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Phil Jackson

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Prototipo de la contundencia en el deporte, con 11 títulos como campeones en la NBA, el entrenador Phil Jackson ha sido conocido en el argot deportivo como el Maestro Zen. Su ejemplo nos indica que para construir sinergias contundentes debemos movilizar el poder combinado de todos los activos vitales, vibrando con excelencia en cada uno de ellos.

Mucho podemos aprender de él desde el punto de vista de la correlación Ser-Hacer y del equilibrio de los aspectos fundamentales de un ser humano (amor, pensamiento, pragmatismo, dimensión espiritual, capacidad de crear sinergias). Además de demostrarlos mediante resultados contundentes, los expresa con nitidez en sus libros, videos y entrevistas. En su libro Canastas Sagradas (Editorial Paidotribo, España, 2007), Jackson dice cosas como:

Experimenta cada momento con una mente clara y un corazón abierto. Cuando lo haces, el juego, y la vida, harán su parte.

En el baloncesto, como en la vida, la verdadera dicha viene de estar plenamente presente en todo y en cada momento, no simplemente cuando las cosas salen bien. Por supuesto, no es accidente que es más probable que las cosas salgan bien cuando uno deja de preocuparse sobre si ganará o perderá y enfoca toda su atención en lo que está sucediendo justo en este momento.

Lo que Michael Jordan le aportó al equipo no fue solamente su extraordinario talento, sino una profundan comprensión del sistema del baloncesto que nosotros jugábamos. Fue lo suficientemente versátil para jugar en las cinco posiciones en la cancha y podía mostrar con su ejemplo como funcionaba el sistema en su más sofisticado nivel.

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JACKSON NOS HABLA SOBRE SINERGIA Y TRABAJO EN EQUIPO

Los siguientes son apartes de una entrevista a Phil Jackson realizada por Ross Robertson y publicada en la revista ElightenNext en la edición de mayo-julio de 2004. La traducción es nuestra y lo consideramos un texto invaluable para quienes aspiran al triunfo grupal en cualquier actividad. Fuente: http://www.enlightennext.org/magazine/j25/teamwork.asp

 

“El baloncesto es un deporte que implica la sutil interacción
de los jugadores, a gran velocidad, hasta tal punto que
piensan y se mueven como uno solo.
Phil Jackson, Sacred Hoops (Canastas Sagradas)

El entrenador de los Lakers de los Ángeles, Phil Jackson, con un porcentaje de 0.738 ha sido el entrenador con más victorias alcanzadas en la historia de la NBA, reconocido por su capacidad para convertir a las grandes estrellas en jugadores de equipo. “La forma más efectiva de forjar un equipo ganador”, escribe él en Canastas Sagradas: Lecciones espirituales de un guerrero curtido, “es apelar a la necesidad que tienen los jugadores de conectarse con algo mayor que ellos mismos”. Fusionando los principios del Budismo Zen, las lecciones de los Lakota Sioux y una experiencia de más de veinte años como jugador profesional y entrenador, Jackson condujo a Michael Jordan y a los Bulls de Chicago a tres títulos consecutivos, no una sino dos veces, de 1991 a 1993 y de 1996 a 1998.

Luego lo logró nuevamente con los Lakers, esta vez con Shaquille O’Neal y Kobe Bryant, entre el año 2000 y el 2002. Antes de que Jackson se integrara a los Bulls y los Lakers habían sido equipos que, a pesar de la presencia de extraordinarios talentos, no habían podido lograr la armonía necesaria para ganar campeonatos. Sin embargo, bajo su guía, con el enfoque puesto en su característico inegoísmo y en un estilo orientado hacia el equipo, se convirtieron en un éxito capaz de batir todos los récords. ¿Qué tiene por decirnos un entrenador tan destacado acerca de esta excepcional consciencia de grupo que puede despertar cuando los equipos se juntan más allá de las fuerzas divisorias del ego? WIE habló con él el pasado diciembre, cuando los Lakers venían de una racha de diez victorias seguidas, para averiguarlo.

Revista ElightenNext: En el libro Canastas sagradas usted escribe sobre “la energía que se libera cuando los jugadores ponen sus egos a un lado y trabajan hacia una meta común”. Usted también se refiere a “una poderosa inteligencia grupal que surge y que es mayor que las ideas del entrenador o de cualquier persona del grupo”. ¿Qué esa poderosa energía e inteligencia que surge en un grupo cuando el ego es puesto a un lado? ¿Cómo se experimenta esto?

Phil Jackson:  Cuando un jugador renuncia a su propio interés en aras del bien común, se manifiestan sus mayores dones atléticos. No está tratando de forzar un lanzamiento, ni de hacer algo que no esté en su repertorio de jugadas del baloncesto, ni de imponerle al equipo su personalidad. Es peculiar el hecho de que cuando juega con sus habilidades naturales, él activa un mayor potencial que está más allá de sus capacidades, un potencial más alto para el equipo.

Esto cambia las cosas para todos. De repente, el resto del equipo puede reaccionar instintivamente con respecto a lo que el jugador está haciendo. Y a partir de ahí ocurre una especie de expansión, como un hongo que crece, de tal manera que el todo empieza a ser más que la suma de sus partes. Esto lo vemos en muchas situaciones críticas. Cuando los jugadores están totalmente enfocados en las metas del equipo, sus esfuerzos pueden crear reacciones en cadena. Es como si estuvieran totalmente conectados unos con otros, sincronizados entre sí, como cinco dedos de una mano. Cuando un dedo se mueve, los demás reaccionan ante ese movimiento.

Veamos por ejemplo el caso de un jugador en este equipo al que le encanta regatear balones en la defensa. Si estuviera preocupado por marcar puntos al otro lado de la cancha, o preocupado por lo que le ocurrió en el partido anterior, no podría hacerlo bien. Pero cuando se compromete en la defensa, sus compañeros reaccionan ante su oportunismo natural y lo cubren en su labor, porque saben intuitivamente que estará haciendo.

Todo el mundo está activo y las cosas buenas empiezan a suceder. Es interesante ver que los otros jugadores están conscientes, despiertos frente al hecho de que se están anticipando a la conducta de su compañero. De alguna manera, misteriosamente, simplemente saben que el tiempo es el correcto. Simplemente sienten algo que está más allá de ellos mismos y hacen su jugada. No es una experiencia fuera del cuerpo ni nada por el estilo. Simplemente sienten el tremendo jalón de una actividad y qué es lo que ocurrirá luego. En ese momento se sienten llamados a activarse. Considero que a esto es a lo que se refieren los jugadores cuando dicen: “Tenía que ir, tenía que hacerlo”. Y esto no le ocurre a quienes no les corresponde vivirlo.

Revista ElightenNext: ¿Qué se requiere para efectuar ese cambio, este cambio de atención de las inquietudes individuales al éxito de equipo? Las superestrellas, en especial, tienen a tener grandes egos y a permanecer fuera del grupo. ¿Cómo se las arregla para convencerlos de que, por decirlo así, “renuncien al “mi” en aras del “nosotros”?

Jackson:  Bueno, uno tiene que demostrar que si una persona hace esto, tendrá su recompensa, porque el equipo triunfa. El hecho es que el inegoísmo es el alma del trabajo en equipo. En nuestro equipo tenemos una norma práctica: cuando te sales del partido y te pierdes en ti mismo durante más de dos segundos, destruyes nuestro ritmo, porque al recibir el balón te conviertes en el punto focal y nuestro sistema de rompe. Es así de simple.

De repente la defensa contraria puede recuperar el balón y el espacio es destruido. Así que los jugadores inegoistas, los que están más interesados en leer lo que está sucediendo y fluir con lo que ocurre en la cancha, son los jugadores más valiosos que tenemos. Es posible que solamente encesten siete puntos en promedio, o lo que sea, pero su capacidad para jugar en forma inegoísta le da al equipo una verdadera oportunidad. En estos jugadores, el poder del nosotros en lugar del mí está más avanzado y por eso son más valiosos que otros jugadores que puede incluso ser muy talentosos pero más individualistas.

Es por esto que equipos con personas menos talentosas pero más inegoístas y orientadas al grupo pueden tener más éxito. Puede decirse que los Spur de San Antonio fueron un equipo más exitoso el año pasado porque tenían esa capacidad. Los Bull fueron un equipo muy éxitos porque también la tenían. Y los Lakers, cuando empecé a verlos al principio a fines de la década de los noventa, no eran exitosos, a pesar de ser incluso muy, muy talentosos, porque no podían hacer eso.

Como puede verse, la verdadera razón por la que los Bull ganaron seis campeonatos de la NBA en nueve años fue porque nos centramos en el poder de la unidad en lugar del concentrarnos en el poder de un hombre. Por supuesto, teníamos a Michael Jordan y su talento es indiscutible. Pero en el otro extremo del espectro, si los jugadores 9. 10, 11 y 12 están descontentos porque Michael anota veinticinco puntos en un juego, su negatividad socavará todo.

No importa qué tan Buenos son los jugadores individuales, no pueden competir contra un equipo que está despierto, consciente y en el que los jugadores confían entre sí. La gente no entiende eso. La mayoría del tiempo, todo el mundo se preocupa demasiado de que no se le respete como se merece. Pero tienes que verificar esa actitud en la puerta. Esa defensividad, esa protección de tu propia imagen y reputación. Todos deben ayudar en este juego. Todos tienen que meterse en el juego. Todos tenemos el riesgo de caer y quedar expuestos. Pero cuando perdemos el miedo a esto y nos miramos unos a otros, entonces la vulnerabilidad se convierte en fortaleza y podemos asumir la responsabilidad de nuestro lugar en un contexto más amplio del equipo y abrazar una visión en la que el imperativo del grupo está por encima de la gloria personal.

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UN VIDEO EMOCIONANTE Y ALECCIONADOR

Sobre la emocionante y difícil transición desde la consistencia hasta la contundencia, en un proceso que denomino Ímpetu Sinérgico Grupal, recomiendo en forma especial el video titulado Learning to fly (Aprendiendo a volar), subtitulado en español (https://www.youtube.com/watch?v=GK11_-7nzHk). Allí puede apreciarse la larga y difícil lucha de Jackson y sus jugadores para lograr por primera vez un campeonato de la NBA, no sin antes haber perdido dolorosamente la final en varias oportunidades.

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PENSAMIENTOS DE PHIL JACKSON EN SU LIBRO “SACRED HOOPS”

Los siguientes fragmentos del libro Sacred Hoops, de Phil Jackson, once veces ganador del título como entrenador de la NBA, han sido traducidos por mí y los he reorganizado por temas. Existe una excelente versión de este libro en español, titulada Canastas Sagradas (Editorial Paidotribo, España)

  • ESPÍRITU Y DEPORTE

Cuando me nombraron entrenador principal de los Bulls de Chicago en 1989, mi sueño no era solamente ganar campeonatos, sino hacerlo en forma tal que pudiera entretejer mi dos mayores pasiones: el baloncesto y la exploración espiritual. En apariencia esta idea podría parecer alocada, pero intuitivamente yo sentía que había un nexo entre el espíritu y el deporte.

Por sobre todo, yo quería conformar un equipo que pudiera mezclar los talentos individuales con una elevada consciencia grupal. Un equipo que pudiera ganar sin empequeñecerse en el proceso.

En el trabajo con los Bulls aprendí que la forma más efectiva de forjar un equipo ganador es apelando a la necesidad de los jugadores de conectarse con algo más grande que ellos mismos. Incluso para quienes no se consideran “espirituales”, en sentido convencional, la creación de un equipo exitoso, sea un campeón de la NBA o una arrasadora fuerza de ventas, es en esencia un acto espiritual.

  • EL SISTEMA

Parte de mi visión era que los jugadores se apropiaran de la estrategia y la ampliaran. El sistema era el punto de partida. Sin él, no habrían podido desarrollar el “poder pensante” del que habla Michael ni habrían creado algo como un grupo que trascendiera los límites de sus propias imaginaciones individuales.

Una vez que los jugadores han dominado el sistema, surge una poderosa inteligencia grupal que supera a las ideas del entrenador o las de cualquier persona del grupo.

Lo que Michael Jordan le aportó al equipo no fue solamente su extraordinario talento, sino una profunda comprensión del sistema del baloncesto que jugábamos. Era lo suficientemente versátil como para jugar en cualquiera de las cinco posiciones de juego, y  podía mostrar con su ejemplo de qué manera el sistema trabajaba en su nivel más sofisticado.

Nuestro personal inicial de entrenadores incluía a dos de las mejores mentes en el juego: Johnny Bach, un hombre con un conocimiento enciclopédico del baloncesto, y Tex Winter, el innovador del famoso triángulo ofensivo, un sistema que hace énfasis en la cooperación y la libertad.

Se requería una actitud desprendida, entre el Zen y el cristianismo. En esencia, el sistema era un vehículo para integrar mente y cuerpo, deporte y espíritu, en una forma práctica, con los pies en la tierra, de tal manera que cualquiera pudiera aprenderlo. Era consciencia en acción. El triángulo ofensivo es como un tai-chi de cinco hombres. La idea básica es orquestar un flujo de movimientos con el fin de confundir al equipo oponente, desestabilizarlo y crear miles de oportunidades en la cancha. El sistema se llama así por uno de sus patrones más comunes de movimiento; el triángulo.

El punto no es estar cuerpo a cuerpo con la defensa, sino jugar con los defensores y engañarlos obligándolos a tratar de cubrir más de lo que pueden. Esto implica pensar y moverse al unísono como grupo y estando agudamente conscientes, en todo momento, de lo que está ocurriendo en la cancha. Ejecutado adecuadamente, el sistema es virtualmente imparable porque no hay puestos fijos y los defensores no pueden predecir qué vendrá luego.

Lo que me atrajo sobre el sistema era que empoderaba a todos en el equipo, haciendo que se involucraran más en el ataque y obligándolos a poner su individualidad al servicio del grupo. Esta es la lucha que enfrenta todo líder: cómo hacer que los miembros del equipo que están impulsados por la búsqueda de la gloria individual se entreguen sin reservas a los esfuerzos del grupo. En otras palabras, cómo enseñarles lo que es el verdadero desinterés.

Los principios del sistema son el código de honor que todos en el equipo deben vivir. Casi diariamente los escribimos en la pizarra y hablamos sobre ellos. Los principios sirven como un espejo en el que se ve qué está haciendo cada jugador con respecto a la misión del equipo.

Aprender ese sistema es un proceso exigente, a menudo tedioso, cuyo domino toma años. Luego de meses de enfoque intencional en la aplicación práctica de las instrucciones repetitivas, los jugadores empiezan a ver: “Ajá”.  Así es como se van armando las piezas. Desarrollan un sentimiento intuitivo acerca de cómo están interconectados sus movimientos y los de todos en la cancha. No todos alcanzan este punto. Algunos jugadores están tan condicionados con su autocentralización que no pueden dar ese giro. Pero para quienes lo logran, ocurre un sutil cambio de consciencia. Lo hermoso del sistema es que hace posible que los jugadores experimenten otra forma de motivación más poderosa que la gratificación del ego.

Libertad de moldear un rol para ti mismo y usar todos tus recursos creadores para trabajar al unísono con otros.

Una vez que los jugadores han dominado el sistema, surge una poderosa inteligencia grupal que supera a las ideas del entrenador o las de cualquier persona del grupo.

  • SENTIDO GRUPAL

Ensanchen sus mentes y abracen una visión en la que el imperativo grupal prime sobre la gloria individual, y el éxito vendrá por estar despiertos, conscientes y a tono con los otros.

Ningún equipo comprendió mejor que los Bulls de Chicago que el inegoísmo es el alma del trabajo en equipo.

Se requiere que las personas involucradas renuncien a su autointerés en aras de un bien mayor, de tal manera que el todo sea mayor que la suma de sus partes. Esto no siempre es fácil en una sociedad en donde la celebración del ego es el pasatiempo nacional número uno. En ningún otro campo esto es tan cierto como en la candente atmósfera de los deportes profesionales. Incluso en este mundo altamente competitivo, descubrí que cuando se deja a los jugadores en libertad para que usen todos sus recursos –mentales, físicos y espirituales– ocurre un interesante cambio de consciencia.

Cuando los jugadores practican lo que se conoce como “atención plena”, simplemente poniendo la atención en lo que está ocurriendo en el presente, no solamente juegan mejor sino que se sintonizan más plenamente unos con otros. Y la dicha que experimentan trabajando en armonía es una potente fuerza motivadora que viene muy desde adentro, no de ningún coach frenético andando al lado de la cancha gritando obscenidades.

Uno de los jugadores, Craig, demostró un control extraordinario de sí mismo en una situación difícil. Dijo que puso su ego a un lado porque “sabía que estábamos en medio de algo realmente grande”.

Cuando Jordan maduró deportivamente comprendió que lo que forja a los grandes equipos no son los brillantes desempeños individuales, sino la energía que se liberaba cuando los jugadores ponen sus egos a un lado y trabajan hacia un objetivo común. Los buenos equipos se convierten en grandes cuando sus integrantes confían lo suficiente entre sí como para sacrificar el “yo” por el “nosotros”. Esta fue la lección que Michael y sus compañeros de equipo aprendieron en el recorrido que les llevó a ganar tres campeonatos consecutivos de NBA.

“Un gran equipo de baloncesto le pasa el balón a cualquiera de sus jugadores. Si el jugador falla, la próxima vez se la pasarán nuevamente. Y porque confían en él, él tiene confianza. Así es como creces”. Bill Cartwright.

Jackson habla sobre encontrar una nueva identidad como grupo y cuenta que en cierto momento crucial, Jim Cleamons dijo: “Siempre hemos sido un equipo que juega desde el corazón”.  Inspirados en sus palabras, los jugadores tuvieron una de sus mejores prácticas de la temporada.

El signo de un gran jugador no es cuantos puntos anota sino de qué manera contribuye al desempeño de sus compañeros.

Al principio, los Bulls no eran un grupo grande ni poderoso, ni tenían un armador dominante como Magic Johnson o Isiah Tomas. Si aspiraban a ganar el campeonato tendría que ser con velocidad, rapidez en los pases y gran sutileza.

La conexión es más profunda y duradera cuando se construye sobre la base de un genuino intercambio.

Los jugadores no están luchando con los medios ni con el público; están luchando por permanecer el círculo interno del equipo. Cualquier persona que esté por fuera de ese círculo y que pueda destruir la armonía del equipo debe ser manejada con cuidado.

Nos caracterizaba una inquebrantable voluntad colectiva de ganar.

Un equipo debe trabajar en forma armónica cuando está bajo presión. Desarrollar esta capacidad toma años.

A la larga, el equipo ganador es el que tenga mayor dedicación, deseo y esfuerzo centralizado.

  • PAZ MENTAL POTENTE Y EFECTIVA

En cierta etapa de mi carrera como deportista comprendí que no podía depender exclusivamente del talento para avanzar. Tenía que usar mi mente más eficazmente para compensar mis debilidades. Supe que en última instancia la clave estaba en elevar mi nivel de conciencia.

“Juega en la misma forma en que vives tu vida, con todo tu corazón y con toda tu alma”, decía con acierto Lee Williamson, uno de mis compañeros de equipo.

Jackson cita un pasaje en Las enseñanzas de don Juan, de Carlos Castaneda, en el que Don Juan le aconseja a Castaneda: “Observa cada camino en forma deliberada, muy de cerca. Ensáyelo todas las veces que considere necesario. Y entonces plantéate, en la intimidad de tu silencio, esta pregunta: “¿Este camino tiene corazón? Si lo tiene, el camino es bueno. Si no, no sirve de nada”.  Jackson explica que tuvo que hacerse esa pregunta y entonces empezó a sondear diversos caminos. Luego dice que, inspirado por Sunseed, empezó a tomar clases de yoga, a leer libros sobre religiones orientales y asistir a conferencias de Krishnamurti, Pir Vilayat Khan y otros maestros espirituales. Estas y otras experiencias tipo Sufi, como las que le enseñó su hermano, le fueron abriendo el panorama espiritual.  Con el libro The Varieties of Religious Experience, de William James, le resultó claro que la experiencia mística no tenía que ser un fenómeno extraño. Podía ser incluso tan sin incidentes como un momento de reflexión.

Cuando terminé de leer el libro de William James, lo puse a un lado, elevé una plegaria y, de repente, experimenté un sentimiento de sosiego, de paz interior. Nada especial y, sin embargo, ahí estaba. Esta fue la experiencia que tanto anhelé en mi adolescencia.

Tras algunas exploraciones iniciales, su primer acercamiento a la meditación fue a través de Zen Mind, Beginner’s Mind, de Shunryu Suzuki. Luego pasó al Zen, con su énfasis en la claridad mental. Jackson cita la frase de Buda en el Dhammapada:  “Todo se basa en la mente, es dirigido por la mente, toma forma en la mente. Si hablas y obras con una mente pura, la felicidad te seguirá, así como la sombra sigue a lo que la origina”.

El otro aspecto del Zen que me llamó la atención fue el enfoque en la compasión.

Si tu mente no está nublada con cosas innecesarias, esta es la mejor época de tu vida, decía Wu-Men.

El baloncesto es una danza compleja que requiere cambiar de un objetivo a otro a la velocidad de la luz. Para alcanzar la excelencia en el juego tienes que actuar con una mente clara y totalmente enfocada en lo que todos están haciendo en la cancha. Lo que realmente necesitas es estar más consciente de lo que está ocurriendo justo en cada momento, en el instante presente. El secreto es aquietar el interminable parloteo de los pensamientos para que tu cuerpo pueda hacer instintivamente aquello para lo que ha sido entrenado, sin la intervención de la mente.

En el baloncesto, como en la vida, la verdadera dicha proviene de estar plenamente presente en todo momento, no simplemente cuando las cosas salen bien. Por supuesto, no es casual que es más probable que las cosas salgan bien cuando uno deja de preocuparse por perder o ganar y enfoca toda su atención en lo que está ocurriendo justo en ese momento.

Ganar es importante para mí, pero lo que me genera verdadero gozo es la experiencia de estar plenamente involucrado en lo que estoy haciendo. No me siento bien cuando mi mente empieza a vagar, al margen del triunfo o de la derrota.

Experimenta cada momento con una mente clara y un corazón abierto. Cuando procedes así, el juego, y la vida, harán su parte.

Al final del prólogo Jackson incluye una cita que hace referencia a la apacible vivencia interna que él tanto valora. “La Rueda de la Vida está en incesante cambio y la realidad adopta las más variadas formas. La permanencia en la paz interna, a medida que todo cambia, libera a todos los seres y les trae gran dicha”.

Jackson hace referencia a esos estados altamente creadores en los que uno está inmerso en el presente, inseparable de lo que está haciendo, pero que también pueden ocurrir en las tareas de la vida diaria.

Robert Pirsing se refirió en uno de sus libros a “la paz mental que no te separa de lo que te rodea”. Escribió además: “Cuando se alcanza ese estado, todo lo demás le sigue naturalmente. La paz mental genera valores correctos y estos generan pensamientos correctos. Los pensamientos correctos generan acciones correctas y estas generan un trabajo que se reflejará externamente, de modo que otros puedan ver la serenidad en el centro de todo”. Esta es la esencia de lo que tratamos de cultivar en nuestros jugadores.

Las incesantes acusaciones de la mente juzgadora bloquean el flujo de la energía vital y sabotean la concentración.

Para mí la meditación es una herramienta que me permite estar calmado y centrado (bueno, la mayor parte del tiempo) durante las estresantes altas y bajas del baloncesto y en el mundo externo. La experiencia de estar sentado silenciosamente en un grupo tiende a generar un cambio sutil de consciencia que fortalece los lazos de equipo. A veces llevamos la atención plena a la cancha y realizamos en silencio toda la práctica de entrenamiento. Nunca deja de maravillarme el nivel profundo de concentración y la comunicación no verbal que surge cuando hacemos esto.

Más que cualquier otro jugador, B. J. Armstrong se tomó la meditación muy a pecho y la estudió por sí mismo. De hecho, atribuye mucho de su éxito como jugador a su comprensión de “no pensar, simplemente hacer”.

Aprendí que podía rechazar el parloteo en mi cabeza y simplemente confiar en la sabiduría innata del cuerpo.

En el Zen se dice que la brecha entre aceptar las cosas como son y desear que sean de otra manera es la fracción de centímetro que marca la diferencia entre el cielo el infierno.

En mi juventud, mi obsesión por ganar a menudo se volvió en mi contra. Aprendí que al ejercer indebida presión para triunfar cuando las cosas no marchaban a mi manera, afectaba el desempeño. Trataba de forzar a mi cuerpo para que cooperara y, cuando no respondía, mi mente se volvía aún más insistente.  Pero cierto día, jugando un partido de béisbol, descubrí que podría ser eficaz e incluso superar el dolor, si me soltaba y dejaba de pensar. Fue un importante punto de inflexión para mí. Aunque la sensación de libertad que experimenté durante ese juego se mantuvo conmigo, me empecé a preguntar qué podía hacer para recrearla constantemente. Aquella experiencia la recordé años después cuando mi hermano Joe me mostró los fundamentos del budismo zen, que él a su vez había estado experimentado con uno de sus profesores en la Universidad de Texas. Los budistas zen simplemente trataban de despejar la mente y estar en el presente. Inspirado por las conversaciones con mi hermano me inscribí para adelantar estudios universitarios en un área mayor de psicología, filosofía y religión, y empecé a expandir mis horizontes intelectuales.

Jackson cuenta que aprendió mucho al tener que defenderse deportivamente de Bill Bradley, quien le obligó a mantener una mente muy alerta en el momento presente y a la vez a tener muy presente y simultáneamente toda la cancha.

La esencia de la práctica Zen es que usted tome consciencia de los pensamientos que moldean su vida y disminuya el poder que ellos tienen sobre usted.

Según Suzuki, la concentración viene no de esforzarse indebidamente tratando de enfocarse en algo, sino manteniendo la mente abierta y vacía.

Mientras más habilidad desarrollaba para observar mis pensamientos en la práctica del zazén, más enfocado me volvía como jugador. También desarrollé un conocimiento íntimo de mis procesos mentales cuando estaba en la cancha de juego. (…) El simple hecho de hacerme más consciente del frenético desfile de mis pensamientos, paradójicamente, hacía que mi mente se aquietara más.

En el baloncesto todo transcurre a un ritmo tan rápido que tu mente tiende a correr a la misma velocidad que los agitados latidos del corazón. A medida que la presión aumenta, es fácil empezar a pensar demasiado. Pero si siempre está tratando de entender el juego desde el punto de vista externo, no podrá responder creativamente a lo que está ocurriendo.

Uno debe concentrarse totalmente en lo que está ocurriendo en la cancha y hacer lo que debe hacerse.

Sentado en Zazén aprendí a confiar en el momento y supe que adentrándome en mí mismo en la acción, con la atención lo más plena posible, podía reaccionar espontáneamente a lo que estuviera ocurriendo. (…) Cuando estaba plenamente en el aquí y el ahora surgía mi verdadera naturaleza como deportista.

Y descubrí que era mucho más efectivo cuando me sentía completamente inmerso en la acción en vez de tratar de controlar mi mente y llenarla con expectativas irreales.

  • VISUALIZACIÓN

En mi época de jugador de baloncesto, al entrenarme para estar relajado y plenamente alerta, empecé a practicar la visualización. Antes del partido Iba a una parte solitaria del estadio y me sentaba silenciosamente durante quince o veinte minutos: mentalmente creaba imágenes, como una película de lo que iba a ocurrir. Creaba por ejemplo imágenes de la persona a la que debía cubrir y me visualizaba deteniendo sus jugadas. Esa era la primera parte. El siguiente paso, más difícil, era relajarme y no tratar de forzar la acción una vez comenzado el juego, sino permitir que se desarrollara naturalmente. La idea era registrar la imagen de una jugada acertada en mi memoria visual para que cuando surgiera una situación similar en un juego, pudiera parecer –parafraseando a Yogi Berra– como un déjà vu, una experiencia que uno siente que la vivió antes.

La visualización es el puente que utilizo para para vincular la gran visión del equipo que concibo cada verano y una realidad que evoluciona en la cancha. Esa visión se convierte en un diseño preliminar que ajusto, refino y a veces descarto a medida que la temporada avanza.

Una de mis fortalezas como entrenador es la capacidad, desarrollada con años de práctica, de visualizar la forma de contrarrestar los esquemas ofensivos de mis oponentes. A veces, si no puedo ver en mi mente una imagen clara del otro equipo, estudio videos durante horas hasta tener un fuerte  “sentimiento” del oponente y poder empezar a tejer las ideas en torno a ese asunto.

Antes de cada partido, generalmente dedico 45 minutos a la visualización (en mi casa) para preparar mi mente y hacer los ajustes de último minuto. Esto es resultado de las sesiones previas a los partidos que aplicaba cuando jugaba con los Knicks. Cuando empecé a entrenar en la CBA, no dedicaba suficiente tiempo para este ritual, y a menudo estaba muy tenso durante los juegos. Esto a veces se reflejaba en mi actitud contra los árbitros y en varias ocasiones cometí faltas técnicas en relación con ellos. En una ocasión fui suspendido por descargar mi furia contra un árbitro durante una discusión. En ese momento comprendí que necesitaba más desapego emocional y poner el juego en la perspectiva correcta.

Usualmente pienso en las imágenes de los jugadores y trato de “abrazarlos en la luz”.

  • LIDERAZGO

Liderazgo: impulsar al equipo hasta su próximo nivel y dejarlo fluir.

Cuando se es un líder, debe tenerse la capacidad de leer en forma precisa los mensajes sutiles que envían los jugadores.

Puedes soñar todo lo que quieras, pero en última instancia tienes que trabajar con lo que has conseguido.

En el corazón de mi visión estaba el ideal inegoísta del trabajo en equipo. Mi meta era darle a cada uno un rol vital en el equipo, así no pudiera asignarle la misma cantidad de tiempo en la cancha a todos los jugadores, ni cambiar el desproporcionado sistema de retribución financiera de la NBA. Pero sí podía hacer que los jugadores suplentes pudieran participar más activamente.

La acción correcta es la capacidad de observar qué está ocurriendo y actuar en forma apropiada, sin estar distraído por pensamientos autocentrados.

Cuando tu visión se basa en una percepción clara y una evaluación realista de tus recursos, la alquimia a menudo ocurre misteriosamente y un equipo se transforma en una fuerza mayor que la suma de sus talentos individuales. Inevitablemente, y esto es paradójico, la aceptación de barreras y límites es la puerta hacia la libertad.

La capacidad de resolver problemas sobre la marcha de los acontecimientos es invaluable, no solamente porque acelera el proceso de aprendizaje sino porque fortalece la mente grupal.

Cuando un entrenador ubica a los jugadores en posiciones en las que puedan desplegar todo su potencial, asegura la armonía entre ellos porque cada uno recibe los créditos por sus realizaciones particulares.

Muchos entrenadores son controladictos o controlhoólicos, con lo que impiden que los jugadores piensen por sí mismos.

Tratamos de crear un ambiente de apoyo que estructure la forma en que se relacionan unos con otros y que les de libertad para desarrollar su potencial. También intento cultivar en todos la capacidad de liderazgo, haciendo que los jugadores y entrenadores sientan que tienen un puesto en la mesa. Ningún líder puede crear por sí mismo un equipo exitoso, no importa qué tan talentoso sea.

Lo que he aprendido como entrenador, y como padre, es que cuando a las personas no se les infunde temor reverencial ni se les abruma con el sentido de autoridad, se logra la verdadera autoridad.

Mi principal meta durante una práctica es hacer que los jugadores se reconecten con la dicha intrínseca del juego.

Para no caer en desgastantes conflictos, si le cometían una falta recia a uno de nuestros jugadores, yo solía sugerirle que caminara unos metros, diera una pequeña vuelta, respirara profundo y se mantuviera lo más ecuánime posible para que pudiera mantener su mente fija en la meta: la victoria.

Enseñar a los jugadores a abrazar una forma de pensar que no sea beligerante en las competencias requiere un refuerzo continuo.

Trabajar con los jugadores y darles mayores responsabilidades para el moldeamiento de sus roles.

Cuando surge un problema, trato de leer la situación con la mayor precisión posible y responder espontáneamente a lo que está sucediendo. Rara vez trato de aplicar ideas ajenas al problema, porque eso me impediría entrar en sintonía y descubrir una solución original, fresca y hábil.

En última instancia, el liderazgo requiere mucha fe, a la que San Pablo se refirió cuando dijo: “La sustancia de las cosas esperadas y la evidencia de las aún no vistas” (Hebreos 11:1). Hay que tener fe en el propio conocimiento interno. Si usted tiene una mente clara y un corazón abierto, no tendrá que buscar una dirección. La dirección le llegará a usted.

Red Holzman me dijo una vez que la verdadera medida de una estrella es la capacidad para hacer que la gente que está a su alrededor se sienta bien.

  • LOS LAKOTA SIOUX

El sistema pensaba en la mecánica, pero para crear el tipo de equipo cohesivo que yo visualizaba, tuve que tocar a los jugadores a un nivel mucho más profundo. Quise darles un modelo de acción inegoísta que pudiera capturar su imaginación. Y aquí entraron los Lakota Sioux.

En mi trabajo con niños Lakota que tenían una intensa pasión por el deporte, me fascinó entrar en contacto con la cultura Sioux y su orgullo por el legado guerrero. Los guerreros Lakota tenían una profunda reverencia por los misterios de la vida. De allí vino su poder y su sentido de libertad. No es casual el hecho de que Caballo Salvaje, el mayor guerrero Sioux, fuera ante todo un hombre santo.

Para los Lakota todo era sagrado, incluso el enemigo, porque ellos creían que la vida está plenamente interconectada. Como dice uno de ellos: “Somos gente de la tierra en un viaje espiritual hacia las estrellas. Nuestra búsqueda, nuestro caminar en la tierra, consiste en buscar internamente, saber quiénes somos, ver que estamos conectados con todo, que no hay separación, excepto en la mente”.

Me entusiasmó ver la respuesta entusiasta de los jugadores frente a estas ideas. Era algo sobre lo que se podía construir, una forma de hablar sobre aspectos espirituales del baloncesto sin sonar como un predicador dominical. En los años siguientes fui integrando calmadamente las enseñanzas Lakota a nuestro programa. Decoré el salón del equipo con tótems nativos norteamericanos. Empezábamos las prácticas en círculo, y así las terminábamos, para simbolizar que estábamos formando nuestro propio círculo sagrado.

  • MICHAEL JORDAN

Jordan parecía tener un sexto sentido en cuanto a lo que iba a suceder.

Considero a Michal Jordan como un hombre representativo del guerrero apacible. Su forma usual de proceder es estudiar la situación cuidadosamente, determinar cuál es el punto más débil del oponente y luego irrumpir como una cuadrilla de demolición hasta derribar al equipo adversario.

La primera vez practicamos meditación, Michael Jordan pensó que yo estaba bromeando. En medio de la sesión abrió levemente los ojos y miró a su alrededor para ver qué estaban haciendo. Para su sorpresa, muchos de ellos realmente estaban meditando. Michael siempre dijo que no necesitaba nada de “ese asunto Zen” porque ya tenía una actitud positiva frente a la vida. ¿Quién soy yo para discutir esto? En el proceso de convertirse en un gran deportista, Michael había alcanzado la calidad mental que logran los practicantes del Zen. Su capacidad para mantenerse relajado e intensamente enfocado en medio de caos es insuperable. Le encanta estar en el centro de una tormenta. Mientras todo el mundo está girando locamente fuera de control, él se mueve sin esfuerzo por la cancha, envuelto por una gran quietud interna.

Jordan no practica la visualización regularmente, pero en situaciones de alta presión a menudo recurre a imágenes de éxitos del pasado. Podrá recordar por ejemplo el lanzamiento de último segundo que le llevó a ganar el Campeonato de la NCAA de 1992 cuando era un novato en Carolina del Norte. En lugar de nublar su mente con pensamientos negativos, se dice a sí mismo: “Bueno, he estado aquí antes”. Y luego trata de relajarse lo suficiente como para dejar algo positivo emerja.

“Simplemente confié en que lo podía hacer y lo hice”, dijo Jordan refiriéndose a uno de sus lanzamientos decisivos.

Aunque de vez en cuando Jordan le dedica al equipo algunas palabras inspiradas, prefiere liderar con la acción más que con las palabras.

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Dos fuentes interesantes:

Chuz Fernandez. Resumen del libro: http://chusfernandezn.blogspot.com/2008/07/resumen-del-libro-canastas-sagradas-de.html

http://chusfernandezn.blogspot.com/2008/07/resumen-del-libro-con-la-fuerza-de.html (Libro Con la fuerza de Jordan)


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