia el autoconocimiento se va logrando cuando armonizamos la mente y el corazón.  Es largo el camino para lograr ese acuerdo mutuo, pues somos herederos de un arraigado sentido de dualidad. El gran reto consiste en abrirnos poco a poco a nuestro ser, hasta llegar al punto en que “Dios es más real que el pan en que hincas tus dientes”, citando a Saint-Exupéry.  Tal reconocimiento no siempre es fácil.  Exupéry padeció, como muchos, el angustioso laberinto del intelecto, con sus dualidades mente-alma, aparentemente irreconciliables.  En su libro Ciudadela[5] nos cuenta sobre este trance:

“… me faltaba la piedra angular y nada resonaba en mí. Se había callado la voz que habla en el silencio.  Y luego de escalar la montaña alta meditaba: ¿Por qué estas estrellas?  Estaba perdido como un extranjero perdido en una multitud heterogénea que no habla su lengua. Derrotado y solo. Era semejante a una casa deshabitada. Y justamente lo que me faltaba era la piedra angular, porque nada me servía ya. (…) Y conocí el tedio que es antes que nada estar privado de Dios.  Dirigí entonces muchas plegarias a El; pero no eran plegarias, pues no partían de un hombre sino de una apariencia de hombre, cirio preparado pero sin llama”.

Como toda cualidad que cuando es llevada a un extremo se convierte en limitación, uno de los peligros de ser demasiado abiertos a todo conocimiento es que podemos caer en una incapacidad crónica para profundizar en un solo camino. “Aprendiz de todo, oficial de nada”, como dice un adagio popular.  Existen personas sumamente tolerantes, abiertas a diversos caminos espirituales pero incapaces de ahondar en uno solo con la suficiente entrega y dedicación.  El sentido común, tan necesario en todo proceso de interiorización, nos dice en este caso que conservemos siempre en nosotros un espacio interior libre a la exploración y a lo imprevisto, pero que nos disciplinemos y perseveremos en el trabajo de acercamiento al alma.

Nuestra verdadera esencia es amor, de modo que abrir el corazón es penetrar en la intimidad de nuestra alma.  Abrir el corazón significa hacer que el amor sea en nosotros una vivencia real y profunda, que se manifieste cabalmente en nuestras relaciones con los demás.  Ya que el amor es el fruto de un proceso que implica vida y crecimiento, podemos imaginar a nuestra vida como un árbol cuyas ramas se extienden hacia todos lados: existe por ejemplo la rama del afecto y la ternura, la de la amistad misma, la del amor de pareja, la del amor a los hijos, a los hermanos, a los padres, a los familiares, a nuestra comunidad y país, y a toda la humanidad.  Cada uno de estos lazos se va forjando a medida que transcurre nuestra vida.  Al crecer interiormente, estas relaciones van cobrando nuevos matices y significados más amplios.  El amor es la mayor experiencia que puede tener un ser humano, pero no es un milagro que llega de un día para otro; es el fruto de un cuidadoso proceso, que se inicia cuando eliges una buena semilla y la plantas con inteligencia y dedicación.

Hay muchas semillas que sirven para dar origen al árbol del amor, pero todas se basan en la determinación de servir sin egoísmos y en la capacidad para forjar grandes ideales. ¿Y cómo adecuar la tierra para plantar esta semilla?  Con realismo y trabajo. Lo mismo que el campesino consagrado a su labor: largas jornadas de mucho sol y sudor.  Arar, arar y arar. No hay ningún sustituto para el esfuerzo. Y luego plantas la semilla y la cuidas, te regocijas con los primeros brotes, proteges el arbusto de plagas y parásitos, lo acompañas pacientemente en su proceso de crecimiento… y cuando menos te das cuenta, tienes todo un árbol.  El amor maduro es maravilloso, fecundo, lleno de afectos, amistades, vivencias, encuentros, magia, imaginación, colorido, realismo, aventura, emoción, crecimiento…

Vale la pena repetir aquella frase: nuestra verdadera esencia es amor. Esta es la naturaleza misma del alma. Uno descubre su esencia amorosa cuando se conoce lo suficiente a sí mismo y cuando se ha esforzado por servir a los demás.  Muchas personas desconocen las leyes del amor y creen que amar es cosa fácil. Confunden el refinamiento emocional con el amor. El indicio innegable del amor genuino es el sentido de responsabilidad ante todo lo que existe. Por eso el gran poeta Rainer María Rilke afirmaba: “El amor es una alta exigencia”.

El amor es lo más maravilloso del mundo, pero debes merecer semejante regalo. Esfuérzate por dar amor.  Ámate.  Llénate de vivencias amplias, variadas y profundas.  Sólo puedes dar de lo que tienes, y para poder dar amor debes primero llenarte de amor.  El amor no es una mera emoción: es una vivencia profunda, trabajada, cultivada.  Una de las claves está en saber elevarte, pasando desde la reacción emocional hasta la respuesta amorosa.  Esto requiere un gran corazón y mucho autodominio.  Y te ayudará a descubrir la gran diferencia que hay entre la emotividad y el verdadero amor.

Amar es dar, es servir.  “Amor es hechos y no buenas razones”, decían nuestros abuelos.  Hay que estar pendientes para reconocer cualquier oportunidad de servir, no importando lo pequeña que pueda parecer.  La clave está en prepararnos, permaneciendo atentos al llamado del verdadero amor, que no es otro que el llamado del alma. Hay un poema de Jalil Gibrán que dice:  “Cuando el amor te llame, síguelo, aunque sus caminos sean agrestes y escarpados.  Y cuando te hable, créele, aunque su voz pueda desbaratar tus sueños como el viento asola tus jardines.  Así como te agranda, también te poda.  Así como sube hasta tus copas y acaricia tus más frágiles ramas que tiemblan al sol, también penetrará hasta tus raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra”.

Al contrario de lo que muchos creen, hoy en día abundan las oportunidades para contemplar el verdadero rostro del amor. No hay obstáculos para el buscador sincero, para el que está determinado a cultivar los valores elevados, a escalar las altas cumbres. Seguimos al amor cuando damos de nosotros mismos, cuando nos conmovemos ante el dolor y la necesidad de nuestro hermano, cuando lo acompañamos mediante un acto, una palabra de aliento, una sonrisa, una plegaria.  Amar es dar, pero el dar debe ir acompañado del suficiente discernimiento. La motivación profunda con que lo hacemos es lo más importante.

El sendero hacia las realidades superiores cobra vida cuando uno se dispone a escucharse, a escrutarse a fondo como vía hacia el autoconocimiento.  Cuando se da cuenta de que lo que vale es lo que uno logre conocer y cambiar de sí mismo.  Abrir nuestro corazón significa atrevernos a explorar zonas ocultas de nuestra conciencia, valorando y disfrutando lo bello que nos habita, pero también desafiando aquello que bloquea nuestro avance, con una férrea voluntad de trascenderlo.  “Si estamos henchidos de amor, ¿no desaparecerán todos los obstáculos?[6].

Cuando uno se esfuerza por observarse de veras, empieza a enfrentar los aspectos desagradables de su naturaleza, no ignorándolos ni justificándolos, sino procurando desenmascararlos, ajeno a todo sentimiento de culpa, con la intención de superarlos. Quien no se abre a la luz no sabe lo exigente que puede resultar ese esfuerzo, pero tampoco sospecha la dimensión de los goces que su alma le tiene reservados.

Como veremos en nuestro próximo capítulo, es fácil hablar o incluso pensar en nuestras debilidades, miedos, egoísmos o pretextos, pero otra cosa es enfrentarlos con sabiduría, siempre sobre una base de amor por uno mismo.  Si acudimos al alma veremos que ella impartirá en nosotros una provisión de voluntad que nos hará capaces de trascender lo que sea.

Un Maestro se refirió alguna vez a “…esa amplia y abierta sencillez que predispone

a la expectativa de lo nuevo que está por precipitarse”. Vale la pena considerarla como tema de reflexión durante algún tiempo. ¿En qué medida tengo esa abierta sencillez? ¿Qué es lo nuevo que está por manifestarse? ¿Cómo puedo captar realmente aquello que se está precipitando? ¿Cómo distinguir la voz del alma en medio de tantas voces internas y externas?

Al reflexionar sobre el tema de la apertura, y al incorporar esta actitud a nuestro diario vivir, empezaremos a desarrollar una actitud esencial que nos acompañará a lo largo de todo el proceso de autodescubrimiento.  El camino que estamos recorriendo hacia nuestra propia alma tiene connotaciones muy definidas:  luchando por abrir nuestros corazones y por avanzar hacia la luz estamos descubriendo cómo hacernos más sensibles a las necesidades de los demás y cómo nutrirnos con nuevas y más poderosas fuentes de inspiración, tanto a nivel interno como a nivel planetario.

La apertura es una actitud interior que parte de un respeto amoroso y profundo, de una fina sensibilidad y de una inteligente capacidad de discernimiento.  No importa cuánto creamos tener de estas cualidades, necesitaremos ejercitarlas en grado superlativo si estamos determinados a desentrañar riquezas mayores del mundo espiritual.  ¡Es tan magnífico el tesoro, que todo esfuerzo vale la pena!

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2. REALISMO

La Naturaleza sabe ingeniarse los más sorprendentes recursos para hablarnos.  Con una maestría única, mediante un proceso tan mágico y silencioso como el del gusano que se transforma en mariposa, compone para nosotros el más fantástico poema viviente.  Siempre me impresionó el hecho de que tal transformación fuera posible.  ¿Cómo es que esa criaturita, tan sumisa al suelo y a la hoja, de pronto siente la necesidad impostergable de encerrase en su capullo?  Obedeciendo a un dictado secreto, probablemente sin el menor vislumbre de lo que le espera, sólo sabe que ya no resiste más tiempo ajena al aire que la llama.

Tal vez impacta tanto este ejemplo porque en el fondo sabemos que la posibilidad de transformación existe también en nosotros. Un impulso parecido se desarrolla paulatinamente en el ser humano cuando empieza a sentir la necesidad de “un algo más” que se le hace imposible definir, pues muy dentro suyo pugna por expresarse una fuerza nueva que reclama cambios liberadores.  Como humanidad, en conjunto, tal vez vivimos ese paso apenas hace unas décadas, cuando libros tan difundidos como El Profeta, de Jalil Gibrán, o Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, reafirmaban el espíritu de la época en muchos lectores que pudimos captar claramente ese llamado al vuelo y a la libertad.

La base de toda realización exitosa proviene de la capacidad de conocernos. Para encontrar el equilibrio y la plenitud hay que saber entrar en contacto con la poderosa fuerza que emana de nuestro ser interno.  Tal sintonía libera abundante cantidad de energía, que podemos traducir en entusiasmo y habilidad para alcanzar nuestras metas, y en capacidad para interactuar con los demás.  Mi experiencia personal me ha permitido comprobar que cada paso que doy hacia el autoconocimiento significa un gran salto hacia la realización de mis metas.  “Conócete a ti mismo” es una de las tareas más complejas y exigentes que puede enfrentar una persona, pero, debidamente abordada, bien puede ser la aventura más maravillosa y fructífera.

Pero algo que considero importante decirle a quien desee vivir esa transformación interior es: SEA REALISTA.  Despertar en conciencia es un proceso para el cual uno se debe preparar con toda propiedad. El camino hacia la Realidad Superior debe estar pavimentado de realismo práctico.

El realismo es una característica de la época misma.  El hombre de negocios sabe que debe afrontar los retos comerciales con pleno realismo o sale del mercado.  El hombre de ciencia sabe que sus mediciones y datos deben coincidir con los hechos, so pena de que sus teorías y prácticas carezcan de todo fundamento.  Algunos escritores afirman que el novelista tiene que ser capaz de penetrar en la fascinación o el horror del mundo del sueño y la imaginación, para luego volver al entorno y poder así enriquecerlo.  Marguerite Yourcenar alguna vez afirmó que sus novelas no eran intentos de escape de la realidad sino que eran otras avenidas que la conducían en esa misma dirección.

Si para movernos adecuadamente en este mundo debemos poner los pies muy en la tierra, para entrar a los mundos de conciencia superior necesitamos tenerlos aún más en el aquí y el ahora.  La espiritualidad actual nos lleva a caminar por la vía media, evitando caer en el extremo del materialista que cree que realismo significa meterse hasta el cuello en las situaciones externas, pero eludiendo también el otro extremo, el del místico idealista que vive todavía una insana dicotomía materia-espíritu.

Realismo es también ver con crudeza el sufrimiento que impera en la humanidad.  Miles y miles de seres humanos padecen y mueren diariamente ante flagelos como el hambre y la violencia.  Abundan en todo el mundo problemas como la pobreza extrema, la drogadicción, la prostitución, el abuso y la corrupción.  El flagelo de la codicia de poderosos grupos económicos, financiados en buena parte con negocios como el armamentismo, la pornografía o la violencia en los medios es una verdadera vergüenza planetaria.  El problema ecológico es de proporciones inquietantes. El dinero, que en esencia es un activo divino, se derrocha diariamente con fines materialistas y consumistas, acentuando el desequilibrio económico entre ricos –cada vez más ricos– y pobres –cada vez más pobres–.

Gonzalo Gallo Gonzalo, reconocida figura pública y espiritual en Colombia, nos proporciona algunas cifras que ilustran los hondos desequilibrios que padece la humanidad.  En su libro Tu espíritu en frecuencia modulada nos dice:

Nos movemos en el mundo del absurdo en el que la realidad supera a la ficción y lo normal es lo anormal.  Un rápido vistazo al oscuro panorama de la injusticia mundial lo prueba hasta la saciedad:  el mundo desarrollado destina el 5.5% de sus ingresos a gastos militares y sólo el 0.3% en ayuda a los países pobres.  Los gobiernos del mundo gastan en dos días más dinero en armas que el que gastan las Naciones Unidas en 365 días para la paz, la salud, la educación y los problemas sociales.  Y algo más absurdo todavía: en los últimos treinta años los países pobres han sextuplicado sus gastos militares.  Lo triste es adivinar con dolor la dimensión de toda la miseria y el sufrimiento que se esconden detrás de esas frías cifras.  El desafío es sembrar justicia para que nazca la paz; es acabar con el derroche, el consumismo y la insensibilidad.  ¿Cuál es tu compromiso?

El dolor está presente en todos los rincones del planeta.  En el libro Los hijos de la oscuridad[7], el ingeniero de petróleos Jaime Jaramillo nos cuenta relatos conmovedores, como el del nacimiento de un bebé en una alcantarilla de Santafé de Bogotá, atendido por su propia madre solitaria.  El autor nos muestra lo que es esa permanente y maloliente oscuridad de quienes viven en el horror de las alcantarillas.

La siguiente anécdota nos ayuda a recordar el dolor que ocasiona la injusticia. La narra Gonzalo Gallo y dice así:

Cuenta la Madre Teresa que en una ocasión recogió a una niña hambrienta en las calles de Calcuta.  La hermana le dio un trozo de pan, y la niña comenzó a comerlo lentamente, miguita a miguita, con miedo.  “¡Vamos, no temas, nadie te quitará ese pan, cómelo todo!” le dijo la Madre Teresa.  Y la pobre niña contestó: “Tengo miedo porque una vez que este pan se me termine, volveré a tener hambre”.  ¿Podrá seguir uno igual imaginando a esa niña hambrienta que hace rendir un pan, miguita a miguita, porque le teme al hambre que le espera?

La persona espiritual no ignora lo que pasa en el mundo, ni es ajena al dolor de una sociedad convulsionada como la que vivimos.  Pero ni aún las circunstancias más adversas la apartan de su confianza en las verdades espirituales.  Al contrario, sabe que mediante el contacto con su alma podrá invocar y extraer toda la energía divina necesaria para servir.  Mientras más cruda es la realidad inmediata, mayor es su determinación por trabajar desde adentro, con la certeza de que sólo con la fuerza que emana del amor se pueden transformar verdaderamente aquellas condiciones externas.

Una de las primeras barreras que detienen a muchas personas interesadas en dar un paso más hacia lo espiritual es que subestiman la intensidad de los esfuerzos requeridos. La vida espiritual ofrece incontables maravillas, pero quien quiera despertar en una forma nueva a las posibilidades de contacto con su alma tiene que ganarse ese derecho. “Se gana la luz, como se gana el pan”,  afirmaba el poeta español León Felipe.  En verdad, el conocimiento de nuestro ser interno obedece a esa misma ley, que implica una preparación inteligente y un esfuerzo perseverante.

El esfuerzo hacia la interiorización implica ante todo una cierta comprensión de la meta a alcanzar y una determinación inquebrantable por avanzar en la dirección elegida.  Todo esto exige a su vez una gran flexibilidad para adaptarnos a las posibilidades a mano, consistencia, para evitar pasos en falso o para no estancarnos escuchando el canto de las sirenas, y conocimiento, enriquecido por el autoexamen y el estudio.

Un conocimiento que nos puede ser de gran ayuda para elevarnos hacia nuestra propia alma es el alineamiento.  En nuestro proceso de autoconocimiento, si hacemos un inventario de nosotros mismos podemos ver que tenemos: a) Una dimensión física. b) Una dimensión emocional. c) Una dimensión mental. d) Una dimensión espiritual.

[Aquí va un diagrama: cuatro ovoides alineados verticalmente, superpuestos, e menor a mayor]

Quien reflexione a menudo sobre este ordenamiento del hombre por niveles, que ascienden desde el nivel físico, el emocional, y el mental hasta el espiritual, verá que es muy aplicable a la vida práctica.  Procure desentrañar el conocimiento que hay detrás de este concepto. Reflexione de vez en cuando sobre sus implicaciones y trate de utilizarlo a menudo en la cotidianidad.

Veamos un ejemplo: en el Libro de los Viajes o de las Presencias, el famoso filósofo y escritor colombiano Fernando González cuenta que en cierta ocasión le robaron un radio. El era un hombre bastante temperamental (muchos genios suelen tener sus arrebatos de mal genio) y cuenta que su primera reacción fue la ira.  Pero luego empezó a recapacitar sobre ese incidente y sobre su rabia, e inició lo que posteriormente denominaría el viaje mental: empezó a comprender conscientemente la gran diferencia que había entre su reacción emocional y el proceso mental que desencadenaba el robo del radio.  Posteriormente amplió este concepto, y desarrolló un método para hacer el “viaje” entre el mundo mental y el mundo espiritual.

Un pensamiento útil y esclarecedor en este proceso de alineamiento es el siguiente:  Para poder desplegar un mayor potencial de mí mismo y elevarme hacia mi alma, debo empezar por alinear mi parte física, mi parte emocional y mi parte mental.  Usted puede reflexionar a menudo en la siguiente frase: “Integro, compenetro y alineo mi parte física, mi parte emocional y mi parte mental, y luego asciendo hacia mi alma” y puede empezar a visualizar esto como una realidad, creando sus propias imágenes.

Posteriormente tendremos más elementos para enriquecer el concepto del alineamiento, vitalizándolo con los recursos de la visualización y verbalización que estudiaremos en los capítulos finales.

Toda experiencia nos puede acercar más a nosotros mismos, en la medida en que lo queramos y de acuerdo con la intensidad del anhelo con que nos demos a ella.  El precio interno de dicho acercamiento es alto, en voluntad, en apertura mental, en preparación para superar limitaciones físicas y emocionales, y, sobre todo, en disponibilidad real al amor.  De ahí la abundancia de hojarasca de palabras, habladas o impresas, con ideas bonitas o bien intencionadas, pero la escasez de auténticos caminantes.

Cuando se intuye la meta, cuando se percibe algo del alto grado de conciencia desde el cual nos hablan quienes están más adelante en el sendero evolutivo, se está dispuesto a hacer todo lo posible para caminar en esa misma dirección. El trabajo con la propia alma es la mejor garantía del grado de verdad que se encontrará en cualquier camino, y a la postre es el único elemento de discernimiento cuando se está ante la delicada tarea de reconocer y elegir senderos genuinamente espirituales.

¿Qué nos mueve a hablar de las realidades del alma?  Una puesta de sol, un arco iris, la celebración de la libertad en el vuelo de un ave, en cierta forma existen sólo para quienes pueden ver y sentir esas formas de belleza.  Nada distinto con los goces del alma. ¿Qué podemos decir de esa Realidad, excepto que cada vez que pensamos en ese destino nuestros pies cobran alas?

El contacto con el alma es ese chispazo de fascinación que se siente ante cualquier milagro de la naturaleza, o ante una página magistral, o cuando vemos una buena película o disfrutamos de una pieza musical que nos hacen vibrar hasta la última fibra de nuestro ser.  Reconocemos su presencia en la satisfacción que sentimos al avanzar en el sendero propuesto, o cuando nos preparamos con el mayor esmero posible para recorrer un trecho más. Se siente la huella del paso del alma cuando se reconoce que algo ha cambiado en uno, pese a cualquier apariencia, y que al menos ya no lo subyugan cadenas que antes reducían enormemente su libertad.

Cuando uno ha tenido siquiera un vislumbre del Ser que lo habita, siente una inspiración y una determinación a toda prueba, y sabe que nada podrá impedirle avanzar, así a veces tenga que volar en círculos, como las palomas mensajeras cuando inician sus viajes.  El alma es “ese algo más” que se respira ante lo bello, ante lo bueno, ante lo justo.  Es una presencia, un ansia indefinible que se aviva con el esfuerzo, o en momentos casi opuestos, cuando uno se suelta en cierta forma de todo y percibe un aire nuevo, una libertad hasta entonces desconocida.

Se siente la realidad del alma cuando nos hacemos niños ante la voz de la sabiduría, esa palabra que nos llega henchida de verdad, suscitando en nosotros un respeto reverente por todo lo que existe. El alma es ese fuego divino que nos insta a seguir adelante en la exploración de lo insondable, poniendo en cada paso una determinación absoluta por trascender limitaciones y por responder a ese secreto propósito para el cual hemos sido creados.

Los Maestros de Sabiduría, que ya han cruzado umbrales a los que nosotros apenas nos asomamos, nos hablan incesantemente de la Realidad Una, de modo que confirman las intuiciones de la humanidad, corroboradas por incontables sabios y santos.  A quienes han tenido poco contacto con lo trascendente, el tema de los mundos internos les parece incierto.  No saben que la Vida se manifiesta en un espejo, un mismo espejo que oculta o revela según la persona que se contempla en él.  Quien avanza hacia la Realidad tiene que enfrentar a la ilusión; quien camina hacia la luz empieza a descubrir cuánta oscuridad hay en él y en el entorno. La Gran Ilusión es la barrera que enfrenta hoy la gran familia humana.

Contra toda forma de ilusión se tiene que medir igualmente todo aquel que aspira a conocerse a sí mismo. Esa es la bella metáfora que nos regaló Michael Ende, en su popular obra Historia Interminable. Atreyu, en su amor por la misión que le han encomendado, sabe que tiene que cruzar un espejo en el que se ve su propia imagen, desdibujada y asustadora. Y venciendo a la depresión, al miedo y al peligro, logra cruzar los límites entre Fantasía y Realidad. Es una barrera tan poderosa y sutil que sólo una voluntad firme, una comprensión clara y un amor muy grande tienen la fuerza suficiente para atravesarla.

Es obvio que nadie nos puede demostrar la existencia de los tesoros y realidades del alma, pues  se trata de una vivencia subjetiva. Pero lo que sí podemos hacer es situarnos en un lugar de la conciencia desde el cual sea posible un acercamiento creciente. Ese es el objetivo de nuestro trabajo interior y esa es la meta que persigue todo buscador.

El proceso de despertar a una conciencia superior, que hoy se manifiesta en miles de personas de todo el mundo, demuestra que hay una sed característica en todo aquel que de una u otra forma percibe el llamado de su alma, quien no sin dolor se ha dado cuenta de que por más realizaciones exteriores que alcance (o que deje de alcanzar), siempre queda algo “que no encaja”, en espera de ser satisfecho.  Esa persona explora, busca con asiduidad, reflexiona, lee, pregunta, en ciertos casos se une a movimientos o grupos de diversa índole, no comprendiendo muy claramente qué es lo que espera encontrar.

Se dice que los ciervos almizcleros persiguen cierto olor especial.  El animal busca incesantemente el lugar de procedencia de dicho aroma: se interna en bosques a veces peligrosos, cruza ríos, asciende a altas cumbres, desafía despeñaderos… hasta comprender que la exquisitez del perfume buscado procede de su propio vientre. Este ejemplo encierra una profunda verdad, pues quien busca a fondo empieza a descubrir que aquello que tanto anhela yace oculto en su interior.

Entonces la búsqueda se intensifica y surgen crisis que nunca antes se habían percibido. La soledad es mayor, pues al lado de mundos que se desdibujan en forma dolorosa e irremisible, se perciben vislumbres de mundos de más conciencia y comprensión.  Se dan rodeos ineludibles, muchos pasos en falso, como en el caso del protagonista del cuento El Pájaro Azul, de Maurice Maeterlinck, que luego de cada experiencia comprobaba con angustia que aquel azulejo que acababa de encontrar –y que tan real le pareció– tampoco estaba vivo.  Pero algo esencial va quedando luego de cada experiencia.  El conocimiento adquirido se va decantando y transformando en una límpida realización.

Y así, palmo a palmo, crisis tras crisis, todo va preparando la transición hacia una mayor conciencia.  Las almas experimentadas nos dicen que el proceso es interminable –Dios es infinito– pues una vez lograda una meta los pasos se repetirán en un círculo mayor de una espiral ascendente.  Saber que siempre existirán horizontes más amplios se vuelve entonces un poderoso incentivo, pues comprendemos que existen nuevos y más altos estados de conciencia en espera de que estemos preparados para penetrar en ellos.

Pero, como hemos dicho, el paso hacia a una comprensión superior sólo puede hacerse si se cumplen ciertos requisitos mínimos.  Los peligros son muy reales, pues para avanzar hay que cruzar difíciles zonas de espejismo, de modo que uno debe sentar bases firmes que le permitan prepararse para cruzar ese umbral.  En la novela La Nieve del Almirante, el galardonado poeta colombiano Alvaro Mutis narra bellamente las esmeradas precauciones que tiene que tomar el curtido capitán de una pequeña embarcación antes de cruzar los rápidos de un río.  Su intuición de viejo marino le hace sospechar el peligro, de modo que ordena acampar en la orilla durante algunos días y hace limpiar el motor, pieza por pieza, reclamando cuidados que parecerían innecesarios a los ojos de los marineros inexpertos.

La empresa es sorteada con éxito, pero un par de líneas al final del libro son suficientes para contar el naufragio y la muerte de los viajeros de algún otro barco apresurado.  Ese mismo rigor es imperativo en el trabajo espiritual. Por eso Lao Tsé decía que el sabio avanza con la cautela de quien cruza aguas congeladas, cuidándose de no asentar firmemente el pie hasta no estar seguro de que el hielo resistirá el peso de su propio cuerpo.

Como el bateador que practica, una y otra vez, sin darle indebida importancia a los errores, hasta que al fin golpea la bola con un dominio creciente, de igual manera se dispone uno al día que tiene ante sí.  Insistiendo obstinadamente en abrirse paso hacia los reinos de la claridad, procurando elevarse sobre bloqueos y escorias nacidas de la inercia de todo un pasado.

Hay que reiniciar el sendero del alma diariamente, con toda humildad, desde nuestro mayor punto de amor, buscando descubrir el lugar que nos corresponde ante Dios y ante los hombres. Ningún esfuerzo sincero por avanzar es inútil, no importa cuántas limitaciones podamos encontrar en nosotros.  Una de las muchas enseñanzas que me impartió mi gran amiga Silvia Amparo Avendaño, mujer de una asombrosa capacidad de percepción espiritual, afirma que ningún esfuerzo es en vano en el universo.

Es tan vasta la tarea, son tantos los horizontes que abarca, que no importa tanto cómo empezar, sino que uno se decida a dar un primer paso. Al darlo se descubre la posibilidad de un segundo paso, luego de uno más y otro, hasta poder sentir que se camina en el Sendero.  Pero ese paso inicial es definitivo.  “Muévete, y el camino se abrirá”, decía Buda, ese gran caminante.

Ya el lector conocerá los frutos del esfuerzo manifestados en las mejores realizaciones de su vida. Ahora se trata de hacer un esfuerzo análogo, que se inserte decididamente en el mundo espiritual. Y si bien es cierto que las nuevas exigencias serán mucho mayores, también es un hecho probado que los progresos realizados se reflejarán en los múltiples frentes de la vida práctica. Nada que valga la pena se logra sin esfuerzo, y lo que fácilmente nos llega fácilmente se puede ir, pero lo que se alcanza con sudor tiene el sello de una consistencia que nada puede borrar.

No sobra decir que en el trabajo espiritual debe haber un importante espacio vital abierto al humor, a la distensión, a la informalidad, algo que en algunas Escuelas se denomina “cabalgar sutilmente”.  Lo paradójico del trabajo con el alma es que si bien lleva a una autoconciencia creciente, también implica un saber olvidarnos de nuestra propia importancia, hasta ser capaces de reírnos de nosotros mismos, superando con esto toda solemnidad que no venga del punto correcto.

En cada uno de nosotros está la opción de hacer que las imperceptibles conquistas de cada día se conviertan poco a poco en pasos firmes hacia una vida más plena. Las pequeñas victorias son decisivas. En una partida de ajedrez el buen jugador sabe aprovechar la menor inconsistencia del adversario.  Y nuestro oponente –la sombra interior y exterior, como insinuaba Aldous Huxley– acecha con una maestría única para capitalizar a su favor nuestros menores deslices.

La idea es cimentar y consolidar cada tramo de conciencia ganada, para luego poder intensificar gradualmente ese esfuerzo; sin forzar nada, pero sin inconsistencias ni altibajos, hasta donde sea posible.  Los frutos son totalmente tangibles, pues el tiempo diario dedicado al alma es retribuido con horas de más eficacia y de mayor satisfacción.

A medida que progresamos espiritualmente se va haciendo evidente la necesidad y posibilidad de liberarnos de infinidad de cadenas que nos atan y oprimen.  Por eso, otra palabra clave en la fase realista del autoconocimiento es depuración. El saneamiento interno surge como poderosa necesidad en quien ha empezado a hollar el sendero hacia la luz del alma.

 “El artesano que se propone realizar bien sus obras debe comenzar por afinar bien sus instrumentos” decía Confucio.  Nosotros, como seres espirituales, somos el artesano, el artista de nuestra propia existencia.  Nuestros componentes físico, emocional y mental son nuestros instrumentos y deben ser purificados y controlados.  Este saneamiento se debe efectuar en forma sistemática, brindando la adecuada atención a cada uno de los componentes de nuestra naturaleza.

Sobre la purificación física existe abundante literatura. Considero que se logra básicamente mediante una alimentación sana y equilibrada (no necesariamente vegetariana), buen consumo de frutas y jugos naturales, abundante agua (interna y externa), esmero en la calidad del aire que se respira y exposición prudencial pero ojalá diaria a los rayos del sol.

La depuración emocional se alcanza buscando permanentemente la transparencia y la serenidad, evitando al máximo conflictos con otras personas, perdonando, amando y sirviendo.  Es de gran ayuda la capacidad de seleccionar –en lo posible– los ambientes emocionales en los que nos vamos a mover.  La inofensividad, que estudiaremos en el capítulo Magia, la considero el método práctico por excelencia para avanzar a grandes pasos en esta limpieza interna, tan necesaria hoy en día.  El desapego y el desapasionamiento forman también parte esencial del esfuerzo purificador.

La purificación mental es el resultado de aprender a observar el tipo de pensamientos que nos visitan, gestando y cultivando los luminosos y constructivos y desechando los oscuros y sombríos, dejando que mueran por inanición.  También se logra aprendiendo a ordenar y a disciplinar nuestra mente, lo cual conduce hacia la claridad.   La paz mental se alcanza revisando continuamente los móviles de nuestros pensamientos y acciones, acogiendo lo que realmente sirve para nuestro crecimiento y el de los demás.

El proceso de conocernos empieza por observarnos y escucharnos, profundizando tanto como nos sea posible.  Quien no afronta sus debilidades con la valentía del torero en la arena, está muy lejos de los verdaderos caminos del autoconocimiento. Hay un duro cascarón por romper.  Duele salir de ciertos moldes protectores que uno se ha construido tan pacientemente.  No en la teoría, donde todo es fácil, sino en una vida que quiere ser sentida con una intensidad nueva, exponiéndonos en toda nuestra desnudez a la luz de la propia alma y de otras almas atentas a trabajar con nosotros si tenemos la valentía de pedirles y permitirles que se manifiesten en nuestras vidas.

La idea es empezar por observar las actitudes negativas, una a una, poco a poco, y observar cuánto tenemos de ellas, para luego irlas trascendiendo, limpiándonos de todo lo que estanca y corroe.  Para que el alma pueda descender en alguna medida hasta nuestro mundo cotidiano, nos debemos esforzar al máximo por despejarle el camino, erradicando todo tipo de actitudes que dificulten su presencia en nosotros.  No hablo de puritanismos tontos, pero sí de un querer sentirnos limpios y dispuestos para ella.

Este trabajo de revisión de nuestros patrones de conducta a nivel físico, emocional y mental, se hace al mismo tiempo que uno explora y valora sus cualidades y sus riquezas interiores, pues no obstante lo grandes que sean nuestras debilidades, por encima de ellas está lo ilimitado que hay en nosotros.  Cristo hizo gran énfasis en que rindiéramos al máximo con nuestros talentos, y no hay duda de que cultivar los dones con que hemos venido al mundo es parte esencial de nuestro compromiso con la Vida.

A medida que gradualmente vamos logrando el alineamiento y la purificación, lo siguiente es intensificar la integración con nuestra alma, tarea que se facilita gracias a la interiorización, como veremos en el próximo capítulo.  Esta integración debe ser la meta de nuestros esfuerzos, y aunque hoy en día parece muy distante para muchas personas, quienes perseveran en el trabajo interior pronto descubren que no es tan inalcanzable como parece a primera vista.

Recordemos que en las primeras páginas de este libro decíamos que nuestra alma es una energía luminosa que nos envuelve y compenetra, y que desciende a través de dos hilos de luz dorada que pasan por la cabeza y se anclan en el corazón.  Esta imagen puede ser catalizadora para quien aspira a profundizar en su autoconocimiento, si reflexiona a menudo en ella y procura desentrañar su significado y sus implicaciones en la vida diaria.

Cuando aprendo a ascender hacia las regiones superiores de mí mismo –eso es conocerme, eso es autodescubrirme– comprendo que en esencia soy no sólo un ser libre y luminoso, sino altamente creador y realizador.  Y al vivir en armonía con esta esencia que me habita podré lograr perfectamente los objetivos que me proponga, pues dispondré de poderosos recursos para traer a la manifestación todo aquello que realmente necesito.  El capítulo Inspiración está dedicado justamente a esto.

Hay una bella imagen que trae la vidente argentina Rosalía Luque de Alvarez en su obra El Moisés[8], según la cual lo primero que él hacía cuando se proponía organizar y revitalizar una región o un país era sanear el templo allí existente.  Se reunía con todos los sacerdotes y trabajaba intensamente con ellos, con todo amor y comprensión, pero también con gran energía.  Los que respondían a las nuevas exigencias reiniciaban un arduo trabajo interno, y en pocos meses o años el templo quedaba convertido no sólo en el centro espiritual sino en el lugar desde el cual se impartían los manejos de dicha región.  Allí se formaban los futuros sacerdotes, pero también los legisladores, pedagogos, comerciantes y artistas.

Es hora de recobrar la autonomía sobre nuestro propio Templo Interno.  Es hora de sanearlo y adecuarlo para que sea ese centro vital que irradie su luz y energía hacia donde lo requieran nuestras circunstancias específicas: hacia nuestros asuntos de la vida privada, hacia nuestro entorno inmediato y hacia el campo de servicio a la humanidad que nos corresponda atender.  Quienes han consolidado y embellecido ese Templo Interno nos han enseñado que nadie es más realista que la persona espiritual, aquella que construye su morada en un lugar tan firme que ni la muerte misma la puede tocar.

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3. INTROVERSIÓN

Quien ha abierto su mente y su corazón, y está determinado a trabajar en forma realista y persistente, ha dado pasos importantes para acercarse a su alma. A esto le sigue la interiorización.  Interiorizar es buscar nuestro centro, ese lugar elevado y profundo que a medida que lo frecuentamos nos permite entrar en un ritmo vital superior al que teníamos.  Es volver al ámbito de lo familiar, de aquello que siempre estuvo ahí con nosotros y que tal vez por eso mismo a veces olvidamos prestarle la debida atención.

La interiorización ocurre cuando uno se repliega, cuando se siente, se habla, se silencia y se escucha.  Toda forma de acercamiento a uno mismo se puede considerar como parte del proceso de introversión, ya sea mediante la reflexión, la lectura vivencial, la oración o la meditación.

Mediante la interiorización uno se acerca deliberadamente a su alma y procura establecer una comunicación metódica con ella. El trabajo rítmico, como hemos dicho, es el que posibilita dicho contacto. Gracias a esta exploración del cosmos interior, ella va dejando de ser un concepto abstracto o una percepción emocional, para convertirse en una realidad cada vez más tangible.  Recordemos que la palabra escrita sólo es un mapa de la realidad, en este caso con señalizaciones y sendas de acercamiento a nosotros mismos, pero procuremos mantener presente una imagen viva del alma como luz, como amor y como energía realizadora.

La connotación que se le da en Occidente a la palabra introversión alude más bien a una debilidad psicológica: se considera introvertido a quien tiende a retraerse, a aislarse de su entorno y a inhibir sus sentimientos y expresiones. En oposición a esa tendencia existe la denominada extroversión, considerada como una cualidad que hace que quienes la tengan sean personas no sólo alegres y sociables sino muy comunicativas.  Este enfoque, que tiene mucho de verdad, sobre todo en los casos en los que la persona que se inhibe lo hace con la malsana intención de alienarse y rehuir responsabilidades– no deja de ser una peligrosa generalización que pone en evidencia la gran debilidad del hombre occidental: su incapacidad para interiorizar, para recogerse. Quienes no conocen el valor de los momentos de intimidad no se explican porqué se hacen tan necesarios para quienes avanzan por senderos de búsqueda y autoconocimiento.

El hombre en Occidente conoce bien las enormes frustraciones derivadas de su empeño por conocer y transformar el mundo que lo rodea partiendo de un enfoque excesivamente externo.  Tiene muy abierto el ojo de los sentidos, y muy desarrollado el ojo del intelecto, pero poco activo el ojo de la contemplación, como lo explica en detalle el sicólogo Ken Wilber en su libro Los Tres Ojos del Conocimiento[9].

En cuanto al tema de la interiorización propiamente, no cabe la menor duda de que Oriente ha dado a los más elevados conocedores de las intrincadas leyes espirituales, con una lucidez, penetración intelectual y conocimiento técnico que sorprende a los más brillantes pensadores de Occidente.  Patanjali y Milarepa, y más recientemente Vivekananda, Krishnamurti y el Maestro D.K. conocido como El Tibetano[10], demuestran un conocimiento y un grado de realización que nos llena de asombro, de maravilla y de esperanza.  Una cita de éste último nos da indicios de lo mucho que se conoce en Oriente sobre el alma:

Esa realidad que denominamos alma es básicamente una expresión de tres tipos de energías: vida, amor e inteligencia. La triple naturaleza inferior [física, emocional y mental] ha sido preparada para la recepción de estas tres energías.  El aspecto inteligencia se refleja en la mente, la naturaleza amor en el cuerpo emocional de deseos, y el principio vida a través del cuerpo etérico o vital, el aspecto más sutil del cuerpo físico.  Con respecto al cuerpo físico propiamente, el alma se afirma, mediante dos corrientes de energía, en dos puntos de contacto: la corriente de vida, en el corazón, y la corriente de conciencia, en la cabeza. (…).  Cuando la cabeza y el corazón se vinculan, el hombre espiritual aparece en una más plena expresión.[11]

Pero lo alcanzado en Occidente no deja de ser un valioso activo, empezando por las inconmensurables realizaciones alcanzadas por Cristo y por muchos de sus discípulos.  Además, el enorme desarrollo mental alcanzado por las masas en Occidente es algo que no tiene precedentes en Oriente, lo que de alguna forma equilibra la balanza. El futuro demostrará que los grandes progresos mentales logrados en el hemisferio occidental constituyen un gran salto hacia lo trascendente.  Todos somos, pues, herederos tanto de la realización de los místicos y pensadores occidentales como de la riqueza de experiencias de los conocedores orientales.

La espiritualidad de hoy representa la síntesis entre estas dos tendencias, al incorporar lo mejor de cada hemisferio. Por eso las formas óptimas de interiorización en la actualidad se hacen con un claro sentido de proyección hacia el bienestar colectivo.  De este modo, con el enorme potencial que liberan actividades tan poderosas como la meditación, no se busca ya la salvación personal, como es entendida en los caminos místicos y religiosos, sino que se da un paso más y se hace énfasis en trabajar por el bienestar de la gran familia humana.

Cuando se comprende la profundidad de este método de trabajo desde adentro se descubre el porqué de su eficacia.  El mundo se está transformando a un ritmo muy superior al que harían suponer las predicciones más pesimistas, y esto gracias en buena medida a este nuevo enfoque con que vienen trabajando cada vez más personas a lo largo y ancho del planeta.  La afirmación anterior no niega que la crisis actual es grande, y de ahí la urgencia del aporte grupal de trabajadores entrenados.

Como paso inicial para una interiorización activa, sugiero que el lector inicie un trabajo de autoevaluación orientado a explorar sus puntos fuertes y sus puntos débiles en relación con nuestro tema de la introversión. No subestime lo que parecen verdades trilladas: el camino interior está lleno de esas verdades, y quienes las descuidan son los primeros que ve uno más adelante atascados en trivialidades.

En esta etapa de evaluación valdría la pena que usted hiciera un balance decidido y profundo para determinar en qué medida está orientado hacia lo externo y en qué medida hacia lo interno.  No se juzgue. Simplemente obsérvese.  Su atención a las cosas externas puede ser más espiritual de lo que usted pudiera suponer.  Lo material y lo espiritual no necesariamente tienen que entrar en pugna en uno, a menos que el desequilibrio entre estos dos aspectos sea muy marcado. El trabajo interior no se hace a expensas de nuestras realizaciones en la vida práctica; todo lo contrario, la verdadera vida en el alma nos lleva una mejor relación con nosotros mismos y con los demás, y nos mueve a mejores resultados externos.

Si concluye que su vida se ha centrado en forma indebida en las realizaciones externas, empiece a pensar en cómo hacer que dichas realizaciones formen parte de un todo mayor llamado espiritualidad.  Las seguirá atendiendo, pero a la vez se empeñará en conquistar una franja diaria de tiempo ofrendada alma. Cinco minutos diarios, separados en forma constante, son más eficaces que treinta cada semana.  Fíjese metas pequeñas y verá que las podrá cumplir y consolidar. Sólo entonces pasará a metas un poco más exigentes.  La conquista de ese tiempo definido para estar a solas con su alma es su tarea para el futuro inmediato.  Dos grandes escritores expresaron la magia de este encuentro con el alma:

Quiero vivir sin fronteras dentro de mi propia soledad.  Que sea esa conciencia básica y profunda a la que puedo regresar siempre, no con el designio de arrancarle ahora, rápidamente, un determinado beneficio, ni con la esperanza de que me sea fecunda.  Vivir la soledad de un modo espontáneo, no acentuado, inocente: como el lugar al cual uno pertenece.

Rainer María Rilke[12]

Busca tu ámbito interior, el de tu alma.  En vez de decir, pues, ¡adelante! o ¡arriba!, di: ¡adentro!  Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que reboses luego, conservando el manantial.  Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás. Avanza en las honduras de tu espíritu, y descubrirás cada día nuevos horizontes, tierras vírgenes, ríos de inmaculada pureza, cielos antes no vistos, estrellas nuevas y nuevas constelaciones.  Cuando la vida es honda, es poema de ritmo continuo y ondulante.  No encadenes tu fondo eterno, que en el tiempo se desenvuelve, a fugitivos reflejos de él. Tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti.  ¡Adentro!

Miguel de Unamuno

La introversión tiene que ver con ser, en contraste con la extroversión, que se relaciona con el hacer.  Cuando una sociedad o una persona desconocen o descuidan el valor del ser, caen en un quehacer frenético, aparente y falto de sentido, y su afanoso hacer en buena medida es sinónimo de compulsión y evasión.  Sin la debida interiorización previa, las creaciones externas carecen de la adecuada consistencia, pues el propósito que las anima es demasiado frágil. En ese sentido resultan reveladoras las palabras del pintor chino Shen Tsung-Chien: “Todo lo duradero tiene una valía interna”.

La introversión debe preceder a la extroversión, tal como la inhalación precede a la exhalación, siempre dentro de un ritmo muy propio y un propósito muy definido.  El trabajo aquí propuesto nos invita a vivir poco a poco un mayor balance entre el afianzamiento interno y la proyección al exterior, dejando atrás la errónea idea de que el avance en un sentido implica un retroceso en el otro.

Interiorizar significa también reflexionar sobre lo vivido, decantarlo, asimilarlo.  Es prepararse para la acción futura, en un proceso de aquietamiento y de autodominio que implica reordenarnos, limpiarnos, serenarnos, suavizarnos, fortalecernos, hasta sentirnos en armonía con la Vida Una.  De este modo el ser enriquecerá permanentemente al hacer, imprimiéndole propósito, amplitud, dinamismo y eficacia.

Volver la mirada hacia nuestro interior es abrir vías concretas de acceso al alma. Así se alcanzarán más fácilmente estados en los que ella irradiará su claridad en forma cada vez más definida.  La comprensión del verdadero sentido de la interiorización es algo que uno asimila gradualmente.  Aunque ir adentro es una actividad completamente natural, no olvidemos que vivimos en un entorno que la desconoce en gran medida. Nos corresponde a nosotros superar esa barrera y en cierta forma autoinducir ese proceso.

Para dar otro paso hacia el autoconocimiento, efectuaremos un ejercicio definido, diseñado para que usted observe los diversos aspectos de su naturaleza y avance un poco hacia el alineamiento.  Prepare un ambiente externo adecuado, en completa privacidad y libre de interrupciones. Si en este momento las circunstancias no son adecuadas para relajarse y aislarse, le sugiero que espere y prepare las condiciones óptimas, para que pueda sacar el máximo provecho de este ejercicio.

Lea cuidadosamente las siguientes instrucciones, y luego destine cerca de quince minutos al ejercicio propiamente.  Deseche toda expectativa y no se preocupe por buscar resultados preconcebidos.  La frase de Rilke, citada en párrafos anteriores, puede ser una recomendación bien útil.  También es de gran ayuda recordar el diagrama relacionado con el alineamiento, que aparece al principio del segundo capítulo.

  • Adopte una posición corporal cómoda y una actitud interior libre y desinhibida.
  • Cierre los ojos y relájese.  Recorra mentalmente todo su cuerpo, zona por zona, de abajo hacia arriba, y distensione los músculos.  Haga que la respiración sea lenta, rítmica, profunda y suave.  Luego olvídese de ella.
  • Eleve un llamado a su alma, muy desde su corazón.
  • Ahora alinéese con su mundo emocional, siéntalo.  Recuerde que existen estados emocionales diversos y suavemente evoque algunas emociones: alegrías, satisfacciones, sorpresas, ratos de calma, de apatía, etc.  Procure que sus emociones desemboquen en un estado que invita al desapasionamiento y a la serenidad.  Termine esta fase con una serie corta de respiraciones pausadas y pase a la siguiente etapa.
  • Ahora olvídese también de sus emociones y estados de ánimo y procure alinearse con el nivel de su mente.  Ponga la atención en sus pensamientos. Observe que esos pensamientos están como en otro lugar de sí mismo, muy por encima de emociones y sentimientos. Sienta la forma como funciona su mente; imagínela, si quiere, como una maravillosa central procesadora, siempre dada a la tarea de evaluar, precisar, definir, asociar, deducir.  Observe amorosamente el mundo de sus pensamientos, con toda naturalidad.
  • Finalmente, alinéese con su alma.  Despreocúpese de la trilogía cuerpo-emociones-pensamientos, sabiendo que usted es mucho más que todos ellos.  Usted es su dueño y en este momento ellos le obedecen.  Ahora, con la inocencia de un niño, visualice a su alma como un aura radiante.  Sabiendo que en esencia usted es el alma, sienta cómo esta presencia amorosa lo envuelve y lo inunda de paz. Sabiendo que su alma está ahí, tómese su tiempo con ella.   Disfrute de estos minutos de sosiego interno, dándose cuenta de que la luz del alma tiene un inmenso poder purificador, restaurador y vitalizador.
  • Cierre el ejercicio, retornando suavemente a su estado habitual.

Cuando nos elevamos en conciencia notamos que existe una gran diferencia entre nuestro yo personal, emotivo y calculador, y aquella presencia, elevada y profunda, que lo trasciende. Por eso se habla a menudo del Yo Superior (nuestro aspecto alma) y del yo personal (como la sumatoria de nuestra “triple naturaleza inferior”).  El trabajo interno consiste en preparar el terreno para que oportunamente podamos aprender a integrar los aspectos inferiores (físico, emocional y mental), haciendo que obren como unidad subordinada a nuestra naturaleza superior.

Quienes han dominado dicho conocimiento nos dicen que la dedicación hace posible que estos dos componentes nuestros, el Yo Superior o espiritual y el yo inferior o personal pueden vibrar tan al unísono que no sean dos sino uno.  El ejercicio de exploración descrito en los párrafos anteriores, aunque no es propiamente una forma de meditación, permite un valioso sondeo inicial de lo que somos. Al pensar sobre el alineamiento de su parte física, emocional y mental, y al integrar esos aspectos de su naturaleza con el alma misma, diseñe imágenes, elabore ideas y construya frases que simplifiquen y refuercen ese proceso.

Con la práctica, el alineamiento se hace con relativa rapidez y prepara el terreno para ahondar en la interiorización.  Este contacto se vuelve aún más eficaz cuando es complementado con las pautas de visualización y verbalización que suministraremos posteriormente.

No es fácil conocer y subordinar a nuestra triple naturaleza inferior, y por eso la clave está en una poderosa voluntad de servir y en un trabajo rítmico y metódico durante años. Controlar y reeducar el cuerpo físico no siempre es fácil, y si no que lo digan los que han tenido que luchar durante años para dejar de fumar, o quienes se han visto arrastrados por una desaforada actividad sexual.  Subordinar las emociones es aún más difícil, en particular aquellas que tocan fibras profundas y que vulneran nuestras carencias y debilidades.  Y controlar la mente es todavía más exigente dada su complejidad.  Por fortuna, cuando aprendemos a penetrar en las honduras del alma, desde allí se facilita grandemente dicho control.  Así como es más fácil cambiar actitudes emocionales cambiando antes ciertos patrones mentales, igualmente es más fácil cambiar ciertos esquemas de pensamiento trabajando desde los planos espirituales.

Las almas, en su propio y elevado plano, manejan unos conceptos y un lenguaje de gran vastedad, pues se mueven en una compleja sinfonía de símbolos, vínculos, fuerzas y energías, con leyes tan desconocidas para el hombre común como lo son los intrincados conocimientos matemáticos para un campesino que jamás salió de su parcela y que creció al margen de todo adelanto de la civilización.  Cuando uno empieza a penetrar conscientemente en ese inmenso campo de actividad y conocimiento espiritual, descubre con sorpresa que su mente habitual no le es suficiente para captar lo que tiene ante sí. Eso explica porqué a veces se nos dificulta relacionarnos con ciertas realidades espirituales.  Y es que no es posible alcanzarlas con la mente habitual sino mediante el adiestramiento de la “mente abstracta superior”, única capaz de acceder en pleno a dichas experiencias.

De hecho las almas pertenecen en conjunto al denominado Quinto Reino de la naturaleza, cuya existencia sólo es comprobable con certeza, como vivencia real, por quienes han logrado el suficiente acercamiento a su propio ser.  Cuando el alma asume un verdadero control, nuestro corazón palpita a un nuevo ritmo amoroso y nuestra mente se convierte en un instrumento para que el alma irradie su luz y sirva con una eficacia nueva.  Contrario a lo que muchas personas suponen, al trabajar interiormente también la mente se va enriqueciendo, pues es llevada gradualmente a un nivel de comprensión y actividad que no habría sido posible sin el influjo del alma.

Pero ese dominio no se logra de la noche a la mañana. Cuando se avanza palmo a palmo, procurando asimilar y vivir cada verdad nueva que nos llega, se aprecia una imagen como la de Gurdief en la famosa película de Peter Brook, Encuentro con Hombres Notables. Ahí ve uno cuánto tenía que recorrer Gurdief (incluso en distancias físicas) antes de encontrar a alguien que realmente tuviera una buena pista para la búsqueda de sí mismo en niveles superiores.

En el último capítulo consideraremos a fondo el tema de la meditación y daremos algunas indicaciones prácticas sobre cómo hacerlo. Al lector interesado en avanzar más en la meditación como medio para servir y como forma metódica de acercamiento al alma le recomiendo el libro Del Intelecto a la Intuición[13] escrito por Alice Bailey.  Allí no sólo se proporciona una amplia visión sobre el tema del alma, con profusión de serias fuentes bibliográficas, sino que se imparten pautas específicas de meditación. Buena Voluntad Mundial[14], creada por ella misma, imparte también este tipo de enseñanzas.

Como en otros capítulos, se hacen necesarias unas palabras de advertencia.  Son muchos los caminos en los que la emoción y la palabrería mágica son la nota dominante, máxime ahora con el boom de la nueva era, pero escasos los que demuestran verdadera consistencia espiritual. Hay que andar con cautela, para no perder valiosas energías en técnicas que ofrecen mucho y en corto tiempo, pero que a la larga dejan muy poco. El buscador sincero separa pacientemente el oro de su imitación y se esfuerza a fondo para que su propia alma lo guíe en la densa jungla espiritual.

Por eso es tan importante que purifiquemos nuestro cuerpo físico, reordenemos nuestro mundo emocional y vigilemos el tipo de pensamientos que aceptamos. Se dice que cuando la práctica de la meditación se efectúa sin una mínima purificación previa, puede fomentar y estimular conductas indeseables, pues sería como abonar con excelentes fertilizantes una tierra no preparada adecuadamente, haciendo que las plantas sembradas crecieran junto con toda clase de malezas.

Mi recomendación es que una vez que las tendencias hacia la autoobservación y al saneamiento interior tengan la suficiente fuerza en usted y formen parte de su vida diaria, empiece entonces a consolidar la franja de tiempo diario dedicada especialmente al alma, mediante la interiorización, así sea de sólo 5 o 10 minutos en un principio.  Haga que su alma sea su invitada especial para cada sesión, y comprenda que ella no será ajena a sus esfuerzos.  Procúrese un espacio físico adecuado para interiorizar, en el cual preservará al máximo posible su intimidad con respecto al entorno en el que vive.  Trate de mantener limpio y ordenado ese lugar, buscando siempre un ambiente cómodo y agradable.  El tiempo más indicado para estas sesiones es temprano en la mañana.

En este período preparatorio, puede abrir un espacio para la reflexión, muy de acuerdo con su temperamento y aptitudes, o puede orientarse hacia prácticas de relajación dirigida. Haga realmente suyo ese tiempo, aprenda a amar esos momentos. ¡Cómo los apreciaba el poeta Rainer María Rilke!  Lo más importante es que desde los primeros intentos usted comprenda y sienta que no sólo procura un mayor acercamiento a su alma sino que prepara lentamente futuras y más ambiciosas incursiones interiores. Al asegurar ese diario contacto interior matutino, percibirá cada vez más una presencia que dará frutos evidentes a lo largo del día.

Cuando considere que sea el momento y que ha encontrado la senda adecuada, puede iniciar prácticas de meditación. Recordemos que ella constituye un poderoso método de servicio, pues ayuda a elevar el nivel vibracional y de conciencia de la humanidad.  Este altruista olvido de uno mismo facilita enormemente el contacto con el alma y protege de una indebida búsqueda de logros personales o de tipo fenoménico.  En los últimos capítulos veremos cuán grande es el poder del pensamiento para la transformación personal y social y comprenderemos porqué puede ser tan significativa la meditación.

Con lo leído hasta aquí el lector se habrá dado cuenta de que la espiritualidad de hoy da un paso adelante con respecto a lo enseñado por los caminos devocionales, pues no sólo hace énfasis en el amor sino en una mente entrenada. Una vida plena de amor pero cerrada a los recursos de la intuición superior nos priva de la posibilidad de acceder a una parte esencial de nosotros mismos, porque el ser interno es un altar consagrado por un corazón que se enciende y se da, pero también por una mente que se abre y se ilumina.

Que la búsqueda de una serenidad constante y estable, el amor, la paciente aplicación diaria, el servicio desinteresado, sean para nosotros puerta abierta a la voz y presencia del alma.  Que todo en nosotros se adapte en forma creciente a lo que ella quiera manifestar, logrando que desde ese lugar puedan surgir pensamientos y acciones capaces de mover realmente algo en los otros, de avivar la llama del amor en sus corazones.  Que toda nuestra existencia se centre en invitar al alma, en verdad, procurando complacerla permanentemente, haciendo de esta invitación una consigna diaria, un compromiso sagrado.

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4. PERSPECTIVA

La visión que se va desplegando a medida que avanzamos en el sendero del alma es sorprendente. Al ahondar en el trabajo espiritual, aumenta nuestra comprensión del vasto y complejo tejido de interrelaciones que constituyen nuestra existencia y vamos descubriendo hilos conductores, vasos comunicantes que le dan sentido a todo lo que vivimos.

Si algo muestra el dominio que tiene una persona en cualquier campo del conocimiento es su perspectiva, determinada tanto por la profundidad y amplitud de sus conocimientos como por su grado de actualización alcanzada.  Lo mismo en la esfera del ser.  El trabajo no es sólo mirar adentro, sino abrirnos a todo lo representativo de la época, procurando integrar las nuevas vivencias en torno a un mismo propósito.

La amplitud de miras es el fruto de una exigente labor artesanal en la que se entretejen verdades intuidas, informaciones específicas y experiencias prácticas.  Cada verdad descubierta, por insignificante que parezca, se va sumando al cúmulo de conocimientos que nos enriquecen y nos capacitan para servir. Cualquier descubrimiento renueva nuestro entusiasmo por seguir adelante, y paso a paso avanzamos hacia campos más amplios de percepción y expresión.

La nueva visión no es meramente una adquisición intelectual, sino una comprensión vivencial con la que poco a poco nos regala nuestra alma. Es una conquista accesible a quien aprende a pensar en términos de conciencia, se habitúa a llamar incesantemente a su ser interior y se esfuerza por encontrar respuestas prácticas que ayuden a resolver los apremiantes problemas de la humanidad. Cuanto más amplia sea nuestra visión, mayor será nuestra capacidad de servir con eficacia.

Nada tan fascinante como empezar a descubrir nuevas facetas del universo de la conciencia, procurando desentrañar algo de la grandeza y complejidad de las leyes que la mueven. Dicho avance se logra como resultado de las realizaciones prácticas (¿qué podemos saber de la ley del Amor, por ejemplo, hasta no haber amado?) junto con un concienzudo estudio teórico.  Entonces la visión que va surgiendo es nuestra propia conciencia en expansión, siempre mostrándonos nuevas montañas por escalar.  El objetivo de esa visión es totalmente práctico, pues al ir comprendiendo cómo operan las Leyes que todo lo rigen, nos vamos ubicando en el lugar indicado para obrar conforme a ellas.  Por eso, al hablar de perspectiva, procuremos captar las oportunidades que nos brinda la época y las actuales necesidades del mundo.

La era que está entrando ha jalonado poderosamente a la humanidad. Las fuerzas y energías reinantes en el pasado ocasionaron la actual demanda de reajuste mundial y evidenciaron la necesidad de abordar la solución de los problemas con una conciencia superior.  La nota dominante de hoy –si logramos estar a la altura de la oportunidad–  se basa en libertad de pensamiento, correctas relaciones humanas, comprensión amorosa y solidaria, y florecimiento de la espiritualidad.

Las nuevas circunstancias mundiales intensifican nuestros peligros y pruebas, pues la fuerza de los hechos nos obliga a reconocer que el destino colectivo descansa en nuestras manos: o nos inclinamos por los valores espirituales, a fondo, y ayudamos a difundirlos, o las fuerzas del materialismo harán sentir como nunca su peso sobre nuestros hombros.

Son numerosos los indicios del cambio, como los que muestra Marilyn Ferguson en el muy conocido y documentado libro La Conspiración de Acuario[15], en el que da a conocer los múltiples vasos comunicantes que evidencian las tendencias de la época.  Estos y muchos otros indicios se pueden considerar como afluentes del gran río de la espiritualidad de hoy, como evidencias de que hay una nueva conciencia, un hilo conductor moviendo los destinos del planeta.  Enumero algunos de estos hechos porque creo que a medida que los consideramos en forma desapasionada, que pensamos en ellos y procuramos investigarlos objetivamente, nos ayudarán a enriquecer nuestra visión:

1. El gran desarrollo alcanzado hoy por la humanidad en el arte, la ciencia y la tecnología, el pensamiento, las comunicaciones, la actividad comercial y la economía, en particular entre quienes ejercen estas disciplinas con gran consagración en pro del ser humano.
2 Los profundos cambios a nivel político y económico que se viven al interior de cada país y en la humanidad en conjunto.  Dos ejemplos muy elocuentes son la Perestroika y la caída del muro de Berlín.
3. La creciente apertura religiosa, en la que abundan caminos de todo orden, muchas veces movidos por altos ideales.
4. La proliferación actual de prácticas y publicaciones cada vez más generalizadas sobre temas como la Meditación Oriental, las Ciencias Ocultas y el Esoterismo, el Tarot, el I Ching, los Ángeles y los Maestros, la reencarnación, la vida después de la muerte, etc., temas todos que, pese a inmensos vacíos y especulaciones, en conjunto revelan una intensa búsqueda de otras formas de abordar la realidad. “Si el río suena, piedras lleva” dice un adagio popular.
5. Los sorprendentes avances y descubrimientos alcanzados en ciencias como la Medicina y la Sicología, que demuestran los más nuevos y variados enfoques.  Muchas tendencias curativas abordan el estudio del hombre como un todo, y tienen en cuenta su dinámica interacción con el medio en el que está inmerso.
6. La creciente conciencia de hermandad, no obstante  discrepancias que son parte natural del proceso de búsqueda de rectas relaciones. Ese espíritu de solidaridad no sólo se ocupa de la relación del hombre con el hombre, sino de éste con la naturaleza y con las formas de vida que la habitan.  Un ejemplo de esto último lo encontramos en la Ecología, de gran alcance y amplia penetración en la opinión pública mundial.
7. Las innovadoras formas de comunicación con moradores de otros planos de conciencia, mediante procedimientos como la mediumnidad, la hipnosis y la canalización. Así algunos de estos métodos sean cuestionables, indican claramente que el velo entre los mundos visibles e invisibles está siendo rasgado por la humanidad.
8. Los poderes extransensoriales, cada día más ampliamente conocidos, comprobados en personas dotadas con facultades como la clariaudiencia, la clarividencia, la percepción del futuro o la telepatía.  A quienes tienen el poder de la sicometría, por ejemplo, les basta con tener en sus manos un objeto o una fotografía de alguien a quien no conocen y de quien nada saben, para percibir una valiosa información sobre dicha persona, incluyendo acontecimientos de su pasado o de su futuro.  Más que estos fenómenos en sí, lo que llama la atención es la capacidad del ser humano para movilizarse en otras esferas del conocimiento.

Pienso que el boom de la Nueva Era, con sus múltiples manifestaciones, a pesar de que la mayor parte de lo que nos llega con esa etiqueta son todavía reacciones bastante superficiales y en muchos casos oportunismos descarados, evidencia en conjunto el vigor interno de vastas esferas del conocimiento y la actividad.  Como un géiser del que sólo vemos el pico que sobresale en la superficie, todo indica que lo que hay de fondo es portentoso. Pero, retomando una de nuestras afirmaciones básicas, no es posible seguir aquel hilo conductor sin haber establecido antes una firme relación con nuestro ser.  Por eso hacemos tanto énfasis en que fortalezcamos ese contacto.

Así como quien es víctima de la inconsciencia lo primero que suele perder es la perspectiva y por ende el sentido de las proporciones, tengamos plena confianza en que todo lo contrario ocurre en quien se esfuerza por ganar terreno a favor de la conciencia: se agudiza su necesidad de ubicarse, de comprender con mayor claridad el rol que le corresponde desempeñar en el concierto de la Vida.

Me parece que si algo determina nuestro grado de madurez espiritual es la ubicación alcanzada tanto en lo material como en lo espiritual y tanto en lo personal como en lo colectivo. Busquemos con insistencia esa ubicación y pidamos ser ayudados diariamente en la difícil tarea de reorientar más adecuadamente nuestros esfuerzos, avanzando firmemente hacia el lugar que nos corresponde dentro de la inmensa comunidad de almas.

Una herramienta práctica para ensanchar nuestra perspectiva la podemos encontrar en el estudio. Los libros constituyen un complemento, un punto de referencia, capaz de corroborar o de confrontar y cuestionar nuestras conclusiones sobre lo vivido. El límite entre teoría y práctica, entre lectura y realización no siempre es demarcable, pues cuando uno lee con sed de verdad, y cuando la lectura es lo suficientemente exigente, el diálogo con el alma se hace casi directo, sólo que en un idioma tal vez distinto al de la meditación o al de la expresión del amor y el servicio en la vida cotidiana.

La lectura, sabiamente elegida[16], nos ayuda a mantener el enfoque en las realidades superiores. En un mundo en el que se da tanta importancia a las realizaciones y posesiones materiales, en donde muchísimas experiencias están orientadas a lo externo, hacia el tener, el hacer y el poder antes que al ser, lecturas bien escogidas nos ayudan a mantener una inspiración renovada y una permanente actitud de búsqueda. El hábito de comparar unas versiones con otras va haciendo que nuestra propia interpretación de los hechos sea cada vez más confiable. Al integrar diversas percepciones, interpretaciones y puntos de vista en un todo más o menos coherente, nuestro conocimiento crece en amplitud y consistencia.

En cierta forma cada uno de nosotros es un traductor y un intérprete de la realidad, e inevitablemente la versión de cada uno es completamente distinta de las de los demás, cosa que se ve incluso en las cuestiones de la vida práctica. Nuestras formas de percepción e interpretación obedecen en gran parte a pasados condicionamientos mentales y emocionales, y sólo mediante un arduo trabajo se pueden crear nuevos patrones de comprensión. Nuestra mente en cierta forma sólo procesa adecuadamente el tipo de información con que ha sido provista, y por eso es tan importante nutrirla con lecturas diversificadas y escuchando a personas que tengan más experiencia que nosotros en la senda espiritual.

El progreso confiable en el sendero se obtiene como resultado de una síntesis entre la práctica y el estudio, entre la experiencia directa y la referencia teórica. Las nuevas experiencias nos exigen una información que les dé sentido, y a la vez la nueva información nos brinda nuevos campos de experiencia.  En el variado mundo de los libros es posible encontrar un poderoso aliado para avanzar. Como en todo, aquí el término medio es vital: una copiosa información no digerida recarga nuestro cerebro y dificulta el crecimiento interior. Pero el trabajo interior también se puede ver obstaculizado debido a la inconstancia en el estudio.  Creo que los mejores resultados se pueden obtener gracias a una lectura rítmica, lo más constante posible, en lugar de temporadas alternas con lecturas intensas y luego meses de inactividad.

La lectura espiritual necesariamente nos pone en contacto con las grandes obras dedicadas al cultivo del alma.  En una cita que aparece en el prólogo de La Luz del Alma[17], obra que transcribe los Aforismos de Yoga de Patanjali, se nos informa sobre lecturas altamente significativas en la senda interior:

Tres libros deberían estar en manos de todo estudiante: El Bhagavad Gita, el Nuevo Testamento y los Aforismos de Yoga de Patanjali, porque contienen el cuadro completo del alma y su desenvolvimiento.

Los dieciocho capítulos del Gita describen el alma, Krishna, en su verdadera naturaleza como Dios en manifestación, culminando en ese maravilloso capítulo donde Él se revela a Arjuna, el aspirante, como el alma de todas las cosas y el punto de gloria oculto tras el velo de toda forma.

En El Nuevo Testamento, se describe la vida de un Hijo de Dios en plena manifestación, cuando libre de todo velo, el alma en su verdadera naturaleza camina sobre la tierra.  Al estudiar la vida de Cristo, nos damos cuenta de lo que significa desarrollar los poderes del alma, alcanzar la liberación y llegar a ser un Dios, en toda su gloria, caminando sobre la tierra.

Los Aforismos de Yoga contienen las leyes de ese devenir, y las reglas, métodos y medios que hacen al hombre, cuando los sigue, “perfecto, como nuestro Padre en los cielos es perfecto”. Paulatinamente despliega ante nosotros un sistema graduado de desenvolvimiento, que lleva al hombre, desde la etapa del hombre bueno común, a través de las de aspirante, iniciado y maestro, hasta el excelso punto de evolución en que se halla ahora Cristo.

El tema de la perspectiva nos conduce inevitablemente hacia aquellas Grandes Almas que han sabido ganarse el lugar de privilegio en la historia misma del hombre, y cuyas vidas han sido cabal testimonio de lo que es un ser humano identificado con su espíritu. Aunque hemos insistido a lo largo de nuestro libro que la espiritualidad de hoy abarca mucho más que lo religioso, no por eso las manifestaciones religiosas han de pasarse por alto.

Sea cual sea la época, el lugar y el ser humano a través del cual el alma se ha expresado a cabalidad, es interesante observar la universalidad de sus manifestaciones. En pocas palabras, puede decirse que la enseñanza es la misma: descubrir la senda que conduce a lo Superior, recorrerla con toda determinación y saber que ese esfuerzo tendrá su recompensa.

Algunos de los senderos más ampliamente difundidos en el mundo y que han subsistido a lo largo de la historia son:

1)   El sendero Taoísta, proveniente de la antigua China, que procura escrutar la sutil huella del Maestro Lao Tse.  Los escritos del Tao Te King señalan el sendero hacia el Tao, nuestro centro vital, mediante el conocimiento de los dos aspectos (padre y madre) de todas las cosas, ying y yang de la creación.

2)   El sendero del Hinduismo, que intenta descifrar la mítica enseñanza de Krishna. El Bhagavad Gita, que a su vez forma parte del Mahabarata, muestra el fascinante diálogo sostenido entre Krishna y el príncipe Arjuna, justo antes del inicio de una cruenta batalla. Krishna revela allí la forma de trascender toda limitación y comprender la naturaleza del Espíritu Supremo.

3)   El sendero Budista, que busca el sublime estado de conciencia al que pudo llegar Buda. Conocido como Sidartha Gautama (621-592 a.C.) era hijo del rey de una de las provincias de la India y disfrutó de toda clase de placeres y comodidades en su juventud. Pero al saber que la vejez, la enfermedad y la muerte acechan al hombre, inició la búsqueda de respuestas trascendentes, siempre con miras a servir a la humanidad.  Millones de personas en todo el mundo y en el transcurso de las épocas han reconocido a Buda como símbolo de iluminación, como Portador de Luz.

Sus Cuatro Nobles Verdades nos enseñan a “No identificarnos con las cosas materiales ni con los deseos, a adquirir un exacto sentido de los valores, a no considerar las posesiones y la existencia terrenas como de principal importancia, y a seguir el Noble Óctuple Sendero de las correctas relaciones con Dios y con los semejantes”.  Los ocho pasos de este sendero son:  Correctos Valores. Correcta Aspiración. Correcta Palabra. Correcta Conducta.  Correcto Modo de Vivir. Correcto Esfuerzo.  Correcto Pensar y Correcta Contemplación.

4)   El sendero de las Escrituras Judías, con el cúmulo de conocimientos ocultos y metafísicos allí registrados. Según Isaías, es “el camino donde el hombre no puede equivocarse aunque sea ignorante, y que lo conduce, como siempre sucede en el Sendero, al Monte de la Iniciación, donde el caminante verá al Rey en toda Su belleza”.

5)   El sendero del Cristianismo, que en medio de aciertos y errores ha procurado seguir la pista dejada por Cristo, el gran Portador del Amor. La historia de Cristo, manifestado hace dos mil años a través de Jesús de Galilea, es algo que todos conocemos, pero el presente de Cristo es sólo comprendido por quienes se han fusionado con sus almas.

La unificación entre Oriente y Occidente, entre la mente iluminada y el corazón rebosante de amor, entre el Buda y el Cristo, es posible en nosotros.  Un ejemplo tangible lo tenemos en el Festival de Wesak, en el plenilunio de Tauro (se dice que Buda nació, alcanzó la iluminación y murió en un signo de Tauro) de milenaria celebración en Oriente, que cada vez se difunde más en nuestro hemisferio. La espiritualidad de hoy expresa ese gran esfuerzo unificador y nos invita a dejar atrás cualquier forma de separatividad.

Dentro del tema de la perspectiva, es bueno tener en cuenta que los abundantes movimientos sociales y humanitarios, así como las numerosas fraternidades y ONG existentes, sin lugar a dudas hacen un gran aporte espiritual para la humanidad.  Además de los innumerables movimientos religiosos existentes, quisiera mencionar en particular algunas agrupaciones o instructores con los cuales he tenido algún contacto, como son:  Saraidarian, Edgar Case, Gurdief y Ouspenski, Helen Schucman y el libro Un Curso de Milagros [favor poner en itálica], Ekankar, la enseñanza Rosacruz, la Teosofía (Helena Petronila Blavatsky) y la Antroposofía (Rudolf Steiner y su pedagogía Waldorf), Marilyn Ferguson, Ken Wilber y los estudiosos de la obra de Krishnamurti.

Entre los grupos que me parece están percibiendo aún más directamente el poderoso influjo de la espiritualidad de hoy puedo citar a la Escuela Arcana (Arcane School), , Agni Yoga (Nicolas y Helena Roerich), Mount Meditation y The University of the Seven Rays.

Existe un hecho muy alentador, que también puede enriquecer grandemente la perspectiva espiritual de muchos lectores.  Se trata del denominado Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, poderosa fuerza mundial conformada por millones de personas de los más variados campos de la actividad humana, todos unidos por una misma voluntad de servir a la humanidad.  No es una organización como las que conocemos habitualmente, ni tiene sede ni personal definido, y sin embargo constituye un organismo que infunde savia vital a los más variados frentes de actividad del planeta, sean éstos de orden social, político, económico, religioso, artístico, científico, ecológico, educativo o humanitario. El libro La Conspiración de Acuario, de Marilyn Ferguson, muestra algunos indicios externos de lo que es el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.

Los primeros delineamientos de este grupo mundial, dados a conocer al público, datan de 1936.

Tras los muchos sucesos ocurridos en la humanidad desde entonces, este grupo ha continuado creciendo día a día y prodigándose infatigablemente en sus tareas de servicio.  Ya en el internet es posible encontrar alguna información sobre el tema, y la Fundación Lucis, de Argentina[18], ha publicado un interesante libro, mostrando la esencia subjetiva de este grupo de servidores.  He aquí unos apartes:

El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es un grupo interno conformado por millones de personas que no necesariamente pertenecen a una religión u organización definida pero que están compenetrados los unos con los otros.  Son extraídos de cada nación, raza y pueblo, y de todo color y escuela de pensamiento, y sin embargo hablan el mismo idioma, aprenden mediante los mismo símbolos, siguen el mismo sendero, han rechazado las mismas cosas no esenciales y han aislado el mismo conjunto de creencias esenciales.  Se reconocen entre sí; otorgan igual devoción a los conductores espirituales de todas las razas y utilizan con igual libertad la biblia de los demás.  Forman el trasfondo subjetivo del nuevo mundo y constituyen el núcleo espiritual de la venidera religión mundial.

Son los que comienzan a formar un nuevo orden social en el mundo.  Políticamente no pertenecen a partido o gobierno alguno.  Reconocen a todos los partidos, credos, organizaciones sociales y económicas y a todos los gobiernos.  Se hallan en todas las naciones y organizaciones religiosas, y están ocupados en la tarea de inaugurar el nuevo orden mundial, formando en todo el mundo, en cada nación, ciudad o pueblo, una agrupación de personas que no pertenecen a partido alguno ni apoyan a ningún bando, pero postulan una tribuna definida y clara y un programa tan práctico como el de cualquier partido político.  Se apoyan en la esencial divinidad del hombre, y su programa se basa en la buena voluntad, característica básica de la humanidad.  Por lo tanto, están organizando actualmente a las personas de buena voluntad en todo el mundo, explicándoles un programa definido y postulando una tribuna en la que tienen cabida todas las mujeres y hombres de buena voluntad.

Afirman y creen que su llamado inicial ha sido de tal naturaleza, que si se les proporciona la ayuda de las mentes entrenadas y se les facilita la necesaria ayuda financiera para realizar el trabajo educativo requerido y para difundir información sobre la buena voluntad, podrán cambiar de tal modo el mundo (únicamente por medio de las personas de buena voluntad) que, sin guerra, sin despertar el odio entre los hombres, sin atacar ni apoyar causa alguna, el nuevo orden podrá ser firmemente establecido en la tierra.

Toda persona determinada a servir a la causa única de la humanidad, que evidencie buena voluntad, amor incluyente, sentido de los valores y esfuerzo para ayudar a forjar correctas relaciones entre los seres humanos, forma parte del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, así desconozca la existencia de este grupo. El poder de este grupo emana no sólo del poder de las almas de todos y cada uno de sus integrantes, sino del respaldo que le otorgan las Fuerzas de la Luz.

Nuestra perspectiva se ampliará a medida que nos ganemos el derecho ante nuestra alma, de modo que ella sienta que es el momento de compartir con nosotros algunos de sus incontables secretos. La visión que buscamos, esa panorámica que nos permite ver la vida a la luz del amor, la serenidad, y la sabiduría, ya existe en nosotros.  Al acercarnos reverentes al santuario de nuestro ser, dicha visión nos va siendo impartida, y lentamente –tan lentamente que a veces creemos que no está ocurriendo nada–  se van aclarando cosas que antes nos resultaban incomprensibles.

Pidámosle a nuestro ser interno que nos guíe hacia nuevos campos de visión, y que podamos así comprender qué es lo que la Vida espera de nosotros. Confiemos en que Ella, en respuesta a nuestros esfuerzos y plegarias, gradualmente nos despertará a una nueva visión de la existencia.

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5. MAGIA

Dios, con una magia única, invisible y silenciosa, moldea el universo a cada instante.  Hay magia en abundancia, pero las puertas del santuario de la alquimia del alma sólo se abren a fuerza de persistencia, pureza y osadía. Alquimista es todo aquel que se ha sabido unificar con la fuerza divina, inmanente y trascendente, que todo lo crea y lo transforma.

El poder que se exterioriza en quien trabaja hombro a hombro con su alma es muy grande.  Si dirigimos ese poder a las necesidades personales, la energía desatada nos permitirá cambiar destinos que habíamos convocado desde mucho tiempo atrás.  Llevado a los problemas colectivos, nos hará sensibles a las grandes necesidad de la época y nos permitirá hacer valiosos aportes en procura de soluciones concretas, así no puedan ser aportes todavía visibles para quienes son víctimas de la inmediatez.

Al interactuar más dinámicamente con nuestra alma, se va operando gradualmente la trasmutación de nuestra naturaleza inferior a un ritmo intenso, así en un principio sea aparentemente lento.  Paulatinamente ve uno la existencia diaria con ojos nuevos y siente renovadas energías para resolver los problemas que antes le parecían más asfixiantes.  Y no sólo empieza uno a sentir hondos cambios en su conducta y actitudes sino que muy sutilmente empieza a generar cambios en su entorno.

Haciendo un paralelo entre el tema de este capítulo y lo que vive hoy la humanidad, creo que si hay una palabra que define el espíritu de la época es justamente la palabra magia.  Si miramos con cierto detenimiento las múltiples realizaciones actuales en los diferentes campos del conocimiento y de la actividad, es imposible dejar de sentir una honda admiración por los resultados obtenidos en las últimas décadas.  Sería interminable la lista de prodigios alcanzados hoy por el ser humano, pero mencionemos apenas los variados y sorprendentes avances científicos y tecnológicos, las innumerables manifestaciones del arte, no pocas veces desafiantes y reveladoras, o las luchas por condiciones sociales más justas, heroicamente llevadas a cabo por millones de seres humanos.

Si uno se dedica a enumerar las altas realizaciones logradas, no puede menos que conmoverse por la milagrosa capacidad del ser humano cuando pone amor y buena voluntad en lo que hace.  Pero así como la magia misma tiene desde sus fundamentos una esencia dual, de igual forma nuestras creaciones tienen hoy un sentido ambivalente, pues retiradamente muchas de esas grandes realizaciones han sido puestas no al servicio de la Vida sino de lo que atenta contra ella.

El uso ignorante e imprudente de nuestro poder creador es el que nos ha llevado al peligroso parangón en el que nos encontramos hoy. Miremos por ejemplo el caso del arte, en donde el reino de la belleza convive con la pose y la conveniencia, incluso en ciertos niveles de una supuesta jerarquía estética e intelectual.  O el caso del entretenimiento y el deporte, en donde resulta insólito que todavía existan ciertas pruebas circenses o deportivas en las que quienes hacen su número deben exponer innecesariamente su propia vida, algo que definitivamente ya debería haber sido superado por el ser humano.

Es claro que el dominio de las creaciones materiales ha llegado a un clímax, y que es hora de que volvamos a la fuente, al fondo de nosotros mismos, antes de que esas creaciones se vuelvan con más fuerza en contra nuestra.  Las nuevas energías entrantes han empezado a cobrar todo desequilibrio con una moneda mucho más fuerte que antes.  Por eso el sentido de apremio y de urgencia para que demos pasos firmes y decididos hacia los valores esenciales. Somos dados a señalar, a lavarnos las manos, a pretender que no tenemos nada que ver con lo que ocurre, pero es hora de que empecemos por aceptar nuestra cuota de responsabilidad con respecto a lo que vive hoy el mundo.

Dentro nuestro debe permanecer encendida la antorcha del ser interior, procurando responder de la mejor forma posible a nuestras responsabilidades inmediatas y procurando dar lo mejor de nosotros a una humanidad que tanto necesita del esfuerzo sincero e inteligente de cada uno de sus hijos.

Hay una forma de magia de gran importancia: la magia transformadora.  Como hemos afirmado repetidas veces, si queremos transformar el mundo debemos empezar por transformarnos a nosotros mismos.  Cambiar arraigados patrones de conducta es un verdadero acto de magia viviente. La experiencia nos ha enseñado que nada ocurre por casualidad, y que las circunstancias que nos rodean –en el aquí y el ahora– son el resultado de todo aquello que libremente convocamos en el pasado.  Es una ley familiar a todo aquel que empieza a ser conscientemente dueño de sus actos, que en términos nuestros se sintetiza en la sentencia bíblica: “Aquello que siembres, eso cosecharás”.

Aunque son muchas las personas que creen o pretenden eludir la responsabilidad y las consecuencias de sus actos, es un hecho que todas las acciones u omisiones se plasman en nuestro destino, y tarde o temprano tendremos que asumir las consecuencias.

Pero podemos aprender a interactuar activamente con las leyes del destino, a fin de trasmutar los efectos de nuestros errores, capitalizándolos como lo que son: pasos en el aprendizaje. Mediante el soberano esfuerzo de doblegar nuestro orgullo y pedir desde el fondo de nuestro corazón, nos podemos ganar el derecho a transformar destinos que imprudentemente hubiéramos convocado. Cuando pedimos ayuda del cielo, estamos pidiendo una nueva oportunidad para superar ciertas limitaciones que incesantemente nos han derrotado, y estamos haciendo un llamado a la inspiración superior que habita en cada uno de nosotros.

Una oportunidad especial para darle un cauce luminoso a nuestro destino nos llega cuando somos capaces de aprender inteligentemente de los errores cometidos en el pasado, empezando por perdonarnos a nosotros mismos y perdonando a todos los que nos hayan afectado de una u otra forma. La Ley del Perdón tiene connotaciones muy profundas.  El famoso sicólogo y escritor Wayne Dyer narra en uno de sus libros su valiosa experiencia. Dice que de joven nunca le perdonó a su padre el hecho de que muy tempranamente abandonó a su familia y los obligó a padecer grandes dificultades.  Dyer cuenta cómo su propia vida profesional dejaba mucho que desear, lo mismo que su vida afectiva, pero dice que en cierta ocasión sintió el impulso de buscar a su padre para intentar sanear esa relación.  Luego de meses de búsqueda descubrió que poco tiempo atrás éste había fallecido.  Explica que cuando finalmente localizó su tumba, derramó allí sentidas lágrimas de perdón.  A partir de ese momento su vida cambió radicalmente y las realizaciones exitosas no se hicieron esperar.

Quien propicia su desarrollo espiritual tiene nuevas y poderosas herramientas para cambiar el derrotero de su destino.  La fuerza del alma nos muestra que no somos víctimas de un destino ciego, ni que invariablemente estamos sometidos al dictado de los astros, pues en nuestras manos tenemos la opción de vivir siempre con la dignidad y plenitud a que tenemos derecho como Hijos de Dios.

Es cierto, pues, que todo acto tiene sus consecuencias, y que éstas se integran a nuestro destino, el cual queda registrado también en nuestras estrellas, pero también es cierto que podemos trascender ese designio de los astros.  De paso digo que una cosa es la Astrología que por lo general muestran los medios masivos de comunicación, manejada en forma rudimentaria y manipuladora, pero otra cosa es la Astrología Superior, la que conoce y estudia las formas divinas de expresión y los correspondientes desenvolvimientos del alma.  Al incursionar en ella uno se da cuenta de lo poco que conoce el hombre sobre la forma como Dios conjuga Sus sinfonías de fuerzas y energías.

Magia hacemos todos, a nuestro nivel, con la forma como abordamos la existencia, con las actitudes que desarrollamos, con las prioridades que elegimos.  Lo que no tenemos muy claro a veces es que esas actitudes y esas prioridades en buena medida son el producto de nuestros pensamientos.

Permanentemente estamos creando, y nuestra capacidad creadora es asombrosa, lo sepamos o no.  Una importante enseñanza antigua afirma que “la energía sigue al pensamiento”.  El tipo de pensamientos que acogemos invariablemente va moldeando nuestro destino, y mucho más cuando hemos empezado a trabajar espiritualmente.

El tema del poder del pensamiento no es nada nuevo y es también una clara realización de la época: abundan los mensajes de superación personal y de prosperidad, que con sus prácticas han demostrado la eficacia del pensamiento para lograr lo que deseamos.  Aunque las muy difundidas técnicas actuales de superación conocen algunos de los secretos del uso del poder mental, el asunto empieza a cobrar verdadero interés cuando se aborda desde el ángulo del alma. En este caso uno procura asegurarse de antemano que será el amo y el dueño de lo que persigue, a diferencia del trabajo basado simplemente en el éxito y la prosperidad, que por lo general deja al hombre enredado en sus propios fines.

Ese divorcio entre lo material y lo espiritual hace que el ser humano pueda verse convertido en víctima de sus descubrimientos, como lo ha constatado la historia de Occidente. Tal peligro ya era anunciado en forma sabia y divertida en la escena del Aprendiz de Brujo, de la película Fantasía, de Walt Disney.  El Ratón Mickey se ve peligrosamente acosado por los utensilios de aseo y por el agua, cuya ayuda había convocado imprudentemente a espaldas de su maestro.

Manejado desde niveles superiores de conciencia, el trabajo con el pensamiento es sumamente complejo, delicado y poderoso.  Nuestro mundo mental forma parte integral del vasto conjunto de vivencias que deben ser armonizadas y encausadas adecuadamente.  Al trabajar en armonía con nuestra alma, ella poco a poco nos revela los muchos recursos que están a nuestra disposición, de modo que el abanico de posibilidades de trabajo y de servicio se amplían enormemente.

Los pensamientos que albergamos, sea con respecto a nosotros mismos o con relación a los demás, poco a poco se van sedimentando en nuestro inconsciente y desde allí se determinan nuestros patrones habituales de conducta.  Como no se nos educó para que fuéramos lo suficientemente cuidadosos con ese proceso, durante años hemos estado introduciendo todo tipo de mensajes, propios y ajenos, y muchas veces los hemos recibido sin el suficiente cuidado y discernimiento.

El adecuado uso de la capacidad de discernimiento y el sometimiento de la mente a los dictados del alma representa un paso adelante en la conciencia, e implica un sentido de responsabilidad que desconoce la persona común.  “Como el hombre piensa, anhela y quiere, así es él” es una alta enseñanza que vale la pena tener en cuenta en nuestro actual propósito de transformación.

El pensamiento y la palabra tienen una relación estrecha y se complementan mutuamente. La palabra es una expresión del pensamiento (o debería serlo) que se vale del sonido, el cual tiene otros efectos que no tiene el pensamiento mudo. No es casual que en tantos cuentos y leyendas el acto mágico vaya acompañado de palabras de poder, ni tampoco que en los caminos religiosos se hable de Dios como el Gran Mago y se haga alusión a La Palabra o al Verbo Creador.

Se dice bellamente que Dios mismo crea mediante la vibración de la Palabra, y que la vasta Creación ha venido a la existencia como respuesta a Su Voluntad, expresada mediante una frase que Él está pronunciando; que cuando dicha frase sea completada, todo en el universo habrá retornado a la perfección.

Al habitar en nosotros la divinidad, no deberíamos subestimar el poder creador de nuestras palabras.  Ignorantes de las complejas leyes del sonido y de sus efectos, con el habla ponemos en actividad determinadas energías y entidades mediante las cuales estamos decretando lo que luego habremos de vivir. Con las palabras que pronunciamos diariamente estamos convocando fuerzas, invocando presencias, moldeando realidades.

Resulta paradójico que muchos intelectuales, escritores, artistas e incluso catedráticos, que por una parte nos han enseñado lo exigente que es el uso de la palabra, en especial la escrita, y la han llevado a elevados niveles estéticos y conceptuales, desconozcan frecuentemente las consecuencias del uso indebido de la palabra en la vida cotidiana.

Al avanzar en el sendero debemos ser sumamente cuidadosos con las palabras que pronunciamos y con el tipo de expresiones que emitimos. La vigilancia de la palabra hablada nos ayudará a avanzar a grandes pasos. Cuidar las palabras es procurar decir lo correcto en el momento oportuno, y es también aprender a amar el silencio, hasta hacernos amigos inseparables de él.  Conviene crecer en esa armonía entre palabra y silencio, equilibrio que tanto poder le confiere a la palabra y tanta fuerza le imprime al silencio.

Otro recurso mágico importante es el de la imaginación creadora aplicada y expresada mediante la visualización. Es útil no sólo para traer a la manifestación aquello que necesitamos, sino para abrir nuevas vías de acceso al alma y a los planos superiores. Mediante la visualización uno procura evocar una imagen mental determinada, y procura sentirla y vivirla como si ya fuera un hecho.

La persistente visualización de lo que se quiere lograr, efectuada durante un tiempo prudencial, invariablemente a nuestra energía en esa dirección, hasta hacer que nuestros esfuerzos nos lleven a lograr lo propuesto. Las imágenes sembradas en la mente, debidamente trabajadas y abonadas con la suficiente persistencia, actúan como imán que atrae, genera y moviliza energías latentes, las cuales en su momento oportuno se traducen en realidades tangibles.  Lo alcanzado primero en la imaginación viene luego con más naturalidad a la esfera de la manifestación. Obviamente, otro componente esencial en el trabajo creador es el amor que le imprimimos a nuestra vida y a nuestros actos.  El amor vitaliza nuestros esfuerzos y atrae magnéticamente a las personas y a las circunstancias.

La labor creadora gestada con el poder del pensamiento y la palabra se ve enriquecida con la visualización, al punto que el trabajo combinado con estos tres poderes es de un alcance sinigual. De ahí el poderoso efecto de ciertas prácticas de meditación, que utilizan simultáneamente estos tres recursos.  Aplicando la visualización a la introversión, resulta útil crear nuestras propias imágenes mediante las cuales podemos vincular a los tres cuerpos inferiores (el físico, el emocional y el mental) con el alma. Podemos confiar en que ella responderá naturalmente al tipo de imágenes elegidas. Ese contacto se reforzará si lo complementamos con una frase como la mencionada en el tercer capítulo, que merece repetirse: “Integro, compenetro y alineo mi cuerpo físico, mi cuerpo emocional y mi cuerpo mental y asciendo hasta el alma misma”.  Luego puede añadirse otra imagen y frase corta, sobre la cual se puede reflexionar, como: “Al contacto con el alma mi mente se aclara, mi cuerpo emocional se serena y mi cuerpo físico es revitalizado”.

La magia superior opera a niveles desconocidos por la mayoría de nosotros.  Es una actividad que dista mucho de lo que habitualmente conocimos asociado con esta palabra, y que deja muy atrás el pobre concepto que algunas personas tienen de la magia creadora. Con respecto a ella se aplica una sabia frase de Federico Nietzsche: “Cuanto más nos elevamos más pequeños parecemos a quienes no saben volar”.  Palabras que explican por sí mismas porqué las bases profundas de la espiritualidad de hoy todavía son poco comprendidas.

Técnicamente la magia del alma se denomina magia blanca, y es manejada con toda propiedad en los planos superiores, en los que la conciencia interactúa con múltiples fuerzas y energías, obteniendo resultados que en nuestro desconocimiento de las leyes naturales denominaríamos milagrosos.

A diferencia de la magia blanca, existe también la magia negra, que nunca debemos subestimar.  La creencia popular (como en tantos otros casos) tiene gran fundamento en los hechos cuando advierte sobre los peligros y alcances de sus técnicas. Su poder es grande, aunque superficial y efímero; al estar movida por un despiadado egoísmo, ignorando deliberadamente la Ley divina, tarde o temprano se vuelve en contra de quienes la utilizan.

El antagonismo entre ambas formas de magia se expresa en el mundo cotidiano como el contraste entre la serena luz del alma enfrentada con la densa oscuridad del desamor, lucha que se desarrolla diariamente en cada uno de nosotros.  La humanidad se encuentra hoy en un punto difícil en la balanza, pues el materialismo, el miedo y la codicia tienen todavía demasiada fuerza. Por eso el enfoque vital de cada uno de nosotros cuenta en forma considerable, y de ahí que sea tan imperativo el llamado de las Fuerzas de la Luz.  Pero el compromiso es real, no de palabra.

Es fácil aceptar el reto del trabajo interior en la comodidad del momento, cuando tal vez nada nos está exigiendo un esfuerzo nuevo. Pero la verdadera aceptación se le expresa al alma mediante hechos, como por ejemplo en ciertas situaciones límite en las que creemos agotada nuestra paciencia o nuestras fuerzas y nos vemos tentados a claudicar.  Ahí es donde sabemos en qué medida estamos realmente listos para responder.  Lo mismo cuando enfrentamos una decisión que compromete nuestras prioridades espirituales y, pese a las mejores medidas de prudencia, provocamos en amigos o en seres queridos reacciones que nunca habríamos querido despertar. He visto casos en los que hay quienes no resisten ese tipo de presiones y optan por someterse a la voluntad ajena, procurando evitar conflictos, pero a costa de su propia vida interior.

Porque estamos despertando el potencial de una fuerza interna insospechada, vale la pena tener una clara comprensión de los peligros implicados. A medida que nos alineamos con el alma, la responsabilidad y el riesgo se hacen mayores. Una leve desviación se corrige fácilmente en un automóvil que viaja a una velocidad promedio, pero en un avión, el descuido en unos pocos grados significa kilómetros de desviación en la ruta, lo cual ha resultado fatal en muchos casos.

Cuando el alma deja sentir su influjo en nosotros, nuestra parte mental, emocional y física se ve exigida. De ahí la necesidad de crecer gradualmente en cuanto al control de nuestros pensamientos, palabras y acciones.  Así como la espiritualidad nos puede reportar riquezas que jamás imaginamos posibles, unos cuantos pasos en falso nos pueden llevar a situaciones de gran peligro. Algunos de estos peligros, en los que frecuentemente caen caminantes inexpertos, son:

1. Entrar en contacto con poderosas energías y entidades sin tener los adecuados mecanismos de defensa ni suficientes elementos para discernir con claridad.

2. Perder un valioso tiempo quedándonos en cualidades o en defectos de determinados instructores, basándonos no en el grado de verdad que transmiten sino en apariencias secundarias.

3. Dejarnos llevar por el orgullo espiritual y la separatividad, creyéndonos superiores a los demás y sintiéndonos elegidos para determinada misión, cuando a veces ni siquiera cumplimos las tareas más inmediatas con respecto a nosotros mismos o a los seres queridos.

4.  Vernos afectados de alguna forma por el descenso de energías nuevas.  Es sabido que las nuevas realidades no aceptan término medio: una vez que las convocamos, o nos ponemos a tono con ellas y subimos de vibración, o estamos impreparados y provocan nuestra “caída temporal”.

Es fácil conformarnos con determinados niveles de acercamiento al alma, creyendo que la verdad que conocemos es la única.  Debemos esforzarnos continuamente por mantener una actitud abierta y por ocupar nuestro sitio como almas que despiertan, decididas a tirar por la borda cualquier sueño o fantasía que no se acoja a sus dictados.

Otro punto importante, recalcado una y otra vez por diversas escuelas, es que los pensamientos, acciones, emociones y deseos colectivos van formando también una atmósfera propia que envuelve a la humanidad con una densa capa de negatividad, de la cual es muy difícil sustraerse.  Todo pensamiento oscuro alimenta dicha nube, cuyo poder actual es obviamente muy grande, pues ha sido fortalecida gracias al mal manejo hecho por los seres humanos a lo largo de siglos.

Por eso también en sentido colectivo es aplicable aquella ley según la cual cosechamos lo que hemos sembrado.  Como nosotros hemos creado esa pesada bruma, sólo nosotros podemos disolverla.  Esa nube de inconciencia ha sido una poderosa creación nuestra, que de todas maneras tenemos que enfrentar, so pena de quedar asfixiados por ella.

El método de trabajo recomendado para neutralizar y disolver esa densa capa de negatividad colectiva se denomina Inofensividad. Es una forma de trabajo interior que insta a una completa y profunda renovación en nuestra actitud espiritual, partiendo de un crecimiento gradual en cuanto a la observación y el control de nosotros mismos, haciendo todo lo posible por no herir ni afectar a nadie –ni menos a nosotros mismos–  mediante ningún tipo de pensamientos, palabras, emociones o acciones negativas.  Se recomienda una atenta recapitulación diaria en ese sentido, que ayude a ejercer una revisión sana y desapasionada en cuanto a la calidad de nuestras vivencias y actitudes del día.

Por ley de causa y efecto, lo que pensamos y hacemos nos vuelve automáticamente, de modo que esta sencilla pero exigente fórmula no sólo nos evitará grandes inconvenientes en las relaciones interpersonales, sino que nos preservará de caer en juicios prematuros o infundados. La inofensividad no es consecuencia de la debilidad sino de un floreciente poder interior, sinónimo de autodominio. La práctica de esta modalidad de trabajo nos muestra que el sentido crítico y capacidad de análisis no riñen con la inofensividad. No se trata de volvernos permisivos con la mediocridad ni con la injusticia, sino de acrecentar nuestra autoconciencia a la vez que hacemos un esfuerzo concreto en pro de los demás.

Albert Camus dijo alguna vez: “Nuestra tarea no consiste en juzgar sino en comprender”.  Una frase que merece sentirse, asimilarse y aplicarse al máximo posible.  Alice Bailey, en Tratado de Magia Blanca, nos proporciona valiosas indicaciones sobre la inofensividad:

Analícense a sí mismos desde el ángulo de la inofensividad.  Estudien su conducta diaria, sus palabras y pensamientos, hasta dominar el arte de la inofensividad.  Examinen el efecto emocional que ustedes producen sobre otros, de manera que ningún estado de ánimo, depresión, ni reacción emocional puedan dañar al semejante.  La depuración obtenida al alcanzar la inofensividad ayudará mucho a eliminar estados erróneos de conciencia.

La inofensividad produce cautela en el juicio, cuidado al hablar, y habilidad para abstenerse de toda acción impulsiva.  De esta manera las fuerzas del verdadero amor pasan libremente a través nuestro y en consecuencia nos conducirán hacia la correcta acción.  Cuando se la menciona por primera vez, la palabra inofensividad parece insignificante.  Pero otra cosa es para quien trate de practicar esa inofensividad positiva que se manifiesta en el correcto pensar (por estar basado en el amor inteligente), en el correcto hablar (por estar regido por el autocontrol) y en la correcta acción (por estar fundada en la comprensión de la ley), y descubrirá que tal tentativa exigirá todos los recursos de su ser y tomará mucho tiempo llevarla a su realización.

La inofensividad emana de la capacidad de comprender a nuestro hermano, y cuando esto se ha logrado, todo se perdona y sólo existe el anhelo de ayudar y auxiliar.  La práctica de la inofensividad constituye un método adecuado para trabajar interiormente.  Nada en esta forma de trabajo perjudica la vida de ninguna forma, y por lo tanto, atrae hacia sí únicamente lo benéfico, utilizando las fuerzas atraídas para ayudar a otros.

Se considera que la inofensividad es un medio altamente eficaz para ayudar a disolver la espesa nube de negatividad colectiva que envuelve al planeta.  Se dice que aunque aquella niebla es densa, el poder de cada persona que trabaja con verdadera conciencia espiritual es grande para ayudar a disolverla.  Ya hay muchas personas trabajando silenciosamente en esta forma, y ahora nosotros somos invitados a colaborar mediante este método de trabajo, que sólo es uno entre los muchos otros métodos de trabajo existentes.

No subestimemos esta oportunidad, ni caigamos en el espejismo de creer que lo que hacemos es poco para aliviar la carga del mundo.  Las Fuerzas de la Luz, incluyendo a nuestra propia alma, saben recoger todos los esfuerzos y reorientarlos en favor de las grandes necesidades de la humanidad.

Al trabajar con la alquimia mental, tengamos siempre presente que en el trabajo desde niveles superiores lo que más cuenta es el punto de pureza y amor desde el cual concebimos y generamos nuestros pensamientos. Si perseveramos en la práctica de la inofensividad, no sólo estaremos evitando esos grandes escollos del desamor y el juicio infundado, sino que abriremos un importante espacio vital para el libre flujo de energías superiores.  La inofesividad es previa a la comprensión, y ésta a su vez es preámbulo para el verdadero servicio, característica esencial de nuestra propia alma.

El servicio es senda para acercarnos al alma y es al mismo tiempo su más cabal expresión. La serena y gradual intensificación del contacto con el alma nos lleva a descubrir la magia del servicio. La vida en conciencia necesariamente desemboca en un trabajo práctico orientado hacia el beneficio de quienes nos rodean y quienes escuchan el llamado a servir, están aceptando, sin saberlo, la invitación hacia una vida mucho más plena.

Pocas palabras tan esenciales como la palabra SERVIR, tan desafiantes, y sin embargo tan poco comprendidas y aplicadas, en sentido profundo.  El servicio es esencial tanto a nivel personal como a nivel colectivo.  Individualmente, porque el servicio centra, equilibra y madura a quien lo practica, y le abre sendas hacia el bienestar y la satisfacción.  A nivel colectivo, porque las circunstancias actuales demuestran a saciedad que es necesario que la capacidad de servir se intensifique en más y más personas.

Es desafiante, porque nuestra actitud ante el servicio revela claramente la relación que tenemos con nosotros mismos, con nuestro ser interno.  “Dime a quién tratas de servir y con qué motivación, y te diré quién eres”, podría decir el adagio.  Es poco comprendido, porque tenemos el lastre de una imagen que asocia el servicio con la religiosidad externa y con el sufrimiento.

¿Qué es entonces servir?  Podríamos decir que el servicio es la manifestación espontánea que brota del contacto con nuestra alma. Por eso es que cuanto más se aleja un hombre de sí mismo, tanto más insensible se vuelve ante el dolor y la necesidad de los demás, y tanto más evasiva será su conducta frente al servicio.

Cuando hemos aprendido a abrirnos camino hacia el fondo de nuestro propio corazón, hemos dado un gran paso para acercarnos al corazón de los demás.  El servicio es un arte que requiere la más fina sensibilidad y la más férrea determinación.  Tiene que ver con ese algo tan profundo y delicado como es el corazón del ser humano.  El servidor es un sicólogo, capaz de percibir las necesidades de los demás: sus angustias, sus temores, sus inquietudes…. ¡su necesidad de amor!  Y en un sano olvido de sí mismo se consagra a ayudar a otros a realizar sus metas, sabiendo que “cuando ayudas a otro a cruzar su barca, la tuya ya ha llegado a la otra orilla”.

El servicio es gozo, es lucha, es esfuerzo, es aventura, y sí, es también sacrificio.  Los Grande Servidores a lo largo de la historia nos han enseñado que amar y servir son términos equivalentes.

Cuando uno ve y siente esos oscuros abismos de dolor, de desolación y de desesperanza hasta donde ha descendido el ser humano, no puede menos que unirse a la exclamación de los Grandes Seres: “Conozco, Oh Señor de Vida y Amor, la necesidad.  Conmueve nuevamente con amor mi corazón para que también yo pueda amar y dar”.

El servicio activo nos obliga a excavar en la fuente del amor que hay en el fondo de nuestros corazones; al servir descubrimos la importancia de olvidarnos de nosotros mismos y comprendemos que no somos el centro del escenario, que toda actitud egocéntrica es un estorbo para nosotros mismos y para los demás. El servicio nutre al máximo nuestra vivencia como almas:

“Uno de los secretos que nos ha revelado la sabiduría de todos los tiempos es que cualquier entrega desinteresada, cualquier participación, todo acto de amor son cosas que nos enriquecen, mientras que todo esfuerzo egoísta nos debilita y nos empobrece.  Toda colaboración desinteresada, toda renuncia por amor, toda compasión activa, son esfuerzos que parecen entregar, privarse de algo, y sin embargo lo que hacen es engrandecernos y elevarnos”.  Hermann Hesse

“Si al ponerse hoy el sol haces el recuento de tus actos y encuentras que le brindaste ayuda a alguien, que de ti salieron unas palabras de alivio o sentimientos de afecto, puedes considerar que éste fue un día ganado. ¿Para qué vivimos si no es para hacer que la vida de los demás sea menos difícil?  Ojalá podamos unirnos a ese coro invisible de aquellos que han descubierto el goce de servir, por encima de objetivos mezquinos y egoístas.  Ojalá alcancemos ese cielo y seamos para otras almas cáliz de vigor en medio del dolor, alentando esfuerzos generosos, prodigando amor, engendrando sonrisas y siendo dulce presencia de luz que se difunde”. George Eliot

Hablar de servicio es hablar igualmente del gozo.  El gozo, hijo de la gratitud, nos muestra en qué medida estamos unificados con nuestra alma y en qué medida estamos cumpliendo con nuestro servicio en la tierra.  A la hora de evaluar la calidad y eficacia interna con que servimos, vale la pena considerar el gozo experimentado.  El gozo es uno de los atributos del alma, y si bien es una alta exigencia que ella nos reclama, es también una cualidad que ella nos imparte.

Cristo nos enseñó con su ejemplo a servir con abnegación sin temer al sufrimiento, a abrazarlo amorosamente, a morir cada día a toda pretensión del yo inferior, permitiendo así la libre expresión de nuestra alma.  Así se forma y realiza todo verdadero servidor.  Pero si bien es cierto que una orilla del luminoso río del servicio está constituida por el dolor y que hay que crecer valientemente a través de él, también es cierto que la otra orilla es la del gozo.  La determinación de Buda y de Cristo, como servidores, que les impartió la fuerza necesaria para afrontar toda forma de dolor y sufrimiento, les llevó igualmente por la senda del gozo y la bienaventuranza.

Jalil Gibrán nos llama al servicio gozoso cuando nos dice en forma categórica: “Y si no podéis trabajar con amor sino sólo con disgusto, es mejor que abandonéis el trabajo y que os sentéis a la puerta del templo a recibir la dádiva de quienes laboran con alegría.  Ya que si hacéis el pan con indiferencia, hacéis un pan amargo que sólo a medias apacigua el hambre del hombre”.  Alguna vez dijo que para quienes sirven con alegría, esa misma alegría es su recompensa.

Una imagen inspiradora es la del protagonista de la película Carros de fuego, un atleta que corría por el simple goce de darle rienda suelta a su pleno potencial humano y divino.  En ese gozo podemos aprender a vivir y a servir.  El gozo, al igual que la levedad –bellamente estudiada por Italo Calvino en su obra Seis propuestas para el próximo milenio–  son cualidades que, sumadas al desapego y al desapasionamiento, nos permiten “cabalgar sutilmente” y elevarnos con los alados pies de Perseo hacia los sutiles planos del espíritu. ¡Para extraer desde allí la energía y la inspiración necesarias para servir!

Uno de nuestros más importantes servicios consiste en vivir el gozo, y uno de nuestros mayores goces consiste en servir con desapego y desinterés.  Para descubrir y conservar el gozo en el servicio debemos aprender a elevarnos permanentemente hacia nuestra alma, impregnándonos de su serenidad, y sabernos desligar de las exigencias menores de nuestro dramático yo personal (físico, emocional y mental) sin por eso descuidar nuestros asuntos y responsabilidades en el mundo.

Procuremos mantener una permanente provisión de gozo y comprensión, la cual se alcanza mediante un trabajo silencioso y humilde, fortalecido con el diario ejercicio de la inofensividad para que, como diría Rilke, “la entrega de ti mismo sea la culminación de un proceso”.

Seamos agentes activos en el desafiante compromiso de ayudar a elevar el nivel de conciencia de la humanidad, tan necesitada del amor de cada uno de nosotros.  Respondamos al llamado que nos hacen los Señores de la Luz y elevémonos en las alas de la conciencia y del amor. A Ellos debemos el conocimiento de la Gran Invocación[19], que sintetiza en forma poderosa la unidad del propósito de nuestras almas.  Ojalá la pronuncies en esos momentos de contacto diario con la intimidad de tu alma:

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,

Que afluya Luz a las mentes humanas;

Que la Luz descienda a la Tierra.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,

Que afluya Amor a los corazones humanos;

Que Cristo retorne a la Tierra.

Desde el Centro donde la Voluntad de Dios es conocida,

Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades humanas,

El Propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza humana,

Que se realice el Plan de Amor y de Luz

Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

Asumamos un renovado compromiso con la magia transformadora y con el servicio, y sigamos adelante abriéndonos paso en el caudal de oportunidades que nos brindan los nuevos tiempos.  Crucemos los umbrales que sean necesarios y conquistemos esa libertad interior que nos permitirá encontrarle un gozoso sentido a toda circunstancia que nos corresponda vivir.  Ese es el privilegio de quien ha dado a su verdadero ser la prioridad que se merece.

Exhorto al lector a vivir la magia de una de las palabras más bellas y esenciales que conozco, como es la palabra trascender. Creo que ella resume la invitación que diariamente nos hace la vida, y sintetiza de una manera especial tanto el espíritu de la época como la gran necesidad de nuestra alma. Hagamos que trascender signifique la redención de nuestro pasado, la milagrosa transformación interior hacia un glorioso destino del cual cada día podemos ser más dueños.

Para acercarnos a nuestra alma debemos hacer acopio de toda nuestra voluntad. Sólo es cuestión de que nos decidamos a escalar la montaña de la espiritualidad, determinados a seguir adelante, pase lo que pase, renovando diariamente ese sagrado compromiso.  Que nos baste con saber que ha habido quienes han logrado ascender hasta esas elevadas cumbres, que han dejado constancia de ello, y que nos han dicho que esa dorada oportunidad también está a nuestro alcance.

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6. INSPIRACIÓN

Por grandes y sublimes que hayan sido las lecciones recibidas a lo largo de nuestra vida, lo importante es ponerlas en práctica.  “El desarrollo de la acción está plasmado en las distintas Enseñanzas. Por lo tanto éstas deben ser estudiadas no para familiarizarse con ellas sino para aplicarlas a la vida. Sólo de esta manera podrán crear corrientes de energía”, afirma un avanzado caminante en el Sendero, inspirador del Agni Yoga.

En este capítulo trataremos de ampliar un poco la comprensión sobre esas aparentemente intangibles corrientes de energía.  Veremos cómo captarlas y utilizarlas.  El alma, esa poderosa energía que nos mantiene vivos, opera a una altísima frecuencia vibratoria, y si aspiramos a tener un genuino contacto con ella debemos elevar nuestros niveles de energía hasta ponernos a tono con dicha frecuencia.

Para cruzar el Portal que nos separa de una Luz Mayor, debemos alcanzar antes un nivel vibratorio que lo haga posible.  “La consciencia es luz, y la luz es el resultado de cierta energía; si no hay energía no hay luz”, afirma P.D. Ouspensky en El cuarto camino.  ¿Cómo alcanzar ese estado, ese nivel energético?   Capítulo tras capítulo, a lo largo de este libro hemos ascendido gradualmente hacia ese estado de consciencia.  Ahora es el momento para dar otro paso, esta vez muy práctico, para lo cual propongo al lector un sencillo método que denomino Inspiración Realizadora.

Inspiración Realizadora es entusiasmo, ganas y alegría, y al mismo tiempo es esfuerzo, lucha y compromiso.  Es energía que armoniza, eleva, e ilumina, para luego convertirse en afluencia que desciende, se despliega y realiza.  Es un estado de consciencia alcanzado a fuerza de tenacidad, osadía y amor.  Inspiración es salir de nuestras limitaciones y entrar en contacto con nuestro ser, ese guerrero imperturbable, poeta incontenible y amante inagotable.  Inspiración Realizadora es un flujo de energía de tal intensidad que los obstáculos se apartan y los resultados se alcanzan.

El método de trabajo se basa en intensificar la generación de energía interna mediante una sistemática interacción de los aspectos Luz, Amor y Poder, optimizando cada uno y estableciendo una mejor complementación entre ellos.  La fuerza interna así generada se emplea para penetrar en las elevadas fuentes de inspiración, valiéndose del alineamiento como herramienta específica[20].  La mente es mantenida durante un tiempo prudencial en ese elevado estado –lo que técnicamente se denomina permanecer en la luz–, receptiva al dictado del alma y a sus abstracciones.  Por último se intenta registrar conscientemente la inspiración recibida, interpretándola a la luz de la mente concreta, para distribuir esa energía y llevarla a una efectiva manifestación externa.

En los mundos internos el alma posee muchos nombres. Uno de ellos es el Divino Triángulo, así que nos valdremos de ese nombre simbólico y de esa imagen.  Le invito a visualizar durante un tiempo prudencial un palpitante triángulo luminoso.  Tan radiante que sus vértices son en realidad vórtices de energía.  En el vórtice superior situaremos al Poder, en el vórtice inferior izquierdo situaremos al Amor y en el inferior derecho situaremos a la Luz.  Esta triádica imagen nos puede indicar que el acceso al santuario del alma, con los frutos que esto conlleva, es producto de una persistente voluntad, amorosamente motivada e inteligentemente dirigida.

En términos sencillos podemos hablar de querer, sentir y pensar.  Estos tres verbos nos invitan a una creciente coherencia y armonía entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que queremos.  La pedagogía Waldorf, concebida por Rudolf Steiner, maneja esta trilogía y la pone al alcance de los niños.  Recordemos que esta escuela pedagógica procura crear una atmósfera propicia para un muy gradual contacto del niño con los mundos espirituales.  Para nuestro acercamiento al ser interno también resulta esencial tener en cuenta dicha trilogía, procurando que nuestro querer sea más potente, nuestro sentir sea más profundo y nuestro pensar sea más claro y fecundo.

El Triángulo se vitaliza a medida que los tres vórtices de energía se relacionan en forma más estrecha, en virtud de nuestro esfuerzo.  Por ejemplo cuando procuramos que nuestra inteligencia se torne más amorosa y compasiva, o cuando nuestro amor, iluminado, se hace más sabio e incluyente.  O cuando la voluntad, inspirada por el amor y complementada por la inteligencia, rige nuestra vida.  Un Triángulo radiante significa que estamos alcanzando un cabal alineamiento entre el corazón, la mente y la voluntad.  Al buscar nuevas relaciones entre el Triángulo y la tarea de acercamiento al alma en que estamos enfocados, algunas frases pueden resumir nuestra intención:

  • Somos suprema voluntad de vivir, inspirada en el amor, que trata de expresarse en forma práctica e inteligente.
  • Al armonizar gradualmente la Luz, el Amor y el Poder, nuestra vida se convertirá poco a poco en una amorosa voluntad inteligentemente manifestada.
  • Cuando la voluntad espiritual se fusiona con el aspecto amor emanado del alma, el aspecto inteligencia se vuelve fructífero y efectivo para contribuir con los planes de la evolución.

A continuación haremos énfasis en cada uno de los aspectos de nuestro Triángulo, sin perder de vista que forman parte de un esfuerzo integrado, generador de grandes caudales de energía interna.  El esfuerzo por crecer en cada aspecto se convierte en un llamado invocador al que el alma responde por ley de afinidad.

Empecemos entonces por considerar el tema del Poder.  Si para triunfar en nuestro mundo externo se requiere una alta cuota de voluntad, igualmente es necesaria para avanzar en los mundos espirituales.  La determinación por avanzar hacia el alma, pase lo que pase, pone a prueba nuestra capacidad para persistir en un propósito.  Y esa persistencia da sus frutos, porque gradualmente se acrecienta en nosotros un nuevo sentido del poder interno.  Es un poder que emana del Espíritu, y por eso lo hemos situado en la parte superior de nuestro Triángulo.  La fortaleza interna que se adquiere con la disciplina motivada por la determinación de servir es muy grande, y ese es uno de los secretos esenciales del trabajo con el alma: realizar un esfuerzo acumulador de poder vital.

Este poder sólo puede ser descubierto mediante la propia exploración.  No es un poder emocional, como el que predican tantos caminos de superación.  Es un poder que surge de la energía del alma, e incluso de fuentes más elevadas, así que se debe tener una extrema cautela, pues estamos trabajando literalmente con fuego.  En los mundos internos suelen asociar el mundo emocional con el agua y el mundo mental con el fuego.  El fuego puede dar luz y calor, pero también puede quemar y destruir.  La clave está en avanzar con pureza de intención y con sentido común.

En El libro de los viajes o de las presencias, el escritor y filósofo colombiano Fernando González se refería al repliegue necesario para la generación de esta energía interna mediante la simpática expresión “retraer los tentáculos que el fluido nervioso ha proyectado hacia el exterior” y con otras palabras e imágenes que merecen ser citadas aquí:

“Recogerse significa retraer todos los deseos.  Significa unificarse, replegarse en uno mismo.  Hay que evitar que el pensamiento se vaporice, que se dilate la voluntad.  Sólo quien ha ensayado este método durante mucho tiempo conoce la fuerza de un alma metodizada, concentrada, cuando en el momento dado lanza su deseo y su pensamiento hacia un fin determinado.  El hombre disperso nada hace.  Ninguna sustancia obra si no está concentrada.

Sentémonos a la puerta de todo lo bello, hasta hacerlo nuestro. Persigamos al héroe hasta que viva en nosotros.  Fuerza divina es la vida, y cuando un hombre es constante y no se dilapida en múltiples deseos, vicios y pasiones, tal fuerza parece milagrosa en sus resultados.  ¿Cómo absorbemos energía? Paladeando el instante presente.

El hombre con autodominio emana fuerza.  La obra más importante de los hombres de acción la han realizado, no en cuanto se movieron, sino en cuanto irradiaron.  El hombre contenido no se dilapida, de modo que su fuerza, sus órdenes, sus estímulos y sus oraciones surgen de la esencia.  En todo movimiento de impaciencia, en todo esfuerzo brusco, se pierde gran cantidad de ese algo que llamamos vitalidad.  El hombre es vitalidad, acumulador de vitalidad, y es preciso ser metódicos”.

Como caminantes en el Sendero debemos emplear a fondo nuestra voluntad, lo hemos afirmado reiteradamente, tanto en los momentos de interiorización o de estudio como en la cotidianidad.  Caminante es sinónimo de vigilante, de observador de sí mismo.  A cada instante, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, forjamos fuertes lazos de unión con nuestra alma, si así lo queremos.  Ella responde a nuestros esfuerzos y poco a poco nos revela aquello que le es natural.

Se dice que el alma permanece en su propio y elevado plano, en contacto con energías de planos aún más elevados, mientras que nosotros –el alma encarnada, por decirlo así– estamos llamados a establecer una sintonía consciente con ella y con el torrente de energías en que ella se mueve.  Es como si estuviésemos habituados a vivir cerca de un riachuelo, y de repente nos viésemos a orillas del río Amazonas.

Ahora centraremos la atención en el tema del Amor.  El sentido realizador que reclaman los tiempos actuales debe estar imbuido de amor por lo que hacemos y amor por quienes se beneficiarán con lo que hacemos.  De lo contrario, toda acción es trampa mortal, como lo han demostrado miles de casos nefastos de la historia y del presente.  Si anhelas las más bellas realizaciones, ahonda en el amor.  Ama más, y más ¡Y más!  Cada momento es una nueva oportunidad para penetrar más profundamente en el amor que todo lo envuelve.

El amor que queremos sentir, respirar e invocar, es un amor identificado con lo real, lo verdadero, lo bello, lo justo.  Es un amor guerrero, despierto, ganado día a día con la exigente moneda del esfuerzo.  Un amor que mira siempre en dos direcciones: hacia arriba, tan arriba como nos sea posible, tan cerca del corazón de Dios como podamos resistir, y tan cerca al corazón humano como las ganas de servir nos lo permitan.

Amar es elevarnos, una y otra vez, sobre nuestras limitaciones y deslices.  Es, como vimos en el capítulo Realismo, enfrentar nuestras debilidades, una a una, con la fortaleza del guerrero que aplica todo el poder de su voluntad para emanciparse de la esclavitud de la materia, del deseo, del temor y de la ilusión.  La amplitud del cosmos, las honduras del conocimiento, las experiencias alcanzadas en la meditación, una rosa que se abre jubilosa a la luz, la fuerza del cariño vivido y sentido, todo nos habla de la plenitud del amor.

Pero es un amor que no se llama a engaños.  Es un amor que se conmueve hasta lo más profundo con cada forma de dolor, miseria y sufrimiento, con cada acto de destrucción, con cada sombra de egoísmo, separatividad o materialismo.  En tales casos, el amor te dicta claramente: “Ahonda más en tu ser y extrae desde allí la claridad e inspiración para servir a tus hermanos”.

Miles de testimonios nos hablan sobre sublimes esfuerzos de transfiguración en el dolor.  Veamos un caso tangible, la historia de un hombre que cruzó por el portal del dolor hacia el santuario del Amor.  Ese portal no siempre tiene que ser cruzado a través del dolor, pero cuando nos llega, convirtámoslo también en un acicate para amar e interiorizar más y más.  El caso narrado a continuación recuerda el suplicio de muchos compatriotas colombianos, a quienes dedico esta invitación a la transfiguración, a fin de que “el dolor traiga la debida recompensa de luz y amor”.

En el libro El significado oculto del perdón, del compositor y pianista ruso Sergei O. Prokofieff, publicado por Editorial Rudolf Steiner, hay una historia conmovedora.  Allí se nos dice que el psiquiatra norteamericano George G. Ritchie, en sus entrenamientos para participar en las filas del ejército americano en la Segunda Guerra Mundial, sufrió un ataque de neumonía que le tuvo bastante tiempo entre la vida y la muerte.  Pese a haber sido alguien alejado de todo lo espiritual antes de su enfermedad, este hombre vivió intensas experiencias trascendentes, una de las cuales quedó grabada en su ser, pues en ella pudo ver y sentir, a su manera, a Cristo mismo.

Pasado más de un año de aquella experiencia, al ver que era imposible repetirla por sí mismo, por más que lo quisiera o lo intentara, concluyó –en sus propias palabras– que no era bueno buscar a Cristo en el pasado.  Que si quería sentir la proximidad de Cristo (y él lo quería por encima de todo), la tenía que encontrar en medio de las personas con quienes se encontrara cada día.  En diversas experiencias Ritchie pudo comprobar la validez de esta verdad, pero una en particular lo impactó profundamente.

En mayo de 1945, al final de la guerra, Ritchie fue enviado como parte de un grupo de médicos a un campo de concentración nazi, recién liberado en el territorio alemán, para prestar urgente ayuda médica a los prisioneros que habían estado allí.  El panorama era desolador.  Había miles de personas, muchas al borde de la inanición, y para muchos otros ya era inútil cualquier ayuda.  No obstante, pese al dolor, también allí Ritchie procuró mantener su consigna: descubrir por todas partes la mirada de Cristo en la mirada de los demás.  Ritchie relata que: “Cuando la repugnancia se hizo insoportable, hice lo que había aprendido a hacer.  Fui de un lado a otro de aquel cercado de alambre de púas mirando a la cara de los hombres hasta ver el rostro de Cristo mirándome.  Y así fue como conocí a un judío polaco, a quien los americanos llamaron Billy Cody, pues no tenían a mano su nombre ni sus documentos”.

A George Ritchie le conmocionó desde el principio el hecho absolutamente incomprensible de que, comparado con el resto de prisioneros del campo (cuya mayoría casi no podía andar), Billy Cody era bastante diferente: “Su postura era erguida, sus ojos brillantes, su energía infatigable”.  Y como hablaba cinco idiomas y era una especie de intérprete informal en el campo, su ayuda era indispensable para clasificar los papeles y documentos y averiguar las identidades de vivos y muertos.

El asombro de Ritchie se hizo aún mayor cuando se enteró del modo en que Billy trabajaba.  Esto es lo que describe sobre el proceso:  “A pesar de que Billy Cody trabajaba de quince a dieciséis horas al día, no daba muestras de cansancio.  Mientras los demás nos caíamos de cansancio, él parecía aumentar su fuerza.  “Todavía tenemos tiempo para aquel viejo”, solía decir, “ha esperado todo el día para vernos”, y la compasión por aquellos prisioneros brillaba en su rostro.

Ritchi suponía que Billy llevaba poco tiempo en aquel campo de concentración, pero grande fue su asombro cuando descubrió entre los documentos de Billy que este hombre llevaba ya seis años en ese lugar.  “Mi perplejidad fue enorme.  Por sus documentos supe que durante seis años él había tenido la misma dieta de hambre, había dormido en las mismas barracas sin aire y llenas de infecciones y enfermedades, como todos los demás, sin mayor deterioro físico o mental.

Y aún más asombroso, era amigo de todos los prisioneros, pese a que en muchos casos los prisioneros de diferentes nacionalidades solían odiarse entre sí tanto como a los alemanes.  Y allí le veíamos, razonando con los diferentes grupos, aconsejando perdón.  Pero lo más sorprendente sobre Billy Cody está aún por ser contado.  En cierta ocasión, movido por la necesidad de dar consuelo a prisioneros que habían perdido a sus seres queridos, Billy confesó su propia historia.  Hablando sobre sí mismo, Billy narró lo siguiente:

“En la zona judía de Varsovia vivíamos mi mujer y yo con nuestros cinco hijos: dos hijas y tres varoncitos.  Cuando los alemanes alcanzaron nuestra calle, pusieron a todo el mundo contra la pared –mi familia incluida– y comenzaron a disparar.  Rogué que se me permitiera morir con ellos, pero como hablaba alemán me confinaron a un grupo de trabajo.  Yo tenía que decidir en aquel momento si me dejaría llevar o no por el odio hacia aquellos soldados.  Realmente, fue una decisión fácil.  Yo era abogado, y en mi práctica profesional había visto demasiado a menudo lo que el odio podía acarrear a los cuerpos y mentes de las personas.  Justamente el odio había matado a las seis personas que más me importaban en el mundo.  Entonces decidí que me pasaría el resto de mi vida (tanto si duraba unos días como si fueran muchos años) amando a cada persona con la que me encontrara”.

Ojalá esta historia renueve nuestra voluntad de amar, en lo grande y en lo pequeño, en lo cotidiano y en los momentos de repliegue interno.  Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a erradicar las causas del dolor, sean cuales sean.

Como recomendación práctica para dilatar y afianzar el amor en nuestros corazones, invito al lector a vivir una frase ya popular: Ama intensamente. Ama hasta convertirte en el amor mismo”.   No hay circunstancia pequeña para el amor.  La cotidianidad está llena de posibilidades para expresarlo.  Una sonrisa oportuna, una llamada o un correo electrónico que devolvemos oportunamente, un tono de voz cálido con nuestro interlocutor, un perdón silencioso… en fin, las oportunidades de amar son muchísimas.

Consideremos ahora el tema de la Luz del pensamiento.  Los progresos en cuanto al querer y el sentir permiten adquirir gradualmente la inspiración necesaria para que nuestro pensar esté cargado de dinamismo y sentido realizador.  Una mente despierta, activa y entrenada es un poderoso instrumento creador.  No obstante, si queremos utilizar adecuadamente el poder del pensamiento, debemos aprender a observar cómo funciona nuestra mente y orquestar una sinfonía de esfuerzos hasta lograr que ella responda a nuestra voluntad.  Entre los factores que más afectan el funcionamiento de la mente están nuestros estados emocionales.  Cuando las emociones están agitadas, la mente pierde claridad y tomamos decisiones poco acertadas.

La mente es un campo de fuerzas mucho más elevado que el plano emocional, pero a su vez más denso que la sutil esencia del alma.  La mente, de naturaleza volátil, difícil de controlar y aquietar a menos que sea tratada con la debida disciplina, tiene la función de servir como mediadora entre nuestra dimensión físico-emocional y nuestra dimensión espiritual.  Es un cuerpo receptivo a la luz del alma, encargado de traducir esa información y llevarla a la manifestación.

Nuestra mente no es solamente instrumento de comprensión y análisis, de abstracción y síntesis, sino de concreción y materialización. El direccionamiento es el arte de educar a nuestra mente para que capte las realidades internas, abstractas, amorfas e invisibles y las proyecte hacia las exigentes realidades externas.  La parte de la mente que “mira hacia arriba” se denomina mente abstracta superior y la parte que materializa las percepciones se conoce como mente concreta inferior.  La plenitud del árbol, con su equilibrio cielo-tierra, nos revela que nuestra mente debe ser entrenada para que cumpla así mismo una función dual.

El trabajo interno hace que nuestra mente se convierta gradualmente en un instrumento apto para procesar, traducir e interpretar la información superior y luego llevarla a su materialización.  La mente, como instrumento del alma, atrae energía e inspiración de fuentes elevadas y luego las canaliza para la realización de los objetivos.  La mente es entonces un canal, un filtro a través del cual puede descender la inspiración superior.

Cuanto más limpio y preparado esté ese canal, tanto más amplia y completa será la afluencia de energías de orden superior, pues la mente iluminada permitirá captarlas, entenderlas, asimilarlas, aplicarlas y distribuirlas.  Esto nos remite, nuevamente, al tema del servicio: cuando la intención es realmente servir, la energía fluye sin impedimentos y con efectos constructivos.  Cuando priman los intereses personales, la afluencia de energía espiritual no se puede establecer debidamente, ocasionando muchas veces severos perjuicios a quien trató de “manipular” dicha energía.   La energía puede circular con fuerza cuando hay equilibrio.  Por eso a lo largo de este libro hemos hecho tanto énfasis en aspectos aparentemente inconexos, pues dicho equilibrio no es solamente mental sino que concierne a todos los aspectos de nuestra naturaleza profunda y de nuestra vida cotidiana.

Cuando nos concentramos en la solución de un problema, en última instancia estamos tratando de sintonizar nuestra mente con elevadas corrientes de pensamiento.  Cuanto más ahondamos en la búsqueda de soluciones, y tratamos de resolver el problema desde diferentes ángulos, tanto más firme será la sintonía con la luz superior.  Una mente iluminada es una enorme antena parabólica que recoge información proveniente de múltiples direcciones y la envía al lugar correcto.

El pensamiento adquiere poder a medida que nuestra mente se identifica con los propósitos del alma, pues se convierte en su instrumento de expresión y experimentación.  La mente iluminada es la mediadora entre la luz del alma y el cerebro físico, el cual contiene también su propia luz, la luz de la sustancia.  Lo que denominamos trabajo espiritual es la construcción de un fuerte vínculo de alineamiento ascendente y descendente entre la denominada luz en la cabeza, la luz de la mente y la luz del alma.

Tras haber considerado con cierto detenimiento el tema de la Luz, el Amor y el Poder, veamos ahora cómo coordinarlos.  A manera de síntesis recomiendo al lector esforzarse por hacer que su vida diaria sea cabal expresión de la Tríada de su alma.  La importancia del Triángulo visualizado radica en que evoca simultáneamente la potencia de nuestra voluntad espiritual, nuestra máxima capacidad de amar y nuestra más despierta inteligencia, percibida como luz.  Si tenemos en cuenta que esa radiante Tríada simboliza a nuestra alma y su relación con el Espíritu –Atma, Budi, Manas, de la literatura oriental– entendemos mejor que, en respuesta a nuestros esfuerzos, ella distribuye energía fortalecedora desde cada punto a los demás puntos y facilita la libre circulación entre ellos.

La resultante del equilibrio alcanzado en la interacción de estos tres aspectos –equilibrio que debemos buscar conscientemente, cueste lo que cueste– es un punto central dentro del Triángulo.  Poco a poco, a medida que usted emplee esta imagen del Triángulo encontrará sus propias interpretaciones sobre esa figura y sobre su centro.   De hecho en el capítulo siguiente trabajaremos con esa imagen en un contexto más específico, en el que se podrá comprobar su utilidad.  Lo esencial es mantener muy claro el objetivo de hacer que el triple esfuerzo coordinado y centralizado sea un potente generador de energía interna.  A este punto central lo denomino Centro de Paz y Poder Vital, el cual facilita el acopio de energía vital, su circulación y su distribución.

La generación de poder interno, gracias a la optimización de nuestra triple naturaleza esencial, ofrece maravillosas posibilidades, pero también requiere una vigilancia permanente.  Al intensificarse la afluencia de energía del alma, aumenta nuestra capacidad de hacernos sensibles al amor y a la luz, pero al mismo tiempo pueden se pueden intensificar nuestras debilidades emocionales, entre ellas los espejismos afectivos, una sexualidad difícil de controlar o la irritabilidad, con todo lo cual debemos tener un cuidado especial.  El Caminante observa esos aspectos de sí mismo, incluso cuando afloran luego de arduos esfuerzos depuradores, pero persiste en su determinación de servir y mantiene un firme contacto con su alma, pues sabe que las limitaciones serán superadas “por añadidura”.

Nuestro Centro de Paz y Poder Vital puede ser convertido en un refugio interno.  Es posible cultivar en la meditación esa imagen del punto dentro del Triángulo y aprender a replegar allí la mente en aquietada radiación.  Hay una frase de los mundos internos según la cual: “Hay una Paz que a toda comprensión trasciende, es la Paz de aquellos que viven en la Luz, el Amor y el Poder de lo eterno”.  Al apropiarnos de esa Paz, en virtud del amor y el respeto con que acudimos allí, vemos que no es un lugar estático sino una restauradora fuente de energía interna, a la que Cristo denominaba “Vida más abundante”, la cual puede ser canalizada luego hacia donde lo requieran las circunstancias.

Una segunda tríada de poder vital es la conformada por el manejo del tiempo, los pensamientos y las energías, cuya aplicación es muy útil para la vida práctica.  Y una tercera es la resultante de un trabajo coherente entre estudio, meditación y servicio, terna mencionada a menudo en el transcurso de este libro.  Si procuramos desarrollar con esmero estas dos nuevas triangulaciones y las aplicamos simultáneamente con el Triángulo Luz, Amor, Poder, surge una posibilidad estupenda.  El nueve representa la expansión de consciencia, denominada en muchos Caminos la Iniciación, así que en este párrafo el lector interesado puede encontrar indicios para avanzar a grandes pasos en el trabajo interno.

El tema de las triangulaciones puede ser aplicado de muchas maneras.  Existe incluso una importante forma de servicio mundial denominada Triángulos[21] en la que tres personas se unen diariamente, no importa en dónde esté cada una, visualizando un Triángulo luminoso formado por sus tres almas, integrando esa imagen a la red mundial de triángulos ya existente, y pronunciando luego la Gran Invocación, transcrita en el capítulo Magia.

Otro elemento de Inspiración Realizadora consiste en aprender a elevarnos hacia las fuentes de inspiración. Ese manantial creador, que algunos poetas han denominado el reino de las musas, es conocido por Patanjali como “la nube de cosas cognoscibles”.  Internet es un buen ejemplo de la exteriorización de dicha nube, y la humanidad ya empieza a registrar otras formas de contactos más sutiles procedentes de los planos superiores de consciencia.

La afluencia de la energía del alma se activa a través del esfuerzo por entrar en abstracciones profundas, por ejemplo cuando entramos a estados profundos de meditación. Una vez captadas algunas esencialidades de dichas abstracciones (ideas, imágenes, estados de consciencia, niveles de comprensión, energías que reconocemos como nuevas, destellos de inspiración, etc.), la mente trata de interpretarlas y se concentra luego en hallar la forma de materializarlas.

El proceso para la materialización de las creaciones mentales se realiza de la siguiente manera:

  1. La persona, empleando la concentración mental, penetra gradualmente en los planos elevados. Allí capta ideas propias del mundo abstracto.
  2. Estas ideas son captadas y elaboradas hasta ser convertidas en ideales.
  3. La energía plasmada como ideal es dirigida por la mente (complementada por el poder de la visualización y la palabra) hacia su manifestación.
  4. El ideal desciende y es vitalizado en el mundo de las emociones.  La duración de la vida de cualquier creación mental depende de la persistencia y de la fuerza del deseo que la acompañe.
  5. En el plano físico tiene lugar finalmente la concreción o materialización. El cuerpo físico responde automáticamente al dictado de las emociones y los pensamientos.

Idea abstracta, ideal, deseo y materialización. Estas pocas palabras resumen la capacidad creadora.  La idea, proveniente de los planos superiores de consciencia, es vertida por el alma y captada e interpretada por la mente.  Luego es nutrida por un anhelo intenso y desciende hasta el cerebro.  Entonces la persona interpreta esa idea y esa emoción como una realidad alcanzable y orienta sus energías hasta alcanzar lo buscado.

El conocimiento de los procesos descritos en este capítulo, cuyos tecnicismos son de una enorme complejidad, contribuye al perfeccionamiento del proceso de repliegue-abstracción y despliegue-concreción.  En el capítulo siguiente veremos cómo se emplean en la meditación.

Las creaciones mentales son vibrantes y equilibradas cuando hay pureza emocional, control mental y persistente alineamiento con el alma.  No obstante, el pensamiento creador, por elevado que sea, debe ir acompañado de una acción correcta y decidida.  La acción efectiva es fruto de un pensamiento tan concentrado y elevado que se ha transformado en genuina inspiración, pero tan concreto que está pendiente de todos los detalles.

Puesto que la palabra, la imagen y la acción son poderosos instrumentos de la mente para el direccionamiento de la energía hacia su manifestación y concreción, me permito insinuar que el Triángulo estudiado en este capítulo puede ser fusionado con otro Triángulo que apunta hacia abajo, formando la conocida Estrella de Salomón, imagen que prefiero denominar la Estrella de Inspiración Realizadora.

Las personas interesadas en desarrollar las posibilidades que ofrece este nuevo triángulo, en especial por su capacidad para darle direccionamiento a la energía, pueden tratar de aplicar el método que hemos empleado con nuestro Triángulo fundamental.  Ahora sería cuestión de considerar en detalle cada término: palabra, imagen, acción y observar luego sus interacciones, por ejemplo entre la verbalización, la visualización y la acción efectiva.  En los mundos internos se afirma que la estrella de seis puntas puede ser trasmutada luego hacia la de cinco puntas, lo cual plantea un interesante enigma para muchos de nosotros.

El capítulo siguiente se complementa perfectamente con nuestro tema de Inspiración Realizadora y de hecho se puede considerar como parte del método y como su aplicación específica.

Tengamos siempre presente que la movilización de energía superior es primordialmente para beneficio de toda la humanidad.  Escuchemos el llamado del mundo, su grito de dolor y necesidad, y recordemos que cada momento es oportunidad de amar y servir.

Permita Dios que, en respuesta al llamado invocador, las corrientes de la energía del alma fluyan naturalmente a través nuestro, así como un manantial en la montaña genera un flujo transparente y melodioso.  Que nuestros corazones y mentes puedan abrirse al poderío del ser y que él nos conduzca a la revelación de la grandeza del Espíritu.

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7. MEDITACIÓN

El acercamiento al alma es un desafío práctico y profundo, colmado de enigmas y paradojas.  La primera regla de la Magia Blanca, por ejemplo, sorprende por su seductora simplicidad: “El Ángel Solar se recoge en sí mismo; no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo”.  Una primera lectura nos indica que se trata de una fórmula de poder, llena de significados, de ocultas revelaciones.  Allí se insinúa que nuestra alma –el Ángel Solar– es experta en la dosificación de la energía, y que cuando se dispone al trabajo mágico creador se repliega en sí misma y nos transmite su energía en forma de pensamientos inspirados, si estamos preparados para ello.

Hemos establecido a lo largo de este libro que ascender hasta hacernos conscientes del alma, mantenernos en esa consciencia, y luego expandirla hasta nuevos niveles de percepción y expresión es una tarea que requiere toda nuestra voluntad.  Son muchos los factores que dificultan el acceso a la consciencia trascendente.  El mundo externo es múltiple y múltiples suelen ser las presiones de la vida cotidiana.  A cada instante nos llaman experiencias de la más variada índole, en tanto que el mundo espiritual es Uno, así que mantener la concentración en el propósito del alma es una tarea de guerreros.  Darle la prioridad al alma y demostrarlo a través de la meditación, es hacer que la Voz Una se imponga sobre las mil voces. Es una lucha entre lo Uno y lo múltiple, librada en nosotros mismos.  El espejismo y la ilusión se campean en el mundo y el Caminante ha de rasgar ese velo ilusorio que lo separa de las realidades internas.

El cultivo de la interiorización, una inteligente dedicación al estudio y una vivencia cotidiana lo más enfocada posible, hacen que la vivencia del alma sea cada vez más natural.  ¿Qué más puede hacerse para mantener la concentración interna y evitar que el concepto del alma se cristalice en nosotros? ¿Cómo intensificar el contacto con el alma? ¿Cómo ampliar las corrientes de energía mental y espiritual que fortalecerán ese contacto? ¿Cómo emplear en una forma nueva el potencial del alma, máxime si ya tenemos claro que nuestro objetivo es servir?

Ya hemos dicho en otros capítulos que los tiempos actuales son particularmente intensos.  La humanidad está sometida a grandes tensiones y exigencias, y esto se refleja directamente en nuestras vidas.  En muchos países estas tensiones han alcanzado niveles extremos, con problemas críticos como el terrorismo, el marginamiento social, el desempleo y el hambre, terrible flagelo que ya debería haber sido erradicado, pues ya la humanidad tiene los medios para hacerlo. La lista de problemas es enorme, lo que incluye, entre muchos otros, las abismales diferencias en la distribución de la riqueza en el mundo, el problema del armamentismo. Y males menos notorios pero igualmente nocivos, como el consumismo, la vacuidad y la inconsciencia en que viven todavía millones de seres humanos.

El deterioro ambiental sigue creciendo, como en el caso de los abundantes desechos nucleares, una verdadera vergüenza planetaria. En un reciente y extenso documento publicado por la revista de la National Geografic se afirma que los Estados Unidos han sepultado, en su propio suelo, desechos nucleares con un poder de toxicidad tal que a la Tierra le puede tomar hasta 10.000 años disipar este veneno).

El dolor derivado de tales males y de muchos otros es muy grande, hecho que se registra día a día en la congoja de millones de corazones humanos. Dar la espalda a ese dolor, pretender ignorarlo, es dar la espalda a la Vida misma. Nuestro deber es hacer cuanto podamos para ayudar a cambiar las condiciones actuales. Cada uno de nosotros, esté donde esté, puede hacer mucho por ese cambio. La humanidad está dando un nuevo paso, y cada uno de nosotros puede participar en forma consciente y activa en este esfuerzo planetario.

Ante los problemas de la humanidad surgen dos preguntas fundamentales: ¿Cómo responder con la máxima efectividad posible ante la problemática de la humanidad?  ¿Qué hacer, en términos concretos?  Sitiados por los grandes problemas humanos, es imperativo hallar nuevos recursos para trabajar en su solución. Grandes pensadores y servidores, impelidos por la búsqueda de recursos efectivos, han ahondado en reflexiones y experiencias y nos están diciendo que una primera clave reside en atrevernos a un cambio aún más profundo en la consciencia.

Vaclav Havel, por ejemplo, mundialmente reconocido por su victoriosa gestión de 13 años como presidente de Checoslovaquia, propone que empecemos por un retorno global a las grandes esencialidades del espíritu legadas a la humanidad a través de su historia. En su discurso ante el Senado francés en marzo de 1999, afirmó:

“Las normas para la coexistencia humana en esta Tierra pueden funcionar solamente si parten de la experiencia más profunda de todos y cada uno, no simplemente de algunos.  Tienen que ser formuladas para que estén en armonía con aquello que todos nosotros –como seres humanos, no como miembros de un grupo en particular– hemos aprendido, con aquello que ha permanecido y perdurado”.

Y en uno de sus inspirados escritos, Necesidad de trascendencia en el mundo post-moderno, muy difundido por Internet, Havel nos invita a un respeto profundo por el milagro del Ser:

“La única esperanza real es, probablemente, la renovación de nuestra certidumbre de que estamos enraizados en la Tierra y, al mismo tiempo, en el cosmos.  Tomar conciencia de ello nos dota de la capacidad para la auto-trascendencia.  En los foros internacionales los políticos pueden reiterar miles de veces que la base del nuevo orden mundial debe ser universal en cuanto a los derechos humanos, pero ello puede no significar nada en tanto ese imperativo no derive del respeto al milagro del Ser, al milagro del universo, al milagro de la naturaleza, al milagro de nuestra propia existencia.

Sólo alguien que se someta a la autoridad del orden universal y de la creación, que valorice el derecho a ser parte y participante de ellas, puede de forma genuina valorarse a sí mismo, a sus vecinos y honrar también sus derechos.  Lógicamente se sigue que en el actual mundo multicultural, la verdadera vía de coexistencia pacífica y de cooperación creativa debe comenzar en aquello que constituye la raíz de todas las culturas y que yace infinitamente inmerso en la profundidad de los corazones y mentes humanas y que, más que en opiniones, convicciones, antipatías o simpatías políticas, debe estar enraizado en la auto-trascendencia.

Trascendencia como mano tendida a quienes están cerca nuestro, a los extraños, a la comunidad humana, a todas las criaturas vivientes, a la naturaleza, al universo.
Trascendencia como necesidad profunda y gozosa experimentada al estar en armonía aún con aquello con lo que nosotros no lo estamos, con lo que no comprendemos, con lo que parece distante de nosotros en el tiempo y el espacio y con lo que, no obstante, nos sentimos misteriosamente ligados y unidos, constituyendo todos un único mundo.
Trascendencia como la única alternativa a la extinción”.

Incluso muchos empresarios y ejecutivos, personas prácticas por naturaleza, también son conscientes de la apremiante necesidad de una revolución en la consciencia.  Chris Largent y Denise Breton, brillantes economistas norteamericanos, en un mensaje a la comunidad empresarial, afirman que “la familia administrativa necesita una mutación, la cual sólo puede provenir de un cambio en la consciencia.  No es cuestión de moral.  Es una cuestión práctica.  El necesario sentido de reciprocidad que hoy se evidencia nos muestra que las relaciones han de verse holísticamente”.  Por su parte Peter Russell, agudo pensador y destacado asesor corporativo, declara:

Hoy en día se ha vuelto imperativa la exploración de las fronteras de la consciencia.  Es claro que la mayoría de los problemas que afrontamos hoy –globales, sociales y personales– se derivan de la forma como pensamos y percibimos, y de los valores que hemos cultivado.  La crisis actual es, en sus raíces, una crisis de consciencia.  Ahora, más que nunca, necesitamos conocer mejor nuestra propia mente y liberarnos de los limitantes y egocéntricos modos de pensar, a fin de alcanzar nuestro verdadero potencial interno.

Al tomar estas propuestas y tratar de darles un cauce concreto, empecemos por reafirmar nuestra voluntad de dejar atrás esquemas ya anticuados, marcados por un yo personal egoísta y autocentrado.  Exploremos con valentía las enormes posibilidades de ese yo transpersonal, altruista, responsable, centrado en valores esenciales como el amor al todo y a todos, el servicio grupal, la claridad interna y la voluntad del espíritu.

Una de las tesis fundamentales de nuestro libro es que una de las grandes revelaciones de nuestra época es el alma misma y su incontenible potencial.  Es hora de explorarlo a fondo.  Miles de caminos se abren paso hoy en día hacia la consciencia trascendente desde las más variadas perspectivas.  La Psicología Transpersonal, para citar un ejemplo cercano, está realizando esfuerzos sorprendentes para dilucidar los fundamentos del ser.  Por su parte los científicos e investigadores avanzan en múltiples frentes con gran consistencia, como en el caso de la Universidad de Arizona, especializada en altos estudios sobre la consciencia, mencionada en el primer capítulo.  La Astronomía, la Física Cuántica, la Biología, las Ciencias de Sistémicas y muchas otras esferas del conocimiento encuentran cada día nuevos nexos que comprueban que habitamos un universo interdependiente que respira consciencia a plenitud.

La Ciencia, pese a los arrogantes escepticismos de hace unas décadas, ha reconociendo ya la imperativa necesidad de interactuar con otras formas de pensamiento antes de que sea demasiado tarde.  Prueba tangible fue el encuentro entre eminentes científicos y serios meditadores, detallado por Daniel Goleman en su libro Emociones destructivas, referenciado en la sección de fuentes bibliográficas. Sorprende el alto reconocimiento académico e intelectual de los meditadores budistas allí reseñados y la alta preparación científica de personajes como el Dalai Lama.

Los empresarios también reconocen la necesidad de nuevos recursos y están abriendo importantes espacios a la meditación.  Los hallazgos del Instituto Nacional para la Salud, la Universidad de Massachusetts y el Instituto Médico Mind/Body en la Universidad de Harvard “han comprobado que la meditación favorece el desarrollo de las cualidades que más necesitan las compañías en sus empleados: aumento en la actividad de las ondas cerebrales, mayor intuición, mejor concentración y el alivio del tipo de achaques y dolencias que más invaden a los empleados”.

La meditación ha dejado ya de ser un tema oculto.  Abundan las escuelas y grupos, los libros y la información en Internet.  Incluso en las conversaciones cotidianas el tema se maneja con creciente naturalidad.  ¿Por qué la meditación está ocasionando tanto impacto en el mundo? ¿Es una moda pasajera o su práctica responde realmente a una necesidad profunda de cientos de miles de personas? ¿Por qué la están empleando ya funcionarios públicos de renombre y prestigiosas empresas nacionales e internacionales? ¿Por qué y cómo la meditación contribuye a un mayor acercamiento al alma y a la consiguiente efectividad?

La meditación agiliza los procesos de crecimiento humano, a tal punto que incluso el riguroso mundo empresarial, en su permanente proceso de actualización e innovación, está aprovechando los resultados prácticos del proceso meditativo. Y quizá uno de los casos más elocuentes de que se tenga registro es el trabajo evidenciado por Phil Jackson, entrenador de baloncesto en la NBA, once veces campeón de dicho torneo. En su libro Canastas Sagradas hace clara referencia al tipo de actitudes y prácticas meditativas realizadas con sus jugadores. Hablar de la meditación en nombre de la practicidad puede parecer paradójico. Pero al considerar el tema con la suficiente altura y profundidad, esta aparente paradoja desaparece.

Si nos acercamos a la meditación con el sagrado respeto que se requiere, ella nos puede situar “cara a cara con nuestra propia alma”, permitiéndonos alcanzar nuevos espacios de claridad y fortaleza.  La meditación permite un mejor conocimiento de nuestra mente y una serena exploración de las fronteras de nuestra consciencia.  Meditar es atrevernos a dar un paso firme hacia una mayor consciencia mediante una práctica capaz de sensibilizarnos constantemente, enriquecer nuestra visión y fortalecer nuestra capacidad de transformación del mundo.

Hay muchas formas de concebir la meditación. Entre ellas están el Budismo y el Zen, el hinduismo y las meditaciones orientales devocionales (Bakti Yoga), las meditaciones tibetanas y las esotéricas, con prácticas como el Raja Yoga de Patanjali y el Agni Yoga.  Algunos renombrados exponentes de la meditación son o han sido el Dalai Lama, Krishnamurti, Alice Bailey, Desimaru, D.T. Suzuki, Trungpa, Dogen, Thich Nhat Hanh, Tarthang Tulku Rimpoché, para citar solamente a unos pocos.  Ken Wilber, Francisco Varela, Daniel Goleman, Claudio Naranjo y otros pensadores de renombre han sido también serios meditadores.

Existen miles de formas de meditar.  Hay prácticas bastante metódicas, en las que cada paso debe ser efectuado con la mayor exactitud posible, y hay prácticas versátiles y de más libre aplicación.  Hay meditaciones suaves y relajantes, y existen meditaciones de un rigor extremo.  Existen también enfoques meditativos para personas reacias a cualquier tipo de normas o encasillamientos, como por ejemplo los de Krishnamurti.  La forma como Ken Wilber concibe y explica la meditación, me parece valiosa y llena de energía.

Unas corrientes meditativas, entre ellas ciertas prácticas Zen, invitan a ascender hacia las cumbres del alma negando al “no-yo”, es decir, vaciando de nosotros “todo lo que no es” hasta permitir que el ser aflore con entera libertad.  Otras, por el contrario, invitan a establecer un contacto deliberado con el alma mediante la concentración en algo definido (un objeto, un objetivo, un pensamiento, un sonido, una palabra, una imagen).  En este capítulo expondremos algunas técnicas meditativas basadas en esta última concepción.

Mi experiencia meditativa, que se inició en caminos místicos orientales, me condujo hacia la meditación desde la perspectiva práctica enseñada por Patanjali y por fuentes tibetanas, particularmente el Maestro Djwhal Khul, a través de los libros de Alice Bailey.  Este enfoque, denominado Raja Yoga o yoga de la mente, utiliza la meditación como un instrumento mediador entre la consciencia habitual y la consciencia transpersonal, y vincula al alma con todas las almas, empleando para ello el poder de la iluminación mental.

Dado que el acercamiento al alma a través de la meditación puede ser algo completamente nuevo para muchos lectores, me atreveré a dar algunas indicaciones para los interesados en aprender a meditar.  Dos hechos me impelen hacerlo: (1) La impronta de mi propia alma que, ante los agudos problemas de la humanidad, me insta a crear y divulgar una forma de meditación que contribuya a fortalecer procesos de interiorización con fines de servicio. (2) La experiencia adquirida en la práctica de la meditación, casi diariamente, desde hace 35 años, que me ha permitido conocer de primera mano el enorme potencial de servicio y transformación que dicha práctica puede ofrecer.

La clave dorada de la meditación es la misma que nos ha acompañado a lo largo de este libro: la persistencia.  Los siguientes pensamientos, de autor anónimo, ilustran el valor de la persistencia y la paciencia, cualidades imprescindibles para la meditación.

Una particularidad del bambú japonés, que lo convierte en no apto para impacientes, es que no sucede nada apreciable durante los primeros meses después de haber sembrado las semillas de esta planta.  En realidad no ocurre nada durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.  Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas, la planta de bambú puede crecer hasta treinta metros.  En los años de aparente inactividad, el bambú estuvo generando un complejo sistema de raíces que le permitirían crecer con inusitada rapidez después de siete años.

Muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que la realización es el resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.  Es difícil convencer al impaciente que sólo llegan a la meta quienes luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

Quienes tienen una visión y un propósito y no se dan por vencidos, gradual e imperceptiblemente van adquiriendo los hábitos y el temple necesarios para alcanzar sus objetivos.  Los logros son el resultado de un proceso que exige atención, tiempo y dedicación.  Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y requiere una nueva forma de pensar.  Un proceso que reclama cambios, acción, mucha serenidad y formidables dotes de paciencia.

La meditación se construye en los mundos invisibles, tejiendo día a día las más diversas relaciones luminosas, con un poder tal que cuando lo vivido internamente emerge al mundo externo, se proyecta con gozo y contundencia.  Pero el milagro es cuestión de tiempo.  Las siguientes interpretaciones pretenden arrojar alguna luz sobre lo que significa meditar y sobre su enorme potencial práctico.

  • Meditar es empuñar la Espada del Alma y abrirse paso con diamantina determinación hacia una vida nueva.  Es tener acceso a una experiencia directa, auténtica e irrepetible.   Es encontrar la forma de mantener muy claro nuestro norte vital.
  • Meditar es alinear nuestra dimensión física, emocional y mental y ascender hacia un estado de percepción y expresión que trasciende dichas dimensiones, desde el cual se amplía la perspectiva vital.
  • Es estar plenamente despiertos a lo simple e inmediato y al mismo tiempo a las grandes verdades de todos los tiempos.  Es aprender a percibir, asimilar, utilizar y distribuir energías a las que nunca antes habíamos tenido acceso.  Es conquistar una paz que no depende de objetos, personas, lugares o circunstancias externas.  Es adiestrar la mente para que ascienda hacia la Luz, permanezca en Ella, y registre con creciente precisión el dictado del alma.
  • Meditar es alcanzar el cese de todo clamoreo –físico, emocional y mental– hasta percibir en el Santuario del Silencio las notas de alegría entonadas permanentemente por el alma.  Es vencer ansiedades, temores e iras, haciendo que nuestros cuerpos sean atravesados por elevadas corrientes de amor, serenidad y transparencia.
  • Meditar es observar impasibles nuestro mundo emocional y mental, con todo realismo, y empeñarnos en trascender sus dualidades y vaivenes.  Es persistir en la indesviable determinación de borrar de nuestros corazones toda marca de dolor, resentimiento, egoísmo y agresión.  Es trascender el pequeño y autocentrado yo, y elevarnos en alas del alma hasta unificarnos con todo lo viviente.
  • Es conocer, a sangre y fuego, la importancia de la disciplina, el desapego, el desapasionamiento y el discernimiento.  Es despertar a una vivencia amplia y profunda, abierta a revelaciones aún más liberadoras.  Es librar el Buen Combate hasta permitir que el Amor del alma se imponga sobre las limitaciones del yo personal.  Es saciar nuestra sed de Vida más Abundante, restaurando energías para responder al llamado de las Fuerzas de la Luz.
  • Meditación es consciente absorción en la Vida Una, en simultánea consagración a la humanidad en la multiplicidad. Es escuchar sin engaños el grito de angustia y dolor de millones de seres humanos y, en respuesta a la necesidad, consagrar la vida a servir.  Es participar activamente en el cambio evolutivo hacia una humanidad más sabia, justa e incluyente, una humanidad con consciencia global.

Nuestra concepción de la meditación invita a la plena utilización de la mente como mediadora entre la conciencia habitual y la supraconsciencia que caracteriza al alma.  Llevamos a nuevos niveles de profundidad el postulado, descrito a menudo en nuestro libro, que afirma que la energía sigue al pensamiento. Nuestro objetivo será entonces entrenar a nuestra mente para que se convierta en un hábil agente de direccionamiento de la energía del alma a través nuestro.

Como expusimos en el capítulo de Introversión, hay que saber conquistar los espacios de inspiración interna, de soledad, de repliegue.  Ganarlos día a día y aprender a mantenerlos.  Por eso los expertos en meditación recomiendan aprender a separar un espacio y un tiempo adecuado, preferiblemente al principio de la jornada.

Se recomienda practicar la meditación una vez al día, con un máximo de aproximadamente 20 minutos.  Lo ideal es practicarla diariamente temprano en la mañana y preferiblemente siempre en un mismo lugar.  Un lugar adecuado facilita la concentración y nos permite entrar más rápidamente a estados profundos.

La meditación se puede iniciar mediante una clara y firme actitud interna, lo más consagrada posible, pero suelta y desinhibida. Se recomienda una postura adecuada.  La persona permanece sentada, con los ojos cerrados, la columna recta (evitando toda forma de rigidez), cabeza vertical o ligeramente inclinada hacia adelante.  Luego hace una relajación muscular, de abajo hacia arriba, en la que puede aplicar alguna sencilla técnica de relajación.  Luego efectúa una serie de respiraciones lentas, rítmicas, profundas y suaves.

La fase siguiente es el alineamiento, esbozado en el segundo capítulo.  En la fase inicial de la meditación empezamos por alinear la parte física, la emocional y la mental. Podemos visualizar encima de nuestra cabeza tres esferas alineadas verticalmente, cada una empalmándose con una parte de la otra.  O se pueden visualizar los cuerpos como niveles de energía.

Estas tres esferas compendian lo más puro y elevado de nuestra energía física, emocional y mental.  A medida que nos familarizamos con este alineamiento de los tres cuerpos podemos visualizarlos integrados dentro de una esfera mayor, denominada el yo personal o personalidad y luego esa esfera del yo personal la podemos visualizar en relación con una esfera parecida pero más alta y radiante, que simboliza la energía de ese sol que es nuestra alma.

Uno de los pilares en nuestra forma de concebir la meditación es la visualización, instrumento fundamental de creación utilizado por la mente.  Consiste en imaginar con frecuencia aquello que deseamos o necesitamos, viéndolo como si ya se hubiera realizado, con tal intensidad y persistencia que tarde o temprano lo visualizado acaba por manifestarse.  La visualización es el arte de usar los poderes creadores de la imaginación como parte del proceso de conducción de la energía mental y vital. Visualizar es crear imágenes mentales, formas, figuras nítidas –globalmente y/o en sus detalles– de lo que nos hemos propuesto ver materializado o manifestado.  Es también concebir figuras simbólicas, las cuales tienen igualmente un gran poder.

La meditación moviliza la energía del pensamiento y éste se activa poderosamente en respuesta a imágenes concebidas dentro de una adecuada atmósfera interior.  En la meditación se trabaja con una imagen predeterminada y se procura verla mentalmente con la mayor nitidez posible, tratando de desentrañar sus significados.  Toda forma es símbolo de una realidad interna, y en la meditación tratamos de captar algunas de sus significaciones.

En capítulos anteriores afirmamos que la energía sigue al pensamiento y ahora complementamos esa afirmación con otra igualmente importante: el pensamiento sigue a las imágenes visualizadas.  Este hecho, aparentemente tan simple, esconde uno de los grandes secretos del poder de la meditación.

La forma mental visualizada es vitalizada y fortalecida a medida que persistimos en ella mediante una juiciosa práctica meditativa y de hecho se convierte en instrumento de revelación empleado por el alma.  Los pensamientos y revelaciones que nos llegan durante la meditación, si ha habido una práctica seria y consistente, en muy buena medida proceden directamente del alma.

El siguiente aspecto de la meditación es de vital importancia.  La persona reflexiona a fondo en una frase corta, denominada pensamiento semilla.  La analiza desde diferentes puntos de vista y trata de captar sus significados más abstractos.  Aunque la reflexión profunda es un proceso de rigurosa concentración, al mismo tiempo la experiencia meditativa abre un amplio espacio para la creatividad y constituye una fuente de gozo indescriptible.

El pensamiento semilla debe ser preferiblemente corto y tan significativo como para que merezca la atención de su alma. Usted puede elegir los pensamientos semilla que desee considerar, ojalá de los textos espirituales más elevados que conozca.  Hay escuelas de meditación que proponen o asignan una serie de pensamientos semilla, uno para cada mes o para cada dos meses.  Al meditar en estos pensamientos “a la luz del alma”, tras un tiempo prudencial usted podrá comprobar que esta forma de reflexión contribuye a establecer un sólido vínculo entre usted y su alma.  Ella se mantiene en un profundo estado meditativo, y al meditar estamos aprendiendo a sintonizarnos con ella.

El pensamiento semilla es un poderoso agente de compenetración con nuestra alma.  Cuando los pensamientos surgen de lo más elevado de nosotros mismos, de lo profundo de nuestros corazones –algo que se logra con la práctica– uno se da cuenta que son los pensamientos del alma misma y comprueba por qué se dice que el alma es fusión entre un corazón pleno de amor, una mente llena de claridad y una voluntad que supera todos los obstáculos.  Hay personas muy visuales que durante la meditación perciben espontáneamente cierto tipo de imágenes.

Le meditación es un proceso de sintonía con energías elevadas.  El estado meditativo crea una atmósfera que permite asimilar dichas energías y captar sus múltiples aplicaciones prácticas.  La visualización y la verbalización permiten además la conducción de la energía interna a través de nuestros cuerpos, hasta llevarla a una efectiva exteriorización en la vida diaria.  Cuando se verbaliza una frase de poder, en sentido meditativo, por lo general en silencio, ésta refuerza y complementa el proceso y forma parte integral del mismo.

Existe una estrecha relación entre la meditación formal (los 15 o 20 minutos empleados diariamente para la meditación) y la manera como afrontamos la vida cotidiana.  Un cuidadoso manejo del pensamiento durante la cotidianidad hace mucho más potente el pensamiento durante la meditación.  Y un buen trabajo meditativo nos vuelve mucho más conscientes de la naturaleza de nuestros pensamientos de la vida diaria.  Un buen meditador busca siempre una feliz combinación entre una percepción meditativa profunda y una esmerada aplicación práctica en sus actividades del día a día.

El servicio es el mejor fertilizante para nuestra vida meditativa, pues de hecho la meditación es en sí misma un acto de servicio. El servicio externo ejecutado a cabalidad suele reclamar toda nuestra energía activa y entonces la meditación se revela como fuente restauradora en la que absorbemos nuevas dosis de energía vital e inspiración para servir luego con más efectividad.  De esta manera el servicio y la meditación se acompañan en una espiral ascendente cada vez más amplia y útil para nosotros, para nuestro entorno y para toda la humanidad.

La meditación es un paso firme que damos hacia una Luz Mayor.  Podemos considerarla como parte de un vasto esfuerzo mundial orientado a servir, fortaleciéndonos para ayudar a cambiar los destinos de la humanidad, empezando por nuestras propias vidas, aunque proyectando conscientemente lo percibido en beneficio de los demás.

Meditar es abastecer, entrenar, preparar a nuestra mente para que trabaje mejor en los asuntos humanos y para que nos conecte más confiablemente con lo trascendente.  Una mente refinada, purificada, organizada, sutilizada, ejercitada es necesaria para entrar en estados más profundos de meditación, los cuales se revierten en una vida más efectiva.

A continuación presento un delineamiento específico para meditar, lo que se denomina una fórmula de meditación.  Lo recomendado son aproximadamente 20 minutos diarios de meditación, como máximo. Sugiero practicar esta fórmula de meditación durante dos años y luego buscar o desarrollar otras fórmulas más avanzadas.

No se preocupe por su capacidad de memorizar los pasos de esta fórmula.  Lo fundamental es la actitud interna frente a la meditación, el interés, amor, el respeto puesto en cada paso.  En sus primeras sesiones de meditación puede dedicarse a estudiar los pasos y a tratar de asimilar cada uno. O también puede practicar la meditación durante la(s) primera(s) semana(s) leyendo cada paso, y durante ese tiempo podrá aprenderse poco a poco los respectivos pasos.  Los pasos a seguir son:

Adopte una posición corporal cómoda y una actitud interior libre y desinhibida.

Cierre los ojos, relájese y haga que la respiración sea lenta, rítmica, profunda y suave.  Distensione los músculos, zona por zona, de abajo hacia arriba.

Afirmación inicial: Soy un Caminante que asciende hacia la Luz, Soy un servidor consagrado a servir.

Sitúe la atención sobre su cabeza y visualice tres esferas alineadas verticalmente (su parte física, emocional y mental concreta) que se empalman entre sí.

Visualizando la esfera inferior, emita este amoroso mandato: Mi cuerpo físico está aquietado, acallado, alineado y apaciguado. Repita el mandato con su mundo emocional y luego con su mente concreta. Tome consciencia de que las tres esferas conforman su yo personal y repita el mandato para que también el yo personal esté aquietado, acallado, alineado y apaciguado.

Ofrende el yo personal al Alma, con profundo amor, procurando que todo en usted sea complaciente a Ella. Inicie la profundización meditativa elevándose hacia la Luz de su Alma. Visualícela como un aura radiante, una amorosa presencia que lo envuelve y lo llena de paz.
Imagine que asciende hacia la cumbre de una gran montaña, hermosa, resplandeciente, y que en la cima hay un santuario. Con total solemnidad ingrese a ese lugar, colmado de paz, libertad e inspiración.  Visualice la Tríada de su Alma. El vértice superior es Poder, el inferior izquierdo es Amor y el inferior derecho es Luz.   Sienta la palpitante Vida que hay en su centro.

En un estado de abstracción meditativa, en compenetración con el Alma, reflexione en el pensamiento semilla: Movida por el amor y por la determinación de servir, la voluntad soberana abre la puerta al Ser Interno.

Visualice el aura de su Alma, energía radiante que desciende, baña, impregna y compenetra sus cuerpos inferiores (mental concreto, emocional y físico) generando en ellos armonía y vitalidad.

Vuelva la atención a la mente concreta y piense en cómo lograr que lo captado en la abstracción meditativa se manifieste cada vez más plenamente en su vida diaria.

Únase imaginativamente al centro de Luz del planeta, al centro de Amor y al centro de Poder y comprenda que desde estos centros hay una enorme afluencia de energía que respalda y fortalece a todos los grupos de verdaderos servidores y a toda la humanidad.

——

Así como el alma no vive exclusivamente para sí sino que trabaja en comunión con todas las almas, quien medita pronto traspone el umbral que le hizo creer que estaba solo.  Poco a poco descubre nexos con más y más grupos de servidores, y oportunamente comprueba que el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, grupo subjetivo al que nos referíamos en el capítulo Perspectiva, es completamente real y está trabajando vigorosamente para ayudar a cambiar los destinos humanos.

El potencial interno generado hoy por miles de grupos de servidores y meditadores es literalmente un banco de energía global –coordinado inteligentemente por las Fuerzas de la Luz– el cual está ayudando a crear los cimientos para una cooperación mundial cada vez más plena y profunda.  La expresión energía global se refiere al poder de un pensamiento amplio y profundo que irriga hoy a todo el planeta, más allá de tiempos y distancias, cuyo símbolo y exteriorización es la red mundial de Internet.  Se refiere también a un amor que sobrepasa todo cuanto hemos experimentado hasta ahora bajo ese término.

Los efectos de esta compenetración global, irrigada por la Vida Una, registrados por un número cada vez mayor de servidores y meditadores, se evidencian por ejemplo en la acrecentada capacidad humana para el servicio grupal. La actual proliferación de ONG en todo el mundo comprueba la anterior afirmación.  El sociólogo argentino Lucio Capalbo, coordinador de la Fundación UNIDA, en un fascinante estudio titulado Organizaciones comunitarias: una expresión social de la conciencia planetaria, afirma que el surgimiento de cientos de miles de organizaciones no gubernamentales y sin ánimo de lucro en todo el mundo durante las últimas décadas probablemente constituye el hecho social más significativo de nuestro tiempo y quizá de toda la historia.

A través de la meditación comprendemos con mayor celeridad que la luz de nuestra alma está en sintonía con el centro planetario de Luz, que el amor nos sintoniza con el centro en torno al cual gravitan todos aquellos que aman y sirven, y que nuestra voluntad trabaja sincrónicamente con el centro donde se conoce y se cumple la voluntad de Dios.

Se dice que el alma está en profunda meditación durante todo nuestro ciclo de encarnación.  La meditación es entonces nuestro esfuerzo deliberado para captar en alguna medida “aquello en lo que nuestra alma medita”.  ¿En qué medita nuestra alma?  En los grandes planes de la evolución, en el Plan de Dios y su implementación en beneficio de toda la humanidad, en el trabajo sincronizado de las almas y los hombres, del cuarto reino con el quinto.  Como afirma el Maestro Djwhal Khul en su invaluable libro “El alma, la cualidad de la vida”, descargable en Internet:

Cuando la revelación se manifiesta, su significación es tan enorme que quien la recibe se retira al mundo de la luz y se une a sus hermanos. Reúne todas sus fuerzas y busca una nueva luz sobre el Plan.  Esa luz brilla y, por la fuerza de su poder revelador, surgen nuevas adhesiones, se ven nuevas metas y lo que es y lo que debe ser se pierden ambos en la radiante luz de la revelación.

Que al contacto con nuestras almas despertemos a una mayor sensibilidad a las poderosas energías humanas y planetarias determinadas a ayudar a resolver los problemas de la humanidad y de los reinos subhumanos.

Que la identificación con el alma nos ponga en contacto directo con el torrente de inspiración divina, nos haga copartícipes en tan sublime proceso y nos permita ser portadores de una visión cargada de esperanza.

Que la Vida Una nos otorgue las cualidades necesarias para continuar avanzando hacia nuevas dimensiones de Luz, Amor y Poder, en beneficio nuestro y de toda la humanidad.

 

 .

Anexo:

LIBROS RECOMENDADOS

El encuentro con un buen libro es tan significativo como el encuentro con un buen amigo.  Muchas veces un autor nos sitúa ante posibilidades que quizá nunca se nos habrían ocurrido.  Con ese gusto me complace compartir la siguiente información, en la que citaré unos cuantos libros y autores que han sido catalizadores en el trabajo de acercamiento a mi propia alma. Están reseñados en orden creciente de dificultad.

  • Hay una obra que considero el manual elemental para el acercamiento al alma.  Es un libro breve y ameno que hace pensar en nuestra vida interior y que nos ayuda también a romper ese duro cascarón que nos separa de nosotros mismos.  Se trata de un actual bestseller mundial: El caballero de la armadura oxidada, del humorista norteamericano Robert Fisher, publicado en español por Ediciones Obelisco, Barcelona, España. Actualmente es un best seller mundial.
  • Es muy sintomático el hecho de que el sicólogo y escritor Wayne Dyer, conocido mundialmente por sus obras de superación, entre ellas Tus zonas erróneas, El cielo es el límite y Tus zonas mágicas, haya dado recientemente un gran salto hacia lo espiritual, como lo demuestra su obra Tu Yo Sagrado.   Proporciona abundante información sobre la senda espiritual, con un lenguaje adaptado a nuestra generación. Editorial Grijalbo, Barcelona, España, 1996.
  • El Alquimista (Ediciones Obelisco, Barcelona) y otras obras del autor brasileño Paulo Coelho, nos recuerdan que el autoconocimiento es todo un camino por recorrer, lleno de magia y aventura, y que lo que buscábamos estaba más cerca de lo imaginado.
  • Un libro quizá desconocido para algunos lectores es Jesús el hijo del hombre, de Jalil Gibrán.  Una versión poética sobrecogedora y original, que nos muestra a Jesús como habría sido visto por diversas personas que le conocieron.  Gibrán, autor de El Profeta, su obra más ampliamente conocida, mostró con su vida y obra una espiritualidad muy comprometida con las realidades de su época.
  • Un libro impactante es Todos los hombres son hermanos[24] en el que textos escritos por Gandhi señalan el derrotero de su pensamiento y de sus desafíos prácticos. Este hombre, digno exponente de nuestra época, nos demostró con sus hechos de cuánto es capaz un ser humano determinado a servir:  “Es fácil ver cómo la fuerza espiritual es infinitamente superior a la fuerza física. Si se recurre a la fuerza del alma para reparar las injusticias, se evitarán muchos males actuales”.
  • El belga Maurice Maeterlinck, galardonado en su época con el Premio Nobel de Literatura, es un autor que recomiendo en forma entusiasta. No obstante el rigor intelectual propio de pensadores de su talla, sus análisis y observaciones demuestran un admirable espíritu de apertura.  En El tesoro de los humildes establece un maravilloso paralelo entre alma y belleza, y rinde un merecido tributo al gran Ralph Waldo Emerson por su visión trascendente.  En ese libro y en Los Senderos de la Montaña[25] explora la información suministrada por la Ciencia y por los documentos históricos, concluyendo que Oriente ha tenido a disposición otras poderosas formas de conocimiento diferentes a las que está acostumbrado el hombre occidental.
  • Un contemporáneo nuestro es el checo Vaclav Havel, prototipo del hombre espiritual de hoy, al demostrar en sí mismo una síntesis entre percepción intelectual, sensibilidad estética, visión trascendente y capacidad de acción. Autor de diversas e importantes obras de teatro, se comprometió activamente con las luchas políticas de su país.  El libro Cartas a Olga[26] es un impresionante testimonio del tiempo en que permaneció preso, debido justamente a esas luchas; en ese libro se percibe el poderoso despertar de conciencia que se operó en él y se captan las conquistas emocionales y conceptuales que acompañaron ese duro proceso.  Sus esfuerzos por conducir a su país hacia la democracia lo llevaron a ocupar la presidencia de Checoslovaquia.
  • Seis propuestas para el próximo milenio[27] de Italo Calvino, es una obra escrita con la limpidez y calidad propias de un profesional de las letras contemporáneas.  Ofrece una sinigual perspectiva de los factores básicos de la Literatura de hoy, transferibles y aplicables a la espiritualidad actual, cifrados en: Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad. (Su Multiplicidad, que de alguna manera se relaciona con nuestro capítulo Perspectiva, juega con la imaginación en procura de concepciones amplias e incluyentes). Un último factor, Consistencia, que no alcanzó a escribir, suscita grandes reflexiones.
  • Un autor que puede mostrar mi país con orgullo al mundo es Fernando González (Envigado, Colombia, 1895-1964).  Hombre de admirable hondura espiritual, mostró una singular calidad y originalidad en sus obras, entre las cuales se destacan El libro de los viajes o de las presencias[28] y Viaje a pie[29].  En el libro Algunas Verdades de Fernando González[30] recopilé textos de sus diversos libros, en un esfuerzo por decantar pensamientos aplicables a la vida interior.
  • Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke es una obra que menciono con un entusiasmo único. El lector es llevado a lo profundo de su ser, en un lenguaje claro y precioso.  Rilke aconseja a un joven poeta – eso es en el fondo cada uno de nosotros– para que ahonde en sí mismo como única vía para saber qué hacer y cómo hacerlo adecuadamente. Esta obra continúa siendo editada por diversas editoriales, entre las cuales destacaría la versión publicada por Alianza Editorial, de España
  • Daniel Goleman, mundialmente reconocido por éxitos como La inteligencia emocional, en su libro Emociones destructivas demuestra además que una de las formas más efectivas de acercamiento al alma se logra y expresa a través de la capacidad para el trabajo grupal. Emociones destructivasdedicado al admirable científico chileno Francisco Varela, muestra “en vivo” el enriquecedor diálogo sostenido en la India entre un grupo de científicos y un grupo de meditadores budistas, entre ellos el Dalai Lama. Este libro revela además nuevas facetas sobre un tema tan importante hoy en día como lo es el de la meditación.
  • El Libro tibetano de la vida y la muerte[31], de Sogyal Rimpoché, es una obra recomendable para las personas que reclaman respuestas serias y profundas pero expresadas con claridad y sentido común.  En sus numerosas páginas el autor nos familiariza con las enseñanzas orientales, pero con el rigor investigativo de quien ha sabido impregnarse de los valores occidentales.
  • Sobre el tema específico del alma he citado algunas obras a lo largo de este libro, pero para quienes deseen ampliar su perspectiva sobre el particular quiero hacer especial énfasis en las obras de Alice Bailey, particularmente Del intelecto a la intuición y La luz del alma[32]. Estas  obras, de publicadas por la misma casa editorial, constituyen una puerta hacia una abundante literatura que conduce hacia el alineamiento y la integración con el alma. El lector no preparado descubre allí que el tema espiritual es realmente complejo y exigente, pero si ya ha hecho incursiones en el sendero interior encuentra posibilidades maravillosas.
  • Para quienes deseen hacer un primer acercamiento a la amplia y profunda obra del norteamericano Ken Wilber, uno de los pioneros de la Psicología Transpersonal, a quien John White denomina “el Einstein de la conciencia”, les recomiendo el libro Ken Wilber ANTOLOGÍA, de Editorial Kairós, Barcelona, cuya primera edición fue publicada en el año 2001. Una exquisita selección de textos escritos por Wilber, realizada por David González Raga, con una muestra representativa de los temas que aborda Wilber y de su dimensión trascendente.

[1]   Ediciones Obelisco, Barcelona, España, 1994.

[2] The Selected Writtings of Emerson, compilados por Brooks Atkinson, Editorial Random House, Nueva York, 1950.

[3] Plaza y Janés Editores, España, 1990 y Editorial América Ibérica S.A. 1994.  Lo singnificativo de este libro es que es ¡un método de acercamiento al alma escrito por un hombre de ciencia!

[4] Modern Man in Search of a soul.  Harvest Book, Harcourt Brace & Company, San Diego y Nueva York.

[5] Editorial y Librería Goncourt, Buenos Aires, Argentina, 1983.

[6] Así ha dicho la escritora Luz González recientemente en una conferencia en Ginebra.

[7] Publicado por Editorial Norma, Colombia, 1999. Tuve el honor de ser activo colaborador en la redacción y revisión de este libro.

[8] El Moisés, al igual que Arpas Eternas (historia de Jesús) han sido publicadas por Editorial Kier, Argentina.

[9] Editorial Kairós, Barcelona, 1994.

[10] Alice Bailey tradujo e interpretó las enseñanzas de Patanjali y dio a conocer en sus numerosos libros el pensamiento del Maestro El Tibetano, editados en español por Lucis Trust, Nueva York, y por la Fundación Lucis, Argentina.

[11] Tratado sobre los Siete Rayos, Tomo II, pg.321. Publicado por Editorial Fundación Lucis, Argentina.

[12] Estos textos aparecen en mis recopilaciones Tiempo del Alma y Desde el Corazón, publicados por Editorial Hola Colina, Medellín, 1999.

[13] Publicado por la Fundación Luics, Buenos Aires, Argentina.  La obra original se consigue en las grandes librerías y en librerías especializadas en temas esotéricos.

[14] Se puede solicitar información escribiendo a 120 Wall Street, 24th Floor, New York, New York 10005. O en el sitio www.lucistrust.org

[15] Editorial Kairós, Barcelona, España, 1994.

[16] En el Anexo 1, al final de este libro, aparece una breve reseña de obras recomendadas.

[17] Una excelente versión de las enseñanzas de Patanjali es la publicada por la Fundación Lucis Trust: 120 Wall Street, 24th Floor, New York, New York 10005.

[18] Esta publicación se puede solicitar a: Fundación Lucis, Rodriguez Peña 208, piso 4º 1020, Buenos Aire, Argentina.

[19] Buena Voluntad Mundial, uno de los muchos grupos que difunden hoy en día esta Invocación, la explica en estos términos: La Gran Invocación es una plegaria mundial, traducida a más de 65 idiomas y dialectos.  No pertenece a ningún grupo espiritual exclusivo ni a ninguna religión en particular, pero tiene amplia aceptación mundial porque expresa bellamente el llamado que la Humanidad dirige a la Mente y al Corazón de Dios.   A través de la invocación, la plegaria y la meditación, hombres y mujeres de buena voluntad de muchas creencias y naciones, se unen diariamente en el servicio mundial, llevando valor y fortaleza espirituales a un mundo perturbado.  Quienes con el anhelo de servir empleen esta invocación para la iluminación y el amor, “por añadidura” empezarán a experimentar cambios poderosos en sus propias vidas.

Se recomienda reflexionar durante unos minutos cada día sobre esta invocación, procurando entender el profundo significado espiritual que encierra y su importancia para ayudar a desencadenar fuerzas divinas que nos ayuden a lograr los cambios que tanto necesita la humanidad.  Luego pronunciar la Gran Invocación con concentración e intención.  Al hacerlo, visualizar la Luz y el Amor de Dios y la Voluntad al Bien, llegando a los corazones y las mentes de las personas de todas partes.

[20] El tema del alineamiento fue considerado detenidamente en el capítulo Realismo.

[22] En un reciente y extenso documento publicado por la revista de la National Geografic se afirma que los Estados Unidos han sepultado, en su propio suelo, desechos nucleares con un poder de toxicidad tal que a la Tierra le puede tomar hasta 10.000 años poder disiparlo.

[23] Los interesados en el tema pueden ampliarlo en Antología de Ken Wilber, (Editorial Kairós). Primera edición Mayo de 2001, realizada por David González Raga, pgs. 171, 236 y 230 (El ejercicio del testigo).

[24]  Compilación de escritos y pensamientos de Gandhi, efectuada por Sri Krishna Kripalani.

Editado por la Sociedad de Educación Atenas, de España:  Mayor, 81 – Madrid 13, 1995.

[25]  Editorial TOR, Buenos Aires (No figura el año de edición).

[26]  Editado alguna vez por la editorial Círculo de Lectores, de Bogotá, Colombia.

[27]  Ediciones Siruela, 1989, Madrid.

[28]  Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 1993.

[29]  Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1996.

[30]  Editorial Hola Colina, Medellín, Colombia, 1996.

[31]  Ediciones Urano, Barcelona, 1994.

[32]  Aforismos de yoga de Patanjali. Publicados por Lucis Trust (Nueva York, Londres y Ginebra) por la Fundación Lucis, de Argentina.

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